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Suicidado:El Asesinato de Nisman,por Bracesco

Info1/19/2017

Enlaces Patrocinados“ESTÉ NISMAN O NO ESTÉ NISMAN, LAS PRUEBAS ESTÁN”, Alberto Nisman.
SUICIDADO: EL ASESINATO DEL FISCAL ALBERTO NISMAN
G. M. BRACESCO
17 de marzo de 2013
Agencia de Noticias de la República Islámica
Canciller de Irán Ali Akbar Saleni: “Basado en el Memorándum de entendimiento entre los gobiernos de Argentina e Irán, la policía Internacional (Interpol), debería renunciar a tener en alerta roja a cuatro oficiales iraníes” (el Ministro de Información Alí Falahian, el jefe de las Guardias Revolucionarias Mohsen Rezai, el agregado cultural de la Embajada de Irán en Buenos Aires Mohsen Rabbani, el Secretario de la Embajada de Irán en Buenos Aires, Ahmad Asghari).

 
—-
A Damián Pachter, colega y amigo. Por romper las viejas reglas y darnos la oportunidad de la elección del conocimiento, antes que todo oscurezca.

A mi familia. Gracias a ellos, la vida me colocó frente a la noticia.
A las personas que colaboraron, a través de
crowdfunding, para la edición y primera impresión de este libro que me llena de orgullo. Muchísimas gracias.

Prólogo
Suicidado es una hipótesis personal de lo que sucedió con el Fiscal Alberto Nisman. Es difícil catalogarlo, ya que contiene elementos de los relatos periodísticos, las novelas de ficción policial y las investigaciones periodísticas.
Este libro no busca justicia. Aquí se cuenta una historia de poder, ambición desmedida e impunidad estatal.
Un velado incidente que quedará en la memoria de todos los argentinos, donde no hay buenos, sólo malos.

En las investigaciones judiciales de Argentina rige una ley similar a la Teoría General de la Relatividad. Tal como la masa dobla y estira el tiempo y el espacio, aquí, el poder dilata y degenera las causas e investigaciones que le son adversas. Mientras más tiempo pase, hay más chances que la opinión pública se aburra del tema y el crimen quede impune. Con un gran número de artilugios, aprietes, personas entrenadas y trucos desarrollados durante décadas de impunidad gubernamental, pueden pasar meses, años o nunca conocerse pruebas o elementos determinantes que podrían haber sido descubiertos por pericias básicas o la observación de fiscales o jueces en los primeros instantes de las causas. Mientras tanto, un sinfín de pistas falsas se generarán desde el Gobierno y sus aparatos de inteligencia y comunicación, tirándolas a gravitar o colisionar con el gran problema, hasta desgastarlo. Algunas funcionarán y otras, simplemente, se evaporarán apenas toquen la atmósfera de la causa, por su propia inestabilidad.




Escribir sobre policiales en el Conurbano, donde millones de personas viven al margen de la Ciudad de Buenos Aires con poca o casi nula presencia del Estado, me dio el ejercicio para aprender a distinguir cuando una muerte tiene un contexto poco claro detrás. Los policías a cargo del caso y los peritos comienzan a contradecirse en datos básicos como los horarios de llegada de los oficiales, fallan en llevar a cabo pericias que realizan todos los días u olvidan los procedimientos rutinarios.
El encubrimiento siempre tiene cara de incompetencia e ineptitud. Como toda regla, también tiene sus excepciones. Las personas ligadas al poder político, el sistema judicial y los sistemas represivos de la Policía e Inteligencia saben cómo funciona el ocultamiento y que deben ser parte de ello, o sufrirán el escarmiento durante su probable corta carrera en la fuerzas. Pero la gente normal no lo sabe. Siempre es un vecino, una persona que pasaba por la escena del crimen, un médico, un cerrajero o un testigo quien rompe la maraña de encubrimientos y logra que la sociedad pueda ver un destello de luz en un océano de oscuridad, aunque sea instantes antes de que el miedo a la masiva gravedad del poder los devore.
Charco de Sangre

Enero suele ser tranquilo para los que hacemos periodismo policial. Por ahí, lo peor de esta época en esta actividad es tener que cubrir a compañeros de labor y colegas de otros medios, que se van en manada, con sus familias, a las frías costas del Atlántico en Buenos Aires, Uruguay y el sur de Brasil. Sé su destino porque suben esas odiosas fotos de paradísiacas vacaciones que luego, bu-ceando un poco, no suelen ser tan agradables. Mentirosos.
Las multitudes se habían replegado de Buenos Aires en todas direcciones. La ciudad es hermosa en enero. Las personas son uno de los pocos males de esta gran urbe.
Recorrerla y vivirla sin tantas almas alrededor es una agradable experiencia. Eran las 12:30 de la medianoche del lunes 19; las calles se habían tomado vacaciones del caos.
Los conflictos y las cicatrices sociales parecen cerrarse por este tiempo en que creen que escapan de la rutina, aunque en realidad se van a hacer las mismas colas y a embo-tellarse en el mismo tráfico, pero otros lugares. O quedar bien ocultos.

Como decía, era el final de otro día de trabajo normal. Acababa de llegar a mi casa luego de haber estado redactando noticias durante todo el día. Escribir, chequear información, investigar datos, buscar fotos, pelear con el editor y volver a chequear. Noticias que, sinceramente, ya no recuerdo.
Tomé un taxi hasta Avellaneda, una vieja ciudad industrial venida a menos y anexada al sur de Buenos Aires. La situación de la seguridad en esa zona no es la mejor. Varios vecinos sufrieron entraderas a sus viviendas, así que es mejor gastar unos pesos de más en un traslado puerta a puerta y no terminar perdiendo todo lo que llevamos en los bolsillos en la parada del colectivo.
Ese día abrí la puerta principal pensando en que al fin había llegado el anhelado momento en que podía sacarme los zapatos y caminar descalzo sobre piso de madera.
Me tiré sobre el sillón, cerca de un enchufe. Lo que más me preocupaba era ese manchón de humedad que aún hoy crece en el ángulo izquierdo del techo. Tenía que juntar fuerzas para pintar, otra vez, con esa membrana líquida que queda durante días en las manos y no me permite sentir el choque de las teclas con los dedos.

Tal vez, cocinar algo, poner a descongelar un pollo o llamar a la pizzería.
Por costumbre, saqué el teléfono celular para ponerlo a cargar. Hice un par de movimientos desganados con el pulgar izquierdo y vi pasar un tuit que mi colega y amigo Damián Pachter había sido escrito hacía más de veinte minutos. Maximicé el mensaje y leí como decenas de personas se preguntaban si el contenido del mensaje era un chiste de mal gusto o una cargada.
Damián Pachter (@damianpachter):
0:08 – 19 de ene. de 2015
Encontraron al Fiscal Alberto Nisman en el baño de su casa de Puerto Madero sobre un charco de sangre. No respiraba. Los médicos están allí.
Conocía a Damián desde hacía pocos días. Sabía que trabajaba como cronista raso en el diario oficialista en inglés Buenos Aires Herald y que era uno de los elegidos por el Fiscal Alberto Nisman para difundir un resumen de 59 páginas con la denuncia contra la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, su Canciller de religión judía, Héctor Timerman, y un par de funcionarios más que integran la tercera línea de su partido. Era un de los pocos colegas que tenía esa información privilegiada, de la que yo carecía. Nadie en mi medio tenía la denuncia y Pachter subía fragmentos de los escritos a Twitter, por lo que empecé a seguirlo, a hablar con él y a intercambiar mensajes, algunos sobre el tema, otros sobre libros o nimiedades. Pegamos onda.

Más tarde, descubrí la verdadera razón por la que Pachter tenía parte de la denuncia de Nisman: también era colaborador del diario Times of Israel. Se lo consideraba uno de los nexos entre la de la comunidad judía en Argentina e Israel. Y el Fiscal necesitaba todo el apoyo posible.




Recé e imploré al cielo tener el número de teléfono de Pachter. Lo tenía agendado, pero como Petcher. Recién aprendí a escribir bien su apellido una semana después.
-¿Qué hacés boludo, es cierto esto que pusiste? – le dije.
-Sí boludo – afirmó una voz con erres patinosas y un acento difícil de sacar, más polaco o alemán que hebreo.
-¿Pero cómo sabés?
-Una fuente recontra confiable mía que estuvo ahí.
-¿Cómo ahí?
-Sí boludo, lo vio a Nisman muerto en un charco de sangre.
Me dice que no vio la pistola. Está muerto boludo.
-Me jodés. Voy para allá. Nos encontramos en la puerta.
-No, no, estoy escribiendo las notas para afuera. No voy a ir. Andá y chequeá que esto que te cuento es así. Si ves algo, avisame y tratá de chequearlo por tu lado, que a mí me están matando.
-Esto es una bomba. Voy a avisarle a mi jefe que voy para allá, que esté atento.
-Dale, avisame qué ves. Pero seguro que pasó.
-Obvio, te aviso boludo. Abrazo.
Después de esa extraña conversación, Damián escribió este tuit:

Damián Pachter (@damianpachter):
0:40 – 19 de ene. de 2015
Sepan entender que estoy chequeando y rechequeando la información que me está llegando. Gracias.
No era claro, pero creo que se refería a las consultas que hacía con otras personas, y de alguna manera mínima, a ese chequeo que me pidió. Llamé a un taxi. Volví sobre mis pasos y me puse de vuelta los zapatos, que en ese momento del día pesaban una tonelada cada uno. Desde mi barrio de clase media baja fui, en diez minutos, hasta uno de los lugares más nuevos y caros de la ciudad: Puerto Madero. Cuando estaba subiendo al auto, tomé coraje y llamé al director de mi diario. Fue algo totalmente arriesgado e inconsciente, hasta me podría haber jugado mi puesto si la noticia era un bluff.
-¿Disculpame la molestia, estabas durmiendo?
-No, no, decime.
-Parece que murió Nisman.
-¿¡Qué?!
-Sí.
-No puede ser. ¿Estás seguro?
-No, estoy yendo a chequearlo.
-¿Quién te lo dijo?
-Un redactor del Herald que conozco. Tiene una fuente que estuvo ahí y lo vio en un charco de sangre.
-¿Estás seguro? No puede ser. Mañana tiene que ir al Congreso. No puede ser.
-No estoy seguro. Te aviso, llego en minutos.
-Ok, manteneme al tanto.

Miraba por la ventanilla cuando cruzábamos el Puente de La Boca, con Caminito a lo lejos, pensando que no podía ser cierto. Como me había dicho mi jefe, Nisman se tenía que presentar en menos de doce horas en el Congreso para explicar su denuncia ante legisladores del kirchnerismo y la oposición. Había muchas chances de que sea un error.
Pero si era verdad, era la noticia policial de la dé-
cada y quería estar ahí, en primera persona para ver todo lo que podía llegar a pasar.

Llegué al lugar antes que el Juez, el Fiscal, el Jefe de la Policía Federal y el Secretario de Seguridad. Durante casi dos horas vi, escuché, fotografíe, tomé apuntes y relaté en Twitter todo lo que sucedía, antes de la llegada de los medios tradicionales. Y voy a contarte cosas que sólo yo vi y que después de un tiempo prudente de análisis puedo escribir.
El oficio me llevó a hacer una apuesta como punto: podía llegar a perder los 40 pesos del taxi y un par de horas 17




de un domingo por un mal dato, contra la mínima posibilidad de que ocurriese lo contado en este libro, que espero lo disfruten tanto como yo al vivir e ir descubriendo todo lo que sucede en esta novela policial:
Suicidado, el asesinato del Fiscal Alberto Nisman.


Introducción al caos
Ceviche de pulpo, calamar y camarones en Coya, un restaurante de comida peruana que queda en Tucumán y Esmeralda, a una cuadra de la primera Fiscalía que investigó la muerte de Nisman. Mi informante estaba tranquilo y fumaba un puro cubano, mientras leía a la gente que pasaba por un gran ventanal que daba a una calle angosta de edificios de más de un siglo, pero interminables. Siempre vestía prolijo, con cinturones de cuero y zapatos que parecían recién comprados. Cerraba los ojos para dar bocanadas, pero enseguida recordaba que tenía que estar observando todo. Los abría de golpe.
-Sabés como empezó todo esto ¿no?- me dijo mientras me robaba el único camarón pelado que tenía en el plato.
-¿Con la denuncia de Nisman?
-No, esto empezó mucho antes, cuando Milani comenzó su jugada.
-¿Cuándo?
-No conocés la historia ¿no?
-No… no.
-Esta historia empezó así:
-Señora Presidenta, le tengo que dar malas noticias – Esas fueron las palabras del Jefe del Ejército que, de una u otra forma, desencadenaron los sucesos que desembarcaron en la muerte del Fiscal Alberto Nisman. Desde hace un par de años, el Teniente General se encontraba realizando tareas de observación desde la fuerza militar sobre el Servicio de Inteligencia (SI), más conocida popularmente con su viejo nombre: SIDE, Servicio de Inteligencia del Estado.
Eran las dos de la tarde de un día caluroso de pri-mavera de 2014. La reunión se llevó a cabo en la Quinta de Olivos, ubicada al norte de la populosa Ciudad de Buenos Aires, que desde hace ya muchos años dejó de ser una población satélite para colisionar con la expansión incontenible del cemento porteño.
-Debo comunicarle que sus sospechas y las de su hijo eran ciertas. Alguna de nuestra gente más importante en la SIDE
no sólo está trabajando para Sergio Massa (ex jefe de Gabinete, devenido en opositor) sino que también no vieron venir esto. No vieron venir la postulación en las elecciones para 2013 ni tampoco esto – continuó el uniformado, mientras sostenía un papel en su mano que le funcionaba como ayuda memoria realizado por su gente de confianza, por si perdía algún detalle importante.
-Ya lo sabía ¿Pero qué es esto? ¿A qué se refiere? – le preguntó la Presidenta, mientras ponía pausa en el control remoto de un inmenso aparato de televisor y acariciaba un cachorro que le habían regalado hacía pocos días.
-Nuestro jefe de Operaciones está involucrado… Jaime Stiuso señora. Estuvo trabajando todo este tiempo a nuestras espaldas junto a la CIA y el Mossad para armar una causa contra los iraníes. Nos mintió en la cara. Hay teléfonos que se encuentran muy afectados y sabemos que tienen a alguna de nuestra gente en audios. Nisman ya tiene las grabaciones y las piensa usar en una causa.
-Ruso hijo de puta.
-Señora Presidenta, no sabemos exactamente que tienen las grabaciones.
-Habíamos arreglado, nos habían dado su palabra, pero no cumplen, no cumplen, no cumplen – decía, mientras golpeaba el respaldo del sillón con su mano recta, como si fuera el cuchillo de un cocinero cortando cebollas de ver-deo- Qué calvario. Échelo y a toda la banda de hijos de re mil puta que tiene. Prepárese.
El jefe del Ejército tuvo que contener su felicidad y continuar mostrándose preocupado. Era el momento que había esperado: hacerse con el control de la inteligencia.
-Sí, señora Presidenta.

Las sospechas sobre el agente Jaime se transformaron en la peor pesadilla para el final del segundo mandato de la Presidente. Sería una guerra en donde no sabía en quién podía confiar. Sus soldados en las trincheras se preparaban para saltar al barco del vencedor en las próximas elecciones presidenciales, que se realizarían en menos de un año. Nadie quería quedarse sin poder y desprotegido.
La Presidenta estaba segura que el ala profesional de los servicios le habían entregado información privilegiada de sus negocios sucios y los de sus íntimos al Juez Claudio Bonadío y a los fiscales Guillermo Marijuan y José María Campagnoli, entre otros nombres que hasta ese momento desconocía. También les atribuía haber filtrado una amenaza del grupo terrorista ISIS al diario Clarín. Aunque, con el tiempo, el kirchnerismo diría que esa información provino desde la Embajada de Estados Unidos.
-¿Le dijo hijo de puta a Stiuso? – le pregunté a la fuente.
-Fue lo menos que le dijo. ¿Tenés una manía por interrum-pir a la gente, no? Pará que te termino de contar. ¿Este ceviche es excelente, no? Me transporta al Océano Pací-
fico. Hay un pueblo en Chile donde traen todos los autos que los japoneses tiran… no me acuerdo el nombre. ¿Lo conocés vos, no?




-No, ¿qué pueblo?
-No me acuerdo. Bueno, ahí traen autos, camionetas 4×4
que vienen de descarte de Japón y Asia. Son baratísimos, mil dólares los más baratos. Yo me compré una camioneta hermosa por 4 mil dólares, que acá valía como 20 mil. Son ilegales acá, en Argentina. Compré una camioneta chocada, hecha recontra mierda y le pasamos los papeles. La tuve que meter por un camino oculto entre Los Andes. Me sentía José de San Martín. Sabés por dónde te digo ¿no?
-No, no, no sé.
-Al final no sabés nada ¿no?
-No. Sale la Fiscal en cinco minutos a entregar un comunicado, me tengo que ir.
-¿Y vas a dejar el ceviche así?
-Sí.

 
5 de octubre de 2014
Clarín
…La comisión de la ex SIDE que llegó a Iguazú recibió un dato alarmante sobre un empresario tunecino con intensa actividad en la Triple Frontera. La sospecha se confirmó en horas. El hombre tenía frecuentes contactos con grupos islámicos de la ciudad de Baalbek, en El Líbano. También se comunicaba con actores influyentes de la comunidad musulmana de Chuy, en Uruguay, y Buenos Aires. En una computadora Mac y en un Iphone del tunecino “se ha-llaron instrucciones de amenazas contra la Presidencia de la Nación”.
Nunca se mencionaba a Cristina Kirchner. Igual-mente, el hallazgo encendió las alarmas. A su vez, la información fue cruzada con servicios de inteligencia de Estados Unidos, que le otorgaron entidad.
La Embajada de ese país en Buenos Aires estuvo informada desde un primer momento, y sigue tra-bajando en la pista del tunecino, muy vinculado a otro personaje muy observado en la Triple Frontera que administra la galería Page de Ciudad del Este. En los últimos días, hubo reuniones entre funcionarios de esa delegación diplomática y representantes de Delitos Complejos de la Policía Bonaerense para “intercambiar información”, pudo saber este diario.
La filtración, publicada en Clarín, de la investigación sobre el empresario tunecino que vivía en la Triple Frontera como supuesto exportador de madera, enfadó a Cristina Kirchner. “Realmente que vengan a crearnos toda una historieta acerca que el ISIS me anda buscando a mí para matarme o hacer algo … por favor que no vengan a armar ninguna novela”, se quejó en su discurso del martes en la Casa Rosada. Acto seguido, ensayó la teoría de la amenaza “del Norte”, calificada de “inverosímil” por el Departamento de Estado.
El reto en público desencadenó una interna feroz y una caza de brujas en la Secretaría de Inteligencia.
Cristina también sospecha que la información se filtró desde la Embajada de Estados Unidos.
En privado, la Presidenta le hizo llegar su bronca al titular de la SI, Héctor Icazuriaga, uno de sus hombres de máxima confianza….
Descabezados

El 16 de diciembre de 2014, la Presidenta echó a la cúpula del Servicio de Inteligencia (SI). El Señor 5, Héctor Icazuriaga; El Señor 8, Francisco Paco Larcher y el Jefe de Operaciones, Antonio Horacio Jaime Stiuso, fueron desplazados para colocar como líder a su amigo personal Oscar Parrilli, ex Secretario de la Presidencia y participante de la mesa chica del Gobierno, y como alfil a Juan Martín Mena, ex Subsecretario de Política Criminal del Ministerio de Justicia, con gran conexión con la juventud kirchnerista: La Cámpora.




El ocaso de Héctor Icazuriaga era previsible: se hizo fuerte en Santa Cruz, el lugar donde nació el poder de la Presidenta y su ex marido, desde donde construyeron su imperio. Ganó su confianza y cuando la pareja asumió el control del país, fue premiado con Inteligencia, donde su inoperancia nos llevó a una crisis jamás vista. Su trabajo consistía en realizar informes y carpetas de políticos opositores, periodistas, empresarios y activistas contrarios a los objetivos del Poder Ejecutivo. Sin embargo, nunca logró tomar el control de los servicios, que funcionan con un centro de gravedad propio, a través de la “Cadena de la Felicidad” con fondos inagotables. “Cadena de la Felicidad” que se desquebrajo por causas desconocidas. Esta consistía en sobornos a través de un aceitado sistema de valijas, que están dirigidos a jueces, fiscales, abogados y medios propios y extraños para que sean benévolos para con el Gobierno de turno.
Su segundo, Larcher, era un agente de carrera y manejaba los verdaderos hilos de la Secretaría de Inteligencia. Además, sostuvo por algún tiempo el contrapoder del Jefe del Ejército, que cada vez colocaba más militares dentro de la casa de los espías argentinos. Para algunos agentes, esta sería la mayor intromisión del brazo armado en el Gobierno civil desde el último golpe militar de 1976.
El Señor 8, Larcher en la vida civil, cayó en desgracia por no aceptar una orden directa de la Presidenta de sacar del juego al Juez Claudio Bonadío, quien investiga un aceitado sistema de lavado de dinero de la familia presidencial a través de hoteles que tienen en la Patagonia, que casi no tuvieron habitaciones disponibles durante la década kirchnerista gracias a las reservas realizadas por empresas estatales y empresarios que ganaban licitación tras licitación para la realización de obra pública.
-Sacámelo de encima al Juez Bonadío– dijo la Presidenta al Señor 8.
-Recúselo en los Tribunales – respondió el segundo rango de Inteligencia.
-Usted sabe a lo que me refiero, Larcher.
-No la entiendo.
-Sí que me entiende. Es una orden.
-No, explíquese.
-Sí me entiende.
-Ponga su orden por escrito. No voy a cargar con ese muerto. Hasta luego.

La Presidenta lo miró con ojos furiosos. Cada vez eran menos los que seguían sus designios y eso la malhu-moraba. Estaba perdiendo poder. Luego de esa pequeña y escalofriante discusión, Larcher dinamitó todo lo que tenía.
La orden que se le había dado cruzaba todos los límites del statu quo y podía desatar una guerra que no tendría fin. El Señor 8 sabía que sus días gravitando en el poder estaban contados, pero prefería irse antes que desatar la contienda, que estaba por comenzar más temprano que tarde. Larcher había llegado a la SIDE en 1985. La mitología dentro de La Casa afirma que consiguió el puesto buscando trabajo en los clasificados de los diarios.

El 16 de diciembre de 2014, Icazuriaga, Larcher, Stiuso y su mano derecha, el Jefe de Análisis de la SI, Alberto Mazzino, fueron desplazados, junto a más de 200
agentes que les respondían. Desde el Gobierno, a este cambio se lo presentó como una cruzada anticorrupción, para ocultar el descontrol y la falta de autoridad del Ejecutivo sobre la agencia. La ex SIDE pronto volvería a cambiar de nombre, en una lavada de cara que no duraría mucho. El mayor vencedor será el Jefe del Ejército, que tendrá una caja negra de 450 millones de pesos (unos 55
millones de dólares inconseguibles al cambio oficial) para hacer Inteligencia, y la incorporación de agentes fieles en puestos claves de las otras agencias de espionaje del Estado. Gerardo Pocino, que hasta el descabezamiento era el Jefe de Reunión Interior de la SI, también ganó poder, ya que le reportaba directamente al Teniente General César Milani. La cadena de información seguía en la mano derecha de Cristina, Carlos Zannini, Secretario Legal y Técnico de la Presidencia.

El quiebre entre la SIDE y la Presidenta tuvo como puntos cúlmines tres sucesos: la firma del pacto con Irán, que desquebrajaría los cimientos de la colaboración entre la inteligencia local y las demás agencias internacionales occidentales, empezando por la CIA y el Mossad. Pero, principalmente, se debió al asesinato del agente Pedro Lauchón Viale, oficial de Inteligencia contra el narcotráfico y amigo de Stiuso, acribillado en un poco claro allanamiento antidrogas del Grupo Especial Halcón de la Policía Bonaerense. También tuvo algo que ver una entrevista que brindó Stiuso a la revista Noticias tres días antes de la purga, cuando el agente ya sabía que estaba fuera de la fuerza.




La última gran limpieza del espionaje se había realizado en 2001, cuando más de mil espías fueron expulsados de la SIDE y pasaron a la actividad privada. El Gobierno del radical Fernando De la Rúa no duró mucho: por más errores propios que presiones externas, caería en diciembre de ese año, con la propia Cristina Fernández de Kirchner exigiendo su renuncia, junto a sus compañeros peronistas. Pero, para el relato oficialista, eso no era golpismo de Estado.
En 2004, durante los albores del Gobierno de Néstor Kirchner, el Ministro de Justicia y Derechos Humanos, Gustavo Béliz, mostró el legajo de Antonio Horacio Stiuso en el programa Hora Clave, del periodista Mariano Grondona. Lo señaló como el Jefe de la Inteligencia en el país y quien estaba embarrando la causa AMIA al declarar a favor de la pista Siria para quedar bien con la por entonces primera dama. Ella quería utilizar ese testimonio para atacar políticamente al ex Presidente Carlos Menem.
Béliz no duró mucho en su puesto y fue despedido por teléfono por Kirchner. Tuvo que exiliarse y afrontó un juicio por revelar secretos de Estado (en este caso, la cara de Stiuso). El caso se encuentra en la Corte Suprema de Argentina.

Los servicios de Inteligencia dependientes directamente del Estado son dos: la SIDE, de origen civil y la SIE, el Servicio de Inteligencia del Ejército, que antes de la llegada del nuevo jefe sólo se dedicaba a las actividades y relaciones con las embajadas, administraba las contribu-ciones con militares del exterior y era comandada desde el Palacio San Martín. Debajo de estos se encontraba la Comunidad de Inteligencia, integrada por el subcomando del Señor J2, amo y señor del Servicio de Informaciones de la Fuerza Aérea (SIFA) y el Servicio de Inteligencia Naval (SIN), cada vez con menos poder. Durante el nuevo Gobierno también se comenzó a gestar una base de datos de manifestantes y organizaciones sociales que realizan protestas y piquetes, realizada por la Inteligencia de la Gendarmería Nacional Argentina, conocida como Proyecto X.
En el nuevo esquema diagramado por el Jefe del Ejército y la Presidenta, Gendarmería sería la encargada de las investigaciones y la represión, mientras que la Prefectura Naval Argentina se encargaría de los peritajes. El Servicio Penitenciario Federal serviría para obtener datos de presos, a cambio de facilitar certificados de buena conducta para salidas anticipadas de prisión y mejoras de estadía en las cárceles.

El gran perdedor de todas estas jugadas es la Superintendencia del Interior de la Policía Federal Argentina, que hasta la década de los 90 manejaba las escuchas telefónicas requeridas por la Justicia y que luego del descubrimiento de una banda integrada por efectivos de la fuerza, las grabaciones pasaron a la SIDE, que las utilizó contra políticos y empresarios considerados enemigos por la Presidenta.
13 de diciembre de 2014
Revista Noticias
Entrevista a Stiuso, por Rodis Recalt
-¿Cómo está la relación con la Policía Bonaerense?
-Con la Bonaerense normal, ¿por qué?
-Por el asesinato del Lauchón Viale.
-Bueno, pero eso es un problema de los (policías) que están presos y que entraron ahí de esa forma.
Problema de ellos.
-Pero las fuentes dicen que usted está muy enojado con la Bonaerense porque mataron un hombre suyo, El Lauchón.
-Cualquiera estaría enojado. No es porque fuera un hombre mío o no. Es una persona. Si vos extrapolás el método ese a cualquier ciudadano común o a cualquier delincuente común, me parece que no va. Creo,
¿no?
-¿Busca vengarse de los responsables del asesinato?
-Si vos matás a alguien, la misma Justicia tiene que mandarte preso. No importa lo que se tarda. Si te arman un operativo para entrar a tu casa a matarte, es un tema que no me tendría que preocupar a mí nada más.
Otro día te eligen a vos y punto.
No hay que quedarse con que fue El Lauchón, hay que mirarlo con el método. Hay que analizar el mé-
todo que utilizaron. No sé si me explico, porque si vos leés el fallo del Juez que mete en cana a los policías, no había escucha, no había motivo para ir, no había esto, no había lo otro? o sea, te está diciendo: está armado.




-Nosotros tenemos un estatuto público en el que dice que para jubilarse hay que tener 30 años de servicio y más de 65 años de edad. Esas son las dos condiciones.
Tengo 43 años de servicio, pero todavía me falta para los 65.
-¿Cuándo entró a trabajar a la Secretaría de Inteligencia?
-Yo entré en el ’72, en diciembre, y al poco tiempo vino la democracia y a mí me efectivizó el gobierno democrático de Perón.
-¿Con qué puesto entró?
-Yo entré como empleado contratado, tenía 18 años.
Era administrativo, porque en esa época era todo militar. Los civiles éramos todos administrativos.
-¿Por qué hay tantas internas en la ex SIDE?
-No sé. No sé quién se dedica a hablar de internas. Yo acá me dedico a laburar. No ando pelotudeando con internas.
-¿Está enemistado con el General César Milani?
-Yo a Milani no lo conozco personalmente, ¿cómo voy a estar peleado con Milani?
-En relación con la Inteligencia militar, ustedes tuvieron mucho menos aumento de presupuesto.
-A nosotros no nos redujeron el presupuesto. Escriben cualquier pelotudez.
-¿Con Fernando Pocino, Director General de Reunión de la Secretaría, cómo está la relación?
-Pocino está con lo de él, ¿qué tiene que ver?
-Siempre se dijo que usted tiene una interna con Pocino.
-Yo no tengo ninguna interna con él. La tendrá Pocino conmigo.
Yo tengo bastantes quilombos con los laburos que tengo que hacer, más todo lo que me toca en la Justicia. Lo especifico de acá más lo que te manda la Justicia.
-¿Cómo está su relación con Icazuriaga y Larcher, jefe y vicejefe de la ex SIDE?
-¿Cómo me voy a llevar? ¿Cuál es el problema?
-Las fuentes dicen que la relación es tensa.
-Las fuentes deben estar trastornadas. Acá estamos laburando.
-¿Le molestó que Cristina haya dicho por cadena nacional que se había enterado de las amenazas de muerte del ISIS por los diarios en vez de por ustedes?
-Eso fue otra cosa. Ahí inventaron lo del tunecino. El tunecino ese (del que habló el diario Clarín) no existió. Fue una farsa. ¿Por qué nos vamos a molestar?
Era todo irreal. Lo del ISIS es cierto. Esos mails con amenazas llegaron, pero lo del tunecino y lo de la Triple Frontera es un invento, que evidentemente debe estar hecho por alguien con algún interés, pero no da con la realidad. Lo que dijo (Cristina) fue porque se tendría que haber enterado por nosotros. Y por nosotros no se iba a enterar porque no existió lo del tunecino.
-¿Está de acuerdo con el Memorándum de Enten-
dimiento con Irán por la causa AMIA?
-Esos son temas de Estado y yo no puedo opinar.
-¿Le molestó que hayan llegado a un acuerdo?
-Pero a mí no me molesta, ¿por qué me va a molestar?
¿Qué acordaron con Irán? No acordaron nada.
Además yo tengo que hacer mi laburo y listo.
-¿Quién atentó contra la AMIA?
-Esos temas son secretos de Estado. Yo no te puedo decir a vos quién voló la AMIA, porque yo dependo de lo que tengo que informar a la Justicia.
-¿Pero usted sabe quién voló la AMIA?
-No es que yo sepa, yo tengo que laburar y presentar las cosas. Eso no te lo puedo decir a vos.
-¿Tiene miedo de que lo maten?




-En los trabajos que me ha tocado hacer a mí en todos estos años, ¿a vos te parece que yo puedo tener miedo de que me maten?
-Dijo que la última amenaza que recibió y que va a presentar en la Justicia es muy pesada.
-No, vos me preguntaste cómo eran las amenazas y yo te dije que todas terminan en la muerte. No me entendiste.
-Sí lo entendí pero nunca antes se había publicado que lo amenazaban.
-Pero eso ya venía de hace más de un año. Hasta mi familia está acostumbrada a las amenazas. Mi familia ha recibido bombas en la casa, en otros años. No ahora, ni con este Gobierno. Miedo a la muerte de qué. Ahora, eso no quita que manden boludeces, pero miedo a la muerte no podía tener. No podrá haber hecho los trabajos que hice en estos 30 años si tuviera otras tareas. Que no son las que dice el pelotudo este de Bonasso, que yo andaba con la Dictadura y todas las pelotudeces que dice él.
La denuncia del Fiscal Alberto Nisman
-¿Cuál era Nisman?- pregunté, mientras entraba a la redacción del diario un poco dormido, despeinado, con la ropa arrugada y golpeando el piso con mis zapatos de suela de cuero. Me quedé parado frente al escritorio esperando la respuesta, con una mano ojeaba el diario que había aga-rrado en la puerta y con la otra prendía la computadora, que se empeñaba en no arrancar.
-Es el Fiscal Especial para la causa AMIA. Lo pusó ahí Néstor Kirchner, esposo de la Presidente allá por 2005, para que investigue la pista iraní, pero después le quedó de clavo a Cristina, que cree más en la bomba siria. Nunca hizo nada. – me respondió Ariel Merca, un joven periodista cooptado por ideas de izquierda, que en sus ratos libros ejerce como asesor de prensa del trotskista Partido Obrero y de poeta.

El calor era agobiante y la chapa del techo levantaba temperatura, pese a que el cielorraso contenía la lenta cocción. Una puertita de chapa hacia la nada, por la que entraba el aire caliente del norte, era el único contacto con la realidad.
-¿Y la conferencia para qué fue?
-Debe haber encontrado alguna forma de indagar a los iraníes. Ni idea.

Eran las 11.15 del 14 de enero de 2015. Ahí estaba Alberto Nisman, peleando contra los molinos de viento más grandes de los que tenga memoria viva. La primera impresión que da es la de un hombre narcisista y con algunos retoques estéticos en la cara. El nudo de la corbataperfectamente mantenido en el cuello, su pelo perfectamente peinado y perfectamente bronceado.
-No me causa gracia tener que hacer esta imputación contra la Jefa de Estado. Desearía no acusar, pero tengo las pruebas. Y si no las presento, cometo un delito. La documentación y las escuchas son tremendamente voluminosas – di-jo el Fiscal, visiblemente sobrepasado por la cantidad de micrófonos que lo rodeaban e intentaban captar su denuncia.

Decía tener dos años y medios de escuchas entre el piquetero y exfuncionario kirchnerista Luis DÉlía, el líder del movimiento de ultraizquierda Quebracho, Fernando Esteche y supuestos agentes iraníes para realizar un pacto de impunidad para los sospechosos de haber organizado el ataque a la mutual judía.




Con el paso del tiempo y con el poder de la billetera, DÉlía y Esteche pasaron de las protestas durante la crisis de 2001 a ser financiados por el propio Gobierno, para utilizarlos como fuerzas de choque.
Nisman no sabía explicar bien de donde habían salido las escuchas. En un principio, esbozó que las grabaciones se realizaron desde un teléfono celular de un agente iraní que estaba siendo vigilado desde el 2005. Sin embargo, los rumores entre periodistas decían que fueron aportadas por la CIA y el Mossad, que colaboraban con la SIDE codo a codo para tratar de encontrar a los culpables de la voladura de la AMIA.
Para presentar esta denuncia, Nisman había vuelto tempestivamente desde Europa el 12 de enero, acortando unas supuestas vacaciones con una de sus hijas, para festejar su cumpleaños número 15. Durante la feria judicial argentina, que se da en el mes de enero, habían estado en Londres y Amsterdam y su próximo destino era Andorra, vía España, para finalizar en París. Pero una vez en el aeropuerto de Barajas, Nisman dijo que tenía que volver a Buenos Aires de apuro y dejó a su hija sola en el vip de Iberia para que la vaya a recoger su madre, la Jueza de San Isidro Sandra Arroyo Salgado, que también se encontraba vacacionando en Europa.
Luego de una pequeña victoria en la guerra constante por la temperatura de la redacción con Ariel Merca, el aire acondicionado se prendió y la búsqueda de información se volvió frenética. El atentado a la Mutual Israelí Argentina (AMIA) de 1994 había sido el ataque más sangriento en la historia del país: 85 personas murieron por aquella bomba en el barrio de Once, corazón de Buenos Aires.
Por la noche, Nisman dió una entrevista televisiva.
Periodistas y políticos se paralizaron frente a las pantallas.
Sería la última vez que se le realizara una nota al Fiscal Especial.

Al otro día, se filtró a diversos medios un resumen de 59 páginas con algunos puntos sobresalientes de la denuncia y las transcripciones de algunas comunicaciones entre dos piqueteros líderes de organizaciones para kirchneristas de acción directa en las calles de Buenos Aires; el agente iraní nacido en argentina y líder islámico, Yussef; uno de los supuestos cerebros de la bomba que se encuentra en Irán, el Sheik, y un espía inorgánico de la ex SIDE.
La primera que salió a la opinión pública fue algo así:
-Hola…
-Hola Luisito, Yussef.
-Ahhh, Yussef, ¿cómo te va?…
-Bien, vos.
-¿Bien, muy bien, vos?
-Bien, mirá, escuchame, mañana nos vamos a juntar, tenés para anotar.
-Sí, dame a ver.
-Bonpland 1828.
-1828…
-Palermo, es Bonpland y El Salvador.
-¿Qué piso?
-No, no, es una casa. Ahí vamos a almorzar. Al mediodía,
¿a la una te parece?
-Dale, a la una estoy ahí.
-Listo, y el otro punto, escuchame, por la dudas que te llamen hoy los medios o alguno, tené perfil bajo por 10
días por lo menos, yo sé porque te lo digo…
-No, no, me dijo Parrilli recién.




-Porque me acaban de llamar y me dijeron porque están enardecidos los de la vereda de enfrente…
-Yo tengo un problema, tengo programa hoy, no puedo no hablar.
-No queremos que nuestros jugadores corran riesgo de nada, ni que le rompan las bolas.
-Bueno perfecto
-Listo, perfecto, a la una nos vemos ahí, un abrazo.
-Dale, un abrazo.
-Chau.
Esa sería la primera de más de 40 mil grabaciones que tenía Nisman en su poder, que finalmente no llegó a desgrabar en totalidad. Pero eso, es parte de otro capítulo.

14 de enero
Canal TN
Frases del Fiscal Alberto Nisman,
A Dos Voces por Gustavo Alfaro
Entendí que en los casos de la señora Presidenta y el Canciller había elementos muy concretos.
Antes que nada quiero aclara que el Gobierno de Néstor Kirchner es quien más a hecho desde el punto de vista político de apoyo a la Unidad Fiscal AMIA para el tema del esclarecimiento de este atentado. Lo que a ocurrido en este último tiempo con la Presidenta CFK no es distinto al Gobierno de Néstor. Es
totalmente opuesto. Ha habido un cambio radical, ha habido una alianza con los terroristas.
El Memorándum se firma en 2013 y se lo plantea como el inicio de un proceso de una negociación para destrabar la causa, eso es una gran mentira. La firma del Memorándum es la finalización de un proceso de impunidad que empieza dos años antes.
En enero de 2011 la Presidenta CFK le ordena a su Canciller que hay que desinvolucrar por los motivos que ahora voy a explicar a Irán de la causa AMIA.
El motivo que buscaba Argentina era acercarse geopolíticamente a Irán, por otro lado restablecer relaciones diplomáticas y ante la severa crisis energética que sufría Argentina comprarle petróleo a Irán y que Irán compre eventualmente granos, que es inviable en la medida que subsistan las acusaciones por la causa AMIA, entonces hay que borrar estas acusaciones.
Me enteré por escuchas cosas de la causa que yo no sabía.
Nada de lo que se hace acá es sin la directiva expresa de la Presidenta.
La Secretaría de Inteligencia mantenía permanentemente informado y negociaba con Rabbani.
Larroque era el intermediario entre D’Elia y Cristina Kirchner. Larroque es la voz de Cristina en todo esto.
Esto no me causa gracia, pero es lo que me toca hacer y tenía que hacer.
Yo acá tengo una prueba que si yo como Fiscal no la presento cometo delito y por eso se la presento a un Juez.
Pido la prohibición de salir del país de Esteche y D’Elía.
El tema de Luis D’Elía fue fundamental, interviene en prácticamente todo, primero en el plan de impunidad, en las negociaciones para llegar al acuerdo por el tema del comercio.
Hubo acuerdos con Irán que prueban las mentiras de Timerman.
La diplomacia Argentina engañó al mundo. En la ONU en 2013 el discurso de la Presidenta dice
‘queremos que Irán nos diga si el acuerdo se aprobó, cuando se va reunir la Comisión de la Verdad y cuando va a viajar el juez.
En las escuchas Irán admite y se jacta de que cometió el atentado.
La SIDE negociaba con Mohsen Rabbani. No sólo con el Estado que protege a los terroristas, sino también con los terroristas.
Se busca por una cuestión política borrar una causa de un crimen de lesa humanidad.
Stiuso hacía absolutamente todo lo que yo le pedía.




Con quien coincidía muchas veces y tenía muchísimas discrepancias. Stiuso en un excelente profesional. No tengo dudas, pero a veces Stiusso como todo hombre de inteligencia venía y me decía “tengo ésta prueba, en tal hecho participó fulano” y la explicación que me daba cuando me hablaba era coherente, la prueba la daba un informante de la triple frontera, “pero escúcheme, para inteligencia es bárbara ésta prueba, yo tengo que ir ante un tribunal, me sacan corriendo, que digo me lo dijo el señor Stiusso” y se generaban discusiones. Yo solamente validaba jurídicamente lo que le podía dar validez judicial.
Esto va a llegar a buen puerto, pero va a llevar tiempo.

Las escuchas de Yussef Khalil
Alejandro Yussef Khalil tenía su teléfono intervenido por ser una de las personas que mantenía contacto con Mohsen Rabbani, un clérigo chiita ex agregado cultural de la Embajada de Irán en Argentina y acusado como uno de los cerebros de la voladura de la AMIA. La idea de Nisman y sus asesores de Inteligencia era seguir los viajes secretos del Sheik, cuando viajaba fuera de Irán de forma ilegal y atraparlo en algún país que tenga colaboración con la CIA y el Mossad. Pero las escuchas revelaron que algo más se estaba cocinando, por las conversaciones que mantenía con Luis DÉlía, piquetero y lobbista proiraní dentro del Gobierno kirchnerista.

Yussef era el Secretario General de la mezquita At-Tauhid del barrio porteño de Flores y tenía una sospechosa empresa de importaciones, Oriental Bok, indicada como una fachada para la compra y venta de dólares en el mercado negro, sobre todo para la comunidad islámica, que tenía problemas para recibir y mandar divisas al extranjero.
Este emprendimiento decía dedicarse a la importación y exportación, pero no hay una sola transacción comercial oficializada en los registros.

El hombre pertenecía a la familia Jamad, clan que hace un siglo se asentó en el límite entre la Pampa Húmeda y la Patagonia, formando un imperio comercial en esa zona.
Los audios del teléfono de Yussef dieron información, como que Allan Bogado tenía una grabación de como se realizó el atentado a la AMIA:
-Hay una reunión una vez al año en la Interpol que evalúan todos los pedidos internacionales, para no seguir teniendo tantos porque si no no hay sistema que aguante y evalúan quiénes son los verdaderamente poronga que hay que buscar y quién no. La verdad que no da para que Interpol nos siga teniendo como buscados y me dicen que Interpol viene para atrás, que van a levantar eso – informa Bogado sobre la posible caída de las notificaciones rojas.
-Y eso es bueno – responde el agente iraní.
-Y sí, pero la causa acá seguimos quedando para el culo.
-Nosotros tenemos un video del atentado y…
-Escuchame no hablemos tanto por teléfono.

En esas escuchas hablan sobre el robo de 300 fusiles de guerra argentinos FAL:
-Me tengo que ir a La Pampa. Me entraron a chorear en el campo, me robaron todo. El vecino fue a hacer una denuncia que le robaron las armas y parece que a mí también. Todo, los 300, todos los “FALs” que había, aparen-temente se robaron todo. Nadie me atiende. No me puedo comunicar con nadie – dice Yussef.
-Tranquilo. No hay lastimados. ¿Llamaste al “Skum”? – lo tranquiliza Bogado.
– No, porque no sé bien de qué se trata ¿El “FAL” de ese están limpios, no? Los que no están limpios son los otros.
-Mamá, qué quilombo.

En otras llamadas llama a Nisman “hijo de puta” y “demonio”. En dialogo con Rabbani, le explica que “están con el tema (Nisman), estamos viendo qué podemos hacer. Estamos re calientes”.
El plano geopolítico dentro del Gobierno argentino queda marcado en este audio judicial entre Yussef y Bogado:
-¿Cómo anda, master?- saluda Bogado.
-Todo bien. Dos cositas. Bah, una en realidad. ¿Cómo ves el cambio que hubo en el Gobierno? La ida de la mujer (la ex Ministra de Seguridad, Nilda Garré).
-Pero no hubo cambio.
-¿Cómo no? ¿No sacaron dos Ministros?
-Pero hubo cambio de nombres, no de situaciones.
-El cambio de nombres, especialmente el de la mina,
¿Cómo lo ves?
-Y… Para nosotros adentro, desde donde yo trabajo, es com-plicado. Para ellos es lo mismo, porque el que estaba laburando es El Loco (el Secretario de Seguridad, Sergio Berni).
-Ah. Mañana quiero tener una charla con vos. En algún momento.
-Te lo digo claro: el Director de Interior nuestro estaba porque es el novio de la hija de la señora que se fue.
-Sí. ¿Pero vos por qué creés que la sacaron a la que se fue?
Pregunto eso concretamente.
-Ah, porque ahora viene un tema interno. Ella estaba con su amigo Milani en el Ejército, que tiene su Inteligencia paralela, con un tema de la Policía Aeroportuaria que ahora va a saltar… Nada, mirá (el programa del periodista Jorge) Lanata hoy y cómo hacen para sacar la plata y nadie mira nada en la frontera.

Yussef desapareció después de la difusión de las 40 mil escuchas. Por dos meses, estuvo oculto. El punto de quiebre y su aparición mediática comenzó por una nota de El Diario de La Pampa, donde se develaba que tenía un campo de casi 400 hectáreas en esa provincia, por el que pagaba casi 150 mil pesos anuales de alquiler. En la propiedad sólo había una casa, bastante descuidada. Los lugareños decían que servía de refugio para personas persegui-das y que debían desaparecer durante algún tiempo. La información sacó de sí a Yussef. Furioso, Khalil rompió el consejo de su abogado y decidió llamar a la redacción que dio esa información. Habló a los gritos con uno de los editores:
– ¿Cuánto hace que tenés el campo alquilado acá en La Pampa?
– Desde hace cuatro años y se lo alquilé a la familia Marchisqui, a la hija y a un hermano en realidad que se llama Javier. Son nada más que 365 hectáreas.
– Además de los lazos familiares, ¿qué otros vínculos tenés con La Pampa?
– Soy pariente de la familia Jamad y de la familia Diab, pero quiero aclarar esto que ha salido porque en realidad no quiero generarles ningún problema a ellos. Yo en realidad voy desde los ocho años a La Pampa, desde al año ’82, y yo nací en el ’74. En mayo del año pasado fui por última vez.




Mis abuelas nacieron en Cachirulo y en Naicó. Mi bisabue-lo fue policía incluso en la época de Vairoletto. La Pampa es una provincia que amo, tengo a muchos familiares allá y no quiero que queden pegados. Es más, tengo una hija de 23 años que vive allá, que está casada, y que por supuesto está muy apenada por todo esto y es uno de los motivos principales por los cuales acepto esta entrevista…yo no he hablado con nadie ni tampoco lo voy a hacer porque estoy preparando todo legalmente para hacer las cosas bien. Lo que pasa es que acá en este país cualquiera te tira un balde de mierda para ensuciarte y después te dan un hisopo para limpiarte. Yo no ando en negocios raros, eso es así y lo quiero dejar claro. Todo esto que viene saliendo, sobre todo en los medios nacionales, las escuchas y todo eso, hasta me han traído problemas familiares. Me han generado un daño irreparable.
– ¿Quiénes eran tus abuelos, cómo se llamaban?
– Una de mis abuelas era María Salomón y mi abuelo Elías Milhim. Ellos tuvieron el primer surtidor de combustible que hubo en Cachirul, fallecieron en el ‘83, por eso amo a La Pampa porque es la tierra de mis abuelos. Mis padres viven actualmente en Buenos Aires y están sufriendo mucho los dos por todo esto, incluso mis hermanos que quedaron involucrados también sin comerla ni beberla.
– Antes de hacerte alguna pregunta puntual, ¿querés aclarar algo más de la nota que publicamos?
– Si, una cosa más. Cuando se ventilan unas escuchas mías salió el tema de las armas robadas y pusieron que me robaron un fusil. En realidad hay un error en la transcripción porque yo dije la palabra “fared” que en el árabe coloquial de El Líbano significa revólver. Esa arma no era mía, era de un primo. La denuncia correspondiente por todo eso quedó hecha en la Seccional Quinta de Toay. Incluso ese mismo día que me robaron, también robaron en el campo de al lado que es del contador Abarca. Digo esto porque no hay nada raro. Esto fue en marzo del año 2013, ustedes mismo lo pueden chequear si quieren. Yo conozco mucha gente porque fui 7 años presidente de la Asociación Árabe Argentina Islámica, incluso por supuesto que entre ellos a muchos embajadores.
– ¿Cuál es tu relación con Oriental Bok?
– Bien, una muy buena pregunta. Hace cuatro o cinco años con mi hermano y otras dos personas más decidimos conformar una empresa importadora y exportadora, con la idea de contactar empresarios de allá y de acá para empezar a generar negocios como cualquier empresa de estas características. La verdad, con Oriental Bok no se hizo un puto negocio, no se hizo nada. La verdad no me acuerdo ni cuándo la armamos, sí recuerdo que fuimos a una escribanía pero ni siquiera la inscribimos después a esa empresa, no se la dio de alta en ningún lado, ni en la AFIP ni en ningún lado. Nunca tuvo curso porque no arrancó. Lo único es que la escribanía tenía la obligación de informar lo que se hizo y salió en el Boletín Oficial, pero eso fue todo.
No existe tal empresa funcionando.
– ¿Y los vínculos con Luis D’Elía cuándo surgieron?
¿Cómo se conocen?
– Mi relación con él nace en el año 2006 por los ataques a Palestina del Estado de Israel. A partir de ahí comenzamos a generar movimientos no solo con D’Elía sino con diferentes personalidades. Pero nada raro como se dice por ahí de vincularme al Gobierno Nacional y eso. Yo a la Presidenta no la vi en mi vida, la conozco como la conocés vos, por foto.
– ¿Qué opinión tenés de la denuncia que elaboró el fiscal Nisman? Allí se te acusa como un agente iraní.
– Yo no tengo nada que ver con la Embajada iraní, yo cuando fui Presidente de la Asociación Árabe Argentina Iraní dejé el cargo en 2013, pero seguí teniendo relación con todas las embajadas árabes islámicas del país. Yo no soy un agente iraní. La verdad, es un disparate. Ahora dicen que se va a pedir que se investiguen las 40 mil escuchas que hay,
donde hay conversaciones de mi hija de 12 años cuando habla con su prima de 8. Que tenía comunicación con el mundo de la política por mi rol es cierto, pero después es todo un disparate. Si encuentran una sola prueba yo solo me pongo las esposas.
– ¿Qué crees que pasó con la muerte del Fiscal Nisman?
– Cuando me entero, cuando vi la muerte por televisión, se me vino el mundo abajo, porque yo soy uno de los tantos que quería que el Fiscal fuera el lunes al Congreso y expusiera. ¿Quién no iba a querer que el Fiscal lo hiciera?
Por eso cuando veo que se pegó un tiro, que se suicidó, que lo mataron como dicen las pericias ahora que presentó Arroyo Salgado, o no sé qué pasó me quise morir, hermano.
No lo podía creer.
– Vos por supuesto estaba de acuerdo con la firma del Memorándum con Irán. ¿Qué reflexión tenés al respecto?
– Por supuesto que estaba de acuerdo porque el Memorándum iba a ayudar a esclarecer todo, iba a permitir que la República de Irán se sentara por primera vez legalmente ante las autoridades argentinas. Pero siempre se trató de confundir a la gente. Igual yo no tuve ninguna injerencia, yo apenas soy un dirigente de la comunidad islámica. A Cristina la conozco por foto como seguramente la conocés vos.
– ¿Cómo crees vos que se te llega a vincular con la denuncia? ¿A partir de qué hecho puntual?
– Por uno de los principales imputados en la causa, Mohsen Rabbani, con quien tengo una estrecha relación. En un momento Canicoba Corral dice que nunca autorizó las escuchas, Nisman dijo que tenía un papel firmado y en esas escuchas estoy yo hablando con él. Supuestamente era para saber a través mío dónde se encontraba Rabbani cuando me llamaba, yo no reniego de mi relación con él. Él es mi líder espiritual, no tengo por qué cortarle el teléfono o no ha-blarle. El famoso Memorándum era una condición para que Rabbani y todos los acusados por el atentado a la AMIA llegaran a un entendimiento con Argentina, se aclaraba todo de una buena vez. Iban a salir muchas cosas a la luz. Una cosa tengo clara, la República Islámica de Irán no fue.

Un día de semana fui invitado al programa del periodista Fabián Doman para hablar sobre las novedades del caso y estas escuchas, junto al abogado de Yussef Khalil, Fernando Burlando, quien me permitió mantener una breve charla telefónica con el imputado por Nisman como espía iraní.
-Hay una escucha donde usted dice que le robaron 300
armas de guerra FAL de su campo y que “no están limpios”…
-No, no hablaba de fusiles FAL. Dije ‘fared’, que quiere decir revólver en nuestro lenguaje. Es un bufo, un chumbo, un arma de fuego. Tenemos dos idiomas, el coloquial y el oficial. El oficial lo usan los diplomáticos, pero los pueblos hablan el coloquial. Y el 300 es un rifle Winchester Magnum. Por el robo de ese arma y los dos revólveres se hizo la denuncia en la comisaría 5ta de Toay, en marzo de 2012. Esto es transparente y claro. Se robaron los ‘fared’
significa se robaron las armas, los revólveres. Estuvimos más de 20 años estigmatizados, después de la maldición de la explosión de la Embajada de Israel y después con la AMIA se profundizó el ataque y el acoso hacia la comunidad islámica local. Porque al que echaban la culpa, que es el Shaik Mohsen Rabbani es actualmente un líder espiritual para nosotros, siempre hablando en términos religiosos. Todas las sospechas caían sobre la comunidad. Nuestros autos vigilados, nuestras bolsas de basura eran vigiladas.
-¿Quién lo vigilaba?
-Nos perseguían los servicios de Inteligencia del Estado.
Ponían una camioneta Traffic blanca en la puerta de la mezquita...





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