10.04.2014 | OPINIÓN
Linchamiento a la democracia
En qué sociedad queremos vivir? ¿Manejada por quiénes? ¿Por noteros de chimentos que hablan de matar como si se tratara de una pelea entre vedettes? ¿Con dirigentes políticos que miran las encuestas hechas por los propios medios que contratan a estos noteros y que les indican que el pueblo quiere "justicia por mano propia" porque este Estado nuevo no les gusta y lo llaman ausente, para que vuelva el Estado devastador que los gerentes manejan mejor?
El retroceso que hemos vivido en esta última semana, debatiendo sobre una escala de valores en la que se justifica el asesinato por linchamiento, se aproxima peligrosamente a la justificación de los escuadrones de la muerte, antesala del terrorismo de Estado y de los Estados parapoliciales tan frecuentes en nuestras historias.
No se trata, como quieren sostener algunos, de defender a los delincuentes. Se trata de seguir construyendo una sociedad más justa, integrada e inclusiva donde el trabajo dignifique y sea el ordenador social. Donde los chicos tengan acceso a una educación igualitaria que les permita llegar con oportunidades a la vida adulta. Donde los mayores no tengan que vivir de sus familiares, sino que reciban una jubilación digna. Y finalmente, una sociedad que castigue a través de la ley y del debido proceso a quienes delinquen.
¡Nos costó muchos años, desgracias y desapariciones recuperar el Estado de Derecho y no lo vamos a regalar así nomás! Claro que siempre hay mucho por mejorar, que cambiar cosas permanentemente, pero es imprescindible establecer un piso de diálogo democrático que estos personajes no quieren que se establezca.
¿Cómo es posible que el jefe de Gobierno de esta Ciudad exclame que por suerte su hija vive en el exterior y ya no tiene que temer por su seguridad? ¿Para qué ejerce una función pública? ¿Para hacer negocios desde el Estado o para mejorar las condiciones de vida de su Ciudad? Recordemos que hace seis años que es jefe de Gobierno del Estado más rico del país medido en ingreso per cápita y todos los años miles de chicos no tienen vacantes en las escuelas, las desigualdades entre norte y sur son pavorosas y la Policía Metropolitana, en lugar de acercarse al vecino, lo reprime. Seguramente esta ola va a pasar, como pasaron tantas otras incitadas desde las pantallas antidemocráticas. Pero esta vez fue muy grave, porque se trata de asesinatos y su justificación no sólo banaliza el delito, sino que lo justifica. ¿Les suena el "por algo será"? Recordemos la promesa laica: ¡Nunca más!
Linchamiento a la democracia
En qué sociedad queremos vivir? ¿Manejada por quiénes? ¿Por noteros de chimentos que hablan de matar como si se tratara de una pelea entre vedettes? ¿Con dirigentes políticos que miran las encuestas hechas por los propios medios que contratan a estos noteros y que les indican que el pueblo quiere "justicia por mano propia" porque este Estado nuevo no les gusta y lo llaman ausente, para que vuelva el Estado devastador que los gerentes manejan mejor?
El retroceso que hemos vivido en esta última semana, debatiendo sobre una escala de valores en la que se justifica el asesinato por linchamiento, se aproxima peligrosamente a la justificación de los escuadrones de la muerte, antesala del terrorismo de Estado y de los Estados parapoliciales tan frecuentes en nuestras historias.
No se trata, como quieren sostener algunos, de defender a los delincuentes. Se trata de seguir construyendo una sociedad más justa, integrada e inclusiva donde el trabajo dignifique y sea el ordenador social. Donde los chicos tengan acceso a una educación igualitaria que les permita llegar con oportunidades a la vida adulta. Donde los mayores no tengan que vivir de sus familiares, sino que reciban una jubilación digna. Y finalmente, una sociedad que castigue a través de la ley y del debido proceso a quienes delinquen.
¡Nos costó muchos años, desgracias y desapariciones recuperar el Estado de Derecho y no lo vamos a regalar así nomás! Claro que siempre hay mucho por mejorar, que cambiar cosas permanentemente, pero es imprescindible establecer un piso de diálogo democrático que estos personajes no quieren que se establezca.
¿Cómo es posible que el jefe de Gobierno de esta Ciudad exclame que por suerte su hija vive en el exterior y ya no tiene que temer por su seguridad? ¿Para qué ejerce una función pública? ¿Para hacer negocios desde el Estado o para mejorar las condiciones de vida de su Ciudad? Recordemos que hace seis años que es jefe de Gobierno del Estado más rico del país medido en ingreso per cápita y todos los años miles de chicos no tienen vacantes en las escuelas, las desigualdades entre norte y sur son pavorosas y la Policía Metropolitana, en lugar de acercarse al vecino, lo reprime. Seguramente esta ola va a pasar, como pasaron tantas otras incitadas desde las pantallas antidemocráticas. Pero esta vez fue muy grave, porque se trata de asesinatos y su justificación no sólo banaliza el delito, sino que lo justifica. ¿Les suena el "por algo será"? Recordemos la promesa laica: ¡Nunca más!