Este recipiente hermético portátil para combustible y agua, de 20 litros de capacidad, fue inventado por los alemanes antes de la Segunda Guerra Mundial, con el nombre de Wehrmachtskanister. Durante la guerra, a británicos y estadounidenses les llamó la atención el excelente diseño del bidón y comenzaron a fabricarlo con el nombre de Jerry can (la lata Jerry) aludiendo a la forma despectiva usada por los británicos para nombrar a los alemanes.

En esa época los bidones de combustible de los aliados eran planchas soldadas de acero con un asa y un tapón de rosca, estos diseños, que provenían del transporte de keroseno, llegaban a provocar pérdidas de hasta un 40% de combustible dado que no aguantaban el apilamiento y podían causar la pérdida de medios de transporte enteros por incendios. Estaban fabricados por varias piezas de metal no muy grueso y poseían esquinas que cedían a las tensiones, lo que les llevo a ganarse el sobrenombre de “flimsies” que significa endebles.

Los alemanes dedujeron que el transporte efectivo de combustible en las zonas de combate sería un punto crucial en el aprovisionamiento durante la guerra (como se demostró en el Norte de África) y diseñaron y produjeron la Wehrmacht-Einheitskanister.
En 1940, el bidón alemán llegó a manos los dirigentes aliados, que, sorprendidos, comenzaron a producir sus propias versiones.

El Jerrycan era muy práctico. Su capacidad de 20 litros permitía su transporte por una sola persona, bien por sus asas, o la espalda “a modo de mochila.” Su forma de prisma rectangular facilitaba el almacenamiento, el apilado y podía ser enganchado a vehículos con un mejor aprovechamiento del espacio.

Estaba construido mediante dos planchas de acero prensadas unidas con una única línea de soldadura, y poseía unos marcados de refuerzo en los costados que permitían aumentar su rigidez para el apilamiento y la expansión del líquido en su interior. Era menos proclive a fugas de líquido y más resistente a impactos, incluso podía ser lanzado desde aviones a baja altura.

El espacio tras las asas creaba una reserva de aire que, aunque el bidón estuviese lleno, le permitía flotar para poder ser recuperado del mar. Tenía un tapón solidario al bidón, lo que impedía su perdida y estaba diseñado de manera que era imposible dejarlo mal cerrado.
La boca disponía de una cánula para el paso de aire que permitía un llenado o vaciado rápido, lo que hacía innecesario el uso de un embudo.
También destacaba el sistema de 3 asas que permitía compartir el transporte de un bidón por dos personas, y a su vez una sola persona podía transportar 2 bidones vacíos agarrando dos asas exteriores contiguas.

El Jerrycan es un ejemplo de buen diseño, de un diseño que considera los factores humanos, la función, la tecnología y los factores económicos en su desarrollo. En este caso y como buen diseño alemán, la forma sigue a la función, pero la calidad de la función se reveló tal, que redefinió la forma que había de tener un bidón desde entonces.



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