En un nuevo aniversario de su nacimiento comparto estas epístolas que Gramsci intercambiara con su familia, principalmente con sus hijos. Aquí les muestro apenas algunas que mantuvo con su hijo Delio. Al final hay un link hacia una página de Google que ofrece el libro Cartas desde la cárcel para verlo o descargarlo como
PDF
LAS PLUMAS VUELVEN A SALIR
Querido Delio:
Esta vez no he recibido ningún escrito tuyo.
En la foto de Julián, he podido ver un rincón de tu cuarto, con la jaula de
la cotorra. Lástima que no se pueda distinguir el pajarito. Espero que con la
ensalada fresca (que debe desmenuzarse muy fina) y el alpiste se cure completamente,
y las plumas vuelvan a crecer largas y brillantes.
Te beso,
Carta XXXVI
ESTUDIA LA HISTORIA
Querido Delio:
Me siento un poco cansado y no puedo escribirte mucho.
Tú escríbeme siempre y acerca de todo lo que te interesa en la escuela.
Me parece que la historia te gusta, como me gustaba a mí cuando tenía tu
edad, porque concierne a los hombres vivos, y todo lo que se refiere a los
hombres, a cuantos más hombres sea posible, a todos los hombres del mundo
en cuanto se unen entre sí en sociedad y trabajan y luchan y se mejoran a sí
mismos, no puede dejar de gustarte por encima de cualquier otra cosa. Pero,
¿es así?
Te abrazo,
EL CEREBRO DEL AVESTRUZ
Querido Delio:
No he leído mucho de Wells porque sus libros no me gustan mucho.
Creo que si tú tampoco los lees no será una gran pérdida para tu formación
intelectual y moral. Tampoco su libro de historia universal me ha gustado
mucho, aunque trate ( y en este sentido constituye una cierta novedad, por lo
menos en la literatura histórica de la Europa occidental) de ampliar el horizonte
histórico tradicional, dando importancia, no sólo a los griegos, los egipcios,
los romanos, etc., sino también a los mongoles, los chinos, los hindúes,
etc. Como escritor de fantasía, me parece que es demasiado mecánico y
pesado; como historiador, le falta la disciplina intelectual, el orden y la mentalidad
del método.
Dime si te gusta este modo mío de escribirte y si lo entiendes todo.
No he contestado tu carta anterior.
Me gustó tu idea de ver el mundo poblado de elefantes erguidos en sus
patas traseras, con el cerebro muy desarrollado. Desde luego, para que cupieran
en grandes cantidades en la superficie del globo, ¡qué enorme cantidad de
rascacielos hubieran debido construir! Pero el cerebro sin manos, ¿para qué les
hubiera servido? Los avestruces tienen la cabeza erguida y libre, caminan en
dos patas, pero su cerebro no se ha desarrollado mucho con todo eso. Es posible
que para el hombre, en su evolución, se hayan concentrado muchas
condiciones favorables, en el sentido de ayudarlo a llegar a ser lo que era, antes
aun que se desarrollaran la voluntad definida hacia un fin y la inteligencia
suficiente para organizar los medios necesarios para alcanzar ese propio fin. La
cantidad se convierte en calidad para el hombre, y no para los demás seres
vivientes, según parece.
Escríbeme largamente. Te abrazo,
Carta XXXVIII
EL ELEFANTE MOTORIZADO
Querido Delio:
No sé si el elefante puede (o podía) evolucionar hasta convertirse, en la tierra,
en un ser capaz como el hombre de dominar las fuerzas de la naturaleza y servirse
de ellas para sus propios fines, en abstracto. Concretamente, el elefante no tuvo el
mismo desarrollo que el hombre, y ciertamente ya no lo tendrá porque el hombre
se sirve del elefante mientras que el elefante no puede servirse del hombre, ni
siquiera para comérselo. Lo que piensas de la posibilidad, por parte del elefante,
de adaptar sus patas al trabajo práctico, no corresponde a la realidad: porque el
elefante posee, como elemento “técnico”, la trompa y, desde el punto de vista “elefantesco”,
se sirve de ella espléndidamente para arrancar árboles, defenderse en
determinadas circunstancias, etcétera.
Me habías escrito que te gustaba la historia y así llegamos a la trompa del elefante.
Creo que para estudiar historia no se debe fantasear demasiado acerca de lo
que hubiera sucedido “si”… (si el elefante se hubiese puesto a caminar en dos
patas para dar mayor desarrollo al cerebro, si... si...; ¿y si el elefante hubiese nacido
con ruedas?, ¡hubiese sido un tranvía natural! ¿Y si hubiese tenido alas? ¡Imagínate
una invasión de elefantes como la de las langostas!).
Es ya muy difícil estudiar la historia realmente acontecida porque de una
gran parte de ella se ha perdido todo documento. ¿Cómo se puede perder el
tiempo estableciendo hipótesis que no tienen fundamento alguno? Además, en tus
hipótesis hay demasiado antropomorfismo. ¿Por qué el elefante había de evolucionar
como el hombre? ¡Quién sabe si algún elefante sabio, o algún elefantito extravagante,
no hace desde su punto de vista, hipótesis acerca de por qué el hombre
no se ha convertido en un animal con trompa!
Espero una larga carta tuya sobre este tema.
Aquí no ha hecho mucho frío. Siempre hay flores abiertas. No tengo ningún
pajarito conmigo, pero veo a menudo en el patio dos parejas de mirlos, y los gatos
que los acechan para cogerlos; pero los mirlos no parecen preocuparse mucho por
ello y siguen alegres y elegantes en sus movimientos.
Te abrazo,
Carta XXXIX
LOS CINCO MINUTOS DE PAPÁ
Querido Delio:
Espero me contestes acerca del asunto de Pushkin, sin prisa; tienes que prepararte
bien, arreglártelas hasta donde puedas.
¿Cómo te va la escuela, a ti y a Julián? Ahora que tienen notas todos los
meses, será más fácil controlar la marcha de los cursos.
Te agradezco por haber abrazado fuerte fuerte a mamá de mi parte: pienso
que debes hacerlo todos los días, todas las mañanas. Yo pienso siempre en ustedes;
así, todas las mañanas me imaginaré: mis hijos y Julia piensan en mí en este
momento. Tú eres el hermano mayor, pero tienes que decírselo también a Julián,
y de esta manera todos los días tendrán los “cinco minutos de papá”. ¿Qué crees
de esto?
Te beso,
Carta XLII
LOS GENIOS SON POCOS
Querido Delio:
Me he enterado por mamá Julia que mi última carta (o tal vez otras más)
te ha dolido. ¿Por qué no me has dicho nada? Cuando algo de mis cartas te
apene es bueno que me lo digas y me expliques tus razones. Yo te quiero
mucho y no quiero darte ningún dolor: estoy tan lejos y no puedo acariciarte y
darte como quisiera a resolver los problemas que nacen en tu mente. Debes,
por ejemplo, repetirme el problema que me habías planteado una vez en relación
con Chéjov, al que no he contestado: no me acuerdo de ello en absoluto.
Si tú sostenías que Chéjov es un escritor social, tenías razón, pero una razón
que no debe enorgullecerte, porque ya Aristóteles había dicho que todos los
hombres son animales sociales. Creo que tú querías decirme algo más, es decir,
que Chéjov expresaba una determinada situación social, expresaba algunos
aspectos de la vida de su tiempo y los expresaba de tal modo que se le debía
considerar un escritor “progresista”. Desde luego, no se puede decirlo todo
acerca de Chéjov en pocas palabras. Ni tampoco acerca de Turgueniev.
Tú notas que el periódico de los pioneros, en el pasado, dedicaba mucho
espacio a Tolstoi y poco o casi ninguno a Gorki.
Ahora que Gorki ha muerto y se siente el dolor por su pérdida, esto puede
parecer una injusticia. Pero hay que juzgar con espíritu crítico en cada
momento, y entonces no se debe olvidar que Tolstoi fue un escritor “mundial”,
uno de los pocos escritores de todos los países que ha alcanzado la mayor perfección
en el arte y ha suscitado torrentes de emociones en todas partes, en traducciones
pésimas, incluso en hombres y mujeres embrutecidos por el
cansancio y de una cultura elemental. Tolstoi fue verdaderamente un portador
de civilización y belleza en el mundo contemporáneo; aún nadie lo ha podido
igualar: para encontrarlo hay que pensar en Homero, Esquilo, Dante,
Shakespeare, Goethe, Cervantes y otros pocos más.
Estoy muy contento por tu carta, y sobre todo de que te sientas mejor, de que
te subas a las tapias para ver el eclipse, de que vayas a bañarte y a pasear por el
bosque y de que aprenderás el italiano. Robustecerse también es hacer algo.
Te abrazo fuertemente,
Una breve reseña sobre quién era Antonio Gramsci en un ilustrativo video de Stop Motion:
Carta XXXV
LAS PLUMAS VUELVEN A SALIR
Querido Delio:
Esta vez no he recibido ningún escrito tuyo.
En la foto de Julián, he podido ver un rincón de tu cuarto, con la jaula de
la cotorra. Lástima que no se pueda distinguir el pajarito. Espero que con la
ensalada fresca (que debe desmenuzarse muy fina) y el alpiste se cure completamente,
y las plumas vuelvan a crecer largas y brillantes.
Te beso,
Antonio
Carta XXXVI
ESTUDIA LA HISTORIA
Querido Delio:
Me siento un poco cansado y no puedo escribirte mucho.
Tú escríbeme siempre y acerca de todo lo que te interesa en la escuela.
Me parece que la historia te gusta, como me gustaba a mí cuando tenía tu
edad, porque concierne a los hombres vivos, y todo lo que se refiere a los
hombres, a cuantos más hombres sea posible, a todos los hombres del mundo
en cuanto se unen entre sí en sociedad y trabajan y luchan y se mejoran a sí
mismos, no puede dejar de gustarte por encima de cualquier otra cosa. Pero,
¿es así?
Te abrazo,
Antonio
Carta XXXVII
EL CEREBRO DEL AVESTRUZ
Querido Delio:
No he leído mucho de Wells porque sus libros no me gustan mucho.
Creo que si tú tampoco los lees no será una gran pérdida para tu formación
intelectual y moral. Tampoco su libro de historia universal me ha gustado
mucho, aunque trate ( y en este sentido constituye una cierta novedad, por lo
menos en la literatura histórica de la Europa occidental) de ampliar el horizonte
histórico tradicional, dando importancia, no sólo a los griegos, los egipcios,
los romanos, etc., sino también a los mongoles, los chinos, los hindúes,
etc. Como escritor de fantasía, me parece que es demasiado mecánico y
pesado; como historiador, le falta la disciplina intelectual, el orden y la mentalidad
del método.
Dime si te gusta este modo mío de escribirte y si lo entiendes todo.
No he contestado tu carta anterior.
Me gustó tu idea de ver el mundo poblado de elefantes erguidos en sus
patas traseras, con el cerebro muy desarrollado. Desde luego, para que cupieran
en grandes cantidades en la superficie del globo, ¡qué enorme cantidad de
rascacielos hubieran debido construir! Pero el cerebro sin manos, ¿para qué les
hubiera servido? Los avestruces tienen la cabeza erguida y libre, caminan en
dos patas, pero su cerebro no se ha desarrollado mucho con todo eso. Es posible
que para el hombre, en su evolución, se hayan concentrado muchas
condiciones favorables, en el sentido de ayudarlo a llegar a ser lo que era, antes
aun que se desarrollaran la voluntad definida hacia un fin y la inteligencia
suficiente para organizar los medios necesarios para alcanzar ese propio fin. La
cantidad se convierte en calidad para el hombre, y no para los demás seres
vivientes, según parece.
Escríbeme largamente. Te abrazo,
Antonio
Carta XXXVIII
EL ELEFANTE MOTORIZADO
Querido Delio:
No sé si el elefante puede (o podía) evolucionar hasta convertirse, en la tierra,
en un ser capaz como el hombre de dominar las fuerzas de la naturaleza y servirse
de ellas para sus propios fines, en abstracto. Concretamente, el elefante no tuvo el
mismo desarrollo que el hombre, y ciertamente ya no lo tendrá porque el hombre
se sirve del elefante mientras que el elefante no puede servirse del hombre, ni
siquiera para comérselo. Lo que piensas de la posibilidad, por parte del elefante,
de adaptar sus patas al trabajo práctico, no corresponde a la realidad: porque el
elefante posee, como elemento “técnico”, la trompa y, desde el punto de vista “elefantesco”,
se sirve de ella espléndidamente para arrancar árboles, defenderse en
determinadas circunstancias, etcétera.
Me habías escrito que te gustaba la historia y así llegamos a la trompa del elefante.
Creo que para estudiar historia no se debe fantasear demasiado acerca de lo
que hubiera sucedido “si”… (si el elefante se hubiese puesto a caminar en dos
patas para dar mayor desarrollo al cerebro, si... si...; ¿y si el elefante hubiese nacido
con ruedas?, ¡hubiese sido un tranvía natural! ¿Y si hubiese tenido alas? ¡Imagínate
una invasión de elefantes como la de las langostas!).
Es ya muy difícil estudiar la historia realmente acontecida porque de una
gran parte de ella se ha perdido todo documento. ¿Cómo se puede perder el
tiempo estableciendo hipótesis que no tienen fundamento alguno? Además, en tus
hipótesis hay demasiado antropomorfismo. ¿Por qué el elefante había de evolucionar
como el hombre? ¡Quién sabe si algún elefante sabio, o algún elefantito extravagante,
no hace desde su punto de vista, hipótesis acerca de por qué el hombre
no se ha convertido en un animal con trompa!
Espero una larga carta tuya sobre este tema.
Aquí no ha hecho mucho frío. Siempre hay flores abiertas. No tengo ningún
pajarito conmigo, pero veo a menudo en el patio dos parejas de mirlos, y los gatos
que los acechan para cogerlos; pero los mirlos no parecen preocuparse mucho por
ello y siguen alegres y elegantes en sus movimientos.
Te abrazo,
Antonio
Carta XXXIX
LOS CINCO MINUTOS DE PAPÁ
Querido Delio:
Espero me contestes acerca del asunto de Pushkin, sin prisa; tienes que prepararte
bien, arreglártelas hasta donde puedas.
¿Cómo te va la escuela, a ti y a Julián? Ahora que tienen notas todos los
meses, será más fácil controlar la marcha de los cursos.
Te agradezco por haber abrazado fuerte fuerte a mamá de mi parte: pienso
que debes hacerlo todos los días, todas las mañanas. Yo pienso siempre en ustedes;
así, todas las mañanas me imaginaré: mis hijos y Julia piensan en mí en este
momento. Tú eres el hermano mayor, pero tienes que decírselo también a Julián,
y de esta manera todos los días tendrán los “cinco minutos de papá”. ¿Qué crees
de esto?
Te beso,
Antonio
Carta XLII
LOS GENIOS SON POCOS
Querido Delio:
Me he enterado por mamá Julia que mi última carta (o tal vez otras más)
te ha dolido. ¿Por qué no me has dicho nada? Cuando algo de mis cartas te
apene es bueno que me lo digas y me expliques tus razones. Yo te quiero
mucho y no quiero darte ningún dolor: estoy tan lejos y no puedo acariciarte y
darte como quisiera a resolver los problemas que nacen en tu mente. Debes,
por ejemplo, repetirme el problema que me habías planteado una vez en relación
con Chéjov, al que no he contestado: no me acuerdo de ello en absoluto.
Si tú sostenías que Chéjov es un escritor social, tenías razón, pero una razón
que no debe enorgullecerte, porque ya Aristóteles había dicho que todos los
hombres son animales sociales. Creo que tú querías decirme algo más, es decir,
que Chéjov expresaba una determinada situación social, expresaba algunos
aspectos de la vida de su tiempo y los expresaba de tal modo que se le debía
considerar un escritor “progresista”. Desde luego, no se puede decirlo todo
acerca de Chéjov en pocas palabras. Ni tampoco acerca de Turgueniev.
Tú notas que el periódico de los pioneros, en el pasado, dedicaba mucho
espacio a Tolstoi y poco o casi ninguno a Gorki.
Ahora que Gorki ha muerto y se siente el dolor por su pérdida, esto puede
parecer una injusticia. Pero hay que juzgar con espíritu crítico en cada
momento, y entonces no se debe olvidar que Tolstoi fue un escritor “mundial”,
uno de los pocos escritores de todos los países que ha alcanzado la mayor perfección
en el arte y ha suscitado torrentes de emociones en todas partes, en traducciones
pésimas, incluso en hombres y mujeres embrutecidos por el
cansancio y de una cultura elemental. Tolstoi fue verdaderamente un portador
de civilización y belleza en el mundo contemporáneo; aún nadie lo ha podido
igualar: para encontrarlo hay que pensar en Homero, Esquilo, Dante,
Shakespeare, Goethe, Cervantes y otros pocos más.
Estoy muy contento por tu carta, y sobre todo de que te sientas mejor, de que
te subas a las tapias para ver el eclipse, de que vayas a bañarte y a pasear por el
bosque y de que aprenderás el italiano. Robustecerse también es hacer algo.
Te abrazo fuertemente,
Antonio

Una breve reseña sobre quién era Antonio Gramsci en un ilustrativo video de Stop Motion: