Insulto a los mexicanos
Patricia Fortuny Loret de Mola (*)
Aguinaldos de políticos y altos funcionarios
Primero leímos con indignación e impotencia el aguinaldo del presidente del Banco de México, Agustín Carstens, por la cantidad de $886,910. El domingo 8 de diciembre, el Diario de Yucatán nos sacude de la hamaca informando sobre los cuantiosos cheques que recibirán nuestros diputados y senadores locales y federales de los tres partidos políticos.
Mientras estos burócratas -quisiera pensar que algunos de ellos sí trabajan y se lo merecen- se llenan los bolsillos del dinero que nosotros, los ciudadanos de a pie, pagamos todos los días, a veces sin siquiera saberlo, a través de los impuestos, la clase política mexicana (yucateca) se sirve con la cuchara grande y se burla una vez más de aquellos que no beben de la misma ubre. Este fin de año recibirán y gastarán fortunas con todo el cinismo posible, gracias a los tributos que exige la ley, que ellos mismos manufacturan y deciden.
Los aguinaldos y gratificaciones que se distribuyen cada diciembre teóricamente se debían otorgar porque el premiado desempeñó un buen trabajo durante todo el año y como resultado de su buen ejercicio obtuvo resultados sobresalientes que se reflejarían en una mejoría en el estándar de vida de los ciudadanos, mejor equipamiento en las colonias populares, mejores servicios médicos, prospectos de empleo para los jóvenes, mejor atención a las personas de la tercera edad, efectos visibles en las actividades agrícolas, pesqueras y ganaderas en el campo que sufre escasez de empleo, salarios ínfimos, prestaciones que no existen para la inmensa mayoría de los trabajadores, leyes que sólo benefician a los grandes empresarios, y que no se reflejan en mejores condiciones de vida de las clases sociales bajas y medias de nuestra sociedad.
Sin embargo, todos sabemos que eso no ha pasado, que la clase política mexicana no ha cumplido las funciones que expresa en sus grandilocuentes discursos y que vive de lo que le sustrae al pueblo. Que lo único importante es incrementar la imagen del partido o del individuo que ocupa el puesto político, con el objetivo de mantenerse en el poder y continuar engañando al mexicano.
Si es que existe una verdadera sociedad civil en nuestro país o en nuestro estado de Yucatán, ésta aún no cuenta con espacios formales y legítimos para exigir sus derechos pisoteados por los que nos gobiernan. Incluso para impedir empeorar nuestra salud mental, intentamos a toda costa no pensar en la injusticia social, política y económica, que crece de forma exponencial y se hace más visible en cada rincón de nuestro pobre país.
¿Por qué premiar a estos señores y señoras con escandalosas y ofensivas cifras de dinero que la mayoría de los mexicanos jamás han visto en sus vidas? ¿Por qué premiar a esa minoría que “nos gobierna” cuando al mismo tiempo existen en México índices de pobreza y de desigualdad social que son equivalentes a los países más corruptos del mundo? ¿Por qué Angélica Araujo Lara, ex alcaldesa de Mérida, a la que le regalaron una curul como senadora, sigue burlándose de nosotros?- Mérida, Yucatán.
Patricia Fortuny Loret de Mola (*)
Aguinaldos de políticos y altos funcionarios
Primero leímos con indignación e impotencia el aguinaldo del presidente del Banco de México, Agustín Carstens, por la cantidad de $886,910. El domingo 8 de diciembre, el Diario de Yucatán nos sacude de la hamaca informando sobre los cuantiosos cheques que recibirán nuestros diputados y senadores locales y federales de los tres partidos políticos.
Mientras estos burócratas -quisiera pensar que algunos de ellos sí trabajan y se lo merecen- se llenan los bolsillos del dinero que nosotros, los ciudadanos de a pie, pagamos todos los días, a veces sin siquiera saberlo, a través de los impuestos, la clase política mexicana (yucateca) se sirve con la cuchara grande y se burla una vez más de aquellos que no beben de la misma ubre. Este fin de año recibirán y gastarán fortunas con todo el cinismo posible, gracias a los tributos que exige la ley, que ellos mismos manufacturan y deciden.
Los aguinaldos y gratificaciones que se distribuyen cada diciembre teóricamente se debían otorgar porque el premiado desempeñó un buen trabajo durante todo el año y como resultado de su buen ejercicio obtuvo resultados sobresalientes que se reflejarían en una mejoría en el estándar de vida de los ciudadanos, mejor equipamiento en las colonias populares, mejores servicios médicos, prospectos de empleo para los jóvenes, mejor atención a las personas de la tercera edad, efectos visibles en las actividades agrícolas, pesqueras y ganaderas en el campo que sufre escasez de empleo, salarios ínfimos, prestaciones que no existen para la inmensa mayoría de los trabajadores, leyes que sólo benefician a los grandes empresarios, y que no se reflejan en mejores condiciones de vida de las clases sociales bajas y medias de nuestra sociedad.
Sin embargo, todos sabemos que eso no ha pasado, que la clase política mexicana no ha cumplido las funciones que expresa en sus grandilocuentes discursos y que vive de lo que le sustrae al pueblo. Que lo único importante es incrementar la imagen del partido o del individuo que ocupa el puesto político, con el objetivo de mantenerse en el poder y continuar engañando al mexicano.
Si es que existe una verdadera sociedad civil en nuestro país o en nuestro estado de Yucatán, ésta aún no cuenta con espacios formales y legítimos para exigir sus derechos pisoteados por los que nos gobiernan. Incluso para impedir empeorar nuestra salud mental, intentamos a toda costa no pensar en la injusticia social, política y económica, que crece de forma exponencial y se hace más visible en cada rincón de nuestro pobre país.
¿Por qué premiar a estos señores y señoras con escandalosas y ofensivas cifras de dinero que la mayoría de los mexicanos jamás han visto en sus vidas? ¿Por qué premiar a esa minoría que “nos gobierna” cuando al mismo tiempo existen en México índices de pobreza y de desigualdad social que son equivalentes a los países más corruptos del mundo? ¿Por qué Angélica Araujo Lara, ex alcaldesa de Mérida, a la que le regalaron una curul como senadora, sigue burlándose de nosotros?- Mérida, Yucatán.