En 1999, comerciantes del barrio Nueva Córdoba participaron de una golpiza contra un asaltante, que luego murió. Dos de los vecinos fueron juzgados en 2002 y absueltos. Uno de ellos ofreció ahora su testimonio sobre la autodefensa y el arrepentimiento por lo vivido.
“No fue un linchamiento. Nosotros nos defendimos de tipos que tenían armas y cuchillos y que nos atacaban en ese negocio. Estábamos hartos de que nos roben en la zona. Nos vivían robando y reaccionamos. Tampoco lo matamos a golpes. Él se murió por un problema que tenía... Nosotros éramos y somos gente buena. Los ladrones eran los malos. Nos detuvieron y juzgaron. Claro que estoy arrepentido de lo que pasó y no lo volvería a hacer”.
El hombre habla amablemente, pero prefiere no extenderse mucho. Aún lleva en su mente aquella fatídica jornada, la detención, los temores que siguieron, el juicio y los padecimientos psicológicos que vinieron después. El miedo lo acompaña ante eventuales represalias. Por eso, lo llamaremos sólo “José”.
Hace casi 15 años, junto a un grupo de vecinos, “José” resistió un asalto en una agencia de quiniela en barrio Nueva Córdoba, en Capital, golpeó a uno de los ladrones, quien cayó a la vereda y murió antes de que llegara la Policía.
El delincuente recibió una andanada de golpes por parte de varias personas, entre ellas algunas mujeres. Un cómplice escapó, pero fue atrapado por policías.
Como sucede por estos días con la reiteración de casos de vecinos que se resisten con violencia a asaltos en todo el país, aquel drama causó gran conmoción y toda clase de debates en la población cordobesa. Hasta José Manuel de la Sota, quien atravesaba su primera gobernación, cuestionó el accionar de aquellos vecinos de Nueva Córdoba y reclamó que fueran juzgados como asesinos.
Presos
“José” y dos vecinos fueron detenidos e imputados por homicidio simple por orden judicial. La investigación posterior, basada principalmente en estudios forenses, determinó que el ladrón, si bien fue golpeado con suma violencia, murió finalmente a causa de una insuficiencia cardíaca previa. De allí que el caso fuera caratulado luego como “lesiones leves”.
De los tres acusados, dos llegaron a juicio (el tercero murió tiempo antes) y fueron finalmente absueltos, dado que el caso se encuadró como legítima defensa.
La sentencia fue dictada en noviembre de 2002 por el juez Correccional 4 de Córdoba, Armando Angeli. El magistrado se vio obligado a fallar de esa forma, ante el requerimiento del por entonces fiscal correccional Rubén Caro (hoy fiscal del fuero penal). La jurisprudencia es clara: si el fiscal pide absolución, los jueces no pueden dictar sentencia en contrario
Ladrón golpeado
Sucedió en la tarde del 22 de noviembre de 1999. Dos ladrones entraron, armados, a robar a una agencia de quinielas en calle Paraná al 500. Los clientes reaccionaron y golpearon a uno de los ladrones, quien quiso escapar y cayó a la vereda. Allí, volvió a ser atacado. Su cómplice alcanzó a huir. Luego, sería atrapado y condenado.
El joven fallecido fue Francisco del Valle Romero, un albañil de 25 años. “José” y dos vecinos llegaron a estar dos días detenidos y fueron procesados.
En noviembre de 2002, se realizó el juicio en contra de “José” y otro hombre. “Fue una cosa espantosa lo que pasó. Tuvimos amenazas y represalias de la familia del ladrón... Fue injusto que nos hayan juzgado, porque el ladrón murió porque tenía problemas previos”. “José” dice que actuaron de esa forma porque se padecía una ola de inseguridad y en el barrio estaban cansados de los robos constantes. Respecto a lo que se vive 15 años después, este vecino sostiene que la gente tiene miedo y tiende a defenderse, pero “no recomienda” a nadie que mate a nadie. “Si bien nosotros no matamos, lo que pasamos después fue muy feo”, añade.
“No fue un linchamiento. Nosotros nos defendimos de tipos que tenían armas y cuchillos y que nos atacaban en ese negocio. Estábamos hartos de que nos roben en la zona. Nos vivían robando y reaccionamos. Tampoco lo matamos a golpes. Él se murió por un problema que tenía... Nosotros éramos y somos gente buena. Los ladrones eran los malos. Nos detuvieron y juzgaron. Claro que estoy arrepentido de lo que pasó y no lo volvería a hacer”.
El hombre habla amablemente, pero prefiere no extenderse mucho. Aún lleva en su mente aquella fatídica jornada, la detención, los temores que siguieron, el juicio y los padecimientos psicológicos que vinieron después. El miedo lo acompaña ante eventuales represalias. Por eso, lo llamaremos sólo “José”.
Hace casi 15 años, junto a un grupo de vecinos, “José” resistió un asalto en una agencia de quiniela en barrio Nueva Córdoba, en Capital, golpeó a uno de los ladrones, quien cayó a la vereda y murió antes de que llegara la Policía.
El delincuente recibió una andanada de golpes por parte de varias personas, entre ellas algunas mujeres. Un cómplice escapó, pero fue atrapado por policías.
Como sucede por estos días con la reiteración de casos de vecinos que se resisten con violencia a asaltos en todo el país, aquel drama causó gran conmoción y toda clase de debates en la población cordobesa. Hasta José Manuel de la Sota, quien atravesaba su primera gobernación, cuestionó el accionar de aquellos vecinos de Nueva Córdoba y reclamó que fueran juzgados como asesinos.
Presos
“José” y dos vecinos fueron detenidos e imputados por homicidio simple por orden judicial. La investigación posterior, basada principalmente en estudios forenses, determinó que el ladrón, si bien fue golpeado con suma violencia, murió finalmente a causa de una insuficiencia cardíaca previa. De allí que el caso fuera caratulado luego como “lesiones leves”.
De los tres acusados, dos llegaron a juicio (el tercero murió tiempo antes) y fueron finalmente absueltos, dado que el caso se encuadró como legítima defensa.
La sentencia fue dictada en noviembre de 2002 por el juez Correccional 4 de Córdoba, Armando Angeli. El magistrado se vio obligado a fallar de esa forma, ante el requerimiento del por entonces fiscal correccional Rubén Caro (hoy fiscal del fuero penal). La jurisprudencia es clara: si el fiscal pide absolución, los jueces no pueden dictar sentencia en contrario
Ladrón golpeado
Sucedió en la tarde del 22 de noviembre de 1999. Dos ladrones entraron, armados, a robar a una agencia de quinielas en calle Paraná al 500. Los clientes reaccionaron y golpearon a uno de los ladrones, quien quiso escapar y cayó a la vereda. Allí, volvió a ser atacado. Su cómplice alcanzó a huir. Luego, sería atrapado y condenado.
El joven fallecido fue Francisco del Valle Romero, un albañil de 25 años. “José” y dos vecinos llegaron a estar dos días detenidos y fueron procesados.
En noviembre de 2002, se realizó el juicio en contra de “José” y otro hombre. “Fue una cosa espantosa lo que pasó. Tuvimos amenazas y represalias de la familia del ladrón... Fue injusto que nos hayan juzgado, porque el ladrón murió porque tenía problemas previos”. “José” dice que actuaron de esa forma porque se padecía una ola de inseguridad y en el barrio estaban cansados de los robos constantes. Respecto a lo que se vive 15 años después, este vecino sostiene que la gente tiene miedo y tiende a defenderse, pero “no recomienda” a nadie que mate a nadie. “Si bien nosotros no matamos, lo que pasamos después fue muy feo”, añade.