Cuando los judíos árabes tuvieron que huir
Por Lucette Galnado
Fortunée Abadie está aun afectada por el día, en 1947, cuando las turbas tomaron por asalto el Barrio judío de la antigua ciudad siria de Alepo, poco después del voto de Naciones Unidas que estableció las bases para la creación del Estado de Israel.
Alepo, una ciudad donde judíos y musulmanes habían convivido durante siglos, explotó con una violencia anti-judía. Abadie, de 88 años, recuerda haber observado a los atacantes, en la calle, quemar libros y mantos de oración y otros objetos sagrados de la sinagoga. Escuchó los gritos de vecinos en sus hogares cuando eran invadidos. “Pensamos que íbamos a ser asesinados”, dice.
La familia huyó al cercano Líbano dejando todo lo que tenía: vestimenta, muebles, fotografías e, incluso, una pequeña botella de perfume francés que aun extraña, Soir de Paris (Noche en Paris).
La historia de la familia Abadie es movilizante, desde los huecos de la historia hacia un lugar destacado en el debate acerca del futuro de Medio Oriente. Los líderes árabes, durante décadas, insistieron que a los refugiados palestinos que huyeron de sus hogares, despues de la creación de Israel se les debería permitir retornar a sus anteriores hogares.
campo de refugiados judíos cerca de Tel Aviv (1949)
Ahora, representantes israelíes están dando vuelta las tablas diciendo que, las privaciones enfrentadas por varios cientos de miles de judíos árabes exiliados, muchos forzados desde sus hogares, merecen tanta atención como la situación de los palestinos desplazados. “Llegamos 64 años tarde”, dice Danny Ayalon, vice ministro de RREEU de Israel. “El problema de los refugiados no reside en un solo lado”. Ayalon, cuyo padre es judío algeriano, encabezó una conferencia en Naciones Unidas el mes pasado, auspiciada por Israel, denominada “Justicia para los Judios de los Países Árabes”.
Antes del establecimiento de Israel (1948), alrededor de 850.000 judíos vivían en el mundo árabe. En países alrededor de Medio Oriente, había florecientes comunidades judías con sus propias sinagogas, escuelas e instituciones comunales.
La vida cambió dramáticamente hacia 1948 cuando los gobiernos árabes declararon la guerra al reciente creado estado judío – y sobre los judíos dentro de sus propias fronteras. En Naciones Unidas, un delegado egipcio advirtió que, el Plan de Partición de Palestina en dos Estados, uno para judíos y otro para palestinos “pondría en peligro a un millón de judíos que viven en países musulmanes”.
Los judíos comenzaron a huira Israel, por supuesto, pero además a Francia, Inglaterra, Canadá, Brasil, Australia, Nueva Zelanda y EEUU. Yemen fue hogar de más de 55000 judíos; en Aden, decenas fueron asesinados en un pogromo en 1947.
Un operativo, denominado “ Alfombra Mágica” reunió a la mayor parte de los judíos yemenitas a Israel.
En Libia, alguna vez hogar de 38000 judíos, la comunidad estuvo sujeta a muchos ataques brutales durante años. En junio de 1967, había alborotos anti-judíos; dos familias judías fueron asesinadas- una, apaleada hasta morir- y escuelas y sinagogas fueron destruidas, dice Vivienne Roumani, director del documental “Los Últimos Judíos de Libia”. “Estuvimos allí durante siglos, pero no hay huella de vida judía”.
testimonio de una mujer judía expulsada de Libia
Entre los judíos forzados a salir de sus hogares estaba mi propia familia judeo-egipcia, que partió en un bote desvencijado en la primavera de 1963. Egipto fue alguna vez hogar de 80.000 judíos. Mis padres, ambos cairotas, de cuyas historias hice una crónica en dos memorias, estaban dolidos al dejar un país que amaban, sin serles permitido tomar dinero o bienes.
En 25 años, el mundo árabe perdió casi toda su población judía. Algunos enfrentaron la expulsión y otros sufrieron tantas dificultades económicas y sociales que no tenían otra elección más que irse. Otros partieron voluntariamente porque anhelaban establecerse en Israel. Solo alrededor de 4300 judíos permenecen aquí hoy, en mayoría en Marruecos y Túnez, de acuerdo con Justicia para Judíos de los Países Árabes, una coalición de grupos con sede en Nueva York, que también participó de la conferencia en Naciones Unidas.
Muchos de los palestinos que huyeron a Israel terminaron varados en campos de refugiados. Fueron creadas muchas agencias de Naciones Unidas para ayudarlos y billones de dólares en ayuda fluyeroní. Por el contrario, los judíos árabes, fueron silenciasamente absorbidos por sus nuevos hogares "Los judíos árabes se convirtieron en fantasmas” cuyas historias fueron “eliminadas” de la conciencia árabe, dice Fouad Ajami, académico de la Institución Hoover de Stanford para Medio Oriente. “Estamos hablando sobre los reclamos de los palestinos”, dice. “Bien, pero había 800.000 judíos árabes, y tienen una historia para contar”..
Los palestinos se erizan por el esfuerzo de equiparar el desplazamiento de los judíos árabes con sus propias quejas. Hanan Ashrawi, miembro del Comité Ejecutivo de la OLP, dice que Ayalon “abrió una lata de gusanos para propósitos políticos” con la conferencia de Naciones Unidas. Dice que los representantes israelíes están tratando de usar una"falsa y forzada analogía… para negar o cuestionar los derechos de los refugiados palestinos”. Los palestinos, dice “no tienen nada que ver con la situación de los judíos u otras minorías que dejaron el mundo árabe”. Ashrawi propuso que los árabes judíos deberían tener el “derecho al retorno” a los países que dejaron.
En la conferencia de Naciones Unidas, Ayalon llamó - a la sugerencia de Ashrawi de regreso de los judíos a los países árabes - “totalmente ridículos”. Ayalon y el gobierno israelí están avanzando para elevar el perfil de los judíos árabes. Israel se comprometió en establecer un día nacional en honor a los judíos árabes y construir un museo sobre sus culturas perdidas. . Ayalon decidió hacer de los refugiados judeo-árabes parte de las negociaciones, tema que nunca fue tratado como tal. Mirando hacia un acuerdo, quisiera ver compensados, tanto a los refugiados palestinos como a los refugiados judíos por un fondo internacional.
Mientras tanto, el embajador israelí en Naciones Unidas, Ron Prosor instó a Naciones Unidas a investigar la historia de los refugiados.
Abadie asistió a la conferencia con su hermano Elie, ahora médico y rabino, que lidera la Congregación Edmond J. Safra, una sinagoga de Manhattan a la que acuden judíos libaneses y sirios. Hasta 1947, Siria tuvo un estimado de 30.000 judíos que viven en Alepo y Damasco. Pero, como Abadie, muchos partieron a raíz de la violencia que dejó 75 muertos y sinagogas en ruinas.
Los Abadie fueron refugiados dos veces. Luego de partir de Alepo, la familia fue a Beirut, Líbano. Durante un tiempo, la vida fue buena en la ciudad cosmopolita. Pero hacia 1970, el clima se tornó hostil. Militantes armados aparecieron en las calles. Los rabinos, incluyendo al padre de Elie, Abraham, tuvo sus fotografías colgadas en las mezquitas de la ciudad, identificándolo como “líder si0nista-judío”, un acto que la familia tomó como una amenaza de muerte. Los Abadie decidieron, una vez más, que era momento de partir.
Algunos refugiados judíos, como Ronald Cohen, encontraron esperanza en las nuevas iniciativas para llamar la atención de los judíos árabes. Cohen, empresario con sede en Londres, fue estudiante en la escuela católica francesa en Cairo, en 1956, siendo amigable con sus compañeros musulmanes y cristianos. Su padre era dueño de una importante firma de exportación especializada en accesorios, y “Ronnie”, de entonces 11 años, amaba visitarlo y jugar con las radios. En octubre de 1956, Israel, Francia e Inglaterra emprendieron una guerra contra Egipto por el canal de Suez. Los padres de Cohen lo sacaron de la escuela luego que otro muchacho judío fuera herido. Su madre, ciudadana británica, fue colocada bajo arresto domiciliario. El negocio de su padre le fue “retirado” (quitado) y no pudo entrar a su propia oficina. En mayo de 1957, la familia partió en un avión con destino a Europa. Cohen recuerda a su padre llorando en el avión. “No nos queda nada aquí”, recuerda a su madre diciendo. “Todo terminó”.
A fines de los años 1950 y principios de los 1960, los judíos continuaron desparramados en los países árabes. Cuando Desiré Sakkal y su familia partieron de Egipto (como refugiados apátridas, en 1962) dice, “había muy pocos judíos”. Varados en Paris en un hotel, el hermano pequeño de Sakkal fue diagnosticado con cáncer, y recuerda cómo sus padres iban todos los días al hospital. El hermano murió un año después, en Nueva York, a los 10 años. Sakkal financió la Sociedad Histórica de Judíos de Egipto, que busca recordar la vida que se dejó atrás.
La Guerra de los Seis Días (1967) trajo algunas de las erupciones anti judías más violentas. Como los países árabes enfrentaban la derrota por parte de Israel , volcaron su furia sobre sus propios residentes judíos (los que quedaban). En Egipto, los judíos de más de 18 años eran enviados a prisión. Algunos eran mantenidos durante pocos días. Otros, como el Rabi Albert Gabbai de Filadelfia, nativo de Cairo, permaneció tres años. El Rabbi Gabbai tenía solo 18 años cuando fue arrojado a prisión, junto con tres hermanos mayores. Aun recuerda los gritos de sus compañeros de celda – miembros de Hermandad Musulmana que estaban siendo torturados- haciendo eco a través de la cárcel. Él y sus hermanos temían ser asesinados. Luego de tres años de “desesperación”, dice, fueron llevados al aeropuerto y escoltados a un vuelo de Air France.
Cohen, que dejó Egipto en 1957, creció hasta convertirse en pionero del capital de riesgo europeo y privado. En los últimos años, trabajó para desarrollar el sector privado palestino. Considera que el foco sobre los refugiados judeo-árabes puede estimular a los árabes e israelíes hacia la paz. “Hay refugiados de ambas partes. Eso equilibra la balanza, y pienso será útil para el proceso”, dice. “Muestra que ambos lados sufrieron el mismo destino”.
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