Es curioso cómo mucha gente cree que lo que escribe en Facebook o en otras "redes sociales" no es público. Miles y miles de personas, en Uruguay y en el mundo, asumen que cuando difunden algo en Facebook están en una "conversación privada", cuando no hay nada más abierto que eso. Entonces, como harían muchos maleducados en una charla de boliche, dejan por escrito sus más bajos instintos, sin siquiera pensar un segundo en el daño que están infligiendo a quienes atacan y mucho menos en el que se hacen a sí mismos.
La semana pasada, en Radio Rural, la princesa Laetitia D’Arenberg, que además es una exitosa empresaria extranjera que trabaja en el Uruguay, cuestionó la intención proclamada por algunos integrantes del gobierno de aumentar o crear nuevos impuestos para castigar a las personas más acomodadas. Según su estilo frontal y sin pelos en la lengua, D’Aremberg declaró: "No digan para ganar votos que les van a sacar a los ricos, porque (éstos) no van a invertir más en el país y se van a ir a la mierda".
"Que se vaya a la recontra mierda", "vieja borracha y rosada", "chupasangre", "fósil híbrido", "defiende con uñas y dientes a los de su clase", "zángana de cuarta", "oligarca", "vieja facha", "tarambana", "andate cuanto antes a la reputa madre que te recontra mil parió", "¿quién necesita ricos? (...) Que se vayan todos", "sanguijuela", "vieja burguesa", "repugnante", "vieja chota", "vende patria", "momia", "evasora de impuestos", "no necesitamos su sucia plata aquí", "vieja de mierda", "primate", "tarada", "básica", "hueca", "el que más tiene no la hizo laburando; la hizo cagando, robando a los demás. Así la hicieron los D’Aremberg, los Capputo, los Batlle, los Bordaberry, etc., etc, y todos los ricos del mundo la hicieron matando y esclavizando", "vieja atrevida", "que los ricos coman mierda" y "si quiere marcharse de aquí junto con su clase (rica) pero de pesos, no de alma, pues hasta la vista, la tierra es nuestra, ¿TA?".
Esta "patota digital" ha de estar muy a favor de regular los medios de comunicación audiovisual, tal como lo propone el proyecto de ley que ha presentado al Parlamento el gobierno del presidente José Mujica. Sin embargo, la están vulnerando groseramente aun antes de que haya sido aprobada. Porque esa iniciativa prohíbe cualquier "forma de discriminación hacia las personas por motivos de género, raza, etnia, orientación sexual, edad, discapacidad, identidad cultural, estado civil, lugar de nacimiento, credo, ideología, filiación política o condición socio-económica".
Los iracundos agresores discriminaron a D’Aremberg por ser mujer, por su edad, por su identidad cultural, por su lugar de nacimiento, por su credo, por su ideología y por su condición socio-económica. ¿Estarán ahora en contra de esa ley? ¿O creerán que es una ley aplicable únicamente a "los enemigos"?
La transcripción de estos improperios es apenas una apretada y minúscula recopilación de todo lo que le dijeron a la empresaria. Pero es una buena muestra del fenomenal vendaval de ignorancia, odio de clase, intolerancia, resentimiento, envidia y crispación que una simple manifestación produjo en uruguayos y uruguayas de carne y hueso, perfectamente identificables en Facebook, aunque crean que ahí hay "piedra libre" para decir lo que jamás se atreverían a decir en público (por más que, como va dicho, público es todo lo que en esa "red social" se publica).
La virulenta reacción de los que se lanzaron por el camino del insulto soez contra D’Aremberg no es, desgraciadamente, una rara avis en el firmamento social y cultural del Uruguay de nuestros días. Es, al revés, la "marca de fábrica" del pensamiento dominante en gran parte de la sociedad. "Empresario" y "rico" son sinónimos de malo, ladrón, explotador y desalmado; "empleado" y "pobre" es igual a bueno, honesto, trabajador y solidario.
Por definición, el que "tiene más" es peor persona que el que "tiene menos", aunque el que tenga más sea más honesto, solidario y trabajador que el que tenga menos. El que "tiene menos" puede ser deshonesto, egoísta y holgazán. Pero... "tiene menos". Y eso basta para recibir la bendición del pensamiento políticamente correcto uruguayo. La patente de "pobre" es credencial suficiente para el establishment gobernante y, también, para una enorme porción de la sociedad.
Pero, ¿qué clase de herejía dijo la empresaria como para merecer el cadalso? Dijo algo elemental: que si a los empresarios, inversores o gente que aplica su plata a proyectos productivos en un país determinado, el Estado les sube los impuestos a niveles tales que no les conviene más trabajar en ese país, simplemente se retiran de ese país y se van —con su plata y con las fuentes de trabajo que sus inversiones crean— a otro lugar donde les convenga más arriesgar. Eso ya ha empezado a pasar en Uruguay con la actual carga tributaria que se sitúa en el entorno del 30%; carga que es menor a la que hay en los países escandinavos, es cierto, pero que es muy alta en relación a los servicios que devuelve el Estado cuando dispone de esa enorme masa de dinero.
Es notable, además, cómo los que vociferan en Facebook toleran, sin abrir la boca, al presidente que seguramente votaron en las elecciones de 2009, cuando sostiene cosas casi idénticas a las que dijo D’Aremberg. En febrero de 2010, en el Hotel Conrad de Punta del Este, el presidente Mujica habló ante 1.500 empresarios, "ricos" y "oligarcas", y les dijo: "cuanto más inversión y más crezca la economía, más aumenta la recaudación que necesitamos para fenomenales inversiones sociales. Pero si queremos recaudar aumentando los impuestos sobre la misma masa de riqueza, estamos fritos. Porque matamos la gallina de los huevos de oro. Así. Porque se la llevan".
La princesa dijo que si el gobierno aumenta los impuestos, los inversores "se van a la mierda". El presidente dijo que si su gobierno lo hace, los inversores "se la llevan". O sea: dijeron exactamente lo mismo. Porque ninguno de los dos vive en una nube de gases, mareados por estupideces, esas sí, paleolíticas. Y que nadie tenga el tupé de criticar en Uruguay a una mujer por decir, una vez en su vida, una "mala palabra" en público cuando desde hace tres años y medio el primer ciudadano de la República habla en un permanente lenguaje "barriobajero".
Pero, claro: si "el compañero presidente" dice que no hay que aumentar los impuestos a los ricos porque "se la llevan", "la barra" banca; si lo dice una "vieja oligarca", entonces echa bilis.
Algún día se van a avivar. Cuando los "ricos" inversores "se la lleven" de verdad, hartos de tanta miopía.
La semana pasada, en Radio Rural, la princesa Laetitia D’Arenberg, que además es una exitosa empresaria extranjera que trabaja en el Uruguay, cuestionó la intención proclamada por algunos integrantes del gobierno de aumentar o crear nuevos impuestos para castigar a las personas más acomodadas. Según su estilo frontal y sin pelos en la lengua, D’Aremberg declaró: "No digan para ganar votos que les van a sacar a los ricos, porque (éstos) no van a invertir más en el país y se van a ir a la mierda".
"Que se vaya a la recontra mierda", "vieja borracha y rosada", "chupasangre", "fósil híbrido", "defiende con uñas y dientes a los de su clase", "zángana de cuarta", "oligarca", "vieja facha", "tarambana", "andate cuanto antes a la reputa madre que te recontra mil parió", "¿quién necesita ricos? (...) Que se vayan todos", "sanguijuela", "vieja burguesa", "repugnante", "vieja chota", "vende patria", "momia", "evasora de impuestos", "no necesitamos su sucia plata aquí", "vieja de mierda", "primate", "tarada", "básica", "hueca", "el que más tiene no la hizo laburando; la hizo cagando, robando a los demás. Así la hicieron los D’Aremberg, los Capputo, los Batlle, los Bordaberry, etc., etc, y todos los ricos del mundo la hicieron matando y esclavizando", "vieja atrevida", "que los ricos coman mierda" y "si quiere marcharse de aquí junto con su clase (rica) pero de pesos, no de alma, pues hasta la vista, la tierra es nuestra, ¿TA?".
Esta "patota digital" ha de estar muy a favor de regular los medios de comunicación audiovisual, tal como lo propone el proyecto de ley que ha presentado al Parlamento el gobierno del presidente José Mujica. Sin embargo, la están vulnerando groseramente aun antes de que haya sido aprobada. Porque esa iniciativa prohíbe cualquier "forma de discriminación hacia las personas por motivos de género, raza, etnia, orientación sexual, edad, discapacidad, identidad cultural, estado civil, lugar de nacimiento, credo, ideología, filiación política o condición socio-económica".
Los iracundos agresores discriminaron a D’Aremberg por ser mujer, por su edad, por su identidad cultural, por su lugar de nacimiento, por su credo, por su ideología y por su condición socio-económica. ¿Estarán ahora en contra de esa ley? ¿O creerán que es una ley aplicable únicamente a "los enemigos"?
La transcripción de estos improperios es apenas una apretada y minúscula recopilación de todo lo que le dijeron a la empresaria. Pero es una buena muestra del fenomenal vendaval de ignorancia, odio de clase, intolerancia, resentimiento, envidia y crispación que una simple manifestación produjo en uruguayos y uruguayas de carne y hueso, perfectamente identificables en Facebook, aunque crean que ahí hay "piedra libre" para decir lo que jamás se atreverían a decir en público (por más que, como va dicho, público es todo lo que en esa "red social" se publica).
La virulenta reacción de los que se lanzaron por el camino del insulto soez contra D’Aremberg no es, desgraciadamente, una rara avis en el firmamento social y cultural del Uruguay de nuestros días. Es, al revés, la "marca de fábrica" del pensamiento dominante en gran parte de la sociedad. "Empresario" y "rico" son sinónimos de malo, ladrón, explotador y desalmado; "empleado" y "pobre" es igual a bueno, honesto, trabajador y solidario.
Por definición, el que "tiene más" es peor persona que el que "tiene menos", aunque el que tenga más sea más honesto, solidario y trabajador que el que tenga menos. El que "tiene menos" puede ser deshonesto, egoísta y holgazán. Pero... "tiene menos". Y eso basta para recibir la bendición del pensamiento políticamente correcto uruguayo. La patente de "pobre" es credencial suficiente para el establishment gobernante y, también, para una enorme porción de la sociedad.
Pero, ¿qué clase de herejía dijo la empresaria como para merecer el cadalso? Dijo algo elemental: que si a los empresarios, inversores o gente que aplica su plata a proyectos productivos en un país determinado, el Estado les sube los impuestos a niveles tales que no les conviene más trabajar en ese país, simplemente se retiran de ese país y se van —con su plata y con las fuentes de trabajo que sus inversiones crean— a otro lugar donde les convenga más arriesgar. Eso ya ha empezado a pasar en Uruguay con la actual carga tributaria que se sitúa en el entorno del 30%; carga que es menor a la que hay en los países escandinavos, es cierto, pero que es muy alta en relación a los servicios que devuelve el Estado cuando dispone de esa enorme masa de dinero.
Es notable, además, cómo los que vociferan en Facebook toleran, sin abrir la boca, al presidente que seguramente votaron en las elecciones de 2009, cuando sostiene cosas casi idénticas a las que dijo D’Aremberg. En febrero de 2010, en el Hotel Conrad de Punta del Este, el presidente Mujica habló ante 1.500 empresarios, "ricos" y "oligarcas", y les dijo: "cuanto más inversión y más crezca la economía, más aumenta la recaudación que necesitamos para fenomenales inversiones sociales. Pero si queremos recaudar aumentando los impuestos sobre la misma masa de riqueza, estamos fritos. Porque matamos la gallina de los huevos de oro. Así. Porque se la llevan".
La princesa dijo que si el gobierno aumenta los impuestos, los inversores "se van a la mierda". El presidente dijo que si su gobierno lo hace, los inversores "se la llevan". O sea: dijeron exactamente lo mismo. Porque ninguno de los dos vive en una nube de gases, mareados por estupideces, esas sí, paleolíticas. Y que nadie tenga el tupé de criticar en Uruguay a una mujer por decir, una vez en su vida, una "mala palabra" en público cuando desde hace tres años y medio el primer ciudadano de la República habla en un permanente lenguaje "barriobajero".
Pero, claro: si "el compañero presidente" dice que no hay que aumentar los impuestos a los ricos porque "se la llevan", "la barra" banca; si lo dice una "vieja oligarca", entonces echa bilis.
Algún día se van a avivar. Cuando los "ricos" inversores "se la lleven" de verdad, hartos de tanta miopía.