Estas estructuras de nieve se dan por una serie de condiciones meteorológicas especiales, que son las siguientes:
Es necesario que la capa, sobre la que cae la nieve, sea de hielo, ya que le facilita ser arrastrada.
La nieve que cae debe estar cerca del punto de fusión y tener un nivel de agregación bajo.
La velocidad del viento debe de ser la adecuada, ni muy baja (no movería la nieve) ni muy alta (destruiría la estructura).
El viento es el responsable de formar estos rollos de nieve. También se pueden formar por acción conjunta del viento y la gravedad, siendo necesario en este caso que las pendientes no sean muy pronunciadas para que no se formen las tradicionales bolas esféricas.
En muchas ocasiones el interior es hueco. El motivo es que las capas interiores, y primeras en formarse, son mucho más delgadas y pueden ser arrastradas con facilidad por el viento.
De estos rollos o cilindros de nieve, se han documentado algunos hasta con 70 centímetros de diámetro.
Este raro fenómeno meteorológico se puede encontrar en cualquier parte del mundo, mientras se tenga las condiciones adecuadas.