(*) = No encontré imágenes, las usadas en el siguiente post pueden no estar acorde con el texto.
Estados Unidos se está preparando para apropiarse de las reservas de agua dulce del continente, y controlar el uso de las mejores tecnologías para desalinizar el preciado líquido, afirma y demuestra el profesor Gian Carlo Delgado, de la Universidad Autónoma de México.
El joven académico, invitado al VII Encuentro Internacional de Economistas, expone que resulta falsa la teoría de que el planeta perderá sus existencias de agua potable –realmente escasas-, pero alerta sobre el hecho de que el ciclo del agua puede ser alterado por los procesos productivos actuales y fenómenos tales como el calentamiento global. Se modificará, sostiene, el movimiento del agua, y cambiarán los llamados focos secos y húmedos, por lo que determinadas áreas geográficas adquirirán una importancia estratégica desde el punto de vista geoeconómico y geopolítico que hace previsible un aumento de la conflictividad.
Recuerda Gian Carlo que desde 1960 existen planes norteamericanos para mover el agua de Alaska y Yukón hacia los corredores de desarrollo estadounidenses, aunque a costos tan elevados que no se han podido materializar totalmente.
Sin embargo, la real necesidad de elevar la disponibilidad de agua para sus múltiples usos, dada la potenciación de su consumo, y en primer lugar para respaldar el proceso industrial, mantiene vivo el interés norteamericano por el control de este recurso natural y cimenta las acciones que de forma paulatina y “discreta” ha venido dando ese país, lo que incluye la colocación de bases militares en los entornos de las principales reservas naturales de la región, como ocurre con el Acuífero Guaraní, en Suramérica.
Comenta que las relaciones de Estados Unidos con México ha tenido uno de sus puntos álgidos en el aprovechamiento del agua en sus fronteras, debido al establecimiento de un sistema de cuotas de extracción que para el caso del Río Colorado no prevé aumentos en el suministro a México durante los períodos lluviosos, pero que sí los toma en cuenta para el caso del Río Bravo, de modo que México sí está obligado a proveer mayores cantidades a Estados Unidos cuando la naturaleza beneficia al río.
Asimismo recuerda que la postura del imperio en este aspecto quedó establecida desde fines del siglo XIX, durante una época de seca que afectó a la región del Colorado, cuando la sobreexplotación del recurso del lado norteamericano provocaba la llegada de agua salinizada a México. El entonces procurador general estadounidense determinó sencillamente que “Estados Unidos no está obligado a restringir los aprovechamientos de agua en sus territorios soberanos para que los intereses de los mexicanos establecidos no se perjudiquen.”
El académico llama la atención sobre las zonas húmedas existentes en Centroamérica, -sobre todo el área cercana a Chiapas y el río Usumacinta, que se considera la séptima cuenca hidrológica del planeta-, así como sobre la zona centro oriental de Sudamérica, la Acuífera Guaraní, un reservorio de un millón 200 mil kilómetros cuadrados, cuya capacidad de agua es alucinante, dice. El Banco Mundial ha dicho que es la principal reserva estratégica de agua subterránea en el continente.
“Lo que ya está sucediendo –acota- es que están empezando a privatizar y hay una serie de proyectos del Banco Mundial en este sentido”.
Mediante mapas muy detallados el mexicano argumenta que, con la participación de capital estadounidense, en todos estos puntos se ha estado promoviendo la construcción de represas y otras obras de infraestructura que no solo posibilitan el acceso a las fuentes de abasto, sino abren las vías para sacar agua hacia Estados Unidos, así como garantizan las rutas fluviales de sus mercancías.
Incluso, enfatiza, se está hablando ya en los círculos académicos de Estados Unidos de hacer un canal de la península de Yucatán hacia el Río Bravo, con el pretexto de comenzar a satisfacer las necesidades crecientes de la ciudad de México a la que en efecto le quedan unos diez años de reserva.
En su opinión, en todo este negocio están involucradas las principales multinacionales de cada rama: constructoras, ingenieras, de ferrocarriles, y en particular las que aspiran a proveer los servicios de agua de las urbes, las que, a la par, dan la batalla en la Organización Mundial de Comercio para que el agua sea considerada como mercancía y se haga expedito el camino para desnacionalizarla y privatizarla.
“La lucha, la pelea por el agua, no es cualquier cosa, le atañe a todo el mundo, porque invade todas las dimensiones de la vida social, productivas o no, y en la que hay que tener en cuenta que Estados Unidos es el mayor consumidor de agua del continente, en tanto Canadá y Brasil con los mayores reservorios, con cerca del 25% del agua de esta parte del mundo.”