La versión estándar del origen del hombre
Hace unos pocos millones de años, un mono, debido quizá a cambios climáticos, se hizo bípedo. Pasaron los años a miles y millones, y en ese transcurso aquel mono dejó de existir para dar nacimiento a varias especies bípedas, algunas de ellas con mayor capacidad craneal, algunas de ellas capaces de fabricar herramientas. Este fue el resultado de millones de años. Luego, todo se fue acelerando, hasta llegar a la única especie que queda hoy de ese movimiento bípedo, el Homo sapiens. El hombre ha surgido del seno de la naturaleza como cualquier otra especie, y sus cualidades son resultado del desarrollo de cualidades presentes en el mundo animal. Nada hay en el hombre que no esté en los animales, si bien en un grado menor.
Origen de la familia y del machismo
La estrategia promiscua de los bonobos no pudo funcionar entre los australopitecos y los primeros Homo, dado que para que los machos se ocuparan de las madres y sus crías en la sabana necesitaban saber de quiénes eran padres: “aquellos antepasados nuestros eran presas y no predadores. Debieron de haber vivido atemorizados por las hienas, diez clases de felinos y otros animales peligrosos. En este entorno amenazador, las hembras con retoños eran las más vulnerables. Incapaces de escapar corriendo de los predadores, no podrían haberse aventurado muy lejos del bosque sin protección masculina. Puede que bandas de ágiles machos defendieran al grupo y ayudaran a poner a salvo a los pequeños en situaciones de emergencia. Esto nunca habría funcionado si hubiéramos mantenido el sistema social del chimpancé o el bonobo. Los machos promiscuos son poco dados al compromiso. Sin posibilidad de distinguir su propia progenie entre la ajena, tienen pocos motivos para ocuparse de la infancia. Para conseguir que los machos se implicaran en el cuidado de la prole, la sociedad habría tenido que cambiar.” (116) De estas y otras observaciones concluye el autor que la familiar nuclear humana es única entre todas las especies, y aquí sitúa también el origen del machismo.
“La organización social humana se caracteriza por una combinación única de: l.° Vínculos masculinos; 2.° Vínculos femeninos, y 3.° Familias nucleares. Compartimos la primera característica con los chimpancés y la segunda con los bonobos, mientras que la tercera es exclusivamente humana. No es accidental que en todas partes la gente se enamore, tenga celos, conozca alguna forma de pudor, busque la privacidad sexual, persiga una figura paterna además de la materna y valore los emparejamientos estables. La relación íntima entre macho y hembra que implica todo esto, que los zoólogos llaman «vínculo de pareja», está implantada en nuestros huesos. Creo que esto es lo que nos distingue de los antropoides más que ninguna otra cosa. Incluso los hedonistas «salvajes» de Malinowski tendían a formar unidades familiares en las que ambos progenitores cuidaban de los niños. El orden social de nuestra especie gira en torno a este modelo, que proporcionó a nuestros ancestros un fundamento para la construcción de sociedades cooperativas a las que ambos sexos contribuían y en las que ambos se sentían seguros.
Se ha considerado que la familia nuclear se originó a partir de la tendencia masculina a acompañar a las hembras con las que se habían apareado para mantener a raya a sus rivales infanticidas. Este convenio se habría ampliado para incluir la colaboración paterna en la crianza. Por ejemplo, el padre podría haber ayudado a su compañera a localizar árboles con fruta madura, capturar presas y compartirlas, o cargar con sus retoños. Él mismo podría haberse beneficiado del talento de su compañera para el uso de herramientas de precisión -entre los antropoides, las hembras superan a los machos en esta habilidad- y de su recolección de bayas y frutos secos. La madre a su vez podría haber empezado a ofrecer sexo a su protector para impedir que se fuera con cualquier otra hembra atractiva que pasara por allí. Cuanto más invertían ambas partes en este convenio, mayor era el compromiso adquirido. Por eso se hizo cada vez más importante para el macho que los hijos de su pareja fueran suyos y sólo suyos.
En la naturaleza nada es gratuito. Si las hembras de bonobo pagan su convenio social con hinchazones casi continuas, las mujeres lo pagaron con una libertad sexual disminuida Y la motivación del control masculino sólo aumentó cuando nuestros ancestros dejaron la vida nómada para hacerse sedentarios y comenzaron a acumular bienes materiales. Además de genes, ahora eran riquezas lo que se legaba a la siguiente generación. Dada la diferencia de tamaño entre los sexos y la exigente cooperación masculina, cabe pensar que la dominancia masculina siempre ha caracterizado nuestro linaje, y que probablemente la herencia siempre ha sido patrilineal. El afán de todo padre de asegurar que los ahorros de su vida cayeran en las manos debidas —las de su progenie— hizo inevitable la obsesión por la virginidad y la castidad. Desde esta perspectiva, el patriarcado puede verse simplemente como una hipertrofia de la colaboración masculina en la crianza.