Lo que van a leer a continuación pasó de verdad. Un hombre fue encontrado 5 años después de haber muerto, con la TV encendida. La TV estaba en la pantalla gris de sin señal. Fue hallado el esqueleto con una revista con la programación de 1993 sobre sus manos. Lo que ocurrió salió en los diarios...
(20/11/1998)
"PATETICO CASO DE SOLEDAD EN HAMBURGO
Sin vida, frente a un televisor
Lo encontraron cinco años después
● El esqueleto tenía todavía el programa de TV en la mano
● Vivía solo y rehuía el contacto con los vecinos
● El administrador del departamento fue quien, finalmente, lo descubrió
Hamburgo, Alemania. Especial
Las luces del arbolito de Navidad todavía titilaban cuando entraron en la casa. Habían pasado cinco años funcionando en vano. Sobre el sillón seguía sentado el esqueleto de Wolfgang D., el dueño de casa, muerto en 1993.
Wolfgang D. vivía en las afueras de Hamburgo, en la calle Dieselstrasse 56. Había nacido en 1950. Según informó la policía, el esqueleto estaba frente a un televisor que un día de esos cinco años sufrió alguna falla y no anduvo más. En las manos, Wolfgang tenía una revista con la programación. Estaba abierta en el día 5 de diciembre de 1993.
Es difícil imaginar una escena que hable con más claridad de la soledad en las grandes ciudades. Los vecinos dijeron que no se habían dado cuenta de nada. Alguien dijo que se había trasladado a un asilo y lo olvidé, explicó Mónica Majarres, habitante del mismo edificio.
Otros contaron que el hombre vivía apartado y rehuía el contacto con la gente. Muchos de los que vivían ahí nomás, en los otros departamentos, no lo habían visto jamás: hace menos de cinco años que llegaron al edificio.
Wolfgang D. había nacido en la misma ciudad donde murió. Alguna vez vivió otra persona con él: su esposa, Waltraub.
Fue ella quien contó algunos detalles: Wolfgang era el hijo de un albañil que cuando se emborrachaba se las agarraba con el chico. Cuando Wolfgang tenía 10 años, el padre murió. El chico aprendió cerrajería. Estuvo cuatro años en el ejército. En 1972, todavía en el ejército, viajó a Austria de vacaciones. Allí conoció a Waltraub. Se enamoraron.
Todo parecía andar bien: Wolfgang dejó el ejército, se casaron y se instalaron en el pueblito austríaco donde vivía ella. Pero él no se acostumbraba. Venía de Hamburgo, una gran ciudad. Además, la mamá lo extrañaba y le pedía que volviera. Volvieron.
En Hamburgo, la que no se acostumbraba era ella. En 1977, Waltraub decidió que volvía a Austria, sin Wolfgang. No se hablaron nunca más.
Wolfgang había sido un hombre alto, de un metro noventa. Corpulento. Pero lo tuvieron que operar de la cadera y estaba obligado a usar muletas. Se deprimió.
Detrás de la puerta
Heinrich F. un primo de Wolfgang, dijo que su primo tenía problemas con el alcohol. Que, como su padre, tomaba y se ponía agresivo. Así, por el alcohol, perdió el trabajo. Los últimos quince años -dijo Heinrich- se dejó morir.
No hubo amigos ni familiares ni conocidos que notaran que faltaba Wolfgang. Lo buscaron por un asunto de dinero: la madre, que pagaba silenciosamente todas las cuentas, murió. Los meses de alquiler impago se acumularon. Enojado, el administrador se cansó de esperarlo y entró por su cuenta a buscar al moroso.
La policía agrega que nada permite suponer que el hombre haya sido víctima de una agresión. Cinco años estuvo su cuerpo solo, frente al televisor. Nadie sabe cuánto tiempo pasó solo mientras vivía."
(20/11/1998)
"PATETICO CASO DE SOLEDAD EN HAMBURGO
Sin vida, frente a un televisor
Lo encontraron cinco años después
● El esqueleto tenía todavía el programa de TV en la mano
● Vivía solo y rehuía el contacto con los vecinos
● El administrador del departamento fue quien, finalmente, lo descubrió
Hamburgo, Alemania. Especial
Las luces del arbolito de Navidad todavía titilaban cuando entraron en la casa. Habían pasado cinco años funcionando en vano. Sobre el sillón seguía sentado el esqueleto de Wolfgang D., el dueño de casa, muerto en 1993.
Wolfgang D. vivía en las afueras de Hamburgo, en la calle Dieselstrasse 56. Había nacido en 1950. Según informó la policía, el esqueleto estaba frente a un televisor que un día de esos cinco años sufrió alguna falla y no anduvo más. En las manos, Wolfgang tenía una revista con la programación. Estaba abierta en el día 5 de diciembre de 1993.
Es difícil imaginar una escena que hable con más claridad de la soledad en las grandes ciudades. Los vecinos dijeron que no se habían dado cuenta de nada. Alguien dijo que se había trasladado a un asilo y lo olvidé, explicó Mónica Majarres, habitante del mismo edificio.
Otros contaron que el hombre vivía apartado y rehuía el contacto con la gente. Muchos de los que vivían ahí nomás, en los otros departamentos, no lo habían visto jamás: hace menos de cinco años que llegaron al edificio.
Wolfgang D. había nacido en la misma ciudad donde murió. Alguna vez vivió otra persona con él: su esposa, Waltraub.
Fue ella quien contó algunos detalles: Wolfgang era el hijo de un albañil que cuando se emborrachaba se las agarraba con el chico. Cuando Wolfgang tenía 10 años, el padre murió. El chico aprendió cerrajería. Estuvo cuatro años en el ejército. En 1972, todavía en el ejército, viajó a Austria de vacaciones. Allí conoció a Waltraub. Se enamoraron.
Todo parecía andar bien: Wolfgang dejó el ejército, se casaron y se instalaron en el pueblito austríaco donde vivía ella. Pero él no se acostumbraba. Venía de Hamburgo, una gran ciudad. Además, la mamá lo extrañaba y le pedía que volviera. Volvieron.
En Hamburgo, la que no se acostumbraba era ella. En 1977, Waltraub decidió que volvía a Austria, sin Wolfgang. No se hablaron nunca más.
Wolfgang había sido un hombre alto, de un metro noventa. Corpulento. Pero lo tuvieron que operar de la cadera y estaba obligado a usar muletas. Se deprimió.
Detrás de la puerta
Heinrich F. un primo de Wolfgang, dijo que su primo tenía problemas con el alcohol. Que, como su padre, tomaba y se ponía agresivo. Así, por el alcohol, perdió el trabajo. Los últimos quince años -dijo Heinrich- se dejó morir.
No hubo amigos ni familiares ni conocidos que notaran que faltaba Wolfgang. Lo buscaron por un asunto de dinero: la madre, que pagaba silenciosamente todas las cuentas, murió. Los meses de alquiler impago se acumularon. Enojado, el administrador se cansó de esperarlo y entró por su cuenta a buscar al moroso.
La policía agrega que nada permite suponer que el hombre haya sido víctima de una agresión. Cinco años estuvo su cuerpo solo, frente al televisor. Nadie sabe cuánto tiempo pasó solo mientras vivía."