El Grupo Alerta, este año estubo dando charlas en los primeros y segundos años de distintas escuelas de Villa Carlos Paz con el fin de disminuir el indice de violencia en todas sus formas en la vida escolar.
Las charlas fueron creadas en un marco terico, con distintas dinámicas y hubo una excelente respuesta en cada una de ellas.
El relato que se coloca a continuación, esta realizado por miembros del Grupo Alerta para que los estudiantes se sientan identificados.
Relato
Me levanté después de mucho pensarlo. Ya no tenía sentido quedarse en la cama mirando el techo. Unos segundos después escuché ese detestable sonido que cada mañana hace el despertador, dándote ganas de reventarlo contra la pared.
Caminé como un zombie hasta la pila de ropa donde estaba el uniforme nuevo, que solo me había probado una vez y que sentía me quedaba extraño.
No podía negar que estaba bastante nervioso por meterme en un cole nuevo, aunque mi vieja ya me había lavado la cabeza repitiéndome que iba a hacer un montón de amigos nuevos.
No desayuné, no tenia nada de hambre. Lo que si tenia en el estomago mientras me llevaban al colegio eran mariposas. Pero no de esas que tenés cuando estas con alguien que te gusta, sino de las que crees que te van a comer las tripas de los nervios.
Entré por la puerta principal viendo que todos saludaban a alguien conocido, compañeros de años anteriores y a algunos profes.
Mientras entrábamos a las aulas me distraje examinando al resto de los chicos. Casi todos tenían sus grupos conformados y ninguno de ellos parecía darse cuenta de que yo estaba ahí. Un círculo de chicas bien peinadas que se reían como histéricas giraron la cabeza para el otro lado cuando me acerqué. Seguramente eran las típicas amiguitas que se sientan en la puerta de alguna heladería del centro, a criticar la ropa de todo el que pase frente a ellas. En ese momento parecían hablar sobre uno de los chicos de otro grupo, de esos que cada vez que pueden saludan o hablan con un conocido de 5to o 6to año para hacerse los importantes. Estos contrastaban mucho con otro grupo, que parecían niños de primaria corriendo por el patio jugando a la mancha o algo así.
Ya en el aula las diferencias entre tribus se notaban más. Ni bien llegué, lo primero que noté fue una lista desordenada de fotologs escritos en el pizarrón junto con firmas de algunos de mis nuevos compañeros. Sentado en un rincón cerca de la ventana había un par de chicos con corte rollinga escuchando música con los auriculares de uno. Más atrás la cara de depresión y el flequillo sobre los ojos delataban a un clásico emo, que dibujaba concentrado el margen de una hoja. En la puerta del curso una chica enseñaba a otra el pasito electro, parecía que habían modificado el pantalón del uniforme para hacerlo chupín, mientras otras chicas las miraban aburridas hablando sobre el ultimo CD de la barra.
Me senté en uno de los pocos bancos vacíos sin participar mucho de la clase. Tenia que poner mucho cuidado en lo que decía y de que forma. Me había dado cuenta que si uno de los tildados de “traga” decía algo gracioso el resto del curso lo tomaba como una estupidez y hasta lo ridiculizaban o se quedaban en silencio; pero si uno de los “populares” respaldado por su barrita de amigos decía la misma supuesta estupidez todos se reían con el y no de el.
En los días que siguieron la situación si cambió un poco fue para peor. Había intentado hablar con algunas chicas pero cada vez que lo hacía se reían de algo histéricamente y me ignoraban.
En los recreos me aburría un poco, pero lo peor era esa situación estresante cuando el profe decía “armen grupos” y yo tenía que ver en cual me metía, sintiéndome como un bicho raro y aguantándome todo tipo de bromas pesadas y comentarios incómodos (si, lamentablemente se había puesto de moda molestarme).
Llegué a casi quedarme libre en faltas por hacerme la chupina, (pero si me tenían que reincorporar me iban a matar en mi casa). No soportaba más las cargadas de mis compañeros día tras día. Para los preceptores eran solamente “juegos de chicos, mientras no se golpeen esta todo bien…” Pero no estaba todo bien. A veces un insulto hiriente, una carcajada en tu cara, es muchísimo peor que una trompada, como si te doliera por mas tiempo o te diera mas bronca.
Cada tanto se veía alguna chica llorando en el baño, las chicas también pueden ser muy crueles. Suelen hacer bromas y humillar a la gente sin piedad, sin que a nadie le importe…
Un día a la salida exploté. Me habían sacado el celular y hacían como que hablaban con mi vieja, y todo frente a la mitad del curso y parte del resto del colegio. Se reían en mi cara como si fuera una broma divertida. Yo agarre mi celular y tratando de calmarme le dije al chico que me lo había quitado “Che, ¿nunca escuchaste eso de que no tenés que hacer a los demás lo que no querés que te hagan, porque el otro podrías ser vos?”. Eso los terminó provocando más, y lejos de pensar en lo que yo había dicho empezaron a bardearme e insultarme, tratándome como si no fuera nadie…que? O sos como ellos, de un grupo, de una tribu y te generalizan como “el típico algo”, o no sos nadie?
Me sacaron de quicio. Empujé a uno de los chicos y casi sin saber lo que hacía y le termine pegando una trompada. Algunas chicas pegaron un grito y me separaron, algunos varones lo alentaban gritando “pelea, pelea” como en las películas.
Me amonestaron. Claro, el violento era yo y no ellos. No importaban todos esos días que prefería dormir en una plaza a ir al cole a que me digan de todo, convirtiendo cada día en un infierno. Las amenazas, burlas, insultos cotidianos no parecían ser violencia.
Traté de charlarlo con mis viejos, me re costó porque nunca les cuento nada, pero accedieron a cambiarme de colegio.
Me re sorprendí cuando entré al nuevo curso y vi a dos amigos del barrio de cuando era chico, con los que jugábamos al futbol a veces. Me senté cerca de ellos y nos entretuvimos todo el primer módulo tirándole papelitos a un chico colorado que había llegado del norte y tenia un acento raro. Me sentía mucho mas seguro con mis nuevos amigos acompañándome a todos lados, todos me saludaban y me trataban bien. Por ahí incluso me sentía con cierto poder, podía contestarle mal a alguien y no me iba a decir nada, podía decir una estupidez en clase y todos iban a reírse conmigo. Amaba ir al colegio cada día! Una vez creo que una chica se largó a llorar por algo que le dije, pero no me acuerdo qué, y no debe haber sido para tanto, no?
El día antes de las vacaciones salimos temprano y con los chicos nos cruzamos al del acento raro a la salida. Aguantando la risa le preguntamos si se volvía al norte en las vacaciones, y después empezamos a imitar su tonada de una forma que me pareció re graciosa, lo cual me confirmaron mis compañeros riéndose del chiste a mis espaldas.
Pero alguien no reía con nosotros. El chico que tenía en frente me miró a los ojos con una mezcla de rabia e impotencia que me dejó helado por un segundo; mientras, se acomodaba la mochila y me decía: “si haces a los otros lo que no te gustaría que te hagan, pensá que ese otro también podrías ser vos”.
No reaccioné, me quedé como paralizado, mientras lo veía alejarse sin mirar atrás y sus ultimas palabras sonaban en mi cabeza, “podrías ser vos”.
Link para descargar el relato: http://www.parroquiasanjose.com.ar/alerta_relato.doc
Link del Grupo Alerta: http://www.grupoalrta.com.ar