En 1933, los libros de las más grandes figuras intelectuales alemanas del siglo XX se quemaron en toda Alemania. Menos de cuatro meses después de que Hitler llegara al poder, los nazis comenzaban con estas quemas la decapitación intelectual del país.
Los trabajos de "renovación intelectual" se realizaban en la Plaza Bebel de Berlín, donde queda una placa para el recuerdo. Aunque quizá no haga falta, bastan los versos del escritor Heinrich Heine: “donde se queman libros, también se quemarán personas“. En este sitio, frente a una de las escuelas alemanas de mayor prestigio de la Universidad Humboldt, 20.000 libros fueron quemados el 10 de mayo 1933.
Una hora antes de la media noche, las obras de Sigmund Freud, Heinrich Mann, Karl Marx, Kurt Tucholsky, entre otros, fueron reducidas a cenizas en este lugar. El recuerdo de la quema de libros, que se repitió en otras 20 ciudades, es recordado con una placa de vidrio sobre la que los turistas pisan. “Cerca de 400 autores han ardido, incluyendo la crema de la crema de la comunidad literaria, científica e intelectual de la República de Weimar“, el gobierno tras la Primera Guerra Mundial, dijo a la AFP Irmela von der Lühe, profesora de Literatura en la Universidad Libre de Berlín. Se trataba de la “decapitación intelectual de Alemania“, en palabras del sociólogo Helge Pross.
La acción fue efectuada como un ritual. Encendieron fuego, los libros se colocaban en carritos acompañados por el tronar de tambores. Rimbombantes palabras se pronunciaron antes de ser arrojados al fuego.
En Berlín, el ministro de Propaganda, Joseph Goebbels afirma aquella noche:
El siglo de la intelectualidad judía llevada al extremo ha terminado y la revolución alemana ha abierto el camino para los alemanes.


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