Honestidad para todos (y todas)
Los argentinos está asistiendo a su propio entierro. Un futuro mejor que el preocupante presente se está muriendo. La corrupción que no se reconoce como la causa de casi todos los problemas asiste como invitada preferencial a las pompas fúnebres. Las elecciones por sí solas no cambiarán nada, mientras no exista una sociedad que reaccione frente al robo de sus aportes al sostenimiento de los público por parte de una clase política abyecta.
"Nada es extraño ni obra de la casualidad. Trenes obsoletos, rutas arcaicas, fronteras sin control, ciudades colapsadas apenas una fuerte lluvia se precipita, edificios que vuelan por el aire por escapes de gas, obras públicas que se dilatan y finalizan costando varias veces más que el presupuesto inicial."
La corrupción está enraizada en la sociedad argentina.
Los argentinos sin excepción, por acción u omisión, son cómplices de una decadente e inescrupulosa clase política que ha venido metódicamente conduciendo los destinos del país a la ruina mediante el constante robo y despilfarro de los dineros públicos.
Nada es extraño ni obra de la casualidad.
Trenes obsoletos, rutas arcaicas, fronteras sin control, ciudades colapsadas apenas una fuerte lluvia se precipita, edificios que vuelan por el aire por escapes de gas, obras públicas que se dilatan y finalizan costando varias veces más que el presupuesto inicial.
Todo es causal.
Barrabravas que son elogiados desde lo más alto del poder público porque trabajan para él. Hijos y entenados a la hora de hacer un trámite, hasta los pequeños y clásicos “dame dos de las buenas” o “vengo de parte de…” o “¿no sabés quién soy yo?”; hasta el “¿cómo arreglamos esto?”.
Nada es obra de la improvisación.
Todo ha sido planeado y nadie ha roto la planificación.
La educación ha venido siendo destruida sin solución de continuidad, la pobreza ha ganado, incluso, a buena parte de la clase media y el empleo oficial se fue multiplicando.
Cuántos más brutos, necesitados, y asalariados del Estado existan más fácil resultan estos de ser “comprados” a la hora del voto.
De esta forma nada cambia, empeora para la mayoría; mientras los recursos de todos terminan llenando de placeres a nuevos ricos que viven mulplicado injustificadamente su patrimonio con tan solo el arte de sobrevivir o haber pasado por la función pública.
Los empresarios argentinos están tan hermanados con la corrupción de la dirigencia política que hasta temen pronunciarse en voz alta acerca de la misma.
Un salto cualitativo en la deshonestidad existente ha sido “el relato”. Ficción con la que ha se sumergido la realidad de la visión del común de la gente gracias a los años de viento a favor; los que han dejado de soplar y comienzan a correr el velo de la triste realidad que habrá que afrontar.
ONCE 19 DE OCTUBRE DE 2013
ONCE 21 DE FEBRERO DE 2011
SIN PALABRAS !!
Periodista: por JORGE HÉCTOR SANTOS