Hace un año, autoridad detectó signos de violencia en La Pila, pero estalló antes de que actuara
Dos semanas antes de la masacre, la advertencia fue clara por parte de los custodios: Se percibía “un ambiente muy tenso” en el Centro de Reinserción Social número 1 de La Pila, por lo que urgían se tomaran medidas inmediatas para evitar algún motín, pero el enfrentamiento se anticipó a la autoridad.
Hoy hace un año y en un hecho sin precedentes en la principal penitenciaria en el Estado, el sábado 27 de abril del 2013, el penal de la Pila amaneció pintado en sangre: cadáveres y lesionados, se apilaban en las áreas de nuevo ingreso y visita íntima.
El saldo final fue de 13 muertos y 65 lesionados, que fueron repartidos en los nosocomios de la ciudad, en especial el Hospital Central y el Hospital General de Soledad.
Hubo también ocho internos desaparecidos, de los cuales nunca se ha sabido si aprovecharon el caos para escapar o también fueron asesinados y los cuerpos no aparecieron.
Ante los signos de advertencia sobre la violencia, el entonces director de La Pila, Jesús Martínez Alemán, habló sobre la problemática con la directora de Prevención y Reinserción Social, Concepción Tovar Monreal; se acordaron realizar traslados pero ya no hubo tiempo de identificar a reos en conflicto para mandarlos a otros penales y conjurar manifestaciones violentas.
Según informes que en su momento dieron las autoridades, hubo una rebelión por parte de los internos contra los que mantenían el control del penal, identificados con un grupo del crimen organizado.
A un año de la violenta escalada, y a contracorriente del discurso del gobierno de Fernando Toranzo de que en el centro penitenciario de La Pila se ha erradicado cualquier posibilidad de que el episodio se repita, custodios del penal advierten que persisten las condiciones de violencia y tensión que estallaron de manera violenta hace un año.
Hoy hace un año y en un hecho sin precedentes en la principal penitenciaria en el Estado, el sábado 27 de abril del 2013, el penal de la Pila amaneció pintado en sangre: cadáveres y lesionados, se apilaban en las áreas de nuevo ingreso y visita íntima.
El saldo final fue de 13 muertos y 65 lesionados, que fueron repartidos en los nosocomios de la ciudad, en especial el Hospital Central y el Hospital General de Soledad.
Hubo también ocho internos desaparecidos, de los cuales nunca se ha sabido si aprovecharon el caos para escapar o también fueron asesinados y los cuerpos no aparecieron.
Ante los signos de advertencia sobre la violencia, el entonces director de La Pila, Jesús Martínez Alemán, habló sobre la problemática con la directora de Prevención y Reinserción Social, Concepción Tovar Monreal; se acordaron realizar traslados pero ya no hubo tiempo de identificar a reos en conflicto para mandarlos a otros penales y conjurar manifestaciones violentas.
Según informes que en su momento dieron las autoridades, hubo una rebelión por parte de los internos contra los que mantenían el control del penal, identificados con un grupo del crimen organizado.
A un año de la violenta escalada, y a contracorriente del discurso del gobierno de Fernando Toranzo de que en el centro penitenciario de La Pila se ha erradicado cualquier posibilidad de que el episodio se repita, custodios del penal advierten que persisten las condiciones de violencia y tensión que estallaron de manera violenta hace un año.