Si Malthus levantara la cabeza
La población mundial está más cerca de lo que se pensaba de tocar techo. Nuevos estudios cuestionan el año 2100 como punto de inflexión a partir del cual el número de habitantes empezará a descender, como decía la ONU, y lo sitúan en 2050, dentro de sólo 37 años, un suspiro en relación con el medio millón de años que lleva la especie humana sobre la Tierra.
El reverendo británico Thomas Robert Malthus formuló en 1798 la primera gran teoría demográfico que viene siendo discutida a lo largo de los siglos hasta nuestros días. En su «Ensayo sobre el principio de la población», explicaba que la humanidad crece a un ritmo mucho mayor que su capacidad para generar su sustento.
Mientras que la población humana aumenta en progresión geométrica (1, 2, 4, 8, 16...), la producción alimentos lo hace en progresión aritmética (1, 2, 3, 4, 5...), lo que podría conducir a la catástrofe de la especie.
Más de dos siglos después, la tendencia de la población parece que le va a llevar la contraria.
Aunque la población mundial ha pasado en dos siglos de apenas mil millones de habitantes a los más de 7.000 millones de la actualidad, finalmente va a ser el propio desarrollo de la humanidad el que, tarde o temprano, haga que la población deje de crecer y que el número de almas que pueblan la Tierra empiece a disminuir. Los países en vías de desarrollo están reduciendo sus altas tasas de fecundidad y todas las previsiones apuntan a que en un momento u otro se quedarán por debajo de la tasa de reemplazo poblacional.
En el caso de China, la política del hijo único también echará una mano.
La población mundial está más cerca de lo que se pensaba de tocar techo. Nuevos estudios cuestionan el año 2100 como punto de inflexión a partir del cual el número de habitantes empezará a descender, como decía la ONU, y lo sitúan en 2050, dentro de sólo 37 años, un suspiro en relación con el medio millón de años que lleva la especie humana sobre la Tierra.
El reverendo británico Thomas Robert Malthus formuló en 1798 la primera gran teoría demográfico que viene siendo discutida a lo largo de los siglos hasta nuestros días. En su «Ensayo sobre el principio de la población», explicaba que la humanidad crece a un ritmo mucho mayor que su capacidad para generar su sustento.
Mientras que la población humana aumenta en progresión geométrica (1, 2, 4, 8, 16...), la producción alimentos lo hace en progresión aritmética (1, 2, 3, 4, 5...), lo que podría conducir a la catástrofe de la especie.
Más de dos siglos después, la tendencia de la población parece que le va a llevar la contraria.
Aunque la población mundial ha pasado en dos siglos de apenas mil millones de habitantes a los más de 7.000 millones de la actualidad, finalmente va a ser el propio desarrollo de la humanidad el que, tarde o temprano, haga que la población deje de crecer y que el número de almas que pueblan la Tierra empiece a disminuir. Los países en vías de desarrollo están reduciendo sus altas tasas de fecundidad y todas las previsiones apuntan a que en un momento u otro se quedarán por debajo de la tasa de reemplazo poblacional.
En el caso de China, la política del hijo único también echará una mano.