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la Cruz y la luna salvan vidas

Info•11/30/2008



HENRY DUNANT Y EL MOVIMIENTO INTERNACIONAL DE LA CRUZ ROJA






Tanto su padre como su madre procedían de lo que se consideraban "Buenas familias". Su padre fue juez y su madre, una señora inclinada a realizar labor social en favor de menesterosos, enfermos, huérfanos, desvalidos, encarcelados, etc.

Del ejemplo de sus padres, Dunant, adquiere una amplia formación humanitaria y sincera preocupación por el dolor ajeno. Desde los 18 años dedicó su tiempo libre a visitar a los indigentes, enfermos, moribundos y los condenados a prisión. En otras palabras había comenzado a preocuparse por los heridos de la vida, en tiempo de paz, mucho antes de preocuparse por los heridos de guerra.



En su primera oportunidad, salió de Ginebra en busca de fortuna en Argelia y por el año de 1858 fundó una sociedad anónima de molinos.
Todas las condiciones para tener éxito se habían logrado, excepto que las tierras que habrían de proporcionar el grano para procesarlo, pertenecían al imperio de Napoleón III, Emperador de Francia.

Realizó varios intentos burocráticos para lograr cumplir con su objetivo. Sin embargo, al ver como se retardaba el proceso para la obtención del permiso, tomó la decisión de hablar personalmente con el emperador Napoleón III, para que éste, con su máxima autoridad, le otorgara la autorización requerida.

Las cosas se complicaron aún más. Napoleón III había decidido tomar partido y favorecer la causa de la independencia italiana y, a la cabeza de los ejércitos franceses, combatir contra las fuerzas austríacas, comandadas por el emperador Francisco.
A partir de ese momento la suerte y el futuro de Henry Dunant cambió al punto que su objetivo inicial no logró cumplirlo.



El 24 de Junio de 1859 en Solferino, en busca del emperador Bonaparte, Dunant recibió el impacto más grande de su vida.
Al anochecer entró en Castiglione y encontró la confusión y el horror provocados por la guerra. Observó como yacían amontonados nueve mil heridos que habían sido trasladados del campo de batalla.



La lucha duró 16 horas. Solferino, pueblo ubicado al norte de Italia, fue testigo del combate más encarnizado en el que 40 mil hombres yacían muertos, sin la posibilidad de ser sepultados. Vio heridos moribundos que gemían y mutilados o baleados, sin los servicios de sanidad militar suficientes como para poder salvarlos.

Dunant, sin tener conocimiento médico alguno, se esforzaba por limpiar las llagas, improvisar medicamentos y brindar consuelo a esos militares cuyo único reconocimiento recibido fue el olvido.

Dunant consiguió la ayuda de algunos campesinos del lugar, donde estaban disponibles apenas seis médicos militares franceses para atender a los nueve mil heridos de Castiglione.
He aquí lo que conmovió a Dunant: El abandono del que eran víctimas los combatientes. Esta experiencia generó en Dunant el gesto noble de crear un organismo que socorriera a los heridos en campaña. Es decir, el nacimiento de la Cruz Roja. En adelante, el espectáculo de los horrores de la guerra no pudieron borrarse de su mente.

El sufrimiento del que fue testigo Dunant, no sólo le significó cambiar su vida, sino que, a través de él, se modificaría la concepción de la guerra en el mundo entero.

LA BATALLA DE SOLFERINO Y HENRY DUNANT


Arrastrado por la desgarradora experiencia vivida, Henry Dunant escribió el libro "Un recuerdo de Solferino". Ese texto se constituyó en la chispa que encendió la llama de la fundación de Cruz Roja.

El objetivo del libro fue demostrar lo odioso de movilizar soldados, exponiéndoles a mil fatigas y peligros, para dejarlos morir después como perros.



Dunant consagró todas sus fuerzas y todo lo que poseía al servicio de dos ideas:

a. La fundación en todos los países de sociedades voluntarias de socorro, para prestar asistencia a heridos en tiempos de guerra.
b. La formación de un principio Internacional, convencional y sagrado, base y apoyo para dichas sociedades de socorro.
Sus relatos sobre Solferino lograron contagiar a gobernantes, jerarcas de Estados y ciudadanos europeos. La verdad y experiencia del libro son tan crudas y horrorizantes que invitan a la reflexión:

"... De los muertos, algunos soldados presentan un semblante tranquilo: son los que, alcanzados repentinamente, perecieron en el acto; pero muchos de ellos están contorsionados a causa de las torturas de la agonía, con los miembros rígidos, con el cuerpo cubierto de manchas lívidas, con las uñas de las manos clavadas en el suelo, el bigote erizado, con siniestro y convulsionado rictus que deja ver sus dientes apretados.
"...Ah, señor, cuanto sufro! ... me decían algunos de estos desdichados... se nos abandona, se nos deja morir miserablemente, y sin embargo, hemos luchado con arrojo!...
"... Un viejo sargento, condecorado con diversos galones, me decía con profunda tristeza, al parecer muy convencido, y con fría amargura: Si se me hubiera prestado asistencia más pronto, habría podido vivir: pero, esta tarde, estaré muerto!, por la tarde estaba muerto...
"... Pero las mujeres de Castiglione, viendo que no hago distinción alguna de nacionalidad, siguen mi ejemplo, demostrando la misma benevolencia para todos estos hombres de tan diversos orígenes, todos ellos, para ellas, por igual extranjeros... Tutti fratelli (todos somos hermanos)... repetían con emoción...
" El Doctor Sonnier dice: Veo entonces alzarse ante mí esos rostros macilentos, terrosos, con la tez ajada por el agotamiento y por una prolongada reabsorción purulenta, implorando con pantomima y gritos desgarradores, como una última gracia, la ablación de un miembro que habíamos querido conservar...".

NACIMIENTO DE LA CRUZ ROJA


El libro, publicado en 1862, comenzó a tener los frutos deseados al llegar a manos de la "Sociedad de Beneficencia Pública de Ginebra" formada por un grupo de cuatro ginebrinos.
Esa agrupación la conformaban: El general Dufour, el Dr. Luis Appia, el Dr. Theodore Maunoir y el Sr. Gustave Moyner, quienes se interesaron por la idea de Dunant.

Como era habitual, la sociedad se reunió el 9 de febrero de 1863. En esa ocasión había algo nuevo en el orden del día y que cambiaría el mundo: la propuesta para formar sociedades de socorro permanentes en favor de los heridos de la guerra, que más tarde tomaría el nombre de Comité Internacional de la Cruz Roja.
Este grupo, junto con Dunant, se encargó de organizar una conferencia de personalidades internacionales que tuvo lugar del 26 al 29 de octubre de 1863. A la conferencia asistieron representantes de 16 gobiernos europeos.



El objetivo estaba claro: la formación de unidades de socorro a los militares heridos, bajo un símbolo distintivo.
El Dr. Luis Appia, fue quien hizo hincapié en la creación de un símbolo de reconocimiento internacional para la atención de los heridos, propuesta que posteriormente fue aceptada.
En la reunión se propuso que el símbolo distintivo fuera una cruz roja sobre un fondo blanco, esto es, invirtiendo los colores de la bandera Suiza. Los participantes aceptaron este pedido, considerando que Suiza les había dado la hospitalidad y había tomado la iniciativa para la junta.

La primera persona que utilizó ese símbolo fue el Dr. Luis Appia en febrero de 1864. Al estallar la guerra entre Prusia y Dinamarca usó el brazal de la Cruz Roja, el que le dio acceso a todas partes.

Sin embargo, las Sociedades ya constituidas, especialmente en Alemania, tropezaron con muchas dificultades en el campo de batalla.

Para superar ese problema, se requirió de una reunión de plenipotenciarios habilitados para subscribir acuerdos en nombre de los Estados.

En 1864, tras la propuesta del CICR, el gobierno suizo convocó en Ginebra a una conferencia diplomática en la que participaron representantes de 12 Estados. En ese encuentro suscribieron, el 22 de agosto, el "Convenio de Ginebra para aliviar la suerte de los heridos y los enfermos de las fuerzas armadas en campaña".



Hasta ese entonces, la guerra y el derecho eran considerados adversarios irreconciliables y con la firma del convenio se logró que el derecho pudiera tener acción hasta en la guerra.
Este primer convenio reconocía como neutrales las ambulancias y hospitales, el personal de éstos, los servicios de sanidad militar, de administración y de transporte de heridos.
Además establecía que los militares, heridos o enfermos, serían recogidos y cuidados, sea cual fuere la nación a la que pertenecieran.



De esta manera se logró cumplir con los objetivos que Henry Dunant, expresó en su libro "Un recuerdo de Solferino" al formar Sociedades Neutrales de Socorro, reconocidas internacionalmente y con un símbolo común


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Personalidades de la Historia Internacional


















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