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Tribus nativas de los Bosques de Norteamerica 2: Cheroquis

Info12/14/2008

Tribus nativas de los Bosques de Norteamerica


LOS CHEROKEE
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Ubicación: Oklahoma y Carolina del norte (EEUU) Población:70.000 en Oklahoma (1986 Durbin Feeling, Nación Cherokee), 8.500 Carolina del Norte Lengua: iroqués

En el siglo XVIII les fue usurpada su tierra y fueron obligados a pasar por grandes penalidades. Hoy en día, los cherokee constituyen uno de los mayores pueblos indios, son la Nación Cherokee.

Vivían en comunidades pequeñas, comúnmente cerca de los ríos, y su lengua era el iroqués. Sus aldeas, con casas de madera, albergaban un consejo, donde tenían lugar las ceremonias y las reuniones tribales. Esta casa, representaba a los clanes cherokee: El pájaro, Pinta, Ciervo, Lobo, Pelo Largo Azul y Patata silvestre.

Cada tribu tenía dos jefes, uno de paz y otro de guerra, que tenían autoridad según el tema afectase a uno u otro. Pero los jefes no eran totalmente autoritarios, las decisiones se tomaban democráticamente, y los miembros tribales podían expresar sus intereses.

Era una sociedad matriarcal, y el parentesco se tomaba de la familia de la madre. Sólo se permitía el matrimonio entre miembros de distintos clanes. Los cherokee adoptaron fácilmente las herramientas y armas europeas, y comenzaron a cazar para comerciar con las pieles. Los conflictos, comenzaron con la expansión de los colonos.

Su primer contacto fue en 1540 con Hernado de Soto, pero aunque se enfrentó con ellos, llegando a esclavizarles, no consiguió su colonización. España reaccionó ante la derrota de Soto, con gran odio y prejuicios contra los indios. En 1715 la viruela redujo su población a 10.000 personas. Las guerras y epidemias diezmaron a la tribu y fueron forzados a vender su tierra, primero a los británicos y más tarde a los norteamericanos.

A principios del siglo XVIII comenzó un periodo de cambio para esta nación. Se establecieron con un gobierno democrático compuesto de un jefe principal, otro jefe, y 32 miembros de consejo, elegidos por la tribu. Dictaron la legislación y constitución. En esta época, Sequoyah inventó un sistema de escritura para el idioma cherokee. Incluso promovieron un periódico.

Desgraciadamente, la prosperidad no duró demasiado. En sus tierra de Georgia fue descubierto oro y comenzó la presión política de Andrew Jackson para quitarles su territorio. En 1828 la legislatura de Georgia confiscaba sus tierras. Los cherokee apelaron, pero aunque en 1832 la Corte Suprema anuló la decisión de Georgia, las autoridades federales, siguiendo la política de Jackson, ignoraron la decisión. Tras la firma del Tratado de Nueva Echota, (firmado por el jefe John Cadena, que no representaba a todos los cherokees), fueron retenidos, y más tarde enviados a Oklahoma y Arkansas.

Casi 17.000 cherokees comenzaron el camino a pie hacia el oeste, en 1838. Más de 4.000 murieron de frío, hambre y enfermedades durante los seis meses que duró el viaje, conocido como la "Pista de las Rasgaduras" o el "Sendero de Lágrimas". En el Territorio Indio, reconstituyeron su gobierno, con su jefe John Ross como cabeza de la nación.

Antes de este éxodo, un pequeño grupo de cherokees de Carolina del Norte, obtuvo permiso para excluirse de dicho viaje. Estos individuos, llamados Indios Oconaluftee, no vivieron en la tierra de la nación cherokee, y se consideraron una tribu independiente de éstos. El permiso para permanecer en Carolina del Norte fue obtenido por el esfuerzo de William H. Thomas, hombre de negocios que había permanecido más de años con los cherokee, convirtiéndose en su abogado y consejero. Para no comprometer su situación, los Oconaluftee ayudaron en la búsqueda de los cherokees que habían huido a las montañas para no ser capturados.

Tsali llegó a ser un héroe entre los cherokee. Era buscado por su implicación en la muerte de varios soldados. Para impedir privaciones adicionales a los indios refugiados en las montañas, se entregó y fue ejecutado; con lo que muchos de los que se habían ocultado pudieron permanecer, radicando entre los cherokee de la parte occidental de Carolina del Norte.

Finalmente todos ellos se establecerían en la Nación Cherokee de Territorio Indio, Oklahoma; y su número en 1982 ascendía casi a 50.000 .

Entre 1831 y 1835 los cherokee se vieron obligados a abandonar su tierra. Recorrieron a pie 1285 km hasta llegar a Oklahoma. Miles murieron durante la marcha, conocida como "El Sendero de Lágrimas"

Jackson resultó elegido presidente de Estados Unidos y en 1830 puso en práctica la Indian Removal Act (que es como se denominó dicha Ley) suponiendo la confiscación de tierras indígenas al este del Mississippi y la deportación de todos los indios de esos territorios. De nada sirvió a los cherokees apelar a los tribunales. La suprema corte les dio parcialmente la razón considerando que, la legislación de Georgia en contra de la propiedad cherokee, era ilegal pero modificando en ese mismo decreto el estatuto jurídico de los cherokee por lo que:

«...si bien los indios tienen un derecho indiscutible e indiscutido a las tierras que ocupan (...) cabe sin embargo, dudar que las tribus que residen actualmente dentro de las fronteras reconocidas de los Estados Unidos puedan con derecho ser llamadas naciones extranjeras. Es más correcto llamarlas naciones domésticas dependientes (...) La nación cherokee es, pues, una comunidad distinta que ocupa su propio territorio dentro de los límites claramente definidos y en el que las leyes de Georgia no se aplican (...) Las relaciones entre los Estados Unidos y esta nación incumben totalmente al gobierno de los Estados Unidos».

La expulsión fue un hecho y afectó básicamente a aquellos pueblos que paradójicamente hicieron tanto por asimilarse al hombre blanco y que se les conocía como «las cinco tribus civilizadas»: choctaw, chickasaw, creek, cherokees y seminolas.

La mayor parte de esos pueblos fueron enviados al oeste, con frecuencia mediante marchas forzadas que ocasionaron miles de muertos.

Los hogares y posesiones de los cherokees fueron saqueados. El centro cultural y de aprendizaje de los indios, Spring Place Mission, fue convertido en una taberna para blancos.

La milicia de Georgia, destrozó la imprenta del «Cherokee Phoenix», auténtica seña de identidad de la tribu.

Pero el hecho más grave se daría en 1838 cuando la nación cherokee fue expulsada de sus territorios y a través de lo que se denominó «el sendero de las lágrimas» (ver mapa) obligada a recorrer más de 1.500 Kms. A lo largo de dicha marcha o como resultado de la misma, perecieron 4.000 cherokees.

Toda la miseria y todo el horror de ese traslado quedó reflejado en el libro titulado «Sendero de las Lágrimas», escrito por John G. Burnett, capitán de la compañía Abraham MaCllan, 2º regimiento, 2ª brigada de la Infantería montada, que intervino en dicho traslado.

Sin abjurar de sus tradiciones, los cherokee constituyen una excepción en Estados Unidos: un pueblo indio con buen nivel de vida y futuro halagüeño.

Hace una espectacular noche de verano en Qualla Boundarv, territorio más conocido como Reserva Cherokee de Carolina del Norte. El anfiteatro al aire libre rebosa de turistas llegados al Parque Nacional de las Montañas Great Smokies, el preferido de los estadounidenses. Ataviados como los indios de las películas, un par de niños y mayores escenifican las penalidades y gestas de su pueblo a través de los tiempos. En esta representación del amor-odio con el hombre blanco, el primer malvado en salir a escena es el extremeño Hemando de Soto, que importó las enfermedades y las aviesas intenciones de los conquistadores españoles en 1540.

Ante los ojos del público se suceden matanzas, hazañas, alianzas con el rostro pálido y, por supuesto, el plato fuerte: la pintoresca Danza del Águila. Satisfechos por la función, algunos espectadores se abalanzan a la salida a comprar en alguno de los puestos de recuerdos con forma de tienda india, por ejemplo, un típico casco de plumas. Pero algo no concuerda. ¡Los cherokee vivían en cabañas de madera y no conocían los aparatosos tocados de Toro Sentado!

Sin embargo, el negocio es el negocio. Cuando, hace 65 años, a los nativos de Qualla Boundarv les tocó la lotería de que su territorio ancestral de las montañas Great Smokies fuera declarado parque nacional, llegó la hora del resarcimiento. Los 12.000 indios que en la actualidad viven en las cercanías de este grandioso paraje, alfombrado con más especies vegetales que toda Europa, son descendientes de un puñado de fugitivos que lograron escapar del penoso exilio conocido como Camino de Lágrimas.

Hoy, el 75 por 100 de sus ingresos procede del turismo, y la venganza contra aquel abuso del Gobierno estadounidense se materializa esquilmando a los rostros pálidos que compran sin pestañear souvenirs con el genuino distintivo made in Taiwan. Un bingo con suculentos premios y un casino abierto las 24 horas redondean sus beneficios.

Unos 1.300 kilómetros al oeste, Tahlequah, la próspera capital de la Nación Cherokee de Oklahoma, muestra un aspecto más discreto. Sólo algunos letreros, escritos en el peculiar silabario nativo desarrollado en 1821, delatan que nos encontramos en territorio indio. Y es que los folclóricos nativos de Carolina del Norte, conocidos como la Banda Oriental, no son ni mucho menos mayoría.

En Oklahoma vive ahora el grueso de los 310.000 cherokee, que, entre mestizos e indígenas puros, están censados en Norteamérica. Es el pueblo amerindio más numeroso del país y, sin duda, el más exitoso en la casi siempre infructuosa tarea de adaptarse al mundo del hombre blanco.

La vocación prooccidental de los cherokee viene de antiguo. Olvidémonos de las películas del oeste. Como sus vecinos chockaw, creek, seminola y chickasaw, con los que formaban las llamadas Cinco Tribus Civilizadas, ni vivían en tipis ni, por supuesto, arrancaban cabelleras.

Asentados en un territorio del sureste norteamericano con una extensión algo mayor que Andalucía, habitaban pequeñas aldeas agrícolas en donde cultivaban maíz, judías y calabazas. Siempre mostraron una voluntad de granjearse el favor del ocupante, aunque tal vez eligieron los bandos erróneos: en el siglo XVII tomaron partido por la Corona Británica en contra de los independentistas, y durante la Guerra de Secesión, lo hicieron a favor de los sudistas. Su asimilación de las nuevas costumbres llegadas de Europa fue muy rápida, sobre todo a partir de que crearan su propio lenguaje escrito, hecho único entre las tribus norteamericanas.

Pero la fiebre del oro tomó posesión de Georgia y se acabaron las contemplaciones. De nada sirvieron la proclamación de una Constitución (1827) y la creación un gobierno a imagen y semejanza del de Washington. En 1838, el séptimo presidente de la Unión, Andrew Jackson, más conocido entre los agraviados como Cuchillo Afilado, olvidó que los cherokee le habían salvado la vida en sus luchas contra los creek, y ordenó su traslado al actual estado de Oklahoma. De acuerdo con las promesas de Jackson, allí nacería un estado indio inviolable, formado por todas las tribus expulsadas de sus territorios.

Lo que para luchadores irredentos como el apache Gerónimo era una cárcel, para los industriosos cherokee se convirtió en una tierra de promisión. Entre 1840 y 1860, la Gente Principal, como se denominaban a sí mismos, vivió su época dorada, un tiempo mítico de prosperidad económica e independencia política envidiado por el hombre blanco. Algunos ricos hacendados aprendieron demasiado bien la lección, ya que incluso sus mansiones de suntuoso estilo griego eran mantenidas por esclavos negros.

Pero a partir de la Guerra de Secesión (1861-1865), en la que sufrieron más daño que ningún otro colectivo de Estados Unidos, el sueño cherokee empezó a desvanecerse. Las continuas expropiaciones de territorio culminaron, en 1898, con la prohibición del gobierno autónomo nativo. En 1907, la creación del estado federal de Oklahoma supuso el punto y final del país indio prometido por Cuchillo Afilado.

A pesar de todo, el drama escenificado por los danzantes de Carolina del Norte parece abocar a un final feliz. Mientras que hasta hace pocos años los habitantes de la Nación Cherokee disimulaban en lo posible su descendencia de la Gente Principal, hoy, incluso los mestizos rubios pálidos y con ojos azules alardean de cherokeedad.

A diferencia de otros indígenas estadounidenses -desempleados, alcoholizados, aislados en reservas y, de continuar su degradación, destinados a una inevitable extinción-, los descendientes de aquellos exiliados de los Apalaches afianzan su futuro con justificado optimismo.

Su principal objetivo es alcanzar la autosuficiencia, es decir, sacudirse el yugo paternalista de la Oficina de Asuntos Indígenas (BIA), institución encargada de tutelar a los nativos norteamericanos. Dotado de una Constitución propia, votada por la comunidad en 1976, el Gobierno cherokee ha asumido competencias en educación, vivienda, empleo y lucha contra las drogas y el alcohol, anteriormente asignadas a la BIA. Cada cuatro años, los electores censados votan un Principal Chief, responsable máximo del Ejecutivo cherokee, y un Deputy Chief, especie de vicepresidente. En la última cita democrática, el tándem vencedor estaba formado, por primera vez en la historia, por dos miembros puros de la tribu y bilingües, todo un símbolo de normalización.

Así, en estos momentos se está escribiendo el segundo capítulo de su Edad de Oro. Si bien es cierto que existen problemas de alcoholismo, drogadicción y desempleo, la economía cherokee, basada en los ranchos de ganado, los pastos (todavía quedan algunas tierras tribales), tres bingos y una industria de tecnología que abastece, entre otros clientes, a la empresa aeronáutica Boeing y a la OTAN, ha despegado hacia su mayoría de edad.

Pero la capacidad de adaptación de este pueblo frente a las adversidades no ha desdibujado por completo el rasgo que mejor distingue a los indios norteamericanos: su proverbial apego a la tierra y a la memoria colectiva. Naturalmente, las ancestrales montañas de Carolina del Norte siguen habitadas por los nunnehi, espíritus inmortales invisibles al común de las gentes. También cada recodo de los ríos, cada cumbre de la Tierra del Agua que Se Mueve, como llamaban los nativos a las estribaciones de las Great Smokies, conserva su leyenda.

Lo extraordinario es que ni siquiera Oklahoma se ve como una tierra de exilio, sino que sus verdes valles, suaves colinas y bosques han sido reconvertidos en el mágico escenario de rituales puestos al día. Uno de ellos, celebrado los sábados, honra la memoria de un héroe de su historia moderna: Rebird Smith, líder religioso que luchó a principios de siglo por la conservación de las tradiciones. En un claro del bosque, los ceremoniantes aparcan sus todoterrenos y bailan y cantan alrededor de las hogueras en pantalones vaqueros.

LOS CREEK
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Ubicación: Oklahoma (EEUU) Lengua: muscogi

Los creek era una agrupación muy poderosa en los bosques. Se establecieron como Confederación y formaban parte de las "naciones civilizadas", poseyendo incluso, esclavos. En el siglo XVIII los creek eran una tribu dominante de los pueblos del sudeste norteamericano. Contaban con aproximadamente 30.000 miembros y ocupaban la mayoría de los actuales estados de Alabama y Georgia. Después de los Cherokee era la agrupación más poderosa de los bosques del sur.

Lucharon con los yamasis durante su rebelión (1715), se opusieron a los cherokee por la hegemonía regional (1853), y se aliaron con los ingleses contra los franceses y españoles. Durante la Revolución estadounidense apoyaron a los británicos. En 1790 firmaron un tratado de paz con E.E.U.U., pero en 1813, instigados por los británicos, se convirtieron de nuevo en enemigos. Se produjo una brutal matanza en el Fuerte Mins, y fueron aplastados por el general Andrew Jackson. Tuvieron que rendirse, perdiendo más de la mitad de su territorio. Más tarde, en 1828, tendrían que ceder el resto y trasladarse al Territorio Indio (Oklahoma). Fueron una de las "cinco tribus civilizadas", y establecieron un sistema de gobierno parecido al de los estados.

La Confederación creek estaba (y sigue estándolo) basada en ciudades, que más que núcleos de población, eran unidades sociales y políticas, equivalentes a lo que llamamos tribu.

Cada ciudad estaba compuesta por personas que pertenecían a un centro ceremonial, una plaza cuadrada (en el idioma de Oklahoma actual se llama stomp grounds). Solían vivir bastante alejados del centro, en chozas y granjas dispersas. El número de centros de población variaba a menudo, ya que las ciudades se podían dividir cuando una parte de ella establecía su propia plaza cuadrada independiente de la otra, o se podían unir si dos ciudades decidían compartirlo.

Desde mediados del siglo XIX hasta la década de 1930, existieron entre 25 y 30 ciudades creek, dependiendo de cómo se contaban las poblaciones que estaban asociadas. La mayoría de ellos hablaban la lengua muskogi, aunque también estaba extendida la lengua hitchiti (o lo había estado hasta hacía poco, adoptando sólo la muskogi para entenderse)- Existían ciudades en las que se hablaban otras lenguas: alabama, koasati, natchez y yuchi. Sin embargo, el muskogi era la lengua de la Confederación, con la que se comunicaban los creek entre sí y con el exterior.

Las ciudades estaban divididas en dos grupos que, en ocasiones, se llamaban "partes". Los blancos y los rojos. Las ciudades blancas, o de la "paz", eran las que dirigían los asuntos civiles, mientras que las rojas, o de "guerra", se encargaban de los asuntos militares. Las primeras controlaban el poder ejecutivo de la Confederación, y las segundas el legislativo y el judicial.
Según la tradición creek, las ciudades blancas controlaron la Confederación hasta la época de la revolución americana. Desde entonces y durante la guerra civil, los creek fueron impulsados a la guerra con frecuencia y las ciudades rojas fueron las que gobernaron la Confederación. Después de 1865, las blancas volvieron a dominar. Las ciudades creek más importantes en torno a 1900 eran:

Blancas: Kasihta, Hitchiti, Abihka, Okfuskee, Okchai, Ochiapofa, Tulsa, Lochapoka, Tuskegee, Koasati,Wiwohka, Wiogufki, Tokpfka, Nuyaka, Okmulgee, Asilanapi, Yuchi, Pakana.

Rojas: Coweta, Tukabahchee, Laplako, Atasi, Kealeychi, Alabama, Chiaha, Osochi,
Eufaula, Hilabi, Hothliwahali, Talmuchasi.

El hecho de pertenecer a una ciudad blanca o roja no era algo permanente. Una ciudad cambiaba cuando era derrotada cuatro veces seguidas por un ciudad de la otra parte en los importantes juegos de pelota. Era la versión del juego de pelota de los indios del Sur conocido en el Norte como vilorta. En la forma del Sur, cada jugador utilizaba un par de raquetas, en lugar de una sola, como en la vilorta. Era un deporte muy duro. Los creek lo consideraban como un sustituto de la guerra, llamándole «el hermano menor de la guerra». Según ellos, mantenía la paz dentro de la Confederación.

La Confederación creek se adaptó a la organización de las ciudades, ya que sus miembros también estaban divididos en dos «partes». Las unidades sociales de estas organizaciones duales eran los clanes. Todo individuo nacía en el clan de su madre. Existían 50 clanes muskogi, de los cuales 23 eran también hitchiti. Muchos de ellos tenían nombres de animales o de aves, pero también los había con nombres de plantas o palabras como Viento, Medicina, Sal y Flecha.

Eran totémicos en el sentido de que los miembros de un clan tenían una relación especial con algún animal o fenómeno, aunque no trazaban su descendencia con estos tótems. Los miembros del clan vivían en distintas ciudades que ofrecían su hospitalidad cuando se visitaban entre sí. Una de sus funciones más importantes era castigar el asesinato. Los allegados a la víctima se vengaban directamente en el culpable o en un miembro de su clan. No existía ninguna organización que englobara los clanes, sino que en cada ciudad, los clanes cumplían determinadas funciones y de entre ellos se elegían a las personas encargadas de los oficios de la ciudad (no siempre eran los mismos en cada ciudad).

Cada núcleo de población era una unidad independiente, con su propio gobierno, y estaba encabezada por su micco o jefe, que se elegía de un clan determinado, generalmente uno blanco, ya que sus obligaciones eran pacíficas. Solía haber un segundo jefe o “jefe paralelo” y un grupo de colaboradores del jefe (a veces, de varios clanes diferentes). Además, había un cuerpo de subjefes del clan del micco normalmente. Otro grupo de representantes dirigían el trabajo en los campos y en las construcciones públicas y se encargaban de la ceremonia de la Bebida Negra. Todos ellos, los colaboradores y el grupo de ancianos venerables, a los que llamaban “los hombres amados”, formaban el consejo de la ciudad.

En la mayoría de las ciudades, sus miembros pertenecían a clanes blancos, aunque también existían representantes de los rojos: tres grados de oficiales de guerra, que alcanzaban su posición por sus hazañas en la batalla, ya que esta condición no era hereditaria. Dirigían los asuntos militares y los juegos de pelota con otras ciudades. Los mandos superiores de los guerreros también vigilaban la ciudad.

Toda la Confederación creek estaba gobernada por un consejo compuesto por los jefes de las ciudades, que se reunían a intervalos irregulares y no necesariamente como organismo. Más que una organización de estado, se trataba de una confederación poco sólida, al menos antes del Traslado, y aparentemente, sirvió fundamentalmente para mantener la paz entre sus ciudades miembro. Sin embargo, no les unificó en la guerra contra un poder exterior.

El ritual principal de los creek era (y todavía sigue siendo) la Fiesta del Maíz Verde o busk (su nombre en muskogi es poskitá) que se celebraba anualmente. Variaba de una ciudad a otra y, con el tiempo, se modificó, pero era esencialmente el mismo en todas las poblaciones creek y muy parecido al de sus parientes los seminolas. Los cherokee y choctaw celebraban fiestas similares, probablemente, al igual que otros indios del Sudeste.

Uno de los mejores relatos sobre ella que ha llegado hasta nosotros es el de Howard Payne (actor, dramaturgo, autor de Hogar dulce hogar , y defensor de los cherokee en su fracasada lucha contra el Traslado). Payne asistió a la fiesta del maíz de los tukabahchee en 1835, en Alabama, justo antes del Traslado. La conclusión con la que cerraba su detallada descripción refleja una verdadera penetración en lo que había observado, poco corriente en un forastero de aquella época:

"Jamás he percibido una devoción tan fuerte: el espíritu de las formas era un derecho y algo religioso. Se celebraba el comienzo del año, con ayuno, humildad, purificación, oraciones y gratitud. Era enterrar la animosidad, al mismo tiempo que se fortalecía el coraje. Era hacer una pausa para dar gracias al Cielo, antes de atreverse a repartir sus beneficios".

En cada ciudad, se celebraba la fiesta del maíz en las plazas cuadradas que los muskogi llamaban «casa grande» y servían como símbolo del mundo. Las plazas cuadradas de los tukabahchee que describe Payne estaban en un lugar retirado, junto a otras dos plazas rectangulares. La plaza principal tenía un porche a cada lado, llamado «cama», de unos 12 m de longitud, con salidas de unos 3 m. En cada esquina. Cada cama estaba dividida en tres compartimentos, que ocupaban determinados clanes (o grupo de clanes unidos), y enfrente se reservaba un lugar para los representantes de la ciudad (independientemente de su relación con los clanes).

Fuera de una de las esquinas de la plaza, había una gran sala de consejo semisubterránea con un tejado cónico, en el borde de la segunda plaza, donde se guardaba una vara ritual que servía como premio en el juego de pelota entre hombres (con raquetas) y mujeres (sin ellas). A dos lados del terreno para jugar había campos de maíz, en otro, un surco de tierra, y el cuarto estaba formado por la parte trasera de los porches que daban a la otra plaza. En el centro, había un túmulo formado por los escombros de las plazas cuadradas de todos los años, antes de que se extendiera la primera capa para consagrar los terrenos en la preparación de la fiesta del maíz.

Fuera de la esquina de la plaza del juego de pelota había otro túmulo formado por las cenizas del fuego central. El complejo de plazas cuadradas con sus estructuras rituales era reminiscente de las grandes estructuras rituales en tomo a una plaza de los primeros patriarcados, pues no era sino una versión simplificada de ellas que cumplía funciones similares.

Con la fiesta del maíz, los creek celebraban el año nuevo, que coincidía con la maduración del grano, y estaba prohibido comer de la nueva cosecha antes de la fiesta. La ceremonia era una forma de renovación espiritual con las plantas y los animales y los seres humanos. Un hecho sorprendente para todos los observadores forasteros era que se concedía la amnistía a todos los que había cometido crímenes (excepto asesinato) durante el año anterior. Una parte importante de la ceremonia era el ritual que se seguía para encender la hoguera, que se distribuía por todos los hogares para volver a encender los fuegos que habían quedado extinguidos al barrer y limpiar.
Este mismo fuego se empleaba para encender la hoguera ceremonial en el centro de las plazas cuadradas, donde se preparaban las medicinas rituales.

La fiesta del maíz duraba ocho días y los primeros cuatro días eran similares a los cuatro últimos . El primer día se limpiaban las plazas cuadradas, y se reunían en ellas los visitantes y participantes. El segundo, era un día de fiesta y por la noche había danzas, entre ellas una danza femenina que impresionó mucho a Payne. Esa noche los hombres dormían (solos) en las plazas. El tercer día era quizá el momento cumbre de la fiesta. Ayunaban todo el día, avivaban el fuego y tomaban medicinas, entre las que se incluía la emética Bebida negra. Payne comparaba el espectáculo de los vómitos que seguía con una libación; era una forma de purificación ritual. Pinchaban a los jóvenes y a los niños en las extremidades para que se fortalecieran.

Un hombre realizaba la Danza de la Pluma con unas varas a las que iban atadas una plumas, que simbolizaban la paz. Después, se llenaba la noche con más danzas con nombres de animales y de carácter social. El cuarto día, se comía por primera vez el nuevo maíz, como parte de la celebración. Exponían con reverencia unas antiguas placas de cobre sobre un monumento sagrado, único para los tukabahchee. Se representaba una batalla simulada, la Danza de las Armas, coreada por las mujeres. Por la tarde, se reunía el consejo de la ciudad. El quinto día se dedicaba al ritual de la caza del ciervo. El sexto, había otra fiesta en la que se utilizaba por primera vez en el año la sal (se creía que debilitaba y era perjudicial). Volvían a bailar las mujeres, que llevaban atados en las pantorrillas unos sonajeros hechos con caparazones de tortuga, típicos en el Sur. Al final, los hombres realizaban una vieja danza. El séptimo día se volvía a dedicar al ayuno. El octavo se ofrecía un discurso final y la gente se dispersaba.

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