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Para dormir mejor (Por Fernando Peña)

Info11/29/2008

Todos los asuntos pueden ser vistos en grande o en chiquito y cada día me convenzo más de que las personas que tienen la capacidad para ver en grande, en macro y a futuro viven mejor ya que la apuesta es mayor.

Por Fernando Peña


A diario me encuentro con situaciones que podrían ejemplificar lo que estoy diciendo, pero me doy cuenta hoy en día de que el ejemplo más claro lo tenía mi madre. Tengo un recuerdo imborrable: tendría unos diez años cuando luego de sacarme sangre salíamos de la confitería Pericles, en Callao y Santa Fe. Llovía a cántaros, entonces le sugerí que nos tomáramos un taxi, a lo que me contestó lo que me contestaba siempre: “No estamos tan lejos, caminemos”. Por alguna razón ella no veía que en las siete u ocho cuadras que había que caminar nos mojaríamos, nos arruinaríamos la ropa y los zapatos, y llegaríamos con mal humor. Sólo veía el gasto del taxi, no tenía la capacidad de poder ver el resultado positivo a la larga. El gasto era el límite, lo negativo inmediato era su techo. Por supuesto que no íbamos a morir si nos mojábamos un poco, yo lo entiendo, pero tampoco íbamos a ser pobres por tomar un taxi por siete cuadras… pero de alguna manera a la noche dormiríamos mejor.

Hace poco me fui de gira a Montevideo a hacer mi obra de teatro. Cuando llego a una ciudad, lo primero que hago es pasear por las calles y ahí tanteo si la gente sabe a qué vine. Con dos horitas de estar en la calle, en bares o en tiendas, comprando algo enseguida, puedo percibir si en esa ciudad se sabe que me voy a presentar esa noche o no. Cuando hice el experimento en Montevideo, en casi todas partes me preguntaban por qué estaba en la ciudad y qué venía a hacer. La obra estaba mal promocionada.

Hace un par de años que trabajo con el productor local y siempre pasa lo mismo. En vez de hacer una promoción diez días antes en diarios, radio y televisión me hace ir a Montevideo dos días antes, me pasea por algunos programas de televisión locales y salen dos tristes notas en el diario. Por supuesto que poca gente se entera. Aquí tenemos otro ejemplo de pensar en chiquito, seguramente él piensa y hace la cuenta de lo que costaría promocionarme durante diez días y de lo que le cuesta hacerlo dos días antes y a la que te criaste; lo que no tiene en cuenta para nada es que el gasto de empezar diez días antes es proporcional a la gente que va a llevar. Por ende no pierde plata, y lo que nunca entra en su mecanismo de pensamiento es el efecto bola de nieve. Esto es: cuanto más gente vaya a verme cada vez que voy, más gente va a saber de qué se trata lo que hago y el efecto boca en boca será mayor. Esta última manera de hacerlo paga a futuro por supuesto y su manera de hacerlo paga bien en el momento, zafa con su kiosquito, gana unos mangos y punto. De más está decir que he resuelto no trabajar más con él desde la última vez.

Días pasados hablábamos con un grupo de amigos sobre el hecho de mentir. Uno de mis amigos le está mintiendo a alguien. Esta situación se viene arrastrando hace aproximadamente tres años y cada vez que nos vemos, él, como sin quererlo, busca la forma de pedir consejo. Cuando estamos solos y me pregunta, yo siempre le aconsejo que diga la verdad y termine con esta mentira de una vez. Pero esta vez había más gente que lo comprendía en su discurso de que para él todavía no era el momento de decir la verdad. Se abrió un debate muy interesante.

Yo sostenía que decir la verdad siempre es mejor, nos hace mejores y nos hace mejor. Por una cuestión karmática y por una cuestión de autorrespeto… y, si se quiere, por la sencilla razón de poder dormir en paz. Los demás alegaban que hay momentos y momentos para decir las cosas y que no estaba tan mal que él estuviera especulando con el momento de la verdad. Yo seguía sosteniendo que la mentira lo perjudica, a él en su yo, a él con él. Por supuesto que al final del debate decidió continuar con la mentira… y van casi tres años. ¿Ninguno se detuvo a pensar en lo mal que le hace a él mentir y mentirse durante tres años? ¿Ninguno se detuvo a pensar lo nocivo que puede ser saberse un cobarde durante tres años? Y ahí está otra vez el ejemplo. El pensamiento en chiquito hace que él no pueda ver esto que estoy seguro de que a la larga lo va a perjudicar. Es fundamental estar orgullosos de quienes somos, y el camino que está tomando mi amigo claramente no lo lleva a eso.

El último ejemplo y termino. Ayer, caminando por la calle Arenales, me encontré con un viejo amigo que es productor teatral. Después de los “¡Ooohh tanto tiempo!”… “ ¡¿Qué es de tu vida?!”… “¿Cómo andan tus cosas?”, le conté que estreno en enero una nueva obra de teatro en la cual tengo que componer una travesti bastante conflictuada y freak, casi un monstruo. Con entusiasmo le conté mis planes de cómo iba a componer ese personaje. Le contaba con lujo de detalles los recursos, las técnicas y las herramientas que iba a utilizar para llegar a componer fome cacho de carne afeminado.

Mi amigo abría sus ojos cada vez más y se le caía la mandíbula. Se reía nerviosamente y se agarraba la cabeza. Hasta que en un momento me dijo algo con mucho cariño y como aconsejándome bien y para mí fue horrible. “No hagas eso, no te olvides que los críticos son todos unos mediocres, no te lo van a reconocer, te van a criticar… y el público también es muy ingrato y siempre se olvida.” Mi amigo nunca pensó en lo bien que a mí me va a hacer recorrer esos procesos oscuros, bajos y extremos para componer mi hermoso monstruo. Solamente si yo lo creo, ese monstruo será hermoso, el público lo verá, la obra será genuina y yo podré quitarme el maquillaje con placer. La propuesta de mi amigo era lo que se dice en la jerga, “hacer pizza”, actuar de taquito algunos modismos de una travesti y punto.

Eso también es pensar en chiquito. Haría un personaje correcto, pero no sería algo espeluznante, conmovedor y emocionante. Nunca entendió que el desgaste no existe. Nunca entendió que no lo hago para los críticos ni para el público. Nunca entendió que lo hago solamente para mí, para respetarme como actor, para mirarme todas las mañanas al espejo y poder sostener lo que veo… Para dormir mejor.


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