El cerumen, cera o cerilla es una sustancia amarillenta y cerosa secretada en el conducto auditivo humano y en el de muchos otros mamíferos. El cerumen y la resina desempeñan un importante papel en el canal auditivo del ser humano, ya que ayuda en su limpieza y lubricación, y también proporciona protección contra algunas bacterias, hongos e insectos. El exceso de cerumen o el incrustamiento de éste puede presionar el tímpano u ocluir el conducto auditivo externo, además de perjudicar el sentido del oído.
Limpieza
La limpieza del canal auditivo ocurre como consecuencia del proceso "de cinta transportadora" de migración epitelial, ayudado por el movimiento del maxilar.5 Las células formadas en el centro del tímpano emigran hacia afuera del umbo, a las paredes del canal auditivo, y aceleran en la entrada de éste. El cerumen, en el canal, también es llevado hacia fuera, llevando consigo cualquier suciedad, polvo y materia particular que puede haberse incrustado en las paredes del canal. El movimiento del maxilar ayuda a este proceso soltando los restos que quedan impregnados en las paredes del canal, aumentando la probabilidad de su expulsión.
Bastoncillos de algodón
En general se recomienda no utilizar bastoncillos de algodón para extraer el cerumen, ya que lo que se consigue normalmente es empujar la cera más adentro del canal auditivo y, si se utilizan sin cuidado, perforar el tímpano. La abrasión del canal auditivo, en particular después de que el agua haya entrado tras nadar o bañarse, puede conducir a la infección del oído medio. Asimismo, el trozo de algodón puede quedar atrapado en el canal auditivo. Los bastoncillos de algodón sólo deben utilizarse para limpiar el oído externo.
Sin embargo, desde el punto de vista ocupacional y como parte del programa de protección auditiva, la inserción de protectores auditivos en el canal auditivo (tapones de espuma o silicona) requiere un conducto limpio, el cual solamente se consigue con la higiene del conducto de manera regular (diaria o interdiaria) por el propio usuario, utilizando para ello los bastoncillos de algodón.
En el puesto de trabajo, además del ruido industrial propio del área de trabajo (máquinas, motores, etc.), se generan partículas de polvo, gases, humos (metálicos o de combustión), vapores y otros, que favorecen una mayor producción de cerumen, por lo que existe la necesidad de una limpieza diaria o interdiaria.
Si el trabajador esperase un lavado de oídos a los 3 o 6 meses, el conducto auditivo ocupado por cerumen no permitiría la inserción adecuada de los tapones y por tanto el nivel de protección auditiva sería inadecuado, con la consecuente posibilidad de Daño Auditivo Producido por Ruido (DAIR) e Hipoacusia Laboral posterior.
Las recomendaciones complementarias desde el punto de vista ocupacional en torno a la higiene del conducto son: limpieza del canal auditivo con bastoncillos garantizados, realizando movimientos suaves, rotatorios y circulatorios que no vayan más allá del tercio medio del conducto. La frecuencia recomendada debe ser diaria o interdiaria, según el nivel de exposición laboral y el grado de producción de cerumen.
Prácticas alternativas
Una de la prácticas alternativas es un terapia térmica, llamada en inglés ear candling, típica de la medicina popular, que reivindica servir para retirar la cera del oído y mejorar la salud de éste. Se trata de poner una vela dentro del agujero que forma el canal auditivo y encender dicha vela. Se cree que el aumento de aire caliente retira la cera y "toxinas" de la oreja. Esta terapia es un recurso marginal en América del Norte y Europa, pero los beneficios que promete no están comprobados. Además cabe la posibilidad de que se derrita la cera caliente y gotee dentro del oído de la persona, y si la cera caliente interactúa contra el tímpano, puede causar gran dolor y una posible lesión auditiva. Ernst considera que esta terapia térmica no tiene ningún efecto real sobre la limpieza de cerumen del canal auditivo y que plantea un peligro de lesiones de oído. Llega a la conclusión de que esta terapia es «un triunfo de la ignorancia sobre la ciencia».
Limpieza
La limpieza del canal auditivo ocurre como consecuencia del proceso "de cinta transportadora" de migración epitelial, ayudado por el movimiento del maxilar.5 Las células formadas en el centro del tímpano emigran hacia afuera del umbo, a las paredes del canal auditivo, y aceleran en la entrada de éste. El cerumen, en el canal, también es llevado hacia fuera, llevando consigo cualquier suciedad, polvo y materia particular que puede haberse incrustado en las paredes del canal. El movimiento del maxilar ayuda a este proceso soltando los restos que quedan impregnados en las paredes del canal, aumentando la probabilidad de su expulsión.
Bastoncillos de algodón
En general se recomienda no utilizar bastoncillos de algodón para extraer el cerumen, ya que lo que se consigue normalmente es empujar la cera más adentro del canal auditivo y, si se utilizan sin cuidado, perforar el tímpano. La abrasión del canal auditivo, en particular después de que el agua haya entrado tras nadar o bañarse, puede conducir a la infección del oído medio. Asimismo, el trozo de algodón puede quedar atrapado en el canal auditivo. Los bastoncillos de algodón sólo deben utilizarse para limpiar el oído externo.
Sin embargo, desde el punto de vista ocupacional y como parte del programa de protección auditiva, la inserción de protectores auditivos en el canal auditivo (tapones de espuma o silicona) requiere un conducto limpio, el cual solamente se consigue con la higiene del conducto de manera regular (diaria o interdiaria) por el propio usuario, utilizando para ello los bastoncillos de algodón.
En el puesto de trabajo, además del ruido industrial propio del área de trabajo (máquinas, motores, etc.), se generan partículas de polvo, gases, humos (metálicos o de combustión), vapores y otros, que favorecen una mayor producción de cerumen, por lo que existe la necesidad de una limpieza diaria o interdiaria.
Si el trabajador esperase un lavado de oídos a los 3 o 6 meses, el conducto auditivo ocupado por cerumen no permitiría la inserción adecuada de los tapones y por tanto el nivel de protección auditiva sería inadecuado, con la consecuente posibilidad de Daño Auditivo Producido por Ruido (DAIR) e Hipoacusia Laboral posterior.
Las recomendaciones complementarias desde el punto de vista ocupacional en torno a la higiene del conducto son: limpieza del canal auditivo con bastoncillos garantizados, realizando movimientos suaves, rotatorios y circulatorios que no vayan más allá del tercio medio del conducto. La frecuencia recomendada debe ser diaria o interdiaria, según el nivel de exposición laboral y el grado de producción de cerumen.
Prácticas alternativas
Una de la prácticas alternativas es un terapia térmica, llamada en inglés ear candling, típica de la medicina popular, que reivindica servir para retirar la cera del oído y mejorar la salud de éste. Se trata de poner una vela dentro del agujero que forma el canal auditivo y encender dicha vela. Se cree que el aumento de aire caliente retira la cera y "toxinas" de la oreja. Esta terapia es un recurso marginal en América del Norte y Europa, pero los beneficios que promete no están comprobados. Además cabe la posibilidad de que se derrita la cera caliente y gotee dentro del oído de la persona, y si la cera caliente interactúa contra el tímpano, puede causar gran dolor y una posible lesión auditiva. Ernst considera que esta terapia térmica no tiene ningún efecto real sobre la limpieza de cerumen del canal auditivo y que plantea un peligro de lesiones de oído. Llega a la conclusión de que esta terapia es «un triunfo de la ignorancia sobre la ciencia».