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La muerte física de Jesus, analisis forense...

Info•2/6/2014
Como murió medicamente Jesus????


Jesús de Nazaret pasó por el juicio judío y el romano, fue azotado y sentenciado a muerte por crucifixión. La flagelación produjo laceraciones en forma de rayas y considerable pérdida de sangre, y probablemente contribuyó al shock hipovolémico, como se evidencia por el hecho de que Jesús estaba demasiado débil para cargar la cruz (patíbulum) hasta el Gólgota. En el lugar de la crucifixión, sus muñecas fueron clavadas al patíbulum, y, luego que el patíbulum fuera alzado hasta el poste (estípite), sus pies fueron clavados al estípite.

La muerte física de Jesus, analisis forense...

El mayor efecto patológico de la crucifixión era la interferencia con la respiración. Así la muerte resultaba básicamente de shock hipo-volémico y asfixia. La muerte de Jesús fue asegurada por una punzada de lanza en su costado. La interpretación médica moderna del evento histórico indica que Jesús estaba muerto cuando fue bajado de la cruz.

Muerte


GETSEMANI

Luego que Jesús y sus discípulos celebraron la Pascua en el aposento alto de una casa ubicada en el suroeste de Jerusalén, viajaron al Monte de los Olivos, al noreste de la ciudad. (Debido a varios ajustes del calendario, los años del nacimiento y la muerte de Jesús permanecen controversiales. Sin embargo, es muy probable que Jesús naciera en el 4 o el 6 AD y que muriera en el 30 DC. Durante la celebración de la Pascua en el 30 DC, la Ultima Cena se habría observado el jueves 6 de abril [Nisan 13], y Jesús habría sido crucificado el viernes 7 de abril [Nisan 14].) En el cercano Getsemaní, Jesús, aparentemente sabiendo que el tiempo de su muerte se acercaba, sufrió una enorme angustia mental, y su sudor se volvió como gotas de sangre (hematidrosis o hemohidrosis), esto podría ocurrir en altos estados emocionales o en personas con desórdenes sanguíneos.

LOS JUICIOS

Juicios Judíos

Después de la medianoche, Jesús fue arrestado en Getsemaní por los guardias del templo, y fue llevado ante Anas y luego ante Caifás, el sumo sacerdote judío ese año. Entre la una de la mañana y el amanecer, Jesús fue juzgado ante Caifás y el Sanhedrín político, y fue hallado culpable de blasfemia. Luego los guardias lo vendaron, le escupieron, y le pegaron en el rostro con sus puños. Después del amanecer Jesús fue juzgado ante el Sanhedrín religioso (fariseos y saduceos), y de nuevo fue hallado culpable de blasfemia, un crimen castigable con la muerte.

Juicios Romanos


Debido a que el permiso para una ejecución tenía que provenir de los romanos gobernantes, Jesús fue llevado temprano en la mañana por los guardias del templo al Pretorio de la Fortaleza Antonia, residencia y asiento de gobierno de Poncio Pilato, el procurador de Judea. Jesús fue presentado a Pilato, no como un blasfemo, sino como un rey autoproclamado que rechazaría la autoridad romana. Pilato no presentó ningún cargo contra El y lo envió a Herodes Antipas, Herodes tampoco presentó ninguna acusación y lo devolvió a Pilato. De nuevo Pilato no pudo encontrar base alguna para un cargo legal contra Jesús, pero la gente demandaba la crucifixión con persistencia. Pilato cedió y entregó a Jesús para ser flagelado y crucificado.

La Salud de Jesús

Los viajes a pie a través de la Palestina habrían excluido cualquier enfermedad física de importancia o una constitución débil, es razonable suponer que Jesús gozaba de buen estado de salud antes de su caminata a Getsemaní. Sin embargo, durante las 12 horas entre las 9 pm del jueves y las 9 am del viernes, El sufrió una enorme tensión emocional (como se evidencia por la hematidrosis), abandono de sus más cercanos amigos (los discípulos) y el castigo físico (luego del primer juicio judío). Además de esto, en el escenario de una noche traumática y desvelada, El había sido obligado a caminar más de 4 kilómetros de uno a otro local donde se celebraron los juicios. Estos factores físicos y emocionales podrían haber dejado a Jesús particularmente vulnerable a los efectos adversos y hemodinámicos de la flagelación


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Prácticas de Flagelación

La flagelación era un preliminar legal para toda ejecución romana, y solo las mujeres, los senadores romanos y los soldados (con excepción de casos de deserción) estaban exentos. El instrumento usual era un azote corto (flagrum o flagellum) con varias tiras de cuero sencillas o entrelazadas, de diferente longitud, en las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de ovejas a varios intervalos. Ocasionalmente se utilizaban barrotes. Para la flagelación, el hombre era desnudado, y sus manos eran atadas a un poste. Las espaldas, las nalgas y las piernas eran azotadas, bien sea por dos soldados o por uno que alternaba la posición. La severidad de la flagelación dependía de la disposición de los verdugos y su objetivo era debilitar a la víctima a un estado próximo al colapso o la muerte. Después de la flagelación, los soldados solían burlarse de sus víctimas.

Aspectos Médicos de la Flagelación

Cuando los soldados azotaban repetidamente y con todas sus fuerzas las espaldas de su víctima, las bolas de hierro causaban profundas contusiones, y las tiras de cuero y huesos desgarraban la piel y el tejido subcutáneo. Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los músculos, produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada. El dolor y la pérdida de sangre usualmente creaban las condiciones para un shock circulatorio. La cantidad de sangre perdida podía muy bien determinar cuánto tiempo sobreviviría la víctima en la cruz.


La Flagelación de Jesús

Jesús fue severamente azotado en el pretorio Un estudio detallado del antiguo texto griego indica que la flagelación de Jesús fue particularmente fuerte. No se sabe si el número de azotes se limitaba a 39, de acuerdo a la ley judía. A este hombre debilitado los soldados comenzaron a escarnecer colocando una túnica sobre sus hombros, una corona de espinas sobre su cabeza, y un palo como cetro en su mano derecha. A seguidas le escupían y le golpeaban en la cabeza. Más aun, cuando le arrebataron la túnica, probablemente reabrieron las heridas.

La flagelación severa, con su intenso dolor y apreciable pérdida de sangre, probablemente dejaron a Jesús en un estado casi de shock. Más aun, la hermatidrosis había dejado su piel muy sensible. El abuso físico y mental descargado por los judíos y los romanos, así como la falta de alimentos, agua y descanso, también contribuyeron a su estado general de debilidad. Por tanto, aún antes de la crucifixión, la condición física de Jesús era por lo menos seria si no crítica.

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Coronación de espinas

Los soldados colocaron una tela sobre su espalda, una corona de espinas sobre su cabeza; cabe explicitar que posiblemente se haya usado la Poteriun spinosum L, que cuenta con largas espinas, por medio de la sábana santa. Sabemos que fueron 33 heridas en el cuero cabelludo (las heridas en cuero cabelludo sangran aproximadamente de 10-15 ml dependiendo del sitio): 330 ml.
La Corona de Espinas estaba tejida (por el estudio del polen) con ramas de “poterium spinosum”, un espino de duras y agudas espinas que usaban como leña para encender fuego o alumbrarse. La corona no tenía forma de anillo como suelen representar los artistas, sino probablemente forma de casco, como una corona oriental, cubriendo toda la cabeza, como si fuera un sombrero. Rodeando la cabeza desde la nuca hasta la frente.

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LA CRUCIFIXION




Prácticas de Crucifixión

La crucifixión probablemente comenzó entre los persas. Alejandro el Grande introdujo la práctica en Egipto y Cartagena, y parece ser que los romanos aprendieron de ella de los cartaginenses. A pesar de que los romanos no inventaron la crucifixión, la perfeccionaron como forma de castigo y tortura diseñada para producir una muerte lenta con máximo dolor y sufrimiento. Fue uno de los métodos de ejecución más crueles y degradantes, y se reservaba únicamente para esclavos, extranjeros, revolucionarios y los más viles criminales. La ley romana usualmente protegía a los ciudadanos romanos de la ejecución, con excepción tal vez de los soldados desertores.

Se acostumbraba obligar al hombre condenado a cargar su propia cruz desde el poste de flagelación al lugar de la crucifixión fuera de los muros de la ciudad. Este usualmente iba desnudo, a menos que fuera prohibido por las costumbres locales. Debido a que la cruz pesaba más de 300 libras (136 kilos), solo se llevaba el travesaño. El patíbulum, que pesaba entre 75 y 125 libras (34 a 57 kilos), era colocada sobre la nuca de la víctima y se balanceaba sobre sus dos hombros. Usualmente se ataban los brazos extendidos al travesaño. La procesión al lugar de la crucifixión era precedida por una guardia romana completa, comandada por un centurión. Uno de los soldados cargaba un letrero (titulus) en el cual se exhibía el nombre y el crimen del condenado. Más adelante el titulus sería colocado sobre la cruz. El guardia romana no dejaría a la víctima hasta estar segura de su muerte.

Muerte

Fuera de los muros de la ciudad estaban localizados, de manera permanente, los pesados estípites de madera sobre las cuales se asegurarían los patíbulum. En el caso de la cruz tipo Tau, esto se lograba mediante una junta de muesca y espiga, con o sin refuerzo de sogas. Para prolongar el proceso de crucifixión, un travesaño o viga horizontal frecuentemente se fijaba a mitad del estípite, sirviendo así como asiento (sedile o sedulum). Solo raras veces, y probablemente luego del tiempo de Cristo, se empleó un bloque de madera adicional (suppedaneum) para la transfixión de los pies.

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En el lugar de la ejecución, por ley se le daba a la víctima un trago amargo de vino mezclado con mirra como leve analgésico. El criminal era luego tirado al suelo sobre sus espaldas, con sus brazos extendidos a lo largo del patíbulum. Las manos podían ser clavadas o amarradas al travesaño, pero el clavado era preferido por los romanos. Los restos arqueológicos de un cuerpo crucificado, encontrados en un osario cerca de Jerusalén y fechados para el tiempo de Cristo, indican que los clavos pinchos de hierro de punta agudizada de aproximadamente 5 a 7 pulgadas (13 a 18 centímetros) de longitud con sección cuadrada de 3/8 pulgadas (1 centímetro). Más aun, los descubrimientos de osarios y el Sudario de Turin han documentado que comúnmente los clavos atravesaban las muñecas en vez de las palmas de las manos.

Luego de fijar los brazos al travesaño, el patíbulum y la víctima eran levantados juntos al estípite. En una cruz bajita, cuatro soldados podían lograr esto con relativa facilidad. Sin embargo, en una cruz alta, los soldados utilizaban ganchos de madera o escaleras.

A seguidas de esto, los pies eran fijados a la cruz por medio de clavos o sogas. Los descubrimientos de osarios y el Sudario de Turin sugieren que el clavado era la práctica preferida por los romanos. A pesar de que los pies podían ser fijados a los lados del estípite o al descanso de madera (suppedaneum), usualmente eran clavados en el lado frontal. Para lograr esto, habría sido necesario flexionar las rodillas, y las piernas dobladas podían ser rotadas lateralmente.

Cuando se completaba el clavado, el títulus era fijado a la cruz, por clavos o cordones, sobre de la cabeza de la víctima. Los soldados y los espectadores a menudo hacían burla y escarnio al condenado; y los soldados acostumbraban a dividirse las ropas entre sí. El lapso de supervivencia generalmente fluctuaba desde tres a cuatro horas hasta tres o cuatro días, y parecía inversamente proporcional a la severidad del flagelo. Sin embargo, aun cuando la flagelación pudiera haber sido leve, los soldados romanos podían apresurar la muerte al partirle las piernas debajo de las rodillas (crurifragium o skelokopia).

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Era común que insectos se aposaran y se metieran dentro de las heridas abiertas o los ojos, oídos y nariz de la víctima moribunda, y que las aves de rapiña desgarrarían las carnes en esos lugares. Más aun, era costumbre dejar los cadáveres colgados de la cruz para ser devorados por animales salvajes. Sin embargo, según la ley romana, la familia del condenado podía tomar el cuerpo para ser enterrado, luego de obtener permiso del juez romano.

Como no se suponía que nadie sobreviviera la crucifixión, el cuerpo no era entregado a la familia hasta que los soldados romanos estuvieran seguros de que la víctima estaba muerta. Se acostumbraba que uno de los guardas romanos clavara el cuerpo con una espada o lanza.

Tradicionalmente esto se había considerado como una herida de lanza al corazón a través del lado derecho del pecho -una herida fatal enseñada a la mayoría de los soldados. El Sudario de Turín documenta esta forma de herida. Más aun, la lanza estándar de infantería, de unos 5 a 6 pies (1.5 a 1.8 Mts) de longitud, podía fácilmente alcanzar el pecho de un hombre crucificado en la acostumbrada cruz baja.

Aspectos Médicos de la Crucifixión


Cada herida tenía la intención de producir intensa agonía y las causas que contribuían a la muerte eran múltiples.

La flagelación antes de la crucifixión servía para debilitar al hombre condenado, y, si la pérdida de sangre era considerable, producir hipertensión ortostática y aún shock hipovolémico. Cuando la víctima era lanzada al suelo sobre sus espaldas, las heridas del azote se reabrirían y se contaminarían con lodo. Más aun, con cada respiración, las dolorosas heridas de las espaldas rozarían contra la tosca madera del estípite. Como resultado de esto, la pérdida de sangre de las espaldas continuaría probablemente durante la crucifixión.

Con brazos extendidos, pero no tensos, las muñecas eran clavadas al patíbulum. Se ha demostrado que los ligamentos y huesos de la muñeca pueden soportar el peso de un cuerpo colgando de ellos, pero no las palmas de las manos. De esta forma, los clavos eran probablemente clavados entre el radius y los carpales o entre las dos hileras de huesos carpales, ya sea cerca o a través del fuerte flexor retinaculum y los varios ligamentos intercarpales. A pesar de que un clavo en cualquiera de los dos sitios en la muñeca podría pasar entre los elementos óseos y así no producir fractura alguna, la posibilidad de una herida periósea dolorosa es grande. Más aun, el clavo penetrado destruiría el largo nervio sensorial motor. La afección de este nervio produciría tremendas descargas de dolor en ambos brazos. Aunque la laceración del nervio resultaría en parálisis parcial de la mano, las contracciones isquémicas y el empalamiento de varios ligamentos por los clavos podría provocar fuertes contracciones de la mano.

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Comúnmente, los pies eran fijados al frente del estípite por medio de un clavo de hierro clavado a través del primer o segundo espacio intermetatarso, justo al lado de la junta tarsometatarso. Es probable que el profundo nervio peroneo y ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta serían heridos por el clavo. A pesar de que la flagelación producía considerable pérdida de sangre, la crucifixión por sí misma era un procedimiento poco sangriento, ya que ninguna de las arterias principales, excepto tal vez la del arco de la planta, pasaban a través de los sitios anatómicos favoritos de la transfixión.

El efecto principal de la crucifixión, aparte del tremendo dolor, era la marcada interferencia con la respiración normal, particularmente con la exhalación. El peso del cuerpo, jalando hacia abajo por los brazos y hombros extendidos, tendía a fijar los músculos intercostales en un estado de inhalación y por consiguiente afectando la exhalación pasiva. De esta manera, la exhalación era primariamente diafragmática, y la respiración muy leve. Es probable que esta forma de respiración no sería suficiente y que pronto se produciría la hipercarbia. El desarrollo de calambres musculares o contracciones tetánicas, debido a la fatiga y la hipercarbia, afectarían aun más la respiración.

Una exhalación adecuada requería que se incorporara el cuerpo empujándolo hacia arriba con los pies y flexionando los codos y aductando los hombros. Sin embargo, esta maniobra colocaría el peso total del cuerpo en los tarsales y causaría tremendo dolor. Más aun, la flexión de los codos causaría rotación en las muñecas en torno a los clavos de hierro, y provocaría enorme dolor a través de los nervios lacerados. El levantar el cuerpo rasparía dolorosamente las espaldas contra el estípite. Los calambre musculares y la parestesia de los brazos abiertos y doblados agregarían al malestar. Como resultado de esto, cada esfuerzo de respiración se volvería agonizante y fatigoso, y eventualmente llevarían a la asfixia.

La causa real de muerte por crucifixión era multifactorial y variaba en cada caso, pero las dos causas más prominentes eran probablemente el shock hipovolémico y asfixia por agotamiento. Otros factores contribuyentes incluían la deshidratación, arritmia causada por tensión, y paro cardíaco causado por congestión con rápida acumulación de efusiones pericardias o pleurales. La crucifractura (quebrando las piernas debajo de las rodillas), si se ejecutaba, resultaba en muerte por asfixia en pocos minutos. La muerte por crucifixión era, en todo el sentido de la palabra, intolerable.

La Crucifixión de Jesús

Cerca de las 9 am, luego de la flagelación y el escarnio, los soldados romanos volvieron a poner las ropas a Jesús y le llevaron a El y a los dos ladrones para ser crucificados. Aparentemente Jesús estaba tan debilitado que no podía cargar el patíbulum desde el pretorio al lugar de la crucifixión, a un tercio de milla (600 a 650 metros) de distancia. Simón de Cirene fue llamado a cargar la cruz de Cristo, y el procesional se dirigió al Gólgota (o Calvario), un lugar establecido para crucifixión.

Allí, se le removió la ropa a Jesús, con excepción de un taparrabo de lino, de esta manera reabriéndole las heridas de azote. Luego se le ofreció un trago de vino mezclado con hiel, pero, luego de probarlo, lo rechazó y no quiso beber. Finalmente Jesús y los dos ladrones fueron crucificados. El títulus fue colocado sobre la cabeza de Jesús. No esta muy claro si Jesús fue crucificado en una cruz tipo Tau o en una cruz latina; los descubrimientos arqueológicos favorecen la última, y la antigua tradición la primera. El hecho de que a Jesús más tarde se le ofreció un trago de vinagre en una esponja colocada en una vara de una planta de hisopo (unas 20 pulgadas o 50 cms de largo), fuertemente sugieren que Jesús fue crucificado en una cruz baja.

Los asistentes civiles escarnecían a Jesús durante la crucifixión, y los soldados echaron suertes sobre sus ropas. Cristo habló siete veces desde la cruz. Debido a que el habla ocurre durante la exhalación, estas frases cortas deben haber sido particularmente difíciles y dolorosas. A eso de las 3 pm del viernes, Jesús clamó a gran voz, inclinó la cabeza y murió. Tanto los soldados como los testigos presentes reconocieron el momento de su muerte.

Como los judíos no querían que los cuerpos permanecieran en la cruz después del atardecer, el comienzo del día de reposo, pidieron a Poncio Pilato que adelantara la muerte de los tres crucificados. Los soldados quebraron las piernas de los dos ladrones, pero cuando se acercaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto, no le partieron las piernas. En lugar de esto, uno de los soldados le atravesó el costado, probablemente con una lanza de infantería, lo cual produjo un flujo repentino de sangre y agua. Más tarde, ese mismo día, el cuerpo de Jesús fue bajado de la cruz y colocado en una tumba.

LA MUERTE DE JESUS

Dos aspectos de la muerte de Jesús han sido causa de una gran controversia. Uno es la naturaleza de la herida en el costado, y el otro es la causa de muerte luego de solo varias horas en la cruz.

El evangelio de Juan describe la herida en el costado de Jesús y enfatiza la súbita efusión de sangre y agua. Algunos autores han interpretado la efusión de esta agua como ascites u orina, de una perforación de la vejiga a nivel abdominal medio. Sin embargo, el término griego (pleura) usado por Juan claramente denota lateralidad y frecuentemente implica las costillas. Por tanto, parece probable que la herida fue en el torax y muy distante a la línea media abdominal.

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El escepticismo en aceptar la descripción de Juan ha surgido por la dificultad de explicar, con precisión médica, la efusión tanto de sangre como de agua. Parte de esta dificultad se crea al asumir que la sangre apareció primero, y luego el agua. Sin embargo, en el griego antiguo, el orden de las palabras generalmente denotaba prominencia y no necesariamente secuencia en el tiempo. Por tanto, parece probable que Juan estaba enfatizando la prominencia de la sangre en lugar de su aparición antes del agua.

Por consiguiente, el agua probablemente representaba fluido pleural y pericardial, y habría precedido la efusión de sangre, siendo también menor en volumen que esta. Tal vez, en la generación de la hipovolemia y el inminente paro cardíaco, se habrían desarrollado efusiones pleurales y pericardias y habrían agregado al volumen del agua aparente. La sangre, por contraste, podría haberse originado del atrium o ventrículo derecho, o tal vez del hemopericardium.

La muerte de Jesús luego de solo tres a seis horas en la cruz sorprendió hasta Poncio Pilato. El hecho de que Jesús clamara a gran voz y luego inclinara la cabeza y muriera sugiere la posibilidad de un evento catastrófico terminal. Una explicación popular es que Jesús murió de ruptura cardíaca. En el escenario de la flagelación y la crucifixión, con estados asociados de hipovolemia, hipoxemia y un estado coagulable alterado, se habrían formado vegetaciones trombótica no infectivas en la válvula aórtica o mitral. Estas podrían haberse filtrado por la circulación coronaria, produciendo así una aguda infarción transmural del miocardio. Aunque poco común, podría haber ocurrido una ruptura de la pared libre ventricular en las primeras horas luego de la infarción.

Sin embargo, hay otra explicación más probable. La muerte de Jesús pudo haberse precipitado sencillamente por su estado de agotamiento y por la severidad de la flagelación, con su consecuente pérdida de sangre y estado preshock. El hecho de que El no pudo cargar su patíbulum apoya esta interpretación. La causa real de la muerte de Jesús, así como la de otras víctimas de crucifixión, pudo haber sido multifactorial y relacionada primariamente a shock hipovolémico, asfixia por agotamiento, y agudo paro cardíaco. Una arritmia cardíaca fatal pudo haber sido la causa del evento catastrófico terminal.

Por tanto, no se puede dejar por sentado si Jesús murió de ruptura cardíaca o falla cardiorespiratoria. Sin embargo, el hecho a resaltar no es cómo El murió, sino si murió. Esta claro que el peso de las evidencias históricas y médicas indican que Jesús estaba muerto antes de producirle la herida en su costado, y soporta el punto de vista tradicional que la lanza clavada entre sus costillas derechas, perforó no solo el pulmón derecho sino también el pericardio y el corazón, asegurando así su muerte. Por consiguiente, las interpretaciones basadas en la suposición de que Jesús no murió en la cruz parecen estar en contraposición con los conocimientos médicos modernos.


Bueno gente eso es todo, esto no tiene nada que ver con lo religioso, es una visión de como fue medicamente la muerte de Jesus, se que es largo pero esta bueno!

SAludetes!!!

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