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Si su familiar está internado en terapia intensiva...

Si su familiar está internado en terapia intensiva...


Tiene un padecimiento que ha llegado al límite de la gravedad, que requiere cuidado y atenciones continuas, ininterrumpidas. Puede haber egresado de una cirugía complicada, prolongada o de alto riesgo, o bien estar sufriendo una descompensación extrema de un sistema vital:
cardiovascular, respiratorio, renal, nervioso.
Si su familiar está internado en terapia intensiva, se encuentra en una situación de máximo cuidado, pero también de máxima limitación. El paciente en UTI está aislado, solo. Tanto si tiene o no tiene (o no comprende) toda la información acerca de su enfermedad.
Puede estar agobiado, abrumado por las consecuencias probables de su estado (desde la simple incomodidad, hasta grados variables de discapacidad, dolor, sufrimiento). Frecuentemente comparte además experiencias demoledoras, al observar los percances de pacientes más graves o más ruidosos, o bien escucha todos los días la palabrería incomprensible de los profesionales y las enfermeras, describiendo su padecimiento, sus condiciones, su evolución.
El paciente en UTI pierde la noción del tiempo, al estar excluido de sus actividades cotidianas, en su espacio, con su gente; al estar inundado a toda hora con luz artificial, sonidos de monitores, respiradores, alarmas, quejidos.
El paciente en UTI teme. Teme al dolor, al sufrimiento, a las limitaciones desconocidas que puede llegar a soportar. Teme al abandono, a la soledad, a la ausencia de sus seres queridos, a que termine la hora de visita sin ver sus rostros y a menudo sin poder hacer nada para comunicarse con ellos.
El paciente en UTI teme a la muerte, a esa presencia que flota en el ambiente y a veces se posa en la cama de al lado.
El paciente en UTI teme a la falta de control. Puede ser trasladado a otra sala, al quirófano, a algún estudio, no siempre con la debida información anticipada. El paciente en UTI sufre una expropiación consentida: su salud, su cuerpo, su vida y su muerte no le pertenecen.
Son el dominio de un grupo impersonal, anónimo; médicos y enfermeras, que en coordinación con su familia deciden por él.
Por todo esto, si su familiar se halla en terapia intensiva, acompáñelo. En la hora de visita y en el informe médico. La compañía debe ser cálida y alentadora. El familiar no debe transmitirle al paciente sus propios temores... o sus terrores. El que visita tiene que ser fuerte, comunicarle su esperanza y su confianza en los buenos resultados, a pesar de la existencia de posibilidades desfavorables.
Evidentemente, debe evitarse que el paciente vea llorar a cualquiera de sus familiares.
Por último, sin que esto implique el agotamiento del tema, es recomendable que el familiar pregunte y vuelva a preguntar a los médicos tratantes, todo lo referente a su paciente, hasta quedar satisfecho. El familiar debe conocer con la mayor exactitud el diagnóstico, el pronóstico y la evolución de su paciente. Esto será la mejor prevención de cualquier malentendido de ambas partes.



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