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Despiértame cuando la pesadilla termine

Paranormal•6/23/2012

Despiértame cuando la pesadilla termine.

Todo comenzó en la nada, nadie lo pudo predecir.
Un día normal, nada cambiaba. El sol de todas las mañanas, la gente de siempre, los autos y sus conductores. Una vida rutinaria para una persona ordinaria. Pero todo iba a ser diferente.
Recuerdo que todo empezó hace meses, y aún no termina…
Llegaba a mi trabajo de medio tiempo y encendí la radio. Era 13 de marzo, a las 9:15 am. Se daba la noticia, era el comienzo del fin. Una orden general nos obligaba a ir a nuestros hogares, desde ya se temía lo peor.
Al volver a mi hogar el noticiero ya dictaba los hechos, fue en México, en una villa cercana a la frontera de Estados Unidos. Se había encontrado a un hombre agonizante, tratando de cruzar ilegalmente. Al recorrerlo la policía estaba muy agresivo, no tenía heridas, pero sus ojos eran imponentes. Al llevarlo a la comisaria y puesto en su celda este se descompuso. Minutos después llegó el médico, al cual atacó con gran voracidad. No llegó a lastimarlo, pero si a vomitarle en su rostro. Paso seguido, el medico se retiró y el preso quedó a cuidado de los oficiales. Horas después el hombre experimentó los mismos síntomas que se habían descrito al enfermo. Ojos rojizos, tez pálida y mirada enfermiza. Tras unas horas cayó al suelo.
El narrador siguió con la historia, al parecer los síntomas aparecían en más y más gente y todos estaban en cuarentena. El hecho no era para nada reciente, pero no se quería causar pánico.
La infección se había propagado por toda América Latina, y por algunos países del Sur de América. Para colmo, el hombre que se habría encontrado en la frontera no estaba solo, un compañero o colega habría cursado según fuentes más recientes. Nos encontrábamos frente a un caso de extrema negligencia e ignorancia.
Como era de esperarse la gente se desesperó, las provisiones se agotaba, la ropa, la comida, el agua, todo. En menos de unas horas el caos se sentía en el ambiente. Recuerdo que toda la familia se sentaba a escuchar el noticiero, miraban en internet, en la radio, los periódicos, todos estaban pendientes. Nadie decía nada, sin embargo la advertencia siempre era recordada.
El 16 de abril se despejaron las dudas. Yo diría que se dio una típica ‘alerta roja’. La epidemia o virus se expandía gradualmente, llegando al sur y abarcando una parte notable de Estados Unidos. Nadie sabía por qué ni cómo.
Entre la gente se hablaba de un apocalipsis, de una epidemia masiva, del fin del mundo o el tal mencionado apocalipsis. Algunos otros ya sabíamos que pasaría, o más precisamente que estaba pasando. Los miedos y sueños de otros fueron confirmados la noche del 27 de abril. ‘Nadie, absolutamente nadie debe hacer contacto con gente que no sea de su extremo vínculo familiar’ Esas fueron las textuales palabras que se dieron en cadena nacional.
Se dieron advertencias, síntomas de infección y que hacer en caso de tenerlos. Se patrullaba las 24 horas buscando gente infectada o con comienzos, en cuanto se sabía de alguien infectado se debía entregar a las autoridades por un bien común. Se sabía que la infección provocaba canibalismo y actitudes infrahumanas. Una vez que se afectaba se perdía la noción y los individuos parecieran ‘poseídos’ según algunos religiosos.
Recuerdo que pasamos semanas encerrados y solo veíamos la luz del día cuando abríamos una rendija de la ventana. Solo podía salir un miembro por grupo familiar a recibir provisiones que se repartían en centros públicos. Hasta que se cumplieron los tres meses de la epidemia, todo fue normal. Pero el 30 de julio se desato lo que algunos dirían ‘el apocalipsis’.
Fue una mañana, mi padre salió a buscar provisiones y se encontró con un individuo de, diría yo, de unos 25 años. Mi padre se acercó y este lo miro con agresividad. Mi madre tomó un arma y entre abrió la puerta observando lo que sucedía. Mi hermanita sollozaba a mares. Con mis propios ojos vi como mi padre era atacado; el hombre se abalanzo sobre él y tuvo grandes intenciones de devorarlo, pero solo llegó a morder su rostro.
Mi madre disparó y este corrió hacia ella. Tras varios disparos calló tendido. Salí corriendo y abrace a mi padre, pero tanto yo como mi familia sabíamos que ya estaba infectado.
Verlo partir, aunque me duela decirlo, no me afectó tanto como lo que después me sucedió.
Él era mi fortaleza, y veía que lo necesitaba, no podía solo.
Las siguientes semanas todo fue más difícil, veía día a día como empeoraba, pero sin dudas, lo que me destruyo sucedió el 18 de mayo… Eran las 4:00 am. Me levante a ver a mi hermanita, estaba muy preocupado y no conciliaba el sueño. Recuerdo que fui a la cocina y estaba la radio local, y decía específicamente que nuestra ciudad estaba gravemente infectada. Un escalofrió corrió por mi cuerpo y automáticamente la apagué. Cuando estaba volviendo a la cama vi a mi madre sosteniendo un arma en su cabeza… Creo que jamás voy a superar eso. Me dijo que no soportaba lo que sucedía, que cuidara de mi hermana y que no olvidara que nos amaba.
Aun no lo comprendo, si nos amaba no sé por qué nos dejó…
Estaba solo, un joven de 17 años, abandonado con una niña de 8 años en medio de lo que ahora me atrevo a llamar un apocalipsis zombi.

La noche del 4 de Junio me di cuenta que este lugar no era seguro. Comenzó cuando fui a buscar provisiones y deje a mi hermanita sola. Salí con el arma y no pude llegar a la esquina que me encontré con un policía y dos infectados. Lo ayude a disparar, estaba muy nervioso, tanto yo como él. Me temblaban las manos, no pedía apuntar con precisión. Continuamos juntos hasta en centro y todo parecía un desierto árido. Era la primera vez que salía en meses, y me entere de algo que no quería saber. El centro de internados estaba a punto de colapsar de tanta gente infectada. No se encontraba cura, no se sabía que era. Parecían animales enjaulados, gritando con sus rostros espeluznantes. Ocupaba cuadras y cuadras, era un panorama horrible, no recordaba mi ciudad así…
Apresuré la marcha, temía por mi hermana, pero algo me desgarro el corazón y en parte me dio fuerzas para no vencerme: vi a mi padre. Su rostro y sus ojos tan fríos y carentes de expresión solo incitaban odio descontrolado e indomable, creo que me brotaron lágrimas.
Conversando con el oficial que me acompañaba supe que lo que había hecho mi madre fue común. Mucha gente se había quitado la vida, su hija, por ejemplo.
Llegamos y tomamos lo poco que quedaba, la gente parecía matarse por un paquete de arroz o una botella de agua. Estaban sucios, en harapos y algunos casi desnutridos.
Regresé por donde había venido y vi como las jaulas del internado estaban muy demacradas. Sabía que si se soltaba iba a ser terrible. Apuramos el paso y volteando la cabeza pude ver como una jaula pequeña cedió y 4 infectados salieron. Dos de ellos corrieron mientras gritaban, uno ataco al médico y el cuarto nos atacó a nosotros. Recuerdo que dispare 3 veces de las cuales un impacto llegó a él.
Corrí a más no poder y llegué a lo que quedaba de mi hogar. Tomé unas cosas y agarre a mi hermanita.
En el camino decidimos con el oficial que nos iríamos en su patrulla, a cambio yo le brindaría ayuda, ya que estaba solo con su mujer. Anduvimos horas y horas, mientras yo calmaba a mi hermana. De pronto llegamos a un campo aislado, muy descuidado con un aspecto horrible. Bajamos la velocidad y vimos correr a alguien. No era uno, eran 6. Eran infectados, y no teníamos muchas municiones, por ende disparo él.
No pudimos con todos, así que arrancamos con el automóvil. Todo iba a empeorar antes que mejorar.
No soportaba ver a mi hermana tan atemorizada y perturbada. Llegamos a una choza y nos escondimos todos.
Estuvimos allí 3 semanas cuando una bocina nos despertó la madrugada del 3 de agosto. Era una un camión militar, ya atrás venían los infectados. Al parecer las jaulas cedieron. Tomamos el auto y nos fuimos. Aún recuerdo las palabras de mi hermana cuando los vio. Solo dijo ‘sus ojitos son como los de mi Lucky’. Le pregunte quién era y saco un cachorrito. Ya sabrán que también estaba infectado, todos lo sabían, menos ella. Y fue mi culpa, al querer encerrarla en una burbuja, en otra realidad para que no sufriera.
Mi hermanita estaba infectada, y mi razón para continuar estaba muriendo. Solo le di un somnífero, sabía que cuando despertara ya no sería ella. Lo único que le dije es que durmiera, y que todo sería un sueño. Ella me dijo con su tierna voz ‘Sera una pesadilla’. Me rompió el corazón.
Cerró los ojos y me dijo ‘Por favor, despertarme cuando la pesadilla termine’
Mi mundo se desmorono, tuve que dejar a mi hermana en medio del campo y huir, dejando allí lo único que me quedaba.



Sin mi hermana no me quedaba nada. Mi padre infectado, mi hermana igual y mi madre muerta. Creo que mi única compañía era el oficial y su esposa.
Continuamos la marcha y mis ojos se empapaban de lágrimas. Pero después una duda me invadió ¿A dónde nos dirigíamos? Ninguno de los tres lo sabía. No teníamos ningún rumbo, tan solo estábamos a merced de la suerte, y yo no tenía demasiada…
Esa noche nos escondimos con el automóvil detrás de un árbol, y no podía dejar de pensar en mi vida. Esa noche fue la única que me desvelé. Mis amigos, mi familia, mis vecinos, no tenía a nadie, estaba completamente solo.
A la mañana rompí en llanto al encontrar una foto de mi familia en la mochila de mi hermana, tenía una nota atrás en la que expresaba su miedo y decía que no lo demostraba para ser fuerte como yo lo era.
Continuamos a pie, lo cual no era bueno pero no teníamos más alternativa porque sucedió lo evidente: no había combustible.
No sabía qué hacer, estaba asustado. Hable con el oficial y me dijo que estábamos unos quilómetros de un pueblo. Eso no me tranquilizó del todo, porque no teníamos comida, ni agua, ni combustible, ni municiones, nada.
El 5 de agosto a las 12:56 horas llegamos a un pueblito. Estaba abandonado. O eso creí.
Entramos a una tienda, muy escasa pero con algunas tenía cosas que pudimos tomar… Decidimos partir y seguir caminando. Allí encontramos a una niña llorando, fuimos a buscarla y estaba asustada. Nos dijo que estaba sola porque sus padres se fueron, dijeron que no podían cuidarla y debía quedarse con la gente mala. Preguntamos qué gente mala y señalo una puerta. Al abrirla encontramos aproximadamente 23 infectados devorando un cuerpo. Al vernos nos atacaron y nosotros empezamos a correr. Logramos escapar, menos el policía, el cual fue atrapado. Pero logramos rescatar a la niñita, la cual con su similitud a mi hermana me dio fuerzas.
La niña no estaba infectada, aun no sé por qué estaba allí. Pero con el policía muerto estaba indefenso y debía cuidar de alguien que no conocía y a una niña.
Ya no podía más. Nos escondimos en una choza muy demacrada y mugrienta y empeche a contar las balas. Quedaban 10.
Pensé drásticamente en suicidio, pero es la salida de cobardes. Pero en estos tiempos, ya no se sabe qué hacer.
Creo que nos quedamos semanas allí. Y el 2 de septiembre partimos. En algún lugar debería gente que nos ayudaría.
Caminamos a más no poder y nos sentamos en un auto viejo y oxidado a descansar, cuando de repente divisé en el horizonte más infectados que corrían gritando hacia nosotros.
Dispare pero eran muchos. Ya era inútil, era el final. Nos encerramos en el auto y conté las balas. Eran 3. Los zombis golpeaban el vidrio y casi estaba por romperse.
La primera en sacrificase fue la niña. Al jalar el gatillo la muerte de mi madre cruzo mi mente como una secuela de imágenes. Luego la señora se sacrificó, la cual solo dijo ‘Este es mi fin, pero no el de la humanidad’ soltó una lagrima y disparo.
Puse el arma en mi cabeza y escuche un disparo. No fue el mío. Fueron 4 personas armadas.
Al verlas sentí alegría, y a la vez una inmensa tristeza me lleno el alama, vi el cuerpo de esa niña y solo me dije ‘No supe cuidar a mi hermana, no contuve a mi madre, y hoy no fui lo suficientemente valiente como para salvarlas a ellas’.
Los hombres me ayudaron a salir y fui con ellos. Pero esa misma noche no pude más, y solo deseé que a donde fuera que tuviera que ir mi inmunda alma, solo pueda disculparme con mi hermanita.




Agradecimientos a la pagina de Facebook "Biblioteca de Creepypastas" por la historia.
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