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Los arqueólogos prueban el terror de Treblinka

Info4/7/2014
Los arqueólogos prueban el terror de Treblinka: donde se asesinaban niños a martillazos


El pasado martes, un grupo de arqueólogos encontró las primeras pruebas físicas de las atrocidades de uno de los más siniestros campos de exterminio.



Por: Radoslav Yordanov

Restos de cámaras de gas y fosas comunes. Esto es lo que ha encontrado un grupo de arqueólogos británicos de la Universidad de Staffordshire, que por primera vez excavaron en uno de más siniestros campos de exterminio nazis, el de Treblinka, en Polonia.



Si durante muchas décadas los negacionistas del Holocausto no querían admitir la existencia de este campo de concentración, alegando que se trata de "una propaganda de los aliados", las primeras evidencias físicas de las atrocidades nazis demuestran que el terror de Treblinka, que se cobró la vida de al menos 900.000 judíos y gitanos, no es un mito, sino una realidad histórica que no se puede seguir negando.









Tal y como informa El País, el descubrimiento se produjo cuando los investigadores empezaron a excavar en tres zonas muy distantes entre sí, donde encontraron huesos humanos en un nivel muy superficial y con extraños cortes, así como los cimientos y materiales que fueron base de las cámaras de gas y unas losas de cerámica con la estrella de David en relieve.



Así comenzó el terror de Treblinka

A partir de finales de 1940, cuando todavía parecía que el Tercer Reich estaba ganando la guerra, toda la población judía de Polonia, Bielorrusia y Alemania fue recluida en decenas de ghettos en Varsovia, Lublin, Radom, Grodno, etc. El escritor ruso de origen judío, Vasili Grossman asegura que el encierro de cientos de miles de judíos en ghettos fue "la fase previa y preparatoria del plan hitleriano de aniquilamiento de los judíos".

En este contexto, el 20 de enero de 1942, quince dirigentes nazis se reunieron en una villa situada a orillas del lago Wannsee, en un próspero suburbio de Berlín, donde diseñaron las líneas maestras para el exterminio de más de once millones de judíos europeos.

Así pues comenzó una segunda fase, la de la "destrucción de los judíos" mediante su deportación en varios campos de concentración y exterminio. Uno de ellos fue el de Treblinka, que comenzó a funcionar en julio de 1942, cuando llegaron los primeros trenes desde el ghetto de Varsovia.

Cámaras de gas disfrazadas de baños judíos

El campo de la muerte de Treblinka estaba ubicado en una zona boscosa y escasamente poblada, lo que permitió a los nazis ocultar sus crímenes. El sector de exterminio del campo contaba con tres cámaras de gas, donde los encarcelados fueron asesinados mediante varios métodos: mediante la emisión de los gases de escape del motor de un tanque pesado, sacando el aire de las cámaras por medio de bombas especiales... Los nazis también emplearon en ocasiones otro método, el del asesinato mediante el vapor que, al expulsar el aire de la cámara, también privaba las víctimas del oxigeno.

Los vigilantes engañaban a los prisioneros asegurándoles que iban a bañarse en un mikvé, el baño ritual judío, por lo cual en la entrada de las cámaras del gas había losas de cerámica con la estrella de David en relieve. En los primeros días del campo de exterminio, los nazis decidieron experimentar con la dosificación de los gases venenosos, por lo cual las víctimas tardaban varias horas en morir sufriendo terribles dolores.

Una vez muertos los prisioneros, se les arrancaba los dientes de oro, que se enviaban a Alemania, mientras que los cadáveres fueron enterrados en varias fosas comunes.

Torturas y asesinatos de mujeres y niños

Supervivientes del terror de Treblinka aseguran que vigilantes de las SS disfrutaban asesinando a diario a cientos de personas, y que incluso ensayaban distintos métodos de asesinato al disparar a los prisioneros al corazón, en los ojos, en la boca o en la nuca. Los nazis también mataban con arma blanca: con hachas o martillos. Las mujeres jóvenes fueron violadas y torturadas antes de que los mismos violadores les condujeran a las cámaras del gas.

Uno de los monstruos nazis fue un alemán llamado Sviderski. "El Maestro del martillo" se había especializado en el asesinato de niños. Supervivientes cuentan que en solo unos minutos, Sviderski mató a martillazos a quince niños de 8 a 13 años. Otro de los vigilantes de las SS un tal S.S.Zepf también disfrutaba asesinado, sobre todo, a niños al golpearles sus cabezas contra el suelo. Mientras tanto, otros asesinos como Schwartz y Ledek mataban diariamente entre 20 y 40 personas cuando regresaban del "trabajo".

Sin embargo, los nazis consideraban que el proceso de exterminio no era lo suficientemente eficiente, por lo cual decidieron construir en otoño de 1942 diez cámaras de gas adicionales. A medida que avanzaba la guerra, y sobre todo a partir de febrero de 1943, cuando los nazis sufrieron importantes derrotas en el este de Europa, los vigilantes de las SS empezaron a destruir las pruebas de sus crímenes hasta que en otoño del mismo año clausuraron el campo de Treblinka.

Después de la guerra algunos de los monstruos nazis de Treblinka, como Franz Strangl y Kurt Franz fueron condenados a cadena perpetua.

La Historia desentierra Treblinka

Treblinka era uno de los argumentos preferidos de los negacionistas del Holocausto. Los testimonios de los supervivientes y los documentos hablaban de un campo de exterminio a hora y media de Varsovia, pero en el punto indicado solo había una loma verde, una granja, un bosque. Nada que ver con los barracones y con las duchas de Auschwitz. Nunca se habían hallado evidencias de la maquinaria del mal que acabó con entre 700.000 y 900.000 judíos y un número indeterminado de gitanos. Nunca... hasta ahora. Un equipo de la Universidad de Staffordshire (Reino Unido), comandado por la arqueóloga forense Caroline Sturdy Colls, ha encontrado la primera evidencia física de las cámaras de gas, cimientos y losas, además de varias fosas comunes.

Aunque los nazis hicieron un buen trabajo escondiendo el campo, ocultándolo en una inocente zona de labranza a base de tirar los muros, rellenar los huecos y nivelar el suelo, los expertos lograron detectar tres zonas, bastante distantes entre sí, en las que comenzaron a cavar y encontraron los primeros huesos humanos, muchos en un nivel muy superficial y con extraños cortes. Aún no está claro el número de cuerpos localizados.

Luego vinieron los cimientos, oquedades tapadas a conciencia con todo tipo de materiales que fueron la base de las cámaras de gas. Y también el descubrimiento más macabro: unas losas de cerámica, finas, entre rojizas y mostaza, con la estrella de David en relieve. Muchos supervivientes habían hablado ya de esos dibujos, como se ve en sus relatos en el Museo Yad Yashem de Jerusalén: la cámara de gas, contaban, estaba disfrazada de mikvé, el baño ritual judío, por lo que los hombres y mujeres que llegaban a Treblinka pensaban que iban sencillamente a lavarse. El símbolo sagrado del judaísmo en la fachada de ese edificio al que los arrastraban les hacía sentirse seguros, confiados... y engañados hasta el último momento. Así durante los 24 meses que funcionó el campo, entre 1942 y 1943.

Gracias a las excavaciones, se ha podido diseñar además un mapa del recinto, desde la vía de tren a la que llegaban los judíos y gitanos —a los que se prometía que Treblinka solo era una zona de paso, antes de ser deportados al Este, como recuerda el profesor Gideon Greif— hasta las dos cámaras de las que hay restos, una con capacidad para 600 personas y otra para 5.000, y el pasillo al aire libre por el que los llevaban. Hay testimonios, no obstante, que hablaban de hasta una decena de cámaras repartidas por la zona. En 60 minutos, los vivos pasaban del tren a la desnudez y a la muerte, según indican los arqueólogos en el documental Treblinka: la máquina de matar de Hitler, emitido por el Smithsonian Channel, donde se ha dado a conocer este descubrimiento y que incluye una recreación del espacio.

La profesora Sturdy Colls explica que su mayor afán era el de ser respetuosa con la zona, convertida en lugar de homenaje a las víctimas tras la Segunda Guerra Mundial y donde se habían vetado las excavaciones, por respeto.

Vía correo electrónico, Sturdy Colls sostiene que convenció a los responsables del museo e incluso al Gran Rabinato de Polonia de que su técnica no invasiva iba a respetar a los muertos y, a la vez, a dar respuestas a los vivos. “La primera vez que fui allí me quedó claro que había una abundancia de evidencias que habían sobrevivido en el terreno y probaban que Treblinka fue un campo de exterminio, no de paso. Ser capaz de confirmarlo ha sido un honor para mí. Había que hacerlo para que aprendan las generaciones futuras”, indica la doctora, especializada en usar sus conocimientos forenses con fines históricos, más allá de sus clases universitarias y de sus colaboraciones con la Policía británica. La zona, remarca, ha quedado luego tal y como la encontraron, con los monolitos de piedra que recuerdan a las innumerables víctimas.

Su técnica, abunda, abre “nuevas posibilidades para el examen del Holocausto o de otros sitios de conflicto”, por lo que planea continuar indagando en otros escenarios. Ya lo ha hecho, usando estos mismos medios, en Staro Sajmiste (Belgrado) y en las islas del Canal del Reino Unido, con resultados positivos. Pero Treblinka es diferente, “especial”, por lo que supone para las víctimas, que ahora pueden enseñar al mundo las piedras que vieron y tocaron. Para dar a conocer los descubrimientos y los métodos empleados, se preparan ya una exposición y un libro con la tarea del equipo de Staffordshire.
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