Tras una extensa serie de viajes exitosos, el transbordador espacial Challenger acudía a su último lanzamiento, un gélido 28 de enero de 1986. Los informes oficiales afirmaron que, apenas algunos segundos después de haber despegado, una falla en las juntas tóricas provocó la desintegración de la aeronave justo antes de alcanzar la estratósfera. Desde el trágico accidente, los rumores a lo largo y ancho del mundo comenzaron a fluir incesantemente. Poco se sabía por entonces, en medio de la consternación, pero el tiempo no corrió en vano y las investigaciones permitieron echar luz sobre los mitos sembrados a raíz el accidente.
El transbordador explotó
El transbordador no explotó. Se desintegró por un fallo estructural en la juntas tóricas. Un diseño deficiente generó las condiciones para que el vehículo desvíe su trayectoria óptima durante el ascenso, llevándolo a confrontar con una insostenible resistencia aerodinámica. Los cohetes de combustible sólido siguieron volando sin haber sido dañados por ninguna explosión, hasta ser autodestruidos desde el comando central.
La tripulación murió instantáneamente
Es prácticamente cierto que no. Si bien el transbordador quedó destruido, la cabina logró conservarse intacta y continuó ascendiendo hasta alcanzar una altura de 22 kilómetros. Demoró 2 minutos y 45 segundos en caer hasta chocar con la superficie del océano. Técnicamente, la tripulación murió por una serie de traumatismos masivos tras un impacto contra el océano a 400 km/h, es decir, más de 200 veces la fuerza de gravedad.
Butacas eyectables hubiesen salvado vidas
Esta afirmación es sumamente relativa. Si bien los orbitadores que sucedieron al Challenger fueron equipados con un sistema de eyección, de nada hubiese servido durante la tragedia. Para un correcto funcionamiento deben darse algunas condiciones de vuelo que no existieron durante el fatídico lanzamiento.
El mundo entero siguió la tragedia en vivo y en directo
Falso. Si bien la CNN transmitió el lanzamiento en vivo y en directo, era muy poca la gente que por entonces consumía televisión por cable. Además, para esa época los lanzamientos eran prácticamente rutinarios y los medios apenas tenían algún interés en emitirlos. Tras el accidente, todos los canales comenzaron a retransmitir la tragedia. Sin embargo, lo que la mayoría del mundo recuerda son en realidad imágenes diferidas.
Presiones políticas
Por entonces existió un rumor que intentó vincular a la política con el fallido lanzamiento. Infundadamente se especuló con que de ese modo el presidente Reagan podría hablar con la tripulación durante un debate, cuando los planes de la NASA indicaban a los astronautas dormir durante ese período, sin comunicaciones previstas con la Tierra.