Hoy se ha convertido en norma casi universal que nadie después de los cincuenta está sano, es decir, tiene que estar conectado, por obligación a las farmacéuticas. Estar enfermo a esa edad se volvió en un asunto normal. Que los triglicéridos, el colesterol, la insuficiencia renal, la presión arterial, la osteoporosis, el ácido úrico, etc,etc. Cada vez más son los que son intervenidos en cateterismos, cirugías de corazón abierto, radiación, quimioterapia, cáncer y leucemia.
Cuando vamos al supermercado encontramos las estanterías llenas de productos vistosos y sabrosos en la sección de comestibles los cuales compramos al ritmo de la propaganda o de la simple curiosidad. Quien no ha consumido, alguna vez, cereales empaquetados o gelatina sin detenerse a investigar el proceso nauseabundo con el que son producidos. Si cada ciudadano tuviese la oportunidad de conocer todo lo que hay detrás de la producción de cárnicos, de huevos, de pate, de pollo, de bebidas refrescantes o energéticas seguramente nunca más las consumiría. Creo que si a usted le dijeran que , por ejemplo, el cerdo que saboreas con tanto deleite fue criado en una jaula en donde no se podía mover y que le chuzaron los ojos estando pequeño para que engordara rápidamente y usted lo consumiera en una deliciosa salchicha o una hamburguesa. Realmente si usted cocina una patata o la frie y la guardas en una bolsa ella se estropea, es decir se llena de hongos y se pudre. La industria hace lo mismo con cada patata pero le agrega químicos venenosos que usted y su familia ingieren. Si tuviésemos algo de sentido común no consumiríamos sino productos naturales y orgánicos. Huiríamos de todo lo que vega en frasco, lata chuspa.
Llama poderosamente la atención que personas con enfermedades graves, incluso terminales se han sometido a dietas severas de desintoxicación y se han curado. Realmente NO ESTAMOS ENFERMOS, ESTAMOS INTOXICADOS.
Cuando vamos al supermercado encontramos las estanterías llenas de productos vistosos y sabrosos en la sección de comestibles los cuales compramos al ritmo de la propaganda o de la simple curiosidad. Quien no ha consumido, alguna vez, cereales empaquetados o gelatina sin detenerse a investigar el proceso nauseabundo con el que son producidos. Si cada ciudadano tuviese la oportunidad de conocer todo lo que hay detrás de la producción de cárnicos, de huevos, de pate, de pollo, de bebidas refrescantes o energéticas seguramente nunca más las consumiría. Creo que si a usted le dijeran que , por ejemplo, el cerdo que saboreas con tanto deleite fue criado en una jaula en donde no se podía mover y que le chuzaron los ojos estando pequeño para que engordara rápidamente y usted lo consumiera en una deliciosa salchicha o una hamburguesa. Realmente si usted cocina una patata o la frie y la guardas en una bolsa ella se estropea, es decir se llena de hongos y se pudre. La industria hace lo mismo con cada patata pero le agrega químicos venenosos que usted y su familia ingieren. Si tuviésemos algo de sentido común no consumiríamos sino productos naturales y orgánicos. Huiríamos de todo lo que vega en frasco, lata chuspa.
Llama poderosamente la atención que personas con enfermedades graves, incluso terminales se han sometido a dietas severas de desintoxicación y se han curado. Realmente NO ESTAMOS ENFERMOS, ESTAMOS INTOXICADOS.