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¿Se Puede operar sin Anestesia?

Info1/5/2009
¿Se Puede operar sin Anestesia?



La pregunta nace porque ciertamente hay gente a la que me gustaría practicarle una lobotomía sin analgésico alguno (en especial a algunos ultra religiosos cuyos actos más parecen derivados de un desequilibrio químico en el cerebro). También entraña el recuerdo de varias películas que recrean prácticas quirúrgicas perversas, como esa en que el doctor Hannibal Lecter hace que un hombre se coma partes de su propio cerebro. Sí, tengo esa clase de alucinadas. Y me alegra saber que no soy el único. Y me alegra todavía más encontrar la respuesta en un trabajo serio y riguroso, un libro escrito por la clase de eminencias que no se cierran a lo desconocido sino que lo explora para describirlo. Según los respetados investigadores estadounidenses Ernest y Josephine R. Hilgard, es perfectamente posible operar a una persona sin pizca de sustancia química de por medio. Sin anestésicos ni analgésicos. Ni pastillas ni gases ni inyectables. Con el sencillo, económico y para muchos profano recurso de la hipnosis.

No se trata de una triquiñuela para brindar primeros auxilios. “Anestesiólogos y cirujanos han demostrado por igual que si se trata de un cierto tipo de individuos altamente hipnotizables, la hipnosis puede ser el único anestésico en operaciones mayores”, escribieron los destacados esposos en un estudio sobre casuística publicado originalmente en 1975. El doctor Hilgard, profesor emérito de psicología de la Universidad de Stanford hasta su muerte en el 2001, y su esposa, una respetada profesora de psiquiatría, ganaron amplio reconocimiento científico gracias a sus estudios sobre el efecto de la hipnosis en el comportamiento humano. En el citado trabajo dieron cuenta de una serie de reportes médicos en los que se informa de procedimientos que o bien añadieron la hipnosis como recurso complementario a la anestesia o bien la emplearon como anestésico único para intervenciones quirúrgicas de emergencia.

Uno de estos últimos casos fue el de un paciente que había sufrido quemaduras severas en la mayor parte del cuerpo. Los médicos requerían operarlo de urgencia para hacerle injertos de piel, pero su condición lo ponía en riesgo inminente de paro cardiaco si se le aplicaba la anestesia de rigor. Los cirujanos optaron entonces por la vía psicológica. “El paciente, al que se le había dado atención hipnótica previa durante solo 30 minutos, dijo no haber sentido ni ansiedad ni dolor durante o después del proceso quirúrgico”, se explica en El libro La hipnosis en el alivio del dolor (FCE, 1990). Meses después se le realizó la misma clase de intervención, por lo general dolorosa, hasta en cuatro oportunidades, siempre con hipnosis.

Otro caso igual de revelador fue el de una mujer embarazada que presentaba síntomas de preclampsia fulminante. Su parto se había retrasado dos semanas y sus condiciones eran extremadamente delicadas. Según el reporte, la mujer pesaba 130 kilos, tenía hinchazón en diversas zonas del cuerpo y su presión había volado de 190/130 a 230/160 a pesar de las medicinas para controlarla. La única opción era practicarle una cesárea, pero en su caso la anestesia general podía dañar al bebé y la anestesia espinal podía provocarle un infarto. Se optó por lo que se ha llegado a denominar la hipnoanestesia: en los primeros cuatro minutos, la enferma fue inducida al sueño con técnicas de hipnotismo y al completar los seis ya estaba en condiciones de ser operada. “En cuanto se extrajo al bebé, la presión sanguínea bajó a 180/120. Se prosiguió con la hipnoanestesia después de la operación, y tanto las heridas del útero como las abdominales se arreglaron solo mediante la inhalación de pequeñísimas cantidades de óxido nitroso”.




La literatura médica demuestra que la hipnosis puede resultar efectiva para operaciones más riesgosas, como la mamoplastia, extirpación de cataratas e incluso la cirugía del corazón. De hecho, hay circunstancias en que las condiciones del paciente sugieren el uso exclusivo de la hipnosis en lugar de algún químico anestésico, por ejemplo en caso de pacientes que han comido mucho al momento de presentarse una emergencia. Se registra el caso de una niña que tenía una fractura muy severa en la mano. “No era recomendable esperar las seis horas que por lo normal se requieren para vaciar el estómago, además de que en caso de accidente la comida permanece en el estómago más de lo habitual debido al dolor o a la ansiedad. El médico indujo hipnosis, utilizó sugestiones de relajamiento y un programa de televisión alucinado; la paciente no sufrió dolor alguno durante la intervención. Su recuperación fue excelente”.

En otra experiencia, una embarazada llegó a un hospital con una complicación grave: su bebé estaba mal colocado, pero el parto era inminente. Debido a sus síntomas de fiebre, presión alta y taquicardia, el anestesista se negó a aplicarle anestesia general. El doctor Salvatore Cucinotta (quien cedió su reporte reservado del caso para el libro de los Hilgard) no tuvo otra opción que aplicarle la hipnosis durante diez minutos. Según el registro de la operación, los signos vitales de la paciente volvieron a la normalidad en plena cirugía. “Se extrajo un niño normal y la recuperación de la madre no tuvo tropiezos. Un tocólogo (especialista en gestación y partos) experimentado revisó después el expediente y consideró como notable el caso”, refieren Ernest y Josephine R. Hilgard.

Hay que decir, sin embargo, que la hipnosis no llega a ser un recurso masivo. La experiencia científica estima en alrededor de 10% la frecuencia de casos en que un paciente puede tolerar cirugía sin otro anestésico que esta técnica psicológica. Entre las complicaciones se consigna que el estado hipnótico puede quebrarse en plena operación o en todo caso es difícil se mantener; también que esta terapia no es recomendable para intervenciones en que se requiere un relajamiento muscular pleno. La hipnosis relaja, pero no lo suficiente, dicen sus críticos. En cualquier caso, la recomendación final de los doctores Hilgard es clara: “Tanto el cirujano como el anestesiólogo harían bien en familiarizarse con ella; no necesitan tener experiencia en hipnosis para obtener la ayuda de alguien calificado en este campo”.

Creo que los beneficios reportados hacen interesante esta experiencia. Hay indicios de que los pacientes que se han sometido a hipnosis con propósitos anestésicos se han recuperado más rápido y que recuerdan las intervenciones como experiencias menos traumáticas, incluso agradables. Veremos si algún miembro de este club ha pasado por lo mismo o se animaría a hacerlo.

(Aquí les paso el video de una experiencia que se hizo tiempo atrás en la televisión peruana. Particularmente no creo mucho en lo que muestra nuestra pantalla, pero va con el tema).


Fuente


link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=RtntmtsN4cc&eurl

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