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Vienen las pascuas, y Jesus te ama.

Info4/14/2014


La pascua de Jesús y la pascua cristiana

Las fiestas de pascua que se mencionan en los evangelios sinópticos y en el de Juan marcan las etapas decisivas de la actividad pública de Jesús.

De manera particular y única, esto es verdad en lo que se refiere a la última pascua, durante la cual Jesús fue arrestado y condenado a muerte.


La pascua y la actividad pública de Jesús

La primera fiesta de pascua que recuerda la tradición evangélica es la de Lc 2,41-50. Como conclusión del evangelio de los orígenes o de la infancia, Lucas narra cómo Jesús con sus padres, según la costumbre, subió a Jerusalén para celebrar la fiesta de pascua.

Se trata de la peregrinación anual para la gran festividad judía. No es un hecho casual que se mencione esta peregrinación pascual de Jesús a Jerusalén al cumplir los doce años, en los umbrales de su vida adulta.

El evangelista relee aquí el episodio como si fuera la primera manifestación de la sabiduría de Jesús y de su decisión profética de dedicarse a las “cosas” o a la “casa”/templo del Padre (Lc 2,49). Esto sucedió en Jerusalén, en el templo, en donde Jesús revela su destino y su opción a sus padres, que lo habían estado buscando angustiados durante “tres” días. Es ésta una discreta alusión al episodio de su última pascua.

El evangelio de Juan recuerda expresamente al menos tres pascuas. La primera guarda relación con el signo que Jesús hace en el templo (Jn 2,13-22). Esta intervención de Jesús comprende dos momentos: la acción profética, la purificación del templo, “la casa de mi Padre” y la palabra con que anuncia la constitución del nuevo templo, que, a la luz de la resurrección, se identifica con su propio cuerpo. La segunda pascua, la de la crisis, va unida al signo de la multiplicación de los panes en Galilea, junto al lago de Tiberíades (Jn 6,1-4).

También el drama de esta pascua se desarrolla en dos partes: el signo del pan que distribuye a la gente en el desierto como signo mesiánico y un diálogo-discurso, en donde Jesús explica el significado profundo del don del pan. Frente a las esperanzas de un mesianismo de tipo nacionalista, Jesús establece su proyecto salvífico, que pasa a través de la fe.

En efecto, solamente la fe sabe acoger el don del Padre, la palabra auténtica que viene del cielo como pan que sacia el hambre de las exigencias profundas del ser humano y que se manifiesta en el don que Jesús hará de sí mismo en sumuerte (Jn 6,51). El discurso del pan está construido según el modelo de las homilías sinagogales que desarrollan la reflexión sobre los textos de la Escritura (Ex 16,4.5: el maná, pan del cielo; Is 54,13: la nueva alianza). Parece ser que estos textos, citados por Juan, se leían con ocasión de la liturgia sinagogal en el tiempo pascual.

La tercera pascua evangélica mencionada por Juan va asociada al episodio de la resurrección de Lázaro, que provoca la muerte de Jesús para la definitiva resurrección (Jn 11,55). El gesto profético de María, la unción de Jesús con el perfume precioso, es un signo premonitorio de la muerte de Jesús (Jn 12,1-8). Pero esta pascua está también relacionada con la entrada mesiánica de Jesús, que culmina en el anuncio de la salvación universal a los paganos (Jn 12,20.32). Sólo en este punto puede proclamar Jesús que ha llegado su hora (Jn 12,23). El tiempo de la revelación definitiva del amor salvífico de Dios explota en la última pascua, a partir de la cual comienza también la misión para convocar a los hijos dispersos de Dios.
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