Pelucas multicolores y lentes de contacto que asemejan el aspecto de los grandes y ovalados ojos nipones no son precisamente los estandartes de esta tendencia, que se deriva de la afición por la cultura japonesa, sin embargo, son los elementos con los que se sienten familiarizados aquellos jóvenes para los cuales Gokú y Naruto son íconos de entretenimiento.
Convertirse por un día en el clon vivo de su personaje animado preferido no es exclusividad de la noche de Halloween, al menos así lo constatan apasionados por las manifestaciones con sello oriental como Camila González, para quien “ser otaku” representa mucho más que un gusto personal. “Ahorrar para comprar lo que identifica a mi anime no es un esfuerzo, es todo un estilo de vida”, argumenta.
Para José Paz Betancourt, director y productor general del Anima Fest, existe una amplia diferencia entre ser cosplay y ser otaku. “Ambas manifestaciones están muy unidas, pero tienen significados distintos. Se les llama otakus a todas las personas fanáticas de la animación y la ilustración japonesa, que son el anime y el manga. Ellos se reúnen para compartir intereses en común y no se les llama tribu urbana sino comunidad. Por otra parte, los cosplay son quienes se transforman para caracterizar personajes”, explica.
Acerca del origen del termino otaku, resulta importante aclarar que surgió durante la década de los años 80, en medio de una etapa en la que el anime estaba en auge y en la cual para referirse a los más populares seriados orientales se acuñó esa palabra, categoría en la que actualmente también se incluye a los fans de los videojuegos y películas que comparten este argumento.
Pese a que ya son más de cuatro las comunidades de este tipo que existen en Barranquilla, las cuales en su mayoría comenzaron a conformarse desde finales del año 2008, cada vez son más los jóvenes que se suman a esta pasión por el manga, por lo que no es extraño encontrar a cosplayers reunidos en las tardes de fin de semana en los principales parques, entre los más concurridos se destaca el Sagrado Corazón, en el norte de La Arenosa.
Una de las manifestaciones más claras de la acogida de esta tendencia a nivel local, es la circulación de los ejemplares creados por los chicos del Artbook Project, una revista manga hecha por universitarios costeños, que con ediciones trimestrales demuestran que hay quienes trabajan por sacar a flote esta modalidad.
El propósito de este grupo creativo, liderado por Oriana Fontalvo, estudiante de derecho de la Universidad del Atlántico, y compuesto por otros 22 jóvenes, es llevar el realismo mágico de obras nacionales como Cien años de soledad al atractivo estilo manga. Para ello, exponentes del ingenio del Caribe como los hermanos Daniel Eduardo y Daniel Andrés Medina, Miguel Ángel Lafaurie, Angelly Arzuza, Ricardo Rozo, Mauro Pineda, Luis Obeso y Édgar Ballesteros contribuyen a esta iniciativa independiente.