Durante más de 20 años creímos que Lucy era nuestro antepasado más antiguo. Sin embargo en la última década nuevos hallazgos arqueológicos nos han demostrado que la presencia de los homínidos en nuestro planeta es mucho más antigua de lo que creíamos.
La mayoría de los restos de nuestros antepasados se han encontrado en zonas desérticas de Etiopía. Sin embargo, en la época en que ellos habitaron esas zonas, entre 7 y 3 millones de años atrás, esta porción del planeta tenía un clima cálido y estaba cubierta de bosques y lagos, ideales para la vida al aire libre.
No quiere decir esto que fuera la única parte del planeta donde habitaron homínidos desde épocas tan tempranas, sino que se dieron las condiciones necesarias para la preservación de los esqueletos.
Conozcamos entonces ahora a algunos de quienes fueron nuestros antepasados más antiguos.
Al principio fue Lucy
Lucy fue el nombre con el que bautizaron los científicos a los restos fósiles de uno de los antepasados más viejos de la humanidad, un espécimen de Australopithecus Afarensis; de hecho durante muchos años se creyó que era el más antiguo.
Los restos de Lucy fueron hallados en la zona media de Awash en Hadar, Etiopía, por el Dr. Donald Johanson y su equipo en el año 1974. Al finalizar las excavaciones se pudo recuperar casi un 40% del esqueleto, el más completo de los restos fósiles tan antiguos, de un homínido cuya edad se estima en 3.2 millones de años.
Luego de un largo trabajo de cuatro años sobre los restos fósiles de Lucy, el Dr. Johanson, junto al Dr. Tim White, determinaron que era una especie bípeda y la clasificaron como Australopithecus Afarensis.
El anécdota cuenta que el nombre Lucy que recibió el Australopithecus se debe a que en las celebraciones por su hallazgo estaba sonando la canción de Los Beatles, “Lucy in the sky with diamonds”. Actualmente sus restos se encuentran en el Museo Nacional de Etiopía.
En la actualidad ya se han encontrado los restos de unos 300 homínidos de esta especie, su mayoría en la región de África Oriental.

Los Ardipithecus Ramidus y Kadabba
Como te comentaba anteriormente, desde el hallazgo de los restos de Lucy y hasta hace algunos años, se creía que este era el antepasado más antiguo del homo sapiens. Sin embargo excavaciones posteriores revelaron que no es así.
Primero Tim White y posteriormente el paleontólogo Yohannes Haile - Selassie, junto a sus equipos, realizaron trabajos arqueológicos en la zona de Etiopía donde fueron hallados los restos de Lucy, y encontraron los restos de dos diferentes tipos de homínidos, el Ardipithecus Ramidus y el Ardipithecus Kadabba, ambos descendientes de la especie Orrorin Tugenensis, de quien hablaremos a continuación.
Los primeros restos fósiles del Ardipithecus Ramidus fueron hallados por Tim White en 1994. A través de ellos se pudo determinar que vivió hace unos 4.4 millones de años, caminaba erguido y posiblemente también trepaba a los árboles.
Más de cien personas de la especie Ardipithecus Ramidus fueron halladas en la zona de Etiopía, del análisis de sus restos se desprende que si bien tenían muchas similitudes con los chimpancés actuales, también tenían muchas características humanas como su andar bídepo y su dentadura.

Los restos del Ardipithecus Kadabba fueron hallados por Yohannes Haile - Selassie en 1997, también en la zona de Etiopía. Cuando los encontró pensó que se trataba de una subespecie del Ardipithecus Ramidus, sin embargo en análisis posterior de otros restos encontrados por Haile - Selassie en 2002, le permitieron determinar que estaba frente a otra especie diferente, a la cual denominaron Ardipithecus Kadabba.
El Ardipithecus Kadabba es ancestro del Ramidus, ya que vivió un millón de años antes que este, aproximadamente hace 5.2 millones de años. Se pudo determinar que su andar era erguido y que habitó en zonas de bosques y pastizales, con acceso a lagos y manantiales.
A continuación les dejo una conferencia muy interesante de Yohannes Haile - Selassie, (en inglés con subtítulos), en la que habla de su profesión y de sus hallazgos más importantes.
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Orrorin Tugenensis
La especie humanoide Orrorin Tugenensis vivió en la Tierra entre 6.2 y 5.8 millones de años atrás, lo que los convierte en uno de nuestros antepasados más antiguos.
Por lo que se pudo inferir de los restos fósiles de un fémur tenían el tamaño de un chimpancé, caminaba erguido y también tenía la capacidad de trepar árboles; si bien era más parecido a un primate que a un ser humano, su capacidad de caminar erguido lo coloca dentro de nuestros antepasados.
Los restos del Orrorin Tugenensis fueron hallados en el año 2001 por el equipo dirigido por el paleontólogo francés Brigitte Senut y el geólogo francés Martin Pickford, en la zona de Tugen, en el centro de Kenia, de allí proviene su nombre que significa "hombre original en la región Tugen."
Se han hallado muy pocas piezas de unas cinco personas diferentes de esta especie y por el momento el Tugenensis es el único de la especie Orrorin.
Sahelanthropus Tchadensis
Y llegamos por fin entonces a conocer a quien por el momento es conocido como nuestro antepasado más antiguo, el Sahelanthropus Tchadensis, quien habitó nuestra tierra entre 6 y 7 millones de años atrás en la región de África oriental.
Aunque sólo se han hallado restos de parte del cráneo, se pudo determinar que el Sahelanthropus Tchadensis caminaba erguido por la manera en que la médula espinal se unía con la base del cráneo. Probablemente el andar bípedo le permitió sobrevivir en su hábitat, ya que podía tanto caminar como trepar para alimentarse.
Por la forma de su cráneo sabemos que tenía un aspecto muy similar a un chimpancé, con la cara hacia adelante y el cerebro pequeño; aunque tenía también algunos rasgos humanos, como la mandíbula y la forma de algunos de sus dientes.
Los únicos restos fósiles hallados hasta el momento fueron descubiertos en Chad, África oriental, en 2001, por un equipo de científicos dirigido por el paleontólogo francés Michael Brunet.

Aún los paleontólogos continúan sus excavaciones e investigaciones para poder obtener mayor información sobre nuestros antepasados más antiguos y poder determinar cómo fue su vida y su evolución. Es fascinante poder ponernos en contacto con estos ancestros tan antiguos y poder tener ante nuestros ojos la historia de nuestra vida en la Tierra ¿no lo crees?
Bueno, ya que estamos les dejo algo un poco distinto que sería la importancia del fuego en la evolución.

Nadie en nuestros días desconoce que el fuego es un elemento de utilidad para los humanos y que constituye uno de nuestros más grandes descubrimientos. Sin embargo, la verdadera importancia del fuego en la evolución humana recae en la determinación que tuvo sobre su cerebro y, consecuentemente, en el desarrollo de su mente, la más poderosa adquisición de nuestra especie, que nos distingue y eleva en el reino animal. Una buena manera de comprender esta afirmación es recorriendo el proceso que tuvo lugar desde que nuestro antepasado, el Homo erectus, por vez primera dominara el fuego y lo pusiera a su disposición. Viajemos.
Alimentación de los primeros Homo erectus
Hace 1.5 millones de años, un homínido al que llamamos Homo erectus por su posición bípeda –esto es, que camina en dos pies– vagaba intentando forrajear alimentos que le dotaran de la energía necesaria para sobrevivir.
Al no poseer ni garras ni colmillos, no era capaz de enfrentarse a las grandes fieras para obtener comida, sin mencionar que era una fácil presa de ellas. La única vía que le quedaba entonces resultaba la carroñera, es decir, comer la carne de un animal muerto y, desde luego, las plantas. Así pues, nuestro Homo erectus engullía sus alimentos crudos.
La carne cruda y los vegetales sin cocción requieren más tiempo y energía para digerirse que los cocidos. Por eso los chimpancés se pasan horas mascando su comida antes de tragarla. Es un modo natural de apoyar el proceso, pero un modo lento obviamente.
Descubrimiento del fuego

Hace aproximadamente 800 mil años, el Homo erectus descubrió el fuego y aprendió a utilizarlo. Los científicos han encontrado rastros en distintos asentamientos que demuestran que nuestros ancestros no solo sabían hacer fuego, sino que lo utilizaban para cocer sus alimentos, construir herramientas de trabajo y otros menesteres.
Consecuencias del descubrimiento del fuego
El fuego se convirtió en una fuente de luz y calor. Mientras la vida de esto homínido era diurna y al caer la noche se retiraba a dormir o a estar sentado en silencio en su nicho, una vez que apareció el fuego puedo tener una vida nocturna. Además tenía una forma nueva de protegerse de las bajas temperaturas del invierno, que podía utilizar dentro de su caverna o a la intemperie.
Comida cocida
Con la aparición del fuego, llegó a la vida de nuestros antepasados un suceso único dentro del mundo natural: la comida cocida. Con ello se ampliaba el número de productos que se podían comer; se almacenaba comida para el invierno; se preparaba alimento de consistencia suave, ideal para individuos mayores ya sin dientes pudieran comer, entre otras facilidades. La cocción de los alimentos duplicó los años de vida y trajo a la tribu una nueva experiencia.
Pero, dos cosas esenciales ocurrieron: se incrementaron las calorías obtenibles por el sistema digestivo y se redujo el costo energético de la digestión. De ahí que hubiera más energía metabólica para que el organismo realizara otros procesos. El sistema nervioso se vio así considerablemente favorecido.
Protección de los depredadores y cacería
Una vez que el hombre dominó el fuego, pudo protegerse mejor de sus depredadores. Recordemos que en su época polulaban las criaturas salvajes. Observemos por ejemplo al tigre dientes de sable: este animal le teme, y con razón, al poder del fuego.
Junto a la defensa, el Homo erectus encontró una nueva manera de obtener alimentos: la cacería. El fuego no solo ahuyenta bestias como los mamuts, haciéndolos caer por abismales acantilados, sino que ayuda a mejorar las herramientas para la caza.
Salud
El fuego permitió cuidar de la salud. Con él se esterilizaban instrumentos y heridas. Otro uso dado fue al hervir las plantas para obtener brebajes con poderes curativos; al inhalar el vapor se descongestionaban las vías respiratorias. Un dato interesante es que tan solo hirviendo la corteza de sauce, se obtenía una sustancia cuyo ingrediente activo es la aspirina.
Camino a la humanización

Si lo pensamos bien, una vez que nuestro ancestro obtuvo el dominio del fuego,comenzó su carrera desenfrenada hacia la humanización. Tanto la vida en comunidades, fortalecida al amparo del hogar y enriquecida con interacciones sociales, como la influencia de la dieta en su anatomía, especialmente en el cerebro, crearon las condiciones para que una nueva era surgiera, emergiendo de ella otro eslabón más de nuestra evolución.
¿Cómo influyó el uso del fuego en el desarrollo del cerebro humano?
Sin dudas el uso del fuego posibilitó la supervivencia del hombre en aquellos períodos tan hostiles: defensa de las fieras, luz y calor, alimentación adecuada y mejoría en sus armas de caza, son algunos de los cambios que introdujo tras descubrir el fuego. Sin embargo, el efecto más importante de todo este proceso recayó en que el cerebro de nuestros ancestros creció de tamaño y, por tanto, se diversificaron y especializaron sus funciones, desarrollándose capacidades como la memoria a largo plazo y la solución de problemas. Ello ocurrió a través de los procesos siguientes.
Cocción de los alimentos
Una vez que el hombre llevó a cabo la cocción de los alimentos, estos sabían mejor, se digerían más fácilmente y se lograba una digestión más rápida y eficiente. Resultados:
Las proteínas y los nutrientes influyeron sobre el sistema nervioso dándole un extra energético y modificándolo.
Nuestros ancentros ahorraron tiempo en buscar alimentos y mascarlos, el cual pudo ser invertido en otras actividades sociales, lo que hizo que el cerebro ampliara su funcionalidad.
En torno a los hogares se desarrolló la familia con mayores interacciones sociales, lo que pudo influir en la comunicación y en el desarrollo del lenguaje.
Construcción de herramientas y otros utensilios
Al dominar el fuego, la construcción de herramientas y otros utensilios se desarrolló considerablemente, lo cual redundó en la creatividad de nuestros ancestros:
Con el fuego se podía afilar las puntas de las lanzas con mucha facilidad.
El fuego permitió combar la madera, con la que se hicieron luego vasijas, canoas, arcos, etc.
Usando dicho elemento, nuestros antepasados también pudieron comenzar a trabajar la cerámica, de la cual se deriva posteriormente una rama artística.
El fuego permitió que se pudiera finalmente doblegar el hierro y otros metales, para elaborar diferentes tipos de utensilios.
Universo artístico
Sin dudas el universo artístico encontrado en las cuevas de los primeros hombres ―innumerables pinturas rupestres de animales y hombres cazando―nos permite entender que ya entonces nuestros sistemas nerviosos habían sufrido profundas transformaciones. Un cerebro que pinta es un cerebro que piensa, que puede hacer abstracciones a determinado nivel.
Sin el fuego no habría posibilidad de tener una iluminación que permitiera llevar a cabo la tarea ni contemplar el resultado. Por tanto, no solo se desarrollaba el artista, sino también la visión de los espectadores, y luego la experiencia mental de entrar en contacto con imágenes artísticas que evoquen referencias más allá de la propia realidad: como el sentido de tener antepasados.
Religión y filosofía
Desde el principio el fuego parece haber cobrado un valor mágico para nuestros ancestros. Al estar en contacto con este elemento y confirmar sus poderes, se le incorporó a los distintos rituales religiosos y funerarios. La idea de que el fuego nace de la nada, crece y finalmente muere puede haber suscitado en los antepasados interrogantes cuyas respuestas requirieron durante milenios del desarrollo de muchas zonas de nuestro cerebro.
Por otra parte, la vida antes del fuego era diurna: se cazaba de día y se dormía de noche. Con la aparición del fuego, surgió el tiempo nocturno para reunirse alrededor del fuego y establecer una comunicación que llevara al intercambio de historias. Y posiblemente aparecieran los primeros y muy incipientes elementos de lo que con el tiempo llegaría a ser la filosofía.
Conclusiones
El uso sistemático del fuego, entonces, parece haber obligado a los primeros humanos a fijar su atención en distintas actividades y a desarrollar la creatividad, las memorias a corto y largo plazo, la concentración y la comunicación con el otro.
Una vez que tuvieron el control de su atención, nuestros ancestros comenzaron a hacer planes, lo cual evidentemente nos ubicaba ya en un peldaño mental mayor respecto al resto de los primates y, por consiguiente, en el árbol evolutivo.
Podemos decir pues, sin temor a equivocarnos, que la herramienta más importante que desarrolló el descubrimiento del fuego fue el cerebro humano.
¿Qué comían nuestros antepasados?
Tenemos la idea de que nuestros ancestros deben haber tenido los mismos hábitos alimenticios que los actuales primates más evolucionados, los chimpancés, esto es: frutas suaves.
Por el contrario, los estudios que se han realizado en la superficie de los dientes de los homínidos más antiguos revelan información sorprendente.
Técnicas para indagar la alimentación de los ancestros
Una vía importante para saber qué pudieron haber comido los antecesores del hombre es estudiando la estructura física de su cráneo, mandíbula y dentadura.
Estas características son adaptaciones del proceso evolutivo que nos informan para qué estaban preparados dichos seres.
Sin embargo, ello no necesariamente revela qué era lo que en efecto comía cada grupo de homínidos en épocas tan remotas.
Una manera más eficaz de acceder a dicha interrogante es analizando los distintos agujeros y rasguños que aparecen en los dientes de los fósiles hallados, así como sus isótopos estables de carbono. Por este método se ha obtenido un cuadro de la dieta de los antiguos.
Dieta verde de los homínidos
A pesar de tener un aparato molar poderoso, los ancestros rara vez debieron haber cascado nueces con los dientes.
Su dieta básicamente se reducía a consumir hierbas diversas y juncia, ese tipo de alimento que ningún chimpancé que se respete tomaría en cantidades.
Los restos también revelan que los homínidos del sur de África ingerían alimentos distintos a los del oeste, algo inverosímil dada su gran semejanza anatómica.
La variabilidad de dietas en aquel período, confirmada a través de los fósiles, dificulta poder hablar únicamente de un estilo alimenticio para nuestros antepasados.
Diferentes especies pudieron haber consumido cosas distintas esencialmente. De cualquier manera, parece que entre nuestros ancestros sí era bastante extendido el espíritu vegetariano.
Por qué se extinguieron los neandertales?
Los neandertales vivieron felizmente en Europa durante 300 mil años, pero en un momento determinado declinó su número hasta llegar a extinguirse. Durante mucho tiempo ha sido un gran misterio la razón por la que desaparecieron. Al parecer la ciencia ya ha respondido a esta pregunta: nuestros antepasados provenientes de África invadieron sus espacios masivamente con una población diez veces mayor.
Teniendo en cuenta el duro invierno y la cantidad fija de plantas y animales con los cuales alimentarse, es evidente que los neandertales no podrían competir por estos suministros, especialmente en los períodos de congelamiento. En cambio, los humanos tan numerosos y con sistemas de comunicación mejores podrían haberse ayudado mutuamente para asegurar los alimentos en tiempos de escasez.
No se sabe con certeza si el sistema nervioso de los neandertales era menos desarrollado que el de sus coetáneos y por lo tanto tenían menor capacidad mental, aunque los dibujos de los homo sapiens revelan un nivel de abstracción avanzado y sus lanzas hablan de innovaciones tecnológicas en la cacería.
En las distintas excavaciones realizadas se muestra un mayor número de áreas ocupadas por nuestros antepasados, así como una mayor cantidad de restos de utensilios de piedra y de animales que constituían parte de su dieta.
La reacción de los neandertales fue irse retirando paulatinamente a las regiones más alejadas y agrestes del continente, hasta que en un lapso de unos miles de años ―hace 40 mil aproximadamente―, acabaron por desaparecer del todo, probablemente porque las condiciones del clima fueron deteriorándose y no lograron sobrevivir a ellas.
Acá termina mi post sobre nuestros antepasados, espero que les haya servido y los que vinieron a ver el post y no leyeron nada, aunque sea lean los subtítulos que los puse en grande, a ver si alguno le interesa y que lea su contenido. Gracias por pasarse por éste post y Saludos

