El creador de "Breaking Bad sigue hablando de su famosa serie.
El primer capítulo de la serie fue rechazado por TNT, HBO, Showtime y FX.
Tiene estudios de cine en Nueva York, una corta carrera fílmica y una más larga carrera televisiva como guionista y productor de "Los archivos X". Sin embargo Vince Gilligan va a quedar en la historia como el creador de "Breaking Bad".
Nacido en Virginia, de 46 años, Gilligan tiene su nombre escrito en piedra en el panteón de la nueva edad de oro televisiva gracias a la serie sobre Walter White (Bryan Cranston), un profesor de química escolar con cáncer, quien para dejar bien parada económicamente a su familia comienza a cocinar metanfetamina con un ex alumno, Jesse Pinkman (Aaron Paul).
Están además los otros personajes, igual de fascinantes: la señora White, Skyler, Hank, el cuñado y policía, Gustavo Fringe, el mayor enemigo de White, cabeza de un imperio de droga y quien, casualidades de la vida hollywoodense, era chileno. Y, cómo no, Jesse Pinkman, el protegido, el socio, el desadaptado, pero de buen corazón.
Pasado.
El primer capítulo de la serie, filmado hace más de seis años, violento, difícil, ambientado en la poco glamorosa Albuquerque, Nuevo México, y con una droga bastante más dura que la cocaína, fue rechazado por TNT, HBO, Showtime y FX, y aterrizó finalmente en el canal norteamericano AMC, que por esa época buscaba pasar de ser un repetidor de viejas películas a crear contenido original y partía arriesgándose con Mad Men. Ellos tomaron Breaking Bad, que después de una primera temporada, acortada por la huelga de guionistas de Hollywood, comenzó a ser una serie de culto, para terminar este año con 10 millones de televidentes expectantes solamente en los Estados Unidos, y con 10 Emmy en su haber, incluyendo uno por mejor drama.
Entrevistado telefónicamente, Gilligan cuenta qué ha estado haciendo desde que se acabó la serie. El hombre del momento dice, en el tono más amablemente gringo, que es un placer hablar con nosotros.
"Ahora estoy en Florida, donde le voy a hablar a un grupo de estudiantes esta tarde sobre Breaking Bad", informa. "Además acabo de hacer una aparición especial en la comedia Community, que es muy divertida. Nunca en mi vida había actuado, pero supongo que el caballero tras la serie es un gran fanático de Breaking Bad. Así que he tenido muchas oportunidades interesantes para hablar con gente y conocer fanáticos de la serie. Creía que las cosas se iban a calmar un poco ahora que los capítulos terminaron acá, pero de hecho estoy más ocupado que nunca".
Cuando terminó Los Soprano, su creador David Chase cortó las entrevistas y no quiso explicar nada sobre el final. Gilligan eligió la dirección opuesta. Y explica por qué.
"Creo que me emociona hablar de la serie", reflexiona. "Entiendo que David Chase, a quien conocí, prefiriera no hablar de Los Soprano. Creo que no hablar es una buena manera de salir. A veces siento que estoy cometiendo un error al ser tan visible, o estar tan presente, pero por otra parte estoy tan feliz cuando veo a tantos fanáticos. Durante mucho tiempo pensé que la serie no iba a durar, que terminaría más abruptamente. Así que el que haya tenido su ciclo, y que haya terminado de una manera en que a los fans parece gustarle, hace que si quieren hablarme estoy feliz de hacerlo. Además, no va a durar para siempre. Mejor lo aprecio mientras dure".
Quizás Gilligan ha estado recibiendo aplausos de críticos y público porque el final era bastante cerrado: no daba pie para segundas lecturas. Lo que sí se abría, de manera final, era explorar los significados concluyentes de una historia sobre un hombre normal que se vuelve malo, y los fanáticos que lo alentaron en este camino de perdición. Los protagonistas de las series más aplaudidas de la televisión son todos antihéroes (Tony Soprano, Don Draper), pero generan alguna empatía en el espectador porque son simplemente brillantes en lo que hacen, desde dirigir la mafia de Nueva Jersey a crear campañas publicitarias en los 60 o incluso ser un gran asesino en serie, como Dexter. Pero Walter White, aunque brillante, partía en la serie como un hombre de familia quien, frente al cáncer, debe pedirle ayuda a quien fue su socio, se quedó con la mujer que le gustaba y con una empresa multimillonaria. Walter tenía a su familia, pero no quería humillarse. Y así comienza a hundirse en algo que hace demasiado bien, aunque sea malo: crear la mejor metanfetamina de la comarca".
Lecturas.
Al final, Breaking Bad ya no parece tanto una serie sobre la familia, sino una historia sobre un ego masculino herido, y lo que es capaz de hacer para reivindicarse. Gilligan comparte el punto.
"Si es sobre el ego masculino en general o el ego personal de Walter White, eso ya es debatible", dice. "White es un personaje interesante porque cuando lo conoces, está bastante seguro de sí mismo: sabe que es bueno para la ciencia, se considera muy inteligente, pero se da cuenta de esta autoestima dañada, y finalmente está dispuesto a todo para pasarse a lo malo, a cualquier cosa que lo haga sentir bien sobre sí mismo. Dice que lo hace por su familia, pero nos terminamos dando cuenta de que lo hace por él mismo, y eso lo dice explícitamente en el último capítulo. Llega a esa conclusión. La familia es lo más importante que tiene, pero la destruye y finalmente la pierde por su necesidad de alimentar su ego".
La pérdida de empatía hacia un personaje
Vince Gilligan reconoce que con el tiempo fue perdiendo empatía por Walter White. "Creo que eso pasó...Dios, ¿cuándo pasó?... quizás en la temporada cinco", rememora. "Porque antes Walt hacía muchas cosas malas, pero tenía que lidiar con su enemigo, Gustavo Fringe, y él era más frío y oscuro, así que comparado con eso Walt era querible, tratando de mantenerse a salvo él y a su familia. Pero cuando Fringe desaparece, ahí fue cuando dejó de caerme bien Walt, porque debería haber dejado el juego mientras llevaba la ventaja. Podrías decirme que yo era el jefe y podría haber hecho lo que yo quería, pero a veces es el personaje el que le dice al guionista qué hacer. Y aunque se volvió menos querible en lo personal, se puso cada vez más interesante. Y porque me costaba quererlo es que era más duro tenerlo en mi cabeza 24 horas al día, tratando de pensar sus pensamientos para poder escribir sus palabras. Ahora es un alivio, me da pena que la serie haya terminado, pero me estaba poniendo más oscuro como persona, estaba pensando qué me esperaba a la vuelta de la esquina o si la gente me perseguía. Sé que suena loco".
Descubriendo a Bryan Cranston al hacer "Los archivos X"
Vince Gilligan había trabajado con Bryan Cranston en un episodio de Los archivos X en 1999, y tenía un buen recuerdo de él. Por eso lo eligió para encarnar a Walter White.
"Era un papel difícil, un personaje muy desagradable, racista, pero que cuando muere al final necesitábamos que a la audiencia le diera pena", recuerda Gilligan. Nos costó encontrar a alguien que hiciera todo eso. Y Bryan tenía esa cualidad de empatía. Dije `quiero volver a trabajar con él, es bueno`". Allí dio comienzo la leyenda.
El primer capítulo de la serie fue rechazado por TNT, HBO, Showtime y FX.
Tiene estudios de cine en Nueva York, una corta carrera fílmica y una más larga carrera televisiva como guionista y productor de "Los archivos X". Sin embargo Vince Gilligan va a quedar en la historia como el creador de "Breaking Bad".
Nacido en Virginia, de 46 años, Gilligan tiene su nombre escrito en piedra en el panteón de la nueva edad de oro televisiva gracias a la serie sobre Walter White (Bryan Cranston), un profesor de química escolar con cáncer, quien para dejar bien parada económicamente a su familia comienza a cocinar metanfetamina con un ex alumno, Jesse Pinkman (Aaron Paul).
Están además los otros personajes, igual de fascinantes: la señora White, Skyler, Hank, el cuñado y policía, Gustavo Fringe, el mayor enemigo de White, cabeza de un imperio de droga y quien, casualidades de la vida hollywoodense, era chileno. Y, cómo no, Jesse Pinkman, el protegido, el socio, el desadaptado, pero de buen corazón.
Pasado.
El primer capítulo de la serie, filmado hace más de seis años, violento, difícil, ambientado en la poco glamorosa Albuquerque, Nuevo México, y con una droga bastante más dura que la cocaína, fue rechazado por TNT, HBO, Showtime y FX, y aterrizó finalmente en el canal norteamericano AMC, que por esa época buscaba pasar de ser un repetidor de viejas películas a crear contenido original y partía arriesgándose con Mad Men. Ellos tomaron Breaking Bad, que después de una primera temporada, acortada por la huelga de guionistas de Hollywood, comenzó a ser una serie de culto, para terminar este año con 10 millones de televidentes expectantes solamente en los Estados Unidos, y con 10 Emmy en su haber, incluyendo uno por mejor drama.
Entrevistado telefónicamente, Gilligan cuenta qué ha estado haciendo desde que se acabó la serie. El hombre del momento dice, en el tono más amablemente gringo, que es un placer hablar con nosotros.
"Ahora estoy en Florida, donde le voy a hablar a un grupo de estudiantes esta tarde sobre Breaking Bad", informa. "Además acabo de hacer una aparición especial en la comedia Community, que es muy divertida. Nunca en mi vida había actuado, pero supongo que el caballero tras la serie es un gran fanático de Breaking Bad. Así que he tenido muchas oportunidades interesantes para hablar con gente y conocer fanáticos de la serie. Creía que las cosas se iban a calmar un poco ahora que los capítulos terminaron acá, pero de hecho estoy más ocupado que nunca".
Cuando terminó Los Soprano, su creador David Chase cortó las entrevistas y no quiso explicar nada sobre el final. Gilligan eligió la dirección opuesta. Y explica por qué.
"Creo que me emociona hablar de la serie", reflexiona. "Entiendo que David Chase, a quien conocí, prefiriera no hablar de Los Soprano. Creo que no hablar es una buena manera de salir. A veces siento que estoy cometiendo un error al ser tan visible, o estar tan presente, pero por otra parte estoy tan feliz cuando veo a tantos fanáticos. Durante mucho tiempo pensé que la serie no iba a durar, que terminaría más abruptamente. Así que el que haya tenido su ciclo, y que haya terminado de una manera en que a los fans parece gustarle, hace que si quieren hablarme estoy feliz de hacerlo. Además, no va a durar para siempre. Mejor lo aprecio mientras dure".
Quizás Gilligan ha estado recibiendo aplausos de críticos y público porque el final era bastante cerrado: no daba pie para segundas lecturas. Lo que sí se abría, de manera final, era explorar los significados concluyentes de una historia sobre un hombre normal que se vuelve malo, y los fanáticos que lo alentaron en este camino de perdición. Los protagonistas de las series más aplaudidas de la televisión son todos antihéroes (Tony Soprano, Don Draper), pero generan alguna empatía en el espectador porque son simplemente brillantes en lo que hacen, desde dirigir la mafia de Nueva Jersey a crear campañas publicitarias en los 60 o incluso ser un gran asesino en serie, como Dexter. Pero Walter White, aunque brillante, partía en la serie como un hombre de familia quien, frente al cáncer, debe pedirle ayuda a quien fue su socio, se quedó con la mujer que le gustaba y con una empresa multimillonaria. Walter tenía a su familia, pero no quería humillarse. Y así comienza a hundirse en algo que hace demasiado bien, aunque sea malo: crear la mejor metanfetamina de la comarca".
Lecturas.
Al final, Breaking Bad ya no parece tanto una serie sobre la familia, sino una historia sobre un ego masculino herido, y lo que es capaz de hacer para reivindicarse. Gilligan comparte el punto.
"Si es sobre el ego masculino en general o el ego personal de Walter White, eso ya es debatible", dice. "White es un personaje interesante porque cuando lo conoces, está bastante seguro de sí mismo: sabe que es bueno para la ciencia, se considera muy inteligente, pero se da cuenta de esta autoestima dañada, y finalmente está dispuesto a todo para pasarse a lo malo, a cualquier cosa que lo haga sentir bien sobre sí mismo. Dice que lo hace por su familia, pero nos terminamos dando cuenta de que lo hace por él mismo, y eso lo dice explícitamente en el último capítulo. Llega a esa conclusión. La familia es lo más importante que tiene, pero la destruye y finalmente la pierde por su necesidad de alimentar su ego".
La pérdida de empatía hacia un personaje
Vince Gilligan reconoce que con el tiempo fue perdiendo empatía por Walter White. "Creo que eso pasó...Dios, ¿cuándo pasó?... quizás en la temporada cinco", rememora. "Porque antes Walt hacía muchas cosas malas, pero tenía que lidiar con su enemigo, Gustavo Fringe, y él era más frío y oscuro, así que comparado con eso Walt era querible, tratando de mantenerse a salvo él y a su familia. Pero cuando Fringe desaparece, ahí fue cuando dejó de caerme bien Walt, porque debería haber dejado el juego mientras llevaba la ventaja. Podrías decirme que yo era el jefe y podría haber hecho lo que yo quería, pero a veces es el personaje el que le dice al guionista qué hacer. Y aunque se volvió menos querible en lo personal, se puso cada vez más interesante. Y porque me costaba quererlo es que era más duro tenerlo en mi cabeza 24 horas al día, tratando de pensar sus pensamientos para poder escribir sus palabras. Ahora es un alivio, me da pena que la serie haya terminado, pero me estaba poniendo más oscuro como persona, estaba pensando qué me esperaba a la vuelta de la esquina o si la gente me perseguía. Sé que suena loco".
Descubriendo a Bryan Cranston al hacer "Los archivos X"
Vince Gilligan había trabajado con Bryan Cranston en un episodio de Los archivos X en 1999, y tenía un buen recuerdo de él. Por eso lo eligió para encarnar a Walter White.
"Era un papel difícil, un personaje muy desagradable, racista, pero que cuando muere al final necesitábamos que a la audiencia le diera pena", recuerda Gilligan. Nos costó encontrar a alguien que hiciera todo eso. Y Bryan tenía esa cualidad de empatía. Dije `quiero volver a trabajar con él, es bueno`". Allí dio comienzo la leyenda.