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CURIOSIDADES Y ANÉCDOTAS HISTÓRICAS


Las zanahorias son naranjas por los reyes holandeses



(Escudo de la selección holandesa de fútbol)

En unos días comienza el mundial de fútbol y comenzaremos de nuevo a escuchar todas esas expresiones sobre la roja y la furia española. Ya conté aquí en Curistoria cómo la expresión furia española comenzó a ser usada en 1576 cuando las tropas españolas saquearon Amberes. Nuestra selección comenzó a reconocerse en ese apelativo en 1920, en unos juegos olímpicos. Por cierto, que el primer equipo con el que se enfrentará la selección española en este mundial próximo será Holanda. Casualidades. Por cierto, gracias a mi amigo David Palomar (@dapaldo) por descubrirme esta curistoria.

Y si los españoles apoyamos a la roja, como se conoce popularmente a nuestra selección de fútbol, los holandeses están enlazados con el color naranja. El color de las zanahorias. Aunque esto no es correcto, no es Holanda del color de las zanahorias, sino que son las zanahorias del color de Holanda. Me explico.

Las zanahorias no siempre fueron naranjas, sino que lo habitual hace unos siglos era que fueran moradas. Son citadas en fuentes ya en el siglo I, aunque sus colores entonces eran rojos y amarillo. Fueron los holandeses, en el siglo XVII, los que consiguieron tras un buen número de pruebas y cruces crear zanahorias con el color de su casa real, el naranja de los Orange. Quiso además la suerte que aquella variedad, además de tener un color naranja intenso, tuviera también un buen sabor, dulce y suave, lo que le permitió conquistar Europa.

No es complicado, según parece, encontrar en la actualidad zanahorias moradas, y en algunos lugares de España, quién sabe si como una extraña forma de rebelión contra esa pequeña victoria de los holandés, hay fiestas en las que la protagonista es la zanahoria morada.

Dicho todo esto, amigos, creo que habrá que desterrar la zanahoria de nuestras ensaladas al menos hasta que acabe el mundial, no vayamos a estar apoyando sin quererlo a los holandeses.

Constantino, una vela a Dios y otra a... otro Dios

(Arco de Constantino)

Constantino I el Grande fue el emperador romano que legalizó la religión cristiana, en el año 313, a través del Edicto de Milán y la legitimó legalmente en el Primer Concilio de Nicea, posteriormente. No son pocos los historiadores que consideran a este emperador como cristiano en su vida, aunque no fue bautizado hasta que no se encontraba en su lecho de muerte. De todos modos, y por ponerlo de manifiesto, no es del todo claro que fuera cristiano. Según parece, en la parte occidental de sus dominios, más pagana, no hacía gala de su religión. En cambio, en la parte oriental, mayoritariamente cristiana, se declaraba como cristiano públicamente. Esta forma de ser va en la línea de lo que voy a contarles.

Su famoso arco del triunfo, el Arco de Constantino, construido en Roma para conmemorar su victoria en la batalla del Puente Milvio, donde sitúa la leyenda aquello de "con este símbolo vencerás", contiene una inscripción en la que hace referencia a que el emperador estaba “inspirado por la divinidad”. No son pocos los que consideran que esto es una referencia clara a los cambios en la religión del emperador. Pero en este arco también aparecen símbolos dedicados a los dioses romanos más clásicos. La referencia al cristianismo es una interpretación, mientras que las otras no lo son, son obvias.

Por lo tanto, con todo esto, podemos decir que Constantino, cristiano, no digo yo que no, ponía “una vela a Dios y otra al diablo”. Cristiano, sí, pero vamos a poner al dios Sol en el arco, por si acaso. También se puede achacar esto a la tradición o a que fuera algo que "tuvieran a mano". Como ven ustedes, una curistoria con muchos matices e interpretaciones.


Un único disparo que pudo haber evitado la Gran Guerra


A veces la historia cambia en un minuto, qué digo minuto, en un momento. Lo que ocurre es que al conocer únicamente lo que ha ocurrido y no las alternativas que no llegaron a ser, es casi imposible identificar esos momentos. Por ejemplo, quién sabe qué hubiera ocurrido si la mujer que protagoniza hoy la curistoria hubiera fallado un disparo, quizás el mundo no habría visto la Primera Guerra Mundial.

Annie Oakley fue una tiradora que se ganó la vida recorriendo Estados Unidos y el mundo en general como parte del espectáculo de Buffalo Bill. Con este dato ya se pueden hacer una idea aproximada de a qué se dedicaba y el tipo de espectáculo que hacía. En uno de sus viajes a Europa, en medio de su actuación fue interrumpida por alguien del público, un hombre. Le propuso que disparara a un cigarro mientras él lo sujetaba con la boca. Annie se puso nerviosa ya que aquel hombre que tenía en frente no era cualquier hombre.

No era la primera vez que hacía ese número, pero en cualquier caso sabía que esa ocasión no era como las otras. Finalmente, animada por todos, aceptó el reto y colocó al hombre en posición con el cigarro encendido en la boca. Se alejó unos pasos, apuntó y disparó. La parte final del cigarro, las cenizas ardientes, desaparecieron de la vista de todos, había acertado y el público celebró su puntería y el valor del voluntario.

Era Berlín, y el voluntario era nada más y nada menos que el príncipe de Prusia, que más tarde sería el káiser Guillermo II, que tuvo un papel determinante en le comienzo de la Primera Guerra Mundial. Aquel tiro, de haber fallado, podría haber cambiado la historia.

Según contó el marido de Annie Oakley durante la Primera Guerra Mundial, en el transcurso de esta su mujer había enviado una carta al káiser, que entonces era enemigo al ser nuestra tiradora estadounidense. En ella le pedía una nueva oportunidad para apuntarle y dispararle. Lógicamente, nunca obtuvo respuesta a la misiva.

De cuando la marca de coches SS cambió a Jaguar

(Modelo SS 100 de Swallow Sidecar Company)

Hace unos días, un seguidor del blog cuyo apodo es Majo Busa me dejaba un comentario en la página de Curistoria en Facebook en el que me ponía tras la pista de una curistoria en torno a la Segunda Guerra Mundial y la marca de coches Jaguar. Se lo agradezco desde aquí ya que no conocía el dato y lo comparto con todos ustedes.

En otras ocasiones ya hemos visto cómo la Segunda Guerra Mundial, y especialmente tras ella, hizo que cambiaran muchas cosas en toda Europa y en el mundo para dejar atrás cualquier relación con el nazismo. Cambio de apellidos, en los nombres de las empresas, en los diseños… cualquier cosa para evitar ser relacionado con el pasado terrible de la Alemania de Hitler, aunque en ocasiones el tema fuera casi absurdo. Por ese mismo trance pasó la marca de coches Jaguar Cars.


(Emblema de Jaguar)

Jaguar Cars, la marca de automóviles, fue fundada en 1922 bajo el nombre de Swallow Sidecar Company por William Lyons. Tomaron las siglas precisamente de su nombre Swallow Sidecar para nombrar sus primeros vehículos, como el precioso SS 100 de finales de los años 30, el SS 2 o el SS 90. Tras la Segunda Guerra Mundial cualquier referencia a las letras SS traía a la cabeza a los soldados nazis y la compañía decidió cambiar su nombre por el de Jaguar, lo que cambió para siempre también su frontal.

Sinceramente me parece un poco exagerado el cambio, y más para una marca británica, pero aquellos eran otros tiempos y quién sabe qué impacto tendrían estas cosas en las ventas.


Aníbal y las serpientes como arma naval

(Busto de Anibal)

La guerra bacteriológica, como casi todas las disciplinas bélicas, ha avanzado mucho con el paso de los siglos pero es algo antiguo. Lógicamente no hablamos del uso de gases en la Edad Media, pero sí de cadáveres con lepra con los que se infectaban aguas. Antes aún, en la antigüedad, Anibal usó algo que podríamos colocar a mitad de camino entre la guerra bacteriológica, porque el mal último era un veneno, y el armamento creativo.

Cuenta Cornelio Nepote, entre otros, que en torno al año 184 a.C. Aníbal dirigía una flota que luchaba contra la de Eumenes II de Pérgamo y utilizó a serpientes como arma estratégica en el mar, ahí es nada. Ordenó Aníbal capturar un buen número de serpientes venenosas y las metió en vasijas de barro. Lógicamente tapó las vasijas y las subió a bordo.

Cuando tuvieron a tiro a los barcos de Eumenes II, Aníbal ordenó a sus hombres que lanzaran las vasijas de barro contra los barcos enemigos. Este hecho generó ciertas risas en un primer momento entre los atacados, por creer que trataban de hundir barcos con cántaros de barro. Poco después se percataron los de Pérgamo de que a bordo de sus barcos tenían pasajeros no deseados, un montón de serpientes que lógicamente generaron el caos y permitieron a Aníbal ganar la batalla.


Para cazar patos un hombre revolucionó las armas de fuego

(Alexander John Forsyth)

A comienzos del siglo XIX, un reverendo irlandés llamado Alexander John Forsyth, echaba la culpa de su falta de puntería en la caza de patos al sistema de ignición de las armas. Aseguraba, y no digo que no fuera cierto, que pasaba mucho tiempo desde el momento del disparo hasta que el proyectil salía por la boca del cañón. Además del tiempo, el ruido y el fogonazo hacían que los patos y urogallos a los que disparaba consiguieran escapar.

Para solucionar el problema diseñó una cápsula independiente para la pólvora, que hacía el disparo más rápido y sin tanto fogonazo. Su prototipo, de 1805, revolucionó para siempre las armas de fuego y puso la primera piedra para conseguir el proyectil autónomo, donde la carga y la propia bala son un único elemento.

10 robots clásicos en el cine anteriores a Hal 9000


María
1927 - Metropolis


Gort
1951 - Ultimátum a la tierra


Ro-Man
1953 - Robo Monster


Chani
1954 - Devil girl comes from Mars


Tobor
1954 - Tobor El Grande


Robbie
1956 - Planeta prohibido


Hombres de Neptuno
1961 - La invasión de los hombres de Neptuno


Dalek
1965 - Dr. Who y los Daleks


Astro Boy
1962 - Astro Boy


Hal 9000
1968 - 2001: una odisea del espacio



El piloto que iba de Nueva York a California y acabó en Irlanda

(Ilustración de Corrigan, por Brian Moose)

Quién no se ha perdido conduciendo y hasta andando. Quién no ha llegado donde no quería a pesar de tener un GPS dándole instrucciones. A todos nos ha pasado, pero por si les consuela, hay un famoso piloto cuyo apodo es Camino Equivocado (wrong way) y ahora veremos por qué.

Douglas Corrigan es el nombre real del piloto, un estadounidense nacido en 1907. Ayudó a la preparación del Espíritu de San Luis con el que Lindbergh hizo el primer vuelo transoceánico sin escalas y en solitario, por lo que conocía perfectamente los aviones y su tecnología cuando en 1938 se equivocó de camino. Había hecho un viaje a lo largo de Norteamérica, desde Long Beach, en California, hasta Nueva York, y se propuso hacer el camino de vuelta.

Así, despegó del aeródromo Floyd Bennett Field de Nueva York con destino a California, pero acabó aterrizando en Dublin, en Irlanda, al otro lado del océano Atlántico. Y lo mejor de todo es que lo hizo a bordo de un avión que no tenía permiso para hacer ese tipo de vuelos por falta de seguridad.

Él alegó que todo se debió a un error de navegación, que además había muchas nubes y no pudo ver el terreno durante el viaje. Es posible, pero no parece muy probable que un hombre con su experiencia y conocimientos en el mundo de la aviación cometiera esos errores. Aunque él nunca lo admitió, se especula que precisamente la prohibición de hacer el vuelo transoceánico por falta de seguridad fuera el motivo por que el lo hizo.

En resumidas cuentas, prefirió quedar un poco mal y ganarse el apodo de Camino Equivocado pero llevarse la satisfacción personal de saber que una vez sobre su avión para él no había prohibición alguna.


La mujer que inventó el limpiaparabrisas

(Mary Anderson, inventora del limpiaparabrisas)

Hace un par de días les hablaba de Florence Lawrence, la mujer que invento el intermitente y la luz de freno en el mundo del automóvil. Pero no acaba ahí la cosa, la relación de pioneras en el mundo de la automoción cuenta también entre sus filas con la madre de Florence, Charlotte Bridgwood. Pero empecemos por el principio.

Una dama llamada Mary Anderson y nacida en 1866, consiguió nada más y nada menos que en el año 1903 la primera patente por un limpiaparabrisas para un coche. Viajaba en un coche en un frío día en Nueva York y se dio cuenta cómo el conductor llevaba el cristal frontal, el parabrisas, bajado, dejando entrar el aire helado del exterior en el coche porque le era imposible mantener limpio debido al aguanieve que caía. Cuando volvió a su hogar en Alabama se puso manos a la obra para solucionar aquel problema.

Acabado el diseño encargó un prototipo que recibió el número de patente 743801. El sistema no era muy distinto del actual, conceptualmente, aunque más rudimentario. El dispositivo tenía un palanca en el interior del vehículo que permitía mover el limpiaparabrisas propiamente dicho, que estaba en el exterior. Era algo así como una gran horquilla con una parte dentro y otra fuera. La patente duró 17 años y quiso el destino que la industria automovilística explotara una vez caducada la patente.

Por otra parte, hablaba al comienzo de la madre de Florence Lawrence, Charlotte Bridgwood. Ella mejoró el sistema, haciéndolo automático, en 1917. Una importante mejora sin duda del diseño básico de Mary Anderson. Esta señora y su hija, la actriz, crearon una compañía para explotar el invento pero el negocio no fue todo lo bien que esperaban.

No sé qué piensan ustedes, pero personalmente cada vez estoy más convencido que esto de la automoción es cosa de mujeres, al menos en lo que a inventos se refiere.




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