"¿Qué es el arte?" Ha sido desde siempre una de las preguntas más indescifrables de la historia. Pero lo que sí se sabe, y muy bien, es que el arte tiene un gran valor histórico y al mismo tiempo, una gran valuación en el mercado. Los robos de obras de arte son cada vez más comunes y generan una controversia mundial: ¿cuáles son los cuadros más codiciados y a dónde van a parar las piezas robadas?
Pablo Picasso lidera el ranking de los 55 artistas más codiciados por los ladrones, con 572 obras robadas, según la base de datos de The Art Loss Register, una compañía privada británica que cuenta con la base más importante de datos de obras robadas del mundo.
En la lista siguen Joan Miró, con 364 piezas sustraídas; Marc Chagall, con 317; Salvador Dalí, con 275, y Pierre-Auguste Renoir, con 169 obras que no se sabe adónde fueron a parar.
Muchos creen que las piezas están siendo disfrutadas colgadas en las paredes de la casa de algún afortunado, otros dejan esa idea romántica y aseguran que están guardadas en los rincones más profundos de algún sótano o bóveda. Es todo es un misterio.
"Con el aumento del valor de las obras de arte, se ha generado un crecimiento en los robos", dice Julian Radcliffe, director de The Art Loss Register. La primera duda que surge es por qué se roban obras millonarias y conocidas, si luego no pueden ser vendidas en el mercado de arte por su origen ilegal. "Existen varias opciones, la primera es que los criminales quizá quieran negociar una recompensa. Si esto ocurre, ellos deben revelar su identidad en cierto grado y llega a ser peligroso para sí mismos, por lo que sucede muy poco", responde el experto.
Otra posibilidad es que intenten poner la obra de vuelta en el mercado. "Pero si lo hacen abiertamente corren el riesgo de ser identificados, especialmente si se sabe que la obra está desaparecida. Sin embargo, es posible que esperen 20 años o más, el tiempo suficiente para que la gente haya olvidado el robo".
Una pintura puede llegar a venderse con un nombre falso hasta que un distribuidor la reconozca como un cuadro dormido. Es decir, que ha sido mal nombrado, voluntaria o involuntariamente, y que luego es descubierto como obra de un gran artista.
Otra experiencia revela que "algunas pinturas son compradas por manos privadas y quedan en la oscuridad por muchos años, hasta que alguien las descubre, por ejemplo, cuando una casa se pone en venta y en la limpieza aparece. Esto puede pasar después de 100 años", cuenta Radcliffe.
La lista incluye artistas de distintas épocas, como Albrecht Dürer con 215 obras robadas; Rembrandt, con 173; Andy Warhol, con 171, y Peter Paul Rubens, con 122 piezas.
Lejos de lo que la mayoría podría suponer, Edgar Degas aparece lejos de los primeros puestos: en el lugar número 15, con 78 obras sustraídas. Francisco de Goya ocupa el lugar 21, con 54 piezas; Paul Cézanne, en el 25, con 51 pinturas; Claude Monet, en el 29, con 39 obras; Vincent van Gogh, en el 31, con 36 piezas, y Paul Gauguin, en el puesto 47, con 24 obras hurtadas.
Cuando las piezas robadas son vendidas en el mercado negro, pasa a costar infinitamente menos que el valor real: "Por ejemplo, si una obra legítima en el mercado de arte cuesta 100.000 euros después de robada puede ser vendida en 2500 y luego, después de un tiempo, en 20.000, a quien pueda llegar a acceder mejor al mercado libre", explica Radcliffe.
POR ACÁ TAMBIÉN. Todos los países están expuestos al robo de obras de arte, asegura la directora de Patrimonio y Museos de la Secretaría de Cultura de Argentina, Nani Arias Incollá. Consultada por La Nación, intentó minimizar el tema: "El índice de robos en museos debería considerarse en el marco de las estadísticas generales de robo en todo ámbito: viviendas, empresas, bancos o negocios".
Hace una semana, se registraron dos robos en menos de 24 horas en dos museos porteños. Esto despertó un debate sobre la seguridad en los museos, por lo que Arias Incollá aseguró: "Hace varios años se vienen reforzando los sistemas de seguridad y de control, con la capacitación del personal de los museos, la incorporación de especialistas en el tema, y campañas de difusión sobre la importancia de preservar el patrimonio cultural".
La organización The Art Loss Register ( www.artloss.com ) funciona desde 1991 y permite registrar en la web cualquier pieza de arte, además de denunciar pérdidas o robos para comenzar su búsqueda. De las 2.000 obras que The Art Loss Register ha recuperado, se incluyen tres obras robadas del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires en la Navidad de 1980: Recodo de un camino, de Cezánne; Retrato de mujer, de Renoir, y El llamado, de Gauguin, que pertenecían a la colección Santamarina y constituyen el robo de obras de arte más grande en la historia del país. Las piezas regresaron al museo en 2005.
El paradero de las miles de obras perdidas quizá nunca sea develado, pero puede servir saber cuáles son los artistas más tentadores, para que quienes tengan uno, lo cuiden como oro. O aún más.
Casos que hicieron historia
Entre los casos más resonantes de hurtos de obras de arte en Argentina se encuentra el robo transcurrido en la Navidad de 1980.
Mientras la mayoría de los argentinos descansaba y brindaba en familia, un grupo de hombres entró al Museo de Bellas Artes y aprovechando la falta de alarmas y seguridad, forzó las puertas con sopletes y violentó las cajas fuertes, para llevarse lo mejor: dieciséis cuadros y siete objetos artesanales. Eran tres óleos de Auguste Renoir, dos acuarelas de Rodin, un óleo de Charles Lebourg, un dibujo de Paul Gauguin, dos acuarelas de Paul Cézanne y obras de Edouard Degas y Henri Matisse, entre otras. The Art Loss Register los recuperó en 1995.
Otro robo recordado fue el del óleo El carneador, del pintor argentino Cesáreo Bernaldo de Quirós, valuado en 150.000 dólares. Fue robado en 1999 del Museo Nacional de Bellas Artes y aún se desconoce dónde está la obra, sustraída hace ya casi diez años.
Ranking
Los diez artistas con mayor cantidad de obras robadas en la historia, de acuerdo a la empresa británica The Art Loss Register, son:
Pablo Picasso, con 572
Joan Miró, 364
Marc Chagall, 317
Salvador Dalí, 275
Albrecht Dürer, 215
Rembrandt H. van Rijn, 173
Andy Warhol, 171
Pierre-Auguste Renoir, 169
Peter Paul Rubens, 122
Henri Matisse, 103
El increíble thriller por detrás del robo de los cuadros de Bellas Artes
Cuando Gabriella Williams llegó a las oficinas de Sotheby's, la famosa casa
de subastas en la londinense Bond St., hasta el portero la miró extrañado.
Peluca rubia hasta la cintura, manos manicuradas, su colección de diamantes
y oro en los dedos, muñecas y cuello la hacían oscilar entre una millonaria
de Las Vegas y un dealer del Bronx. Corría abril de 2001.
De la mano de su flamante esposo, "Mister Williams", ella se presentó como
una alemana que había heredado la fortuna de sus abuelos de Europa del Este
y vivía ahora en Texas. Allí había fundado la organización de caridad
"Humana Way International" y pensaba hacer inversiones en arte. Así se había
contactado con John Thorpe, un americano de Seattle, que dijo trabajar para
la Drug Enforcement Agency (DEA). El le propuso comunicarse con Arthur Lung,
un director de una compañía maderera en Surinam, al norte de Sudamérica, que
tenía obras impresionistas en las que se podía invertir, pero estaban en
Taiwan, donde vivía su hermano.
Las obras "pertenecían" a Masuedo de Lavor, un anciano senador brasileño
supuestamente retirado y cuya existencia se desconoce, que lo habría
heredado de su familia y se habría conectado con los taiwaneses en Surinam.
Pidió que Sotheby's las valuara, las expertizara y las viera en Taiwan, a
donde viajó junto a los expertos británicos.
Nadie hubiera imaginado entonces que tras ese personaje estaba el inicio de
una historia digna de Graham Greene, que llevaría a los cuadros
impresionistas de la Colección Santamarina, robados en el Museo Nacional de
Bellas Artes en Buenos Aires el 26 de diciembre de 1980.
En su oficina frente al Palacio de Buckingham, Julian Radcliff respondió el
teléfono. Era Sotheby's, que le preguntaba, como diariamente hacen las
galerías de arte, museos y coleccionistas más famosos del mundo a su
empresa, si podía investigar si tres cuadros de Cézanne, Paul Gauguin y
Renoir eran o no robados.
El británico Radcliff, condecorado por la reina Isabel, con un evidente
pasado en los servicios secretos de Su Majestad y privilegiados contactos
entre el "establishment", los coleccionistas, la policía y los servicios
británicos, es el presidente de Art Loss Register, el banco de datos privado
más famoso del mundo para detectar arte robado, antigüedades y valores. Con
oficinas en Londres, Nueva York y Colonia, se ocupa de recuperar arte robado
para devolverlo a sus dueños, incluyendo las obras de arte desaparecidas
durante el nazismo.
Sólo tuvo que tipiar en el catálogo de International Foundation for Art
Research para descubrir que "Recodo del camino", de Cézanne; "Retrato de
mujer", de Renoir, y el dibujo "El llamado", de Paul Gauguin, eran parte del
botín robado en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Estaban
registrados bajo el logo 81.20. Así, Radcliff se entrevista con el detective
Grant Sidey, de la policía británica, quien le exige que notifique a las
autoridades del museo argentino y establezca si estas obras fueron robadas.
No recibe respuesta de Jorge Glusberg, director de Bellas Artes, sino hasta
que el 29 de mayo del 2001 notifique a Neil Angel, número dos del
departamento de América Latina del Foreign Office. El 30 de mayo de 2001,
Glusberg responde que la cuestión debe ser resuelta por la Secretaría de
Cultura de la Nación.
Bajo el sol de Málaga, Julian Radcliff consigue reunirse en un hotel con
Gabriella Williams y su marido. Ella le informa que las obras están valuadas
en 3 millones de dólares, según el Instituto de Arte de Surinam. Afirma que
las vio en Taipei, sin marcos, junto a Arthur Lung y John Thorpe más la
representante de Sotheby's en Taiwan, Winnie Cheng. Insiste en que Radcliff
debe viajar a Taipei a entrevistarse con Arthur Lung.
En julio de 2001 Radcliff llega a la Argentina acompañando al premier Tony
Blair. Habían acordado con la Cancillería británica que ayudar a recobrar
las obras robadas contribuiría a las relaciones angloargentinas.
Regresa el 1º de noviembre. La crisis está en marcha y se aproxima la caída
de Fernando de la Rúa. Conseguir interlocutores válidos se vuelve imposible,
aun cuando el embajador británico dispone su propia oficina para la
negociación. Lo que Art Loss quería entonces era firmar un contrato con la
Argentina para ordenar su captura a la policía. Sus abogados propusieron al
gobierno que para afrontar los gastos tras esta pista infernal podían vender
una de las obras encontradas, como hacen otros museos y coleccionistas para
financiar la búsqueda. Necesitan una firma presidencial que no llega.
De regreso a Londres, Radcliff ya está sumergido en la aventura. Graduado de
Oxford, antiterrorista experto en negociación de rehenes, con larga
experiencia en Oriente Medio e Irlanda del Norte, parte a Taiwan donde le
espera una entrevista clave con Yunhuei Lung, el chino que posee las obras
robadas.
"Inescrutable como un chino, vestido de traje y con sólo una agenda, Lung
fumaba. Cortés pero no cálido mantuvo su distancia durante toda la
entrevista. Me explicó que compró los cuadros legalmente, que habían
chequeado con Interpol. Me dijo que trabaja en China para la Defensa
Nacional y que el gobierno lo conocía bien. Se negó a entregarnos los
cuadros para autenticación y dejó claro que no colaboraría con nosotros si
no teníamos órdenes del gobierno taiwanés", explicó Radcliff a Clarín.
Los rumores eran que los cuadros estaban en el Ministerio de Defensa de
Taiwan, que habrían servido para pagar una transferencia de armas de
militares argentinos vinculados a los servicios de inteligencia y la Junta
Militar. Pero jamás Radcliff pudo descubrir cómo llegaron las obras a manos
de los hermanos Lung y a cambio de qué. Mucho menos cómo funcionó la
conexión entre Argentina y Surinam.
El 15 de mayo de 2002 un taiwanés aparece en París ofreciendo tres obras
impresionistas a una galería de la Rue de Seine. El círculo vuelve a
cerrarse cuando se conectan con The Art Loss Register para ver si los
cuadros eran robados. Julian Radcliff está, inesperadamente, otra vez,
frente a los cuadros de Bellas Artes.
Contrata abogados en Francia y descubre que los cuadros ingresaron
clandestinamente, sin ser declarados en la Aduana francesa. Informa a la
Policía de Arte francesa, pero el Gobierno argentino le informa a su vez que
no hay un juicio criminal en marcha. Para entonces el juez federal Norberto
Oyarbide había elevado a Francia un exhorto pidiendo que devolvieran los
cuadros.
A su vez, Radcliff inicia una acción civil y comercial en Francia y logra
inmovilizar los cuadros en la galería de la Rue de Seine, donde aún están.
El exhorto de Oyarbide, en tanto, corría riesgo de ser rechazado por los
franceses por defectos de forma.
Entra en acción Archibaldo Lanús, el embajador argentino en París. Logra
persuadir al procurador de Justicia, que —convencido de la importancia del
hallazgo para la cultura argentina— hace lugar al exhorto y consigue que la
jueza Fabienne Pous mantenga activa la causa.
Al mismo tiempo, se inicia una negociación con Taiwan para que devuelvan
todos los cuadros. Radcliff lleva adelante la ofensiva con el apoyo de Lanús
y la Embajada. Una consigna: no pagarán ni un centavo a los taiwaneses, más
allá de los costos legales. Los cuadros son robados.
El abogado de los taiwaneses, Maitre Boulin, impulsa la necesidad de un
acuerdo entre todos para sacar adelante la devolución. Se suceden las
audiencias hasta que Boulin desaparece. Lo detiene la policía en Francia por
contrabando de oro en Africa. El mismo día que debía firmarse el acuerdo. Se
suma otro inconveniente: los argentinos no firmaron ningún contrato con Art
Loss para que recupere los cuadros en París y en Taiwan.
En este intríngulis es que el juez Norberto Oyarbide y su secretario
aterrizaron ayer en París para asistir a la ceremonia de entrega de las tres
obras mañana a la tarde en el salón Rose del Palacio de Justicia de París.
Por una gestión de Lanús, la casa Christie's se ocupará entonces de
certificar si son los cuadros robados y cuál ha sido su daño (ver El
Cézanne...). ¿Qué pasará con los cuadros que quedaron en Taiwan? Será
cuestión, dice Radcliff, de que Art Loss cobre y de conseguir una
autorización legal argentina.
Mientras Argentina resiste el desembolso de dinero, la presidenta de la
Asociación Amigos de Bellas Artes, Nelly Blaquier, lleva una gestión
paralela. Hay, dicen en Art Loss Register, una "generosa oferta de
contribuir a algunos de los gastos incurridos por Art Loss para recuperar
las obras de arte". Continuará...