Vamos desde el comienzo
Hace apenas algunos meses, el diccionario de Oxford dio a conocer que uno de las palabras que agregaría a su acerbo este año sería selfie. Para los que no están al tanto de que se trata o qué significa, selfie se refiere a las autofotos, esas imágenes tomadas, generalmente con un celular o cámara digital, frente a un espejo o haciendo contorsionismo para lograr con la propia mano capturar la cara o el cuerpo del mismo fotógrafo.
Ahora bien, uno puede preguntarse porqué razón este concepto alcanzó el status de palabra oficial, apañada por el principal diccionario de la lengua inglesa. Por un lado, porque de un tiempo a esta parte los responsables de confeccionar dicho diccionario han tomado una postura mucho más abierta hacia los nuevos conceptos y prácticas derivadas de las nuevas tecnologías, aceptando que la gran extensión y uso de ciertos conceptos, como es el caso de selfie o sexting (enviar mensaje con contenido erótico) o to gif (la acción de hacer un gif animado).
Por otro lado, porque gracias a una de esas conjunciones inesperadas entre Internet, smartphones con cámara de fotos y redes sociales, las selfies se han convertido en una de las manifestaciones más populares en Internet en la actualidad.
Según parece, las selfie no son un invento de este siglo, ni del anterior. Tampoco son una consecuencia directa de las redes sociales ni tienen nada que ver con el auge de los celulares. Las autofotos parecen ser un recurso muy utilizado en los comienzos de la fotografía, allá por mediados del siglo XIX. Así se advierte en lo que parece ser la primer selfie de la historia. La imagen corresponde a un entusiasta de la fotografía llamado Robert Cornelius, cuya familia tenía un local de fotografía en Filadelfia, EE.UU., donde tomó la primer autofoto, en 1839.
En aquella época, el tiempo de captura de las imágenes tomaba algunos minutos, lo que le permitió al joven Robert activar el mecanismo y después posar frente al lente sin ayuda.
Aunque podemos ir mas atrás aun
Dicen los historiadores de arte que el primer autoretrato moderno del que se tiene conocimiento es un medallón de bronce del año 1450. Obra de Jean Fouquet, es la prueba documentada más antigua que pone de relevancia un sentimiento: cómo queremos figurar ante el resto del mundo.
A Jean Fouquet le han seguido otros muchos artistas que han decidido no sólo retratar la realidad que les rodeaba con su estilo y ojos sino también a ellos mismos. De forma más o menos verosímil, a representaciones más abstractas como por ejemplo las obras de Frida Kalho.
Arte, los autoretratos se han estudiado siempre como una parte esencial de la vida de los artistas por cómo se veían a ellos mismos más allá de la representación que hacían de su entorno, sus amigos, sus fantasías, su mundo.
Con la aparición de la fotografía, y el mayor acceso a la capacidad de autoretratarse, este género empezó a volver a coger fuerza de nuevo. Desde el retrato amateur y anónimo a fotos icónicas que se han convertido en símbolos. Véase el caso de Nan Goldin.
Titulado ‘Nan one month after bein battered‘ (Nan un mes después de ser maltratada) la autora de esta foto nos mostraba su estado un mes después de haber sido maltratada por su marido. Sin maquillaje, mostrando el glamour que destilaba la estética de los ochenta pero sin tapujos: mostrando las heridas que le había causado la agresión.
Nan quería mostrar al mundo su realidad, sin artificios, sin filtros y sin el potencial comunicativo que tienen las redes sociales hoy en día. Lo logró, y Nan convirtió su vida en una obra que hoy luce en el Tate.
Pasamos del mundo analógico al digital en un contexto sociocultural y tecnológico completamente diferente, a pesar de sólo haber 29 años de diferencia, del que veíamos con Nan Goldin. La fotografía ha llegado a su zénit, hasta ahora, de popularidad y cualquiera con un smartphone puede tomar imágenes y compartirlas en tiempo real con sus amigos.
Siguiendo con el trabajo de documentación, encontramos que la primer mención que se hizo al concepto de selfie fue en el 2002 pero no ha sido hasta diez años más tarde cuando el concepto se empezó a popularizar. Casualmente cuando el uso de smartphones se asienta junto a herramientas como Instagram y las redes sociales.
Siempre que vemos a alguien hacerse un selfie en público, o cuando lo comparte en las redes sociales, es normal encontrarse con alguna que otra risa o cara de desprobación. A muchos no les gusta los selfie. ¿Por qué?
Creo que la pregunta se contesta con la misma respuesta que con la que respondemos a por qué nos gusta: porque son muy artificiales, porque no son honestos. Los autoretratos han originado una serie de poses, a veces originales, otras veces ridículas, muchas veces mentirosas.
Desde los famosos morros de pato (bautizados duckface por los anglosajones) a poses igual de tendenciosas y estúpidas como ponerse el dedo en la boca, sacar la lengua tal Miley Cyrus libidosa. O simple y llanamente, porque siempre están haciéndolo y son parte de nuestro grupo de amigos.
Compartiendo con sus amigos en Snapchat, y con nosotros esas muecas mientras estamos tomando algo con mucha gente. En las redes sociales, con una ristra de fotos que me encantaría usar pero me limito a usar las de dominio público para evitar problemas. Es lo malo de que la gente sepa dónde vivas. En fin.
Hasta Trevor, de GTA V, se hace selfies
Todo en exceso es malo, y se ha comprobado que abusar de tomar selfies y compartirlas en las redes sociales puede ser perjudicial.
Esta semana la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés) confirmó que tomar selfies puede provocar una enfermedad mental. A este padecimiento se le ha nombrado ‘selfitis’, tal como lo indicaron los expertos de la organización su reunión anual en Chicago. En el evento los expertos definieron a este trastorno como el deseo compulsivo de tomar fotos de uno mismo, principalmente para compensar la falta de autoestima.
La asociación dijo que la ‘selfitis’ se puede catalogar en tres puntos:
- Selfitis Borderline: Capturar tres selfies diarias sin compartirlas en ningún medio social.
- Selfitis Aguda: Capturar tres selfies diarias y compartirla en cualquier red.
- Selfitis Crónica: Más de seis selfies al día y compartirlas en las redes sociales.
La APA insistió que aún no existe un tratamiento para este problema, sin embargo podría pensarse en terapia cognitiva-conductual para tratar la enfermedad.