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Info1/28/2014
MENTE DE POBRE


Antes que nada, y para evitar malos entendidos, no tengo ningún prejuicio ni antipatía contra los pobres. Ni contra los ricos ni los de clase media, valga la aclaración. El título de esta pequeña reflexión se debe a que me puse a pensar en ella mientras veía los capítulos (atrasados) de una telenovela. Y conforme pasaban ante mis ojos las escenas, me puse a reflexionar que las mentalidades que estaban en el guión no me eran desconocidas. Por desgracia, se manifiestan más notablemente entre las clases sociales pobres, aunque no son de su exclusividad, pues se ven en otras clases. ¿Será, como dijo un personaje, que los pobres no son tan hipócritas? Yo creo que simplemente no tienen la refinación para ocultarla tan bien como lo hacen los más "educados".

Ilustraré esta mentalidad con dos historias. Una ficticia, se supone que un chiste, pero que ilustra bien una de las facetas que quiero comentar. Digo que se supone un chiste, porque con el tiempo en lugar de divertirme me oprime el corazón. La otra historia es verídica, pero cambio los nombres de los involucrados.

Primero el "chiste". Estaban un señor y su hijo pescando en el Río Grande, en la frontera entre Estados Unidos y México. El señor da las instrucciones al hijo:

- Hijo, cuando saques un pez y veas que es gringo, lo pones en el balde tapado, y pones la piedra sobre la tapa. Si el pez es mexicano, lo echas al balde destapado.

- Papá,- responde el hijo, - ¿y por qué hay que hacer esto?

- Es que el pez gringo va a intentar escapar, y los otros le van a querer ayudar. En cambio, si un pez mexicano quiere salirse, los otros lo van a tirar hacia dentro de nuevo.

La primera vez que escuché el chiste, me reí. Ahora me hace llorar. Podemos cambiar mexicanos por muchos otros; el chiste habla del mexicano porque ocurre en esa frontera.

La otra historia se refiere a dos personas inicialmente amigas. Llamémosles Pedro y Juan. Los dos eran choferes, y hacían regularmente un trayecto largo, sin parar, de 40 horas de duración. Al llegar a su destino, Pedro se iba invariablemente a tomar y a divertirse. Juan, por su parte, se iba al hotel a descansar. Pedro se reía porque su amigo no sabía divertirse, solamente encerrarse. Tacaño, recalcaba. Al regresar a casa, Juan entregaba religiosamente el dinero ganado a su esposa, y se sentaban los dos a administrar los gastos del hogar. Pedro, antes de llegar a casa, se gastaba parte del dinero ganado en la bebida.

Con el tiempo, naturalmente, Juan reunió un capital. Lo suficiente como para comprar 1/4 de camión, es decir, ser dueño en sociedad con otros en un camión. Pedro se rió de las ocurrencias de riquillo de su amigo. Para reducir gastos, y asegurarse que el camión era bien atendido, Juan dejó al camión en el cual servía de chofer, y tomó ese puesto en el camión de su sociedad. Invitó a Pedro a ser su copiloto.

Así siguieron, y Juan pasó a adquirir 1/2 camión, y luego uno completo. Y dos después. Los otros dueños de camiones se dieron cuenta de la habilidad de Juan para administrar y pronto Juan, además de ser dueño de dos camiones, empezó a administrar los de otros. Así, sus ingresos empezaron a crecer más rápidamente. Compró casa, más camiones, otros negocios y, naturalmente, toda su familia se vió recompensada en el proceso.

Yo conocí a Pedro varios años después de lo ocurrido. Su resentimiento y odio contra Juan me asustaron. Pedro no podía concebir cómo, habiendo ganado los dos un salario igual, el otro había llegado a donde estaba. Por supuesto, nunca faltaban las frases hechas de "No, si yo lo conocí cuando era un don nadie, que apenas ganaba", "Si vieran cómo pasaba penurias el tipo", "Pura suerte tuvo", etc. Pedro no nos contó cómo fue que Juan logró lo obtenido, pero el mundo es chiquito y poco a poco identifiqué a Juan, de quien se dio el caso que era un amigo de la familia, desde sus tiempos de chofer, y por lo tanto de quien conocíamos el origen de su fortuna. Así es, nunca se sabe con quién hablas.

Lo más curioso del caso es que, de aquellos que escuchábamos a Pedro, los "pobres" de mente de pobre que no conocían a Juan, se solidarizaban con Pedro en sus reproches y diatribas contra ese "falso amigo".

Estas dos historias son dos, entre muchos ejemplos, que ilustran unas facetas de lo que quiero decir con "mente de pobre". No es necesariamente envidia, aunque puede ser un ingrediente. Un pobre puede estar satisfecho en su pobreza material. El dinero no hace la felicidad (aunque la miseria tampoco), y se puede ser perfectamente feliz y conformarse siendo pobre. También siendo rico, vale. Pero el de la mente de pobre no quiere que los otros no sean pobres, ni acepta que el rico se le acerque. No necesariamente quiere adquirir bienes, y puede ser que esté conforme con su situación, Pero le molesta que otro los adquiera o los tenga. Racionaliza esa molestia y coraje diciendo que el otro "quiere sentirse más que uno". Pedro es el ejemplo claro de lo que quiero decir.

En nuestros países, eso es de lo más común, y la historia de los pescadores lo refleja con bastante ironía. En las escuelas y universidades es también común encontrar esa mentalidad entre estudiantes y profesores mediocres. Les molesta que un estudiante sobresalga. No quieren estudiar, pero les molesta que el otro estudie. Y cuando un profesor otorga las calificaciones "por referencia", el alumno brillante es más odiado todavía.

Entre los emigrados a los Estados Unidos, los que tienen más dificultad para progresar son aquellos que provienen de países con mentalidad de pobre. Por suerte, ha habido muchos cambios recientemente, y se forman asociaciones y sociedades que, sin decirlo expresamente, tratan de cambiar esa mentalidad. Ayudando a los otros a salir, y no solamente a subsistir. Que también es importante, pero es solamente la mitad del camino.

A propósito, uno de los puntos del guión de la telenovela que mencioné al principio, es que uno de los protagonistas, el pobre, no logra aceptar del todo a su novia rica porque ésta, aunque acepta "volverse pobre", le dice que van a luchar juntos para salir. El protagonista quiere que su novia se vuelva pobre, y se quede pobre junto con él, quien no quiere ser rico. Lo cual sí es muy chistoso, porque, después de todo, un rico puede vivir como pobre si le da su regalada gana, aunque no al revés. De manera que el "pobre" de la novela no necesita cambiar su modo de vida, aunque se vuelva rico. Pero su mentalidad de pobre no le permite aceptar que la novia no adopte para siempre la vida de pobre.

Ese tipo pobre, ¡sí que es un pobre tipo!









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