Hay algo que leí varias veces de parte de oficialistas o anti-opositores: ¿por qué en la época de Menem estaban todos callados y ahora hay un odio mucho más fuerte y manifiesto contra Cristina?
Voy a intentar dar mi visión al respecto.
Tomo los siguientes supuestos para simplificar el análisis. No significa que los crea fervientemente, sino que son puestos para ir más diréctamente al punto:
a) Ambas gestiones son idénticas desde los hechos (igual de buenas o de malas).
b) No hubo una fuerte evolución del argentino hacia la conciencia cívica y defensa de las instituciones. Creo que esos procesos no son instantáneos, aunque varios creyeron que un voto "no positivo" había cambiado al país.
c) Cristina quiere ser una buena gobernante y su marido no se opone (o sea, evito las teorías auto-conspirativas o de boicot marital).
Me parece que hay cuatro puntos fundamentales:
1) La cintura política para evitar los conflictos.
Y, una vez dentro de él, no incrementarlo ni atacar en forma abierta a la contraparte con golpes bajos ni descalificaciones.
Alfredo De Angeli, con su demagogia evidente de "no silben, respeten a nuestra presidenta" ganó mucho más que Cristina con las campañas millonarias que pagamos tomando un par de frases fuera de contexto y saliendo en TV. Creo que este tipo de actitudes sólo generaron agrado en aquellos ya alineados con el gobierno y pérdida de apoyos en los demás.
En este caso, el estilo confrontativo que a Kirchner le redituó, fue contraproducente cuando se trataba de actores que gozaban de algún apoyo popular. O sea, si salgo a hablar mal de Videla, tendré al 98% a favor, no importa lo que diga. Si me meto con Maradona, tengo que tener mucho más cuidado.
2) Hay que evitar que el ciudadano común sepa que uno miente.
Una vez un profesor de la facultad nos dijo que el mayor logro de Menem, a sus ojos, había sido convencer a todo el mundo de que lo que le convenía a él les convenía a todos. Al punto de que las privatizaciones no tuvieron casi oposición y De la Rúa tuvo que jurar que continuaría la convertibilidad en su campaña.
En este gobierno, los Kirchner permitieron que temas como la manipulación del Indec y el tren bala llegaran al ciudadano "común" demasiado rápido. Como dije en esta entrada, la diferencia a mis ojos entre el instruído en temas políticos del que no lo está es el tiempo que demora en entender lo que está pasando. En general, el primero puede ver las causas mientras que el segundo se entera cuando sufre las consecuencias.
Uno puede preguntarle a una persona en la calle que jamás supo lo que es el IPC, cómo se mide ni para qué sirve si le parece que el gobierno informa correctamente la inflación y la mayoría responderá que no. También hay un rol de los medios en esto.
3) Falta de fusibles.
En el afán abarcador, los Kirchner anularon casi todo potencial fusible. Menem tenía a Corach y a Kohan (¿dónde estarán ahora?). Todo el odio que podía despertar su gestión era absorbido por ellos. Hoy todo está en Cristina y Néstor. Ella estuvo hablando por televisión casi todos los días en los últimos meses. Y eso, sin un asesor de imagen, desgasta. Es curioso que no se preocupara siquiera por corregir los detalles más molestos de su imagen, como la suntuosidad, el tono agresivo y soberbio y el enojo permanente.
4) La simultaneidad de peleas
Cristina se peleó, a la vez, con el campo y con Clarín. Para no explayarme mucho en este punto, creo que el error fundamental fue pensar que la caja equivale a lealtad. Y cuando hay que elegir entre votos / rating (o sea, dinero seguro) y promesas de caja, la lealtad flaquea.