Existe actualmente un viejo debate que aún no ha encontrado una solución tecnológica concreta: ¿son mejores las cocinas de gas o las eléctricas?
No es una pregunta banal. Así que esto puede generar pasiones. En cocina nada es una tontera. El asunto es que no es que una sea mejor que la otra. Es que cada una tiene su espacio y aplicaciones específicas.
Aclarado esto, entonces, ¿cómo escoger una, la mejor, o mejor dicho, la más adecuada para el tipo de espacio y uso que le queremos dar?
Eficiencia en dinero.
Aunque en países tan desiguales como Reino Unido y Venezuela la opción de gas resultaría obvia, por ejemplo, en 2014 en Ecuador el gobierno presentó un plan para cambiar millones de cocinas a gas por cocinas eléctricas de inducción.
No fue poca cosa. Según su Ministerio de Electricidad (comparable el de Energía de cualquier otro país), nueve de cada diez hogares usaban el gas —que por entonces se vendía con un fuerte subsidio estatal, tendiente a ser eliminado — para cocinar sus alimentos.
En términos de eficiencia, es importante recordar cómo se genera la electricidad. Por ejemplo, en Reino Unido el gas se quema en forma poco eficiente para generar o producir electricidad. Esto significa más pérdida para los usuarios o consumidores finales.
Por tanto, si consideramos el ciclo completo de generación o proceso de producción de la energía, la electricidad es mucho menos eficiente que el gas. Pero, entre los eléctricos, el de inducción es definitivamente el más eficiente.
Necesidades.
La tecnología ha avanzado lo necesario como para ofrecer variedad de cocinas que se adapten a diferentes necesidades. La clave es cómo se va a utilizar la cocina, los hábitos del usuario y su presupuesto. A los chefs o cocineros profesionales prefieren o les gusta más las cocinas a gas porque les permite tener mayor control sobre el calor generado.
Pero, en cambio, si tenes un apartamento o departamento, ambiente, locación, o espacio pequeño y tienes una cocina a la que no sueles dar mucho uso, no necesitas una cocina a gas. Con una cocina eléctrica, te resultaría más cómodo, eficiente y suficiente.
Así, la clave definitiva sería: ¿Cocinas de vez en cuando o te dedicas a cocinar en serio, habitualmente?
Las cocinas profesionales son todas a gas. Tenes un control del calor y podes hacer cambios bruscos de temperatura sin mayor problema. Además, si vas a tener una cocina encendida durante horas, te conviene tener una cocina a gas.
Por supuesto, además del costo relativo, la principal ventajas de las cocinas a gas sobre las eléctricas es que se puede controlar la intensidad de la llama, manejando el calor a criterio.
Por el contrario, las cocinas eléctricas todavía son muy criticadas: tardan más tiempo en generar o producir calor, problema que han venido tratando de solucionar los fabricantes de los modelos de inducción más modernos, pero sin tener éxito en capturar la adhesión de los cocineros profesionales o de los más dedicados. Además, están siendo objeto de numerosos estudios e investigaciones de laboratorio o científicas respecto de que pueden generar un posible perjuicio para la salud, debido a la emisión de los campos electromagnéticos generados por sus placas de inducción.
Contaminación y limpieza.
En este sentido, la lista puede ser tan larga como las preocupaciones de los usuarios o consumidores que las usan.
Como señalan algunos sitios de comparación de productos, las cocinas a gas son más difíciles de limpiar que las eléctricas estándar o las de inducción. La superficie cerámica de una cocina eléctrica es más fácil de limpiar que los quemadores o aros de metal de una de gas.
En el factor limpieza, las cocinas eléctricas son mejores, aunque deslucen cuando los utensilios de cocina comienzan a marcar o rayar su superficie, por el contacto con la superficie cerámica y el calor producido en éstas, dejando ver, luego de varios usos, una superficie rayada, opaca o deslucida que da una apariencia de estar siempre sucia.
Si te preocupa cómo una opción u otra puede contribuir a la contaminación ambiental, te digo que un estudio de 2014 quita todas las ventajas que hasta este punto puedan haber acumulado las cocinas a gas.
En los resultados arrojados por dicho estudio se encontró que los quemadores de gas añadían un 25-33% las emisiones promedio semanales de dióxido de nitrógeno dentro del hogar y contribuían un 30% en el invierno y un 21% en el verano a concentración de CO2.
En términos de impacto en los alimentos, no parece haber ninguna diferencia notable. Aunque aquí si entran en juego otras variables o factores: calidad del gas, su graduación, etcétera. Pero, finalmente, todo esto dependerá de la destreza del chef o del cocinero.
Seguridad.
Una flama abierta implica más riesgo, y las cocinas de gas utilizan este tipo de flama o sistema.
Conclusión: "no hay un sistema mejor que otro"
Te dejo una flama que quema el mismo fuego.
Gracias por pasar, mamu, papu.
No olvides dejarme puntines, gracias.
No es una pregunta banal. Así que esto puede generar pasiones. En cocina nada es una tontera. El asunto es que no es que una sea mejor que la otra. Es que cada una tiene su espacio y aplicaciones específicas.
Aclarado esto, entonces, ¿cómo escoger una, la mejor, o mejor dicho, la más adecuada para el tipo de espacio y uso que le queremos dar?
Eficiencia en dinero.
Aunque en países tan desiguales como Reino Unido y Venezuela la opción de gas resultaría obvia, por ejemplo, en 2014 en Ecuador el gobierno presentó un plan para cambiar millones de cocinas a gas por cocinas eléctricas de inducción.
No fue poca cosa. Según su Ministerio de Electricidad (comparable el de Energía de cualquier otro país), nueve de cada diez hogares usaban el gas —que por entonces se vendía con un fuerte subsidio estatal, tendiente a ser eliminado — para cocinar sus alimentos.
En términos de eficiencia, es importante recordar cómo se genera la electricidad. Por ejemplo, en Reino Unido el gas se quema en forma poco eficiente para generar o producir electricidad. Esto significa más pérdida para los usuarios o consumidores finales.
Por tanto, si consideramos el ciclo completo de generación o proceso de producción de la energía, la electricidad es mucho menos eficiente que el gas. Pero, entre los eléctricos, el de inducción es definitivamente el más eficiente.
Necesidades.
La tecnología ha avanzado lo necesario como para ofrecer variedad de cocinas que se adapten a diferentes necesidades. La clave es cómo se va a utilizar la cocina, los hábitos del usuario y su presupuesto. A los chefs o cocineros profesionales prefieren o les gusta más las cocinas a gas porque les permite tener mayor control sobre el calor generado.
Pero, en cambio, si tenes un apartamento o departamento, ambiente, locación, o espacio pequeño y tienes una cocina a la que no sueles dar mucho uso, no necesitas una cocina a gas. Con una cocina eléctrica, te resultaría más cómodo, eficiente y suficiente.
Así, la clave definitiva sería: ¿Cocinas de vez en cuando o te dedicas a cocinar en serio, habitualmente?
Las cocinas profesionales son todas a gas. Tenes un control del calor y podes hacer cambios bruscos de temperatura sin mayor problema. Además, si vas a tener una cocina encendida durante horas, te conviene tener una cocina a gas.
Por supuesto, además del costo relativo, la principal ventajas de las cocinas a gas sobre las eléctricas es que se puede controlar la intensidad de la llama, manejando el calor a criterio.
Por el contrario, las cocinas eléctricas todavía son muy criticadas: tardan más tiempo en generar o producir calor, problema que han venido tratando de solucionar los fabricantes de los modelos de inducción más modernos, pero sin tener éxito en capturar la adhesión de los cocineros profesionales o de los más dedicados. Además, están siendo objeto de numerosos estudios e investigaciones de laboratorio o científicas respecto de que pueden generar un posible perjuicio para la salud, debido a la emisión de los campos electromagnéticos generados por sus placas de inducción.
Contaminación y limpieza.
En este sentido, la lista puede ser tan larga como las preocupaciones de los usuarios o consumidores que las usan.
Como señalan algunos sitios de comparación de productos, las cocinas a gas son más difíciles de limpiar que las eléctricas estándar o las de inducción. La superficie cerámica de una cocina eléctrica es más fácil de limpiar que los quemadores o aros de metal de una de gas.
En el factor limpieza, las cocinas eléctricas son mejores, aunque deslucen cuando los utensilios de cocina comienzan a marcar o rayar su superficie, por el contacto con la superficie cerámica y el calor producido en éstas, dejando ver, luego de varios usos, una superficie rayada, opaca o deslucida que da una apariencia de estar siempre sucia.
Si te preocupa cómo una opción u otra puede contribuir a la contaminación ambiental, te digo que un estudio de 2014 quita todas las ventajas que hasta este punto puedan haber acumulado las cocinas a gas.
En los resultados arrojados por dicho estudio se encontró que los quemadores de gas añadían un 25-33% las emisiones promedio semanales de dióxido de nitrógeno dentro del hogar y contribuían un 30% en el invierno y un 21% en el verano a concentración de CO2.
En términos de impacto en los alimentos, no parece haber ninguna diferencia notable. Aunque aquí si entran en juego otras variables o factores: calidad del gas, su graduación, etcétera. Pero, finalmente, todo esto dependerá de la destreza del chef o del cocinero.
Seguridad.
Una flama abierta implica más riesgo, y las cocinas de gas utilizan este tipo de flama o sistema.
Conclusión: "no hay un sistema mejor que otro"
Te dejo una flama que quema el mismo fuego.
Gracias por pasar, mamu, papu.
No olvides dejarme puntines, gracias.