Cuando el cine es fuente de basura divertida y sin prejuicios
La saga Sharknado es el último fenómeno en sumarse a una vasta lista de producciones de serie B que, desde los años 50, alimentan el apetito de un público que rinde honores a la caspa fílmica. Animados por la falta de talento, dinero y/o vergüenza, directores de todo el mundo han rodado engendros que, no obstante, tienen la capacidad de provocarnos la risa.
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Plan 9 del espacio exterior (1959)
Ed Wood puede ser considerado el primer director que facturó basura fílmica, si bien el pobre creía que lo suyo era talento incomprendido. Entre sus criaturas nos quedamos con este delirio cutre y casposo en el que unos alienígenas se dedican a resucitar humanos como zombis y vampiros. Tor Johnson, Bela Lugosi y Vampira encabezan un reparto que hoy sería carne de Supervivientes o Granjero busca esposa.
House of the Dead (2003)
El inefable Uwe Boll es algo así como el Ed Wood moderno, un tipo adicto a los no-guiones, las no-interpretaciones y las no-direcciones. En los últimos años ha producido desastres muy serios, pero le recordamos por su "adaptación" del videojuego House of the Dead, en la que no se corta un pelo e inserta imágenes del juego para tapar los agujeros del libreto.
Robovamp (1988)
El éxito de RoboCop propició la producción de numerosos exploitations que fabulaban con la posibilidad de crear un policía cibernético. Godfrey Ho (nombre más falso que un político honrado) es el autor del film más bizarro y tremebundo, protagonizado por un poli que, tras ser asesinado, vuelva a la vida convertido en un cyborg destructor. Su némesis: un traficante de drogas que ha creado una bestia vampírica.
Disco Godfather (1979)
El orgullo negro hizo furor en los setenta, década que vio nacer decenas de films que reivindicaban un lugar en la sociedad para los ciudadanos afroamericanos. Por desgracia abundaron más las vergüenzas ajenas que las películas de calidad, como esta psicotrópica cinta que sigue los pasos de un poli reconvertido en rey de la música disco. Tiene algo bueno: la banda sonora con éxitos disco del momento.
The Black Gestapo (1975)
Otra muestra del black power mal digerido es esta delicatessen de Lee Frost que pone los pelos como escarpias. Ante la extorsión de las mafias locales, un demente decide crear una fuerza de seguridad que defienda a los ciudadanos comunes. La cosa se la va de las manos y termina dirigiendo un cuerpo paramilitar inspirado en la Gestapo nazi.
El pantano diabólico (1959)
No es oro todo lo que brilla en el cine de terror clásico. Los estudios, ansiosos por ofrecer al público toda clase de horrores inimaginables, produjeron cantidades industriales de bazofia que hoy despiertan las risotadas más sonoras. Ojo a esta variación de la criatura del pantano en la que una especie de babosas chupópteras muestran debilidad por las muchachas de carnes prietas.
Belly of the Beast (2003)
Steven Seagal fue una de las estrellas del cine de acción más importantes de los 90, llegando a cobrar millones por sus "dotes interpretativas". Pero el mundo abrió los ojos y el bueno de Steve ha terminado participando en engendros del calibre de Belly of the Beast. Tras unos ojos cada vez más chiquitos y un pelazo teñido con marcador, Seagal reparte cera como si no hubiera mañana.
The Roller Blade Seven (1991)
Si juntáramos todas las ideas de casquero en una batidora nos saldría un mejunje bastante parecido a esta joyita de Donald G. Jackson. Scott Shaw interpreta a un chuleras motorizado y armado con katanas que se enfrenta a las huestes punk y oxigenadas de un villano acorazado tras el que se oculta nada menos que Frank Stallone, hermanísimo de Sly, cuya carrera incluye también varios créditos como cantante.
Birdemic: Shock and Terror (2010)
Hitchcock nunca hubiera imaginado que sus Pájaros serían la fuente de inspiración de este subproducto de James Nguyen que presume de tener una de las puntuaciones más bajas de la historia (1,9 sobre 10 en imdb). Águilas y pajarracos de todo plumaje atacan una pequeña localidad de Estados Unidos. Los dos únicos supervivientes tratan de evitar el desastre global, pero su idiotez les juega una mala pasada.
Bruce Linito Agente 003 y 1/2 (1981)
La saga del agente 00 (a secas) es una de las bizarradas más infames que pueden encontrarse por internet. El actor enano Weng Weng perpetra una parodia de James Bond en la que abunda la escatología, los chistes de cuartel, las mujeres explosivas y los villanos de pandereta. Es un atentado a la dignidad y el buen gusto, y por tanto resulta perfecta para ver con los colegas
El hombre puma (1980)
Clasicazo de Alberto De Martino que nos regala la figura del superhéroe más imposible del cine: ¡¡el hombre puma!! El destino de un pobre infeliz cambia cuando recibe un medallón místico de manos de un chamán. El objeto le confiere el poder legendario de los hombres puma, y su misión es pararle los pies al malvado Kobras, interpretado por un Donald Pleasance en modo "tengo que pagar facturas".
Troll 2 (1990)
Claudio Fragasso (Fracaso para los amigos crueles) tuvo el coraje de escribir y dirigir esta alucinada pesadilla que nos traslada hasta una ciudad azotada por oleadas de goblins y trolls que quieren merendar carne humana. De ideas peores han salido obras maestras, pero no es el caso. Ni siquiera los momentos cárnicos compensan esa sarta de diálogos escritos en el metro a las siete de la mañana.
La casa 4 - Witchcraft (1988)
La estrella de David Hasselhoff empezó a declinar el día que se puso a las órdenes de Fabrizio Laurenti para protagonizar Encuentro con la maldad. David lidera un grupo de turistas que quedan atrapados en un hotel sacudido por la presencia del fantasma de... ¡¡una actriz alemana!! También anda por ahí Linda Blair, la niña del Exorcista.
The Giant Spider Invasion (1975)
Cuando una peli es basura cien por cien certificada, lo mejor es ponerle un título descriptivo que ayude a digerirla. Suele pasar con las cintas de animales gigantescos que atacan la Tierra, como es el caso que nos ocupa. Ni hay más ni se espera: una horda de arañas gigantes procedentes de otra dimensión invaden Wisconsin con resultados delirantes.
Santa Claus conquers the Martians (1964)
Si una imagen vale más que mil palabras, la foto que se adjunta más abajo debería anular cualquier intento de definir esta pseudopelícula. Nicholas Webster debió fumar algo muy duro cuando decidió adaptar un relato corto de Paul L. Jacobson en el que Santa es raptado por los marcianos porque en su planeta no hay nadie que haga regalos a sus hijos. Grandiosa.
Dunyayi kurtaran adam (1982)
La guerra de las galaxias cuenta con una nutrida legión de versiones bastardas que harían palidecer al mismísimo Palpatine. La más famosa entre los devoradores de serie b es esta cosa turca en la que encontramos réplicas de Luke, Han, Leia y Vader, pero lógicamente aderezados de caspa y ansiolítcos en vena. En YouTube circulan versiones que te alegran el día.
Shark Attack 3 (2002)
Saga indispensable en el disco duro -porque estas cosas no se compran- de cualquier fan fatal de la mediocridad, Shark Attack 3 brilla con luz propia como la "mejor" entrega hasta la fecha de una serie más simple que un cubo. El protagonista es siempre un escualo descomunal que se zampa a todo bicho viviente. Y cuando parece que todo ha acabado...
Al filo del infierno (1987)
Huele a años ochenta desde varios kilómetros a la redonda. Música heavy, tachuelas, lacas, melenas y monstruos de látex son los elementos de esta oda al mal gusto en la que el líder de una banda de rock, John Triton, hace frente al mismísimo diablo con las armas más insospechadas. Si como duele decirse el rock invoca el diablo, ¿quién mejor que un cantante para conjurarlo?
Ghoulies (1985)
Otra saga imperdible en las listas de heces destiladas y el mayor mojón en la carrera de Luca Bercovici. Los Ghoulies es una de esas cintas que recuerdas con cariño si la ves siendo adolescente, pero que luego rezuma su verdadero olor a producto perpetrado durante una noche de copas. Vale que eran los 80, década generosa en bichos y diablillos, pero que vistan con camisetas y tirantes...
Mega Shark vs. Giant Octopus (2009)
Que hoy día puede hacer cine cualquiera queda de manifiesto con esta barrabasada a mayor gloria de los aficionados al material de derribo animal. Jack Pérez en la dirección y Lorenzo Lamas en el reparto componen la ilustre nómina de "artistas" que nos quitaron varios años de vida con esta cinta en la que pasa exactamente lo mismo que pronostica el título: un megatiburón lucha contra un pulpo gigante. Oh, cielos.