Hay islas raras y después está la isla de Staffa, más allá de lo raro... Es una isla completamente plana y apenas levanta 42 metros sobre el nivel del mar, pero sus acantilados poco tienen de normal.
Los hexágonos de basalto cubren de forma caprichosa todos los flancos de la isla: por un lado son una pared inclinada que se hunde en el mar; por otro forman diferentes niveles, como si fueran escaleras; y por otro forman suaves curvas, pareciendo los hexágonos volcánicos un montón de suaves gominolas.
Como ya habrás supuesto, la peculiaridad de la Isla de Staffa se debe a su origen volcánico, pero aparte de estar formada a base de hexágonos negros, guarda muchas otras sorpresas.
Pero mejor empecemos por el principio. Ir hasta Staffa no es nada fácil, pues sólo se llega en barco desde la isla de Mull, a la que también hay que llegar en barco, en este caso ferry tomado en la Escocia “continental”.
En el pequeño pueblo pesquero de Fionnphort, por llamar de alguna forma a un puerto con dos casas, cogemos cualquiera de los barcos de excursiones que hay hacia Staffa.
El antaño barco pesquero ahora pasa los días llevando turistas a visitar la isla volcánica, uno de los mayores reclamos de las Hébridas interiores, a pesar de su inaccesibilidad y de estar inhabitada.
Mucha gente importante visitó ésta cueva y la isla desde que fuera popularizada por el explorador Sir Joseph Banks (acompañó a Cook en su primer gran viaje) en el siglo XVII.
Entre ellos está el compositor Félix Mendelssohn, al que la cueva de Fingal también le sorprendió mucho, componiendo en 1830 la Obertura las Hébridas (en alemán, Die Hebriden), Opus 26, también conocida como Fingal’s Cave (La cueva de Fingal).
Y es que Staffa, con su cueva de Fingal, es una de las mayores maravillas naturales que podemos visitar en Escocia.
Sorprendente isla, verdad?