11.04.2014 | OPINIÓN
Un paro inseguro en sí mismo
La huelga es un derecho constitucional. También es una elección. Aunque muchos trabajadores no pudieron elegir por un paro extorsivo que cortó todos los accesos a la Ciudad de Buenos Aires. Manifestaron su deseo de ir a trabajar, de elegir, pero el paro les quitó ese derecho.
Un paro inseguro de sí mismo que necesitó de piquetes y amenazas para lograr lo que sus organizadores llamaron "un alto acatamiento". Y que, por supuesto, contó una vez más con la ayuda de algunos medios de comunicación que construyeron mapas de sentido avalando tal afirmación.
Si un paro perjudica a trabajadores en beneficio de un par de sindicalistas y unas pocas corporaciones, no es un paro, es un boicot. Va en contra de todo lo que significa una huelga, sinónimo de lucha por derechos y no por privilegios.
Si tan convencidos están de que el pueblo los acompaña y adhiere a sus supuestos "reclamos", ¿por qué impiden el acceso a los puestos de trabajo? ¿Por qué impiden el transporte? ¿A qué le tienen miedo?
Uno de nosotros no paró nunca. Él no paró hasta que el destino decidió dejarlo ir. Nosotros tampoco vamos a parar. Aunque quieran seguir disfrazando la realidad, no vamos a parar. Porque sabemos que este conjunto de personas jamás va a representar un proyecto nacional inclusivo.
No hacen más que descalificar, con discursos incoherentes que convocan a una especie de "unidad", a través de palabras y acciones violentas que vienen pronosticando (desde hace años) finales insoportablemente apocalípticos. Como decía Néstor: "Es payasesco cuando uno escucha algunos viejos fantasmas hablar de lo que habría que hacer en Argentina."
El jueves 10 de abril muchos trabajadores se organizaron y fueron a sus oficinas, a sus fábricas, a sus consultorios, a sus escuelas. Compartiendo un taxi, caminando o en bicicleta. Pero muchos otros no pudieron. No porque no quisieron, no pudieron. Porque, y repito, un paro extorsivo e inseguro de sí mismo les quitó la posibilidad de elegir.
Nosotros no paramos. Nosotros elegimos el camino de la política, de la solidaridad y de las convicciones. La defendemos y la profundizamos. Porque tenemos conciencia del pasado, comprensión del presente y proyección de futuro, porque creemos que ayudar a mejorar la calidad de vida del otro es también soñar con una patria liberada de todo tipo de presión corporativa.
Defendemos entonces esta elección, les decimos no a aquellas funestas corporaciones que representan con distintas caretas a los monopolios de siempre, como en la crisis de 2001-2002, que dejó a la vera del camino a la mayoría de nuestro pueblo.
Defendemos estas convicciones porque creemos en las utopías, porque son ellas como objetivos las semillas del cambio, y como dijo Néstor Kirchner: "En la vida hay que tener coraje y decisión, no hay que tener miedo a las presiones de aquellos que tratan que nada cambie para que las cosas sigan igual."
Nosotros no paramos.
Un paro inseguro en sí mismo
La huelga es un derecho constitucional. También es una elección. Aunque muchos trabajadores no pudieron elegir por un paro extorsivo que cortó todos los accesos a la Ciudad de Buenos Aires. Manifestaron su deseo de ir a trabajar, de elegir, pero el paro les quitó ese derecho.
Un paro inseguro de sí mismo que necesitó de piquetes y amenazas para lograr lo que sus organizadores llamaron "un alto acatamiento". Y que, por supuesto, contó una vez más con la ayuda de algunos medios de comunicación que construyeron mapas de sentido avalando tal afirmación.
Si un paro perjudica a trabajadores en beneficio de un par de sindicalistas y unas pocas corporaciones, no es un paro, es un boicot. Va en contra de todo lo que significa una huelga, sinónimo de lucha por derechos y no por privilegios.
Si tan convencidos están de que el pueblo los acompaña y adhiere a sus supuestos "reclamos", ¿por qué impiden el acceso a los puestos de trabajo? ¿Por qué impiden el transporte? ¿A qué le tienen miedo?
Uno de nosotros no paró nunca. Él no paró hasta que el destino decidió dejarlo ir. Nosotros tampoco vamos a parar. Aunque quieran seguir disfrazando la realidad, no vamos a parar. Porque sabemos que este conjunto de personas jamás va a representar un proyecto nacional inclusivo.
No hacen más que descalificar, con discursos incoherentes que convocan a una especie de "unidad", a través de palabras y acciones violentas que vienen pronosticando (desde hace años) finales insoportablemente apocalípticos. Como decía Néstor: "Es payasesco cuando uno escucha algunos viejos fantasmas hablar de lo que habría que hacer en Argentina."
El jueves 10 de abril muchos trabajadores se organizaron y fueron a sus oficinas, a sus fábricas, a sus consultorios, a sus escuelas. Compartiendo un taxi, caminando o en bicicleta. Pero muchos otros no pudieron. No porque no quisieron, no pudieron. Porque, y repito, un paro extorsivo e inseguro de sí mismo les quitó la posibilidad de elegir.
Nosotros no paramos. Nosotros elegimos el camino de la política, de la solidaridad y de las convicciones. La defendemos y la profundizamos. Porque tenemos conciencia del pasado, comprensión del presente y proyección de futuro, porque creemos que ayudar a mejorar la calidad de vida del otro es también soñar con una patria liberada de todo tipo de presión corporativa.
Defendemos entonces esta elección, les decimos no a aquellas funestas corporaciones que representan con distintas caretas a los monopolios de siempre, como en la crisis de 2001-2002, que dejó a la vera del camino a la mayoría de nuestro pueblo.
Defendemos estas convicciones porque creemos en las utopías, porque son ellas como objetivos las semillas del cambio, y como dijo Néstor Kirchner: "En la vida hay que tener coraje y decisión, no hay que tener miedo a las presiones de aquellos que tratan que nada cambie para que las cosas sigan igual."
Nosotros no paramos.