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Atrapados en la comodidad

Info4/20/2014
Detrás de la ilusión de seguridad y confianza se esconde, mucha veces, el miedo al cambio. El término está de moda y tiene nombre: zona de confort.


La comodidad a veces es enemiga del cambio.


A Francisco "Pancho" Bello (51) lo agobiaba saber que no era "el dueño" de su tiempo. Durante 22 años trabajó en el ámbito financiero y llegó a ser el subgerente general del banco privado más grande de Uruguay. Pero un buen día, ya con 49 años, puso punto final a su "piloto automático" y prefirió renunciar a un sueldo de seis cifras a cambio de cumplir su sueño de ser un productor audiovisual. Decidió salir de su "zona de confort".

Con este término, tan de moda en época de coachings y motivadores de empresas, los expertos definen al lugar de "comodidad, conocido por el individuo, que lleva a que se maneje siempre de la misma manera, aunque a veces no sea la forma efectiva", dice la psicóloga y docente de la Universidad Católica Verónica Tutte. Es lo que en criollo se resume en el refrán: "Más vale malo conocido que bueno por conocer".

Esta frase dio vueltas en la cabeza de Francisco durante mucho tiempo. Tanto que aún trabajando en el banco prefirió quedarse despierto más de una madrugada para escribir guiones de cine, sin animarse a dar el definitivo paso al costado. "Me daba miedo salir a ganarme la vida por otro lado", recuerda próximo a estrenar 23 Segundos, su primer largometraje como productor (colaboró en el guión, pero no es original suyo). "El tema económico pesaba mucho, pero la cuestión de fondo era arriesgarme a salir a la aventura".

El miedo es, entre otros factores, la principal atadura a la "zona de confort". Y se potencia en las personas ansiosas, dependientes y vulnerables al estrés, dice la psicóloga Tutte. "Son personas que, cuando cuentan sus emociones, se quejan y no son optimistas, pero tampoco aceptan con facilidad las sugerencias que los otros le puedan ofrecer". De alguna manera "quieren confirmar que se tienen que quedar como están".

A las mujeres, por ejemplo, "se les ha educado para agradar, ser dependientes y tener una ética diferente a la del varón", comenta David Amorín Flores, excatedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Ellas son, por tanto, "más propensas" a quedar ancladas en el confort. Es que no se trata solo del interés personal por salir de ese "sitio", sino que influye el entorno y los roles que a uno le fueron asignando.

Y esto aplica para todos los órdenes de la vida, no solo para el trabajo. Pasa en quienes prefieren estudiar la misma carrera que sus padres porque así se lo han inculcado, aunque sus intereses y potencialidades vayan por otro lado. Y pasa muy seguido en el plano del amor.



Estados Unidos fue el destino elegido por Elisa (32) y su entonces esposo para recomponer la relación. Como otros tantos uruguayos aprovecharon la oleada migratoria tras la crisis económica de 2002 y apostaron a que el cambio de vida les traería, también, una mejora en el amor. Pero, por más ilusión y una hija de por medio, la pasión nunca se reavivó. Y tras diez años fue él quien tomó la decisión de separarse. Para ella era imposible salir de su "zona de confort".

Una vez superada la "angustia" inicial (esa que deja toda ruptura), Elisa sintió que le habían hecho un favor. Comenzó a vivir todo lo que postergó en esos diez años en que dilató una situación que no le era del todo gratificante, pero que tenía dominada. En el fondo, dicen los especialistas, en este típico caso lo que reina es "el temor a quedarse solo".

Por eso la "autoconfianza" resulta esencial para salir airoso de la zona de confort, comenta Tutte. Fue esa la fortaleza que tuvo Francisco para animarse a abrir Clever Producciones y dejar de lado la oficina del banco, aunque ello haya ocasionado "un shock" en su entorno más cercano.

Él lo pudo hacer porque, además de esa autoestima, tenía una formación (a nivel académico y vivencial) que le permitió sortear ciertas barreras, como saber montar una empresa de cero. "Cuando más aprendizaje hay más libertad y flexibilidad para manejarnos", dice la psicóloga.

Este es uno de los puntos más controversiales en algunas profesiones, por ejemplo en los deportistas. Tutte, quien tiene una especialización en Deporte y asesora al Club Nacional de Fútbol, comenta que un caso recurrente de quedarse en la zona de confort sucede cuando el futbolista decide "continuar en un club que ya no le genera beneficios o satisfacciones, ante que ponerse a buscar otro, tener que hacerse conocer nuevamente, comenzar a trabajar con compañeros y entrenador nuevo".

Pero por más influencia del entorno, de la familia y de lo que se haya estudiado, "el libre albedrío", dice Amorín Flores, "permite transformar creativamente los condicionamientos" sociales y remar contra la corriente.

Amor, trabajo y estudio: ocupan buena parte de nuestro tiempo y son las zonas de confort más recurrentes
La necesidad de un cambio de aire
Hay veces en que la peor noticia suele ser, a la larga, la mejor opción. Es lo que sucede cuando alguien es despedido de su trabajo o su empresa quiebra y tras superar el shock inicial comienza a entender que ahora tiene el tiempo de hacer lo que le gusta o de quitarse esas responsabilidades que ocasionan más dolor de cabeza que satisfacciones. Una realidad que atraviesa toda clase social.

La relación con "piloto automático"
La comezón del séptimo año, el cimbronazo de la llegada de los hijos, la mudanza, el nido vacío… siempre se ha intentado explicar, desde la psicología, el motivo que lleva a que una pareja pase por momentos de crisis. Pero hay otro tiempo de desgaste, mucho más solapado, que es cuando se teme al cambio y pesan otros factores. En términos científicos: anclarse a la zona de confort.

La pesada carga de los roles
"En la vida cumplimos más de uno rol a la vez", dice la psicóloga Verónica Tutte. Somos "hijo, amigo, hermano, padre, novio, esposo, trabajador, deportista. Alguien autónomo se mueve en todos sus roles con comodidad, sin sentirse anclado a uno. Una persona más temerosa, siente que tiene fijarse a uno para sentirse seguro. Es una de las disyuntivas más frecuentes a la hora de elegir la vocación.
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