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Dos delincuentes intentaron asaltar al Padre Adolfo, de la parroquia Nuestra Señora de Las Nieves, ubicada en Liniers. Pero cuando se identificó como cura le pidieron perdón y se fueron sin robarle.





Motochorros, pero creyentes




Una banda de delincuentes se apiadó de un sacerdote, a quien interceptaron con fines de robo, a punta de pistola, en el barrio porteño de Liniers. Sin embargo, al identificarse el párroco, los maleantes se disculparon y le rogaron que los bendiga, para luego marcharse sin sustraerle nada a cambio. Al respecto, la víctima señaló ante Crónica un deseo hacia el delincuente: “Ojalá encuentre en Dios el camino para cambiar su vida”.

El Padre Adolfo abandonó por unos minutos su Parroquia Nuestra Señora de Las Nieves, situada en Ventura Bosch 6662, del barrio porteño de Liniers. Así lo hacía todas las noches para caminar junto a su perro, de raza labrador, “para tomar un poco de aire”, reflejó el sacerdote. Pero a los 20 metros de emprender marcha, “aparecieron de contramano dos motos con cuatro muchachos. Uno de ellos se bajó con un arma y se me acercó”. Posteriormente, el malhechor introdujo su mano en uno de los bolsillos delanteros del pantalón del religioso mientras le repetía “dame todo lo que tenés o te pego un tiro”. Ante semejante amenaza, Adolfo se identificó: “yo soy cura”, generando una reacción por demás impensada en el delincuente, quien extrañado atinó a expresar: “¿Usted es el cura?”. Inmediatemente, la culpa lo invadió y en consecuencia le rogó a su víctima, “perdónenos padre. Le pedimos mil disculpas y por favor denos la bendición”.

Al concederles su deseo, la banda se dio a la fuga mientras el clérigo continuó con su habitual caminata, pero acompañado con una reflexión que luego la daría a conocer a este medio. “Me alegro que el muchacho se haya dado cuenta y espero que esto le sirva para pensar qué está haciendo de su vida. Ojala encuentre en Dios el camino para cambiar su vida”.

Remordimiento

En referencia al arrepentimiento del joven maleante, el Padre Adolfo consideró que “se ve que cuando le dije que era cura le dio remordimiento y se dio cuenta que no podía asaltar a un sacerdote. Debe ser un muchacho de fe, que es creyente por más que esté en una mala vida”.

Afortunadamente Dios estuvo en Liniers para proteger a uno de sus representantes pero también para generar conciencia en uno de sus creyentes a fin de cambiar sus malos hábitos.
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