Saliva y mordeduras son las vías de contagio del virus de inmunodeficiencia felina, que no se transmite a los humanos. Estos animales pueden desarrollar neumonía, perder los dientes, padecer vómitos, diarreas y caída de pelo.
Al igual que los seres humanos, los animales pueden padecer enfermedades inmunocontagiosas tan graves como el sida. En efecto, los felinos están predispuestos a contraer esta enfermedad llamada Síndrome de Inmunodeficiencia Felina (VIF), que no se transmite a los humanos, pero sí entre la población gatuna. El vehículo de contagio es la saliva del animal, mediante mordeduras.
Según el veterinario Mario González, esta enfermedad es similar al sida de los seres humanos y pueden existir felinos que sean seropositivos y que nunca la desarrollen, y otros que tengan el virus latente y la desarrollen con facilidad. «Hay gatos que pueden estar enfermos y vivir diez años sin presentar síntomas, y otros que, en las mismas condiciones, desarrollen rápidamente el mal y mueran de un simple catarro», indica el especialista.
Debido a su naturaleza, las peleas por territorio y hembras son muy frecuentes entre la población felina, por ello se recomienda a los dueños de gatos que castren o esterilicen a sus mascotas, ya que así se evita que salgan fuera de casa y peleen con otros gatos. Con ello se disminuye considerablemente el riesgo de que nuestra mascota pueda sufrir heridas y mordeduras de otro animal infectado.
La única forma científica para detectar si un animal está contagiado consiste en realizar un examen de sangre para detectar anticuerpos específicos contra el VIF. Si es positivo, y desarrolla la enfermedad, poco a poco el organismo del felino sufrirá un fuerte descenso en sus defensas, lo que facilita que trastornos secundarios como un simple resfriado causen estragos en la salud del animal.
Cuando la dolencia ya se encuentra avanzada, el gato inicia un lento proceso de deterioro que conlleva la pérdida de dientes, infecciones respiratorias como neumonía, conjuntivitis purulenta, diarreas, vómitos crónicos, dermatitis, infección en los oídos, adelgazamiento y caída de pelo, entre otros trastornos.
El sida en felinos es una enfermedad que, si bien es muy frecuente en gatos que acostumbran a pelear, no tiene tratamiento una vez que el animal se ha contagiado.
Existe una vacuna que se administra a las crías al mes y medio de nacer y una segunda dosis a los tres meses, luego las mascotas deben ser vacunadas todos los años para evitar que enfermen. «Esta vacuna es una buena manera de prevenir el contagio, su efectividad es de un 90 por ciento, por ello es necesario inmunizar a nuestras mascotas», afirma González.
Si el gato ya está enfermo, sólo podemos vigilar que no contraiga otro tipo de afección pero, lamentablemente, aún no se ha logrado dar con un tratamiento efectivo para erradicar definitivamente el VIF del cuerpo del gato. Un diagnóstico certero y preciso puede llegar a salvar la vida de nuestra mascota.
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