LA NOVIA DE PUERTO COLOMBIA
LA LEYENDA
El mito urbano de la novia de Puerto narra la historia de una hermosa y joven mujer que murió el mismo día de su boda, cuando el carro que la transportaba chocó de forma repentina. Hoy después de 40 años la leyenda sigue vigente.
En Puerto Colombia, la muerte ronda por una carretera sola, oscura y peligrosa, conocida como la ‘La curva del diablo’. Una novia vestida de blanco aparece a medianoche pidiendo que la lleven a la ciudad.
En Puerto Colombia, la muerte ronda por una carretera sola, oscura y peligrosa, conocida como la ‘La curva del diablo’. Una novia vestida de blanco aparece a medianoche pidiendo que la lleven a la ciudad.
BARRANQUILLA. Una fría brisa entra por las ventanas, el reloj llega a las 11 de la noche. La cámara comienza a grabar el recorrido. Dos minutos antes, un Renault 'Logan' blanco dejó la calle 96 en busca de un fenómeno que carece de razón y abunda de misterio: el fantasma de la 'Novia de Puerto Colombia'.
Cuenta la leyenda que una mujer vestida de blanco, preparada para el matrimonio, aparece y desaparece en la vía que comunica a Barranquilla con Puerto Colombia a altas horas de la noche. La mujer, a un lado de la vía, en ocasiones pide chance a los conductores. La mayoría no frena e incluso aceleran buscando alejarse, pero no lo consiguen. A los pocos segundos ella está en el asiento trasero del vehículo. El desenlace: un terrible accidente de tránsito que podría conllevar a la muerte del conductor.
Lo curioso es que solo le aparece a hombres. Lo malo, es que en nuestro recorrido nocturno somos 4 hombres y queda el espacio perfecto para un pasajero más. Luis, el reportero gráfico, va en el asiento delantero grabando con la cámara. Brian, el conductor y amigo nuestro, habla muy poco y evita participar en la conversación sobre la novia. Andrés, el amigo ‘empiñado’ que nunca falta, observa videos de fantasmas en el celular.
Todos, excepto Brian, tenemos una actitud despreocupada, pero el ambiente se hace más tenso a medida que avanzamos. El rostro del conductor ya no puede disimular su perturbación y habla que no quiere ver el fantasma. En realidad nadie lo quiere ver, aunque sí que quede registrado en la cámara.
Cuentan que muy pocos taxistas y choferes de buses han visto al espectro de la novia y han vivido para contarlo. Pero Hugo Orellano, exconductor de buses de Expreso Colombia Caribe, es uno de ellos.
Días atrás, en el negocio de café internet que administra su hijo en el municipio porteño, nos encontramos. Hugo, con la mirada perdida y su mano derecha temblante, aseguró que nunca en su vida le había sucedido algo parecido a lo vivido aquel domingo en la noche hace 7 años. Orellano se quedó más tarde de lo debido en Barranquilla y regresó solo sin el asistente a Puerto Colombia. Cerca del cementerio Jardines de la Eternidad vio la silueta brillante de una mujer con traje, lista para el altar, a un lado de la carretera. Asustado, aceleró en la carretera, pero al mirar por el espejo interior del bus, se encontró con la imagen de la dama sentada en la última banca del vehículo. Hugo quedó en shock.
Hugo respira profundo y recuerda la imagen de la joven que vio. La describe como hermosa y jovial, “amonada”, de cabello ondulado, de unos 20 años.
“Vine a reaccionar ya casi entrando a los predios de Puerto, donde está la famosa 'vuelta del Diablo'. Oraba, y sin mirar por el espejo, pude llegar a mi casa temblando. Yo creía en el mito, pero no hice caso a las advertencias de mis colegas de no quedarme hasta tarde”.
Hugo, de contextura gruesa, barriga prominente de chofer de muchos kilómetros, se conmueve en su evocación, al punto que agradeció a Dios con la voz entrecortada.
Esas últimas palabras vienen a mi mente mientras observo el cementerio Jardines del Recuerdo y el silencio se apodera del interior del carro. Pasamos el Corredor Universitario y llegamos a la 'curva del Diablo', donde dicen suele aparecer con más frecuencia la novia. Allí nos bajamos y damos unos pasos. Una ambulancia pasa a nuestro lado mientras Luis dispara su cámara en la vía. Lo acompañamos Andrés y yo.
"También hay que estar pendiente de los vivos, de esos que no tienen hora fija para robar y te hacen pasar un buen susto", coincidimos.
Cuenta la leyenda que una mujer vestida de blanco, preparada para el matrimonio, aparece y desaparece en la vía que comunica a Barranquilla con Puerto Colombia a altas horas de la noche. La mujer, a un lado de la vía, en ocasiones pide chance a los conductores. La mayoría no frena e incluso aceleran buscando alejarse, pero no lo consiguen. A los pocos segundos ella está en el asiento trasero del vehículo. El desenlace: un terrible accidente de tránsito que podría conllevar a la muerte del conductor.
Lo curioso es que solo le aparece a hombres. Lo malo, es que en nuestro recorrido nocturno somos 4 hombres y queda el espacio perfecto para un pasajero más. Luis, el reportero gráfico, va en el asiento delantero grabando con la cámara. Brian, el conductor y amigo nuestro, habla muy poco y evita participar en la conversación sobre la novia. Andrés, el amigo ‘empiñado’ que nunca falta, observa videos de fantasmas en el celular.
Todos, excepto Brian, tenemos una actitud despreocupada, pero el ambiente se hace más tenso a medida que avanzamos. El rostro del conductor ya no puede disimular su perturbación y habla que no quiere ver el fantasma. En realidad nadie lo quiere ver, aunque sí que quede registrado en la cámara.
Cuentan que muy pocos taxistas y choferes de buses han visto al espectro de la novia y han vivido para contarlo. Pero Hugo Orellano, exconductor de buses de Expreso Colombia Caribe, es uno de ellos.
Días atrás, en el negocio de café internet que administra su hijo en el municipio porteño, nos encontramos. Hugo, con la mirada perdida y su mano derecha temblante, aseguró que nunca en su vida le había sucedido algo parecido a lo vivido aquel domingo en la noche hace 7 años. Orellano se quedó más tarde de lo debido en Barranquilla y regresó solo sin el asistente a Puerto Colombia. Cerca del cementerio Jardines de la Eternidad vio la silueta brillante de una mujer con traje, lista para el altar, a un lado de la carretera. Asustado, aceleró en la carretera, pero al mirar por el espejo interior del bus, se encontró con la imagen de la dama sentada en la última banca del vehículo. Hugo quedó en shock.
Hugo respira profundo y recuerda la imagen de la joven que vio. La describe como hermosa y jovial, “amonada”, de cabello ondulado, de unos 20 años.
“Vine a reaccionar ya casi entrando a los predios de Puerto, donde está la famosa 'vuelta del Diablo'. Oraba, y sin mirar por el espejo, pude llegar a mi casa temblando. Yo creía en el mito, pero no hice caso a las advertencias de mis colegas de no quedarme hasta tarde”.
Hugo, de contextura gruesa, barriga prominente de chofer de muchos kilómetros, se conmueve en su evocación, al punto que agradeció a Dios con la voz entrecortada.
Esas últimas palabras vienen a mi mente mientras observo el cementerio Jardines del Recuerdo y el silencio se apodera del interior del carro. Pasamos el Corredor Universitario y llegamos a la 'curva del Diablo', donde dicen suele aparecer con más frecuencia la novia. Allí nos bajamos y damos unos pasos. Una ambulancia pasa a nuestro lado mientras Luis dispara su cámara en la vía. Lo acompañamos Andrés y yo.
"También hay que estar pendiente de los vivos, de esos que no tienen hora fija para robar y te hacen pasar un buen susto", coincidimos.
La curva del diablo