La exactitud con que los ejércitos en marcha conocían la situación de las carreteras, de las corrientes de los ríos y de las fábricas y almacenes, en las regiones por donde avanzan las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, fue y sigue siendo con frecuencia, causa de sorpresa para muchos. La explicación, en gran parte, se encontraba, en la fotografía aérea. Los fotógrafos, anticipándose a los ejércitos, volaban a gran altura o descendían sobre el terreno, para tomar en película, los detalles de cada kilómetro. Esta clase de fotografía se convirtió en toda una ciencia.
Con cámaras especiales del Cuerpo Aéreo del Ejército de los Estados Unidos, un avión podía volar a una altura de doce mil metros de – altitud a que el aeroplano no alcanzaba a ser visto desde la tierra – y tomaba fotografías tan detalladas que podían leerse los anuncios pintados en los techos. Otro tipo de cámara, permitía a un piloto que descendía hasta pasar casi rozando los tejados y las copas de los árboles, a una velocidad de 650 kilómetros por hora, obtener fotografías tan claras que podía leerse una etiqueta pegada en el parabrisas de un automóvil y contar con exactitud el número de alambres tendidos entre los postes telefónicos. Con un tercer tipo de cámara, se toman fotografías en colores, tan exactas, que con frecuencia se determinaba la clase de producción de una fábrica por el color del humo de sus chimeneas.

El nuevo espesor de los lentes, permitió a los fotógrafos aéreos, tomar, desde una elevada altura, fotografías de horizonte a horizonte. Un avión provisto del entonces moderno equipo de fotografía, volando a una velocidad de 320 kilómetros por hora y a una altura de 7.000 metros, era capaz de fotografiar 20.000 kilómetros cuadrados por hora. Así durante la noche se tomaban fotografías satisfactorias desde altitudes tan grandes como 6.000 metros, arrojando bombas luminosas.
Cuando existía la necesidad de hacer entrega rápida de las fotografías, se empleaban equipos portátiles, de revelado y de impresión, en los mismos aviones. Se imprimen las fotografías mientras el avión hacía el vuelo de regreso. En un terreno indicado, se arrojaban las reproducciones a un mensajero que espera y que las lleva rápidamente a los foto interpretes, quienes confeccionaban mapas de los cerros, los valles, los ríos, los ferrocarriles y las ciudades.

Estos técnicos establecían los sitios en la tierra y en los edificios donde podían ocultarse armas, hombres, tanques o aeroplanos, Esta información llegaba, en unos cuantos minutos, a manos del comandante general, que realizaba los planes para el avance de las tropas.


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