¿Por qué matan los niños?
La respuesta a tal pregunta puede variar dependiendo del tipo de caso ante el cual nos encontremos; pero, en cualquiera de ellos, siempre intervienen una serie de factores. Estos son principalmente factores neurológicos, psicológicos, familiares, socio-culturales, e incluso económicos y políticos: todos ellos interactuando, teniendo unos factores mayor participación que otros según el caso particular que se tome. Sin embargo, más allá de la comprensión técnica del problema, el asesinato cometido por niños siempre nos desconcierta, y es que, como dijo el escritor colombiano Miguel Mendoza Luna: ‹‹Cuando el niño pasa de víctima a victimario, pone en crisis todas las creencias, teorías y preceptos morales del ser humano. Resulta más fácil señalar a una entidad responsable de su crueldad: la televisión, sus amigos mayores, las acciones adultas.››
Entrando en materia, los expertos dicen que, para que un niño mate, tiene que haber una vulnerabilidad de tipo biológico o psicológico, siendo que en el primer caso puede tratarse de algo innato o bien de un daño o alteración cerebral que haya afectado los mecanismos reguladores de la conducta, sobre todo en lo que respecta al control de los impulsos.
Como quedó entrevisto al inicio, los múltiples factores pueden dividirse en exógenos e internos, división esta que es clave a la hora de saber qué tan rescatable es tal o cual niño asesino en concreto. Dice por ello el especialista Vicente Garrido: ‹‹Cuanto más peso tengan en cada caso los factores exógenos, los factores ambientales y educativos, más posibilidades de recuperación. Y al revés, cuanto más pesen los factores internos, es decir, de temperamento o personalidad, peor es el pronóstico. Si presenta rasgos que en un adulto serían catalogados como de psicopatía, como insensibilidad o falta de arrepentimiento, el pronóstico es peor (…). Una personalidad psicopática lo seguirá siendo, seguirá manipulando y buscando siempre su conveniencia, pero puede llegar a interiorizar que hay unos límites que no debe traspasar.››. Esto nos muestra que un niño con tendencias psicopáticas no está condenado al crimen, pero lógicamente es mucho más propenso a caer en él, dado un entorno determinado, que un niño sin esas tendencias en ese mismo entorno.
Ahora, y en cuanto a los factores externos, tenemos que el niño que mata, y en líneas generales el niño que delinque con violencia, suele haber sido víctima de abandono, maltrato, carencias emocionales, y usualmente pobreza. Puntualmente en lo que son los maltratos, las estadísticas muestran que aproximadamente un 90% de los niños maltratados se convierten en personas violentas y maltratadoras, y empiezan ya desde temprano a manifestar esa violencia, pudiendo en casos excepcionales plasmarla en el asesinato…
Ya a nivel de los mecanismos psicológicos, a veces estos suelen ser profundos y nada evidentes. Por ejemplo, los psicólogos afirman que, cuando el niño mata con ensañamiento, está manifestando en ello un deseo inconsciente de destruir la imagen que tiene de sí mismo como ser vulnerable, buscando así librarse del sentimiento que tiene de ser una víctima. Otra situación interesante es la que se da con la humillación; pues, cuando un niño es humillado, frecuentemente se dispara en él un mecanismo psíquico que le lleva a ver en los demás la causa de todos sus males; y esto, desde luego, va haciendo que se acumulen deseos de venganza, aumentando la probabilidad de que el niño busque hacer daño, ya que eso equivaldría a atacar la fuente de sufrimiento.
Pasando ahora a la interacción entre los factores ambientales y los factores internos, surge la pregunta de por qué, dado un determinado entorno lleno de circunstancias que empujan al crimen, un chico se vuelve criminal y otro no. La respuesta quedó insinuada antes: hay ciertas tendencias innatas que potencian, en un conjunto dado de condiciones externas desfavorables, el surgimiento de la tendencia criminal. Ese es el caso de las llamadas “personalidades antisociales” y de los sujetos con tendencias psicopáticas. Pero existen casos en que tales tendencias no nacen con el niño y aún así éste termina delinquiendo con violencia: en algunos casos de este tipo, lo que ha ocurrido es que las condiciones del entorno han sido tan fuertes que han terminado afectando, modificando hasta cierto punto estructuras cerebrales vinculadas al control de los impulsos y a otros aspectos ligados a lo que determina la presencia o ausencia de la tendencia criminal. De este modo, estudios clínicos muestran que “niños sometidos a malos tratos sistemáticos tienen la amígdala hasta un 12% más reducida”, y la amígdala tiene como función principal el proceso y almacenamiento (a partir de memorias) de reacciones emocionales. Algo parecido sucede cuando el niño, como consecuencia del maltrato recibido, tortura animales, ya que se ha demostrado que la repetición de actos crueles termina por menoscabar las conexiones y estructuras cerebrales vinculadas a la empatía… Cabe mencionar que todo esto tiene mucha más vigencia en el caso del niño, pues su cerebro es más maleable, más cambiable, ya que está en fase de maduración, de desarrollo. Al respecto de este tema, José Sanmartín, director del Centro Sofía para el Estudio de la Violencia, explica que: ‹‹Sabemos que los niños maltratados también presentan afectación de las conexiones entre los dos hemisferios a través del cuerpo calloso. Las conexiones entre la amígdala o el hipocampo y la corteza prefrontal son muy importantes, porque la corteza es el lugar donde residen los mecanismos de la conciencia. En ella comparamos opciones, evaluamos consecuencias, elegimos entre disyuntivas, y decidimos llevarlas a la práctica o no. Luego impregnamos de sentimiento esas acciones. Y todo eso lo hace la corteza prefrontal, que lee e interpreta los impulsos que llegan de la amígdala y los potencia o los inhibe según esa valoración››
Todo lo anterior es de capital importancia pero… ¿qué pasa con la formación del niño? Generalmente es en boca de personas mayores que escuchamos que la culpa de los males de nuestros niños la tienen los padres y la escuela al no formarlos adecuadamente. La causa de que tales comentarios vengan sobre todo de pasadas generaciones, obedece al hecho de que aquello que critican está profundamente vinculado a las particularidades socio-culturales de nuestros tiempos, pero esas particularidades son algo en lo que se ahondará después. Ahora es preciso señalar que la función del proceso de formación es, en cuanto a que el niño se encamine o no hacia el crimen, básicamente la de hacer que éste interiorice ciertos límites y valores. Así, se ha planteado que, cuando un niño se muestra violento al punto de caer en comportamientos antisociales, los llamados “mecanismos de control social” han fallado: en relación a los padres, ya porque estos han constituido malos modelos (ladrones, estafadores, prostitutas, borrachos, etc), o ya porque simplemente han estado ausentes total o parcialmente, dejando así a los hijos mucho más expuestos a la violencia que día a día se ve en la televisión y en otras manifestaciones culturales. Y es que, tal es el poder que tiene una adecuada formación, que los psicólogos afirman que ésta es capaz de evitar que un niño con tendencias psicopáticas se transforme después en criminal, principalmente porque permite que actúen mecanismos psicológicos como la represión-inhibición o la sublimación (por ejemplo, un niño violento que canalice bien esa violencia innata, puede querer ser soldado o policía).
Por último, si nos preguntamos cuáles son los principales elementos temperamentales que podrían favorecer la aparición de la violencia, estos son la dureza emocional, la impulsividad y la ausencia de miedo. La dureza emocional se puede manifestar en indiferencia hacia los demás, insensibilidad o falta de empatía, simple frialdad, o crueldad en casos extremos. “Si no siento, no sufro”, tal es la lógica del niño que adopta la dureza emocional como respuesta a un entorno que le genera malestar, siendo que ese entorno puede pasar desde manifestarse a nivel familiar en algo tan radical como unos padres que golpean, hasta manifestarse en algo aparentemente no tan nocivo como unos padres que no insultan ni golpean pero son fríos, distantes e indiferentes, siendo que, si hay hermanos y estos repiten la conducta o si simplemente no hay hermanos o fuente alguna que contrarreste esa falta de afecto, las consecuencias serán aún peores en el proceso de endurecimiento emocional del niño. Pasando a la impulsividad, de ésta ya se dijo que puede verse empeorada por el maltrato, y potenciada por una inadecuada formación en la que no existan límites y valores. Finalmente, la ausencia de miedo es el más peligroso de los tres componentes, y generalmente es innato cuando se manifiesta con intensidad. Dice sobre esto el psicólogo Andrés Pueyo: “En estos niños, el castigo no sirve de nada. Ni el castigo físico, ni la amenaza, les produce el más mínimo impacto”.
Casos representativos de niños asesinos
Jon Venables y Robert Thompson
El 24 de noviembre de 1993, Jon Venables y Robert Thompson fueron declarados culpables por la muerte del infante James Bulger. En el crimen había tortura y premeditación, por lo que era un insólito acto de sadismo que desconcertaba a la sociedad británica y los colocaba como los asesinos más jóvenes en la historia moderna de Inglaterra. La condena que se les dio fue permanecer en prisión hasta que cumpliesen la mayoría de edad, cosa que pareció demasiado blanda a la indignada sociedad británica.
La historia del caso:
Ambos asesinos nacieron en Liverpool, Inglaterra, en el año 1983. Los dos tenían familias disfuncionales, presentaban bajas calificaciones y conductas problemáticas en la escuela, y su día a día en el hogar estaba marcado por episodios de violencia, alcoholismo y peleas de pareja.
Robert Thompson había sido abandonado por su padre cuando tenía seis años, pero aún después de eso la violencia continuó siendo la nota dominante de su entorno familiar, de modo que, como mecanismo de defensa, se volvió emocionalmente desconectado. La vida de Jon Venables no era muy diferente, y los sufrimientos comunes (acoso en la escuela, aislamiento, violencia doméstica, etc) actuaron como imanes que los volvieron grandes amigos. Sin embargo, a veces los vínculos entre víctimas suelen engendrar victimarios, y este fue uno de esos casos… Así, dentro de ellos ya ardía la violencia para cuando vieron Chuky, el Muñeco Diabólico; película que, según declararían, los inspiró a cometer el crimen.
El fatídico día fue un 12 de febrero de 1993. El asesinato estaba pensado para esa fecha, y por eso faltaron a la escuela y se fueron a dar vueltas en el Centro Comercial New Strand (en Liberpool). Allí, según mostraron las cámaras de seguridad, Robert y Jon miraban niños con disimulo, como buscando una presa propicia. En tales faenas pasaron varias horas, hasta que poco antes de las 15:40 encontraron al niño ideal: era James Bulger, que tan solo tenía dos añitos y había salido a dar un paseo con su madre Denise.
Fue en un breve instante de distracción por parte de Denise dentro de la carnicería (en el New Strand), cuando Robert y Jon se aprovecharon para hablarle a James (que se había quedado en la puerta de entrada a la carnicería) y llevarlo de la mano, de modo que, cuando a eso de las 15:42 Denise miró a ver dónde estaba su hijo, éste no aparecía en ningún lado. Entonces salió a buscarlo, pero Robert y Jon eran tan rápidos que no pudo hallarlo, pues lo habían sacado fuera del centro comercial y recorrerían con él unos cuatro kilómetros hasta llegar al Canal Leeds, donde le causaron heridas faciales al dejarlo caer de cabeza, luego de sujetarlo mientras cruelmente bromeaban sobre si lanzarlo o no al torrente de agua…
Ante su horrible situación, el pequeño James lloraba con un chichón en la frente, y algunas personas observaban la situación, pero nadie hizo nada creyendo que, en el peor de los casos, eran dos hermanos mayores molestando al menor. Solo dos individuos se acercaron: al uno, le dijeron que James era un niño perdido al que llevarían a la comisaría más cercana; al otro, que James era el hermano menor y tenía el chichón por una caída…
Después se lo llevaron a una tienda de mascotas, pero fueron expulsados por portarse mal, y entonces decidieron librarse de él y caminaron hasta una vía de tren cerca de la abandonada estación Walton and Anfield.
Junto a la vía del tren, uno de los chicos lanzó pintura azul (robada previamente) en el ojo izquierdo de James, y después ambos comenzaron a patearlo, a darle puñetes y a tirarle piedras y ladrillos, todo sin darle muerte. Cerca no había nadie que viese tales abusos, y Jon y Robert le introdujeron pilas en la boca y, según se sospecha, también en el recto…
Por último y cuando el pequeño estaba repleto de heridas, uno de los dos sádicos le lanzó una barra metálica de 10 kilos, la cual cayó en la cabeza de James, provocándole varias fracturas que se hubiesen podido ver como la causa de muerte, aunque el patólogo Alan William indicó que las heridas eran tantas que no se podía ver concluyentemente en una sola la causa de muerte, sobre todo porque, al verlo inconsciente, Jon y Robert lo acostaron en la vía del tren, le pusieron escombros (tierra, piedras, etc) en la cabeza (para que todo parezca accidental) y se fueron. Minutos después el tren partió en dos el cuerpecito de James.
No pasaron muchas horas sin que el cadáver fuese encontrado y, pese al terrible estado del cuerpo, nadie habría pensado que era un accidente pues… ¿acaso el niño andaba desnudo de la cintura para abajo cuando jugaba?, ¿qué clase de niño corretea solo con una camiseta en aquel abandonado paraje?… Hasta este momento no se ha mencionado, pero a James le habían quitado los zapatos, las medias, el pantalón y los calzoncillos; e incluso, según el informe del patólogo, el prepucio del niño había sido manipulado…
Tiempo después, gracias a los vídeos de las cámaras de seguridad y a una mujer que identificó a Jon Venables en uno de esos vídeos (que se mostraron en los noticieros), la Policía comenzó indagaciones que, junto a ciertas pruebas de ADN, resultaron concluyentes en la culpabilidad de los dos niños.
Cuando se supo la verdad, la indignación fue tal que la familia de uno de los chicos (las fuentes no aclaran cuál) tuvo que huir de Liverpool. Los dos mini asesinos, en la manera como se dijo arriba, fueron condenados a permanecer tras las rejas. Fuera de la cárcel, solo les aguardaba el odio y el deseo de venganza, principalmente por parte de los padres de la víctima. Dijo así la madre de James Bulger: “Cada minuto que pase, deberán vigilar sus espaldas. Aunque se vayan a vivir en el fin del mundo, nunca podrán estar tranquilos”. Por eso, cuando en el 2001 el gobierno les dio libertad condicional bajo nuevas identidades, entre las condiciones estipuladas, además de no verse entre ellos, estaba la de que jamás podrían volver a poner un pie en Liverpool. Aunque eso no sería una garantía de seguridad, pues, como dijo la madre de James Bulger: “Si alguien los mata, yo estaré a su lado en el tribunal para decir: ‘El responsable es el Gobierno porque sólo apoya a los asesinos’. Un día, una pistola apuntará hacia ellos, aunque no sea yo quien la sostenga”. Y al parecer, Denise (la madre de la víctima) podría tener razón, puesto que, al menos Jon, es tan incorregible que actualmente ha vuelto a las rejas, después de que se hiciera pasar por una madre dispuesta a explotar sexualmente a su hija de ocho años a cambio de imágenes de pornografía infantil que, como es de esperarse, fueron descubiertas en su disco duro.
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La respuesta a tal pregunta puede variar dependiendo del tipo de caso ante el cual nos encontremos; pero, en cualquiera de ellos, siempre intervienen una serie de factores. Estos son principalmente factores neurológicos, psicológicos, familiares, socio-culturales, e incluso económicos y políticos: todos ellos interactuando, teniendo unos factores mayor participación que otros según el caso particular que se tome. Sin embargo, más allá de la comprensión técnica del problema, el asesinato cometido por niños siempre nos desconcierta, y es que, como dijo el escritor colombiano Miguel Mendoza Luna: ‹‹Cuando el niño pasa de víctima a victimario, pone en crisis todas las creencias, teorías y preceptos morales del ser humano. Resulta más fácil señalar a una entidad responsable de su crueldad: la televisión, sus amigos mayores, las acciones adultas.››
Entrando en materia, los expertos dicen que, para que un niño mate, tiene que haber una vulnerabilidad de tipo biológico o psicológico, siendo que en el primer caso puede tratarse de algo innato o bien de un daño o alteración cerebral que haya afectado los mecanismos reguladores de la conducta, sobre todo en lo que respecta al control de los impulsos.
Como quedó entrevisto al inicio, los múltiples factores pueden dividirse en exógenos e internos, división esta que es clave a la hora de saber qué tan rescatable es tal o cual niño asesino en concreto. Dice por ello el especialista Vicente Garrido: ‹‹Cuanto más peso tengan en cada caso los factores exógenos, los factores ambientales y educativos, más posibilidades de recuperación. Y al revés, cuanto más pesen los factores internos, es decir, de temperamento o personalidad, peor es el pronóstico. Si presenta rasgos que en un adulto serían catalogados como de psicopatía, como insensibilidad o falta de arrepentimiento, el pronóstico es peor (…). Una personalidad psicopática lo seguirá siendo, seguirá manipulando y buscando siempre su conveniencia, pero puede llegar a interiorizar que hay unos límites que no debe traspasar.››. Esto nos muestra que un niño con tendencias psicopáticas no está condenado al crimen, pero lógicamente es mucho más propenso a caer en él, dado un entorno determinado, que un niño sin esas tendencias en ese mismo entorno.
Ahora, y en cuanto a los factores externos, tenemos que el niño que mata, y en líneas generales el niño que delinque con violencia, suele haber sido víctima de abandono, maltrato, carencias emocionales, y usualmente pobreza. Puntualmente en lo que son los maltratos, las estadísticas muestran que aproximadamente un 90% de los niños maltratados se convierten en personas violentas y maltratadoras, y empiezan ya desde temprano a manifestar esa violencia, pudiendo en casos excepcionales plasmarla en el asesinato…
Ya a nivel de los mecanismos psicológicos, a veces estos suelen ser profundos y nada evidentes. Por ejemplo, los psicólogos afirman que, cuando el niño mata con ensañamiento, está manifestando en ello un deseo inconsciente de destruir la imagen que tiene de sí mismo como ser vulnerable, buscando así librarse del sentimiento que tiene de ser una víctima. Otra situación interesante es la que se da con la humillación; pues, cuando un niño es humillado, frecuentemente se dispara en él un mecanismo psíquico que le lleva a ver en los demás la causa de todos sus males; y esto, desde luego, va haciendo que se acumulen deseos de venganza, aumentando la probabilidad de que el niño busque hacer daño, ya que eso equivaldría a atacar la fuente de sufrimiento.
Pasando ahora a la interacción entre los factores ambientales y los factores internos, surge la pregunta de por qué, dado un determinado entorno lleno de circunstancias que empujan al crimen, un chico se vuelve criminal y otro no. La respuesta quedó insinuada antes: hay ciertas tendencias innatas que potencian, en un conjunto dado de condiciones externas desfavorables, el surgimiento de la tendencia criminal. Ese es el caso de las llamadas “personalidades antisociales” y de los sujetos con tendencias psicopáticas. Pero existen casos en que tales tendencias no nacen con el niño y aún así éste termina delinquiendo con violencia: en algunos casos de este tipo, lo que ha ocurrido es que las condiciones del entorno han sido tan fuertes que han terminado afectando, modificando hasta cierto punto estructuras cerebrales vinculadas al control de los impulsos y a otros aspectos ligados a lo que determina la presencia o ausencia de la tendencia criminal. De este modo, estudios clínicos muestran que “niños sometidos a malos tratos sistemáticos tienen la amígdala hasta un 12% más reducida”, y la amígdala tiene como función principal el proceso y almacenamiento (a partir de memorias) de reacciones emocionales. Algo parecido sucede cuando el niño, como consecuencia del maltrato recibido, tortura animales, ya que se ha demostrado que la repetición de actos crueles termina por menoscabar las conexiones y estructuras cerebrales vinculadas a la empatía… Cabe mencionar que todo esto tiene mucha más vigencia en el caso del niño, pues su cerebro es más maleable, más cambiable, ya que está en fase de maduración, de desarrollo. Al respecto de este tema, José Sanmartín, director del Centro Sofía para el Estudio de la Violencia, explica que: ‹‹Sabemos que los niños maltratados también presentan afectación de las conexiones entre los dos hemisferios a través del cuerpo calloso. Las conexiones entre la amígdala o el hipocampo y la corteza prefrontal son muy importantes, porque la corteza es el lugar donde residen los mecanismos de la conciencia. En ella comparamos opciones, evaluamos consecuencias, elegimos entre disyuntivas, y decidimos llevarlas a la práctica o no. Luego impregnamos de sentimiento esas acciones. Y todo eso lo hace la corteza prefrontal, que lee e interpreta los impulsos que llegan de la amígdala y los potencia o los inhibe según esa valoración››
Todo lo anterior es de capital importancia pero… ¿qué pasa con la formación del niño? Generalmente es en boca de personas mayores que escuchamos que la culpa de los males de nuestros niños la tienen los padres y la escuela al no formarlos adecuadamente. La causa de que tales comentarios vengan sobre todo de pasadas generaciones, obedece al hecho de que aquello que critican está profundamente vinculado a las particularidades socio-culturales de nuestros tiempos, pero esas particularidades son algo en lo que se ahondará después. Ahora es preciso señalar que la función del proceso de formación es, en cuanto a que el niño se encamine o no hacia el crimen, básicamente la de hacer que éste interiorice ciertos límites y valores. Así, se ha planteado que, cuando un niño se muestra violento al punto de caer en comportamientos antisociales, los llamados “mecanismos de control social” han fallado: en relación a los padres, ya porque estos han constituido malos modelos (ladrones, estafadores, prostitutas, borrachos, etc), o ya porque simplemente han estado ausentes total o parcialmente, dejando así a los hijos mucho más expuestos a la violencia que día a día se ve en la televisión y en otras manifestaciones culturales. Y es que, tal es el poder que tiene una adecuada formación, que los psicólogos afirman que ésta es capaz de evitar que un niño con tendencias psicopáticas se transforme después en criminal, principalmente porque permite que actúen mecanismos psicológicos como la represión-inhibición o la sublimación (por ejemplo, un niño violento que canalice bien esa violencia innata, puede querer ser soldado o policía).
Por último, si nos preguntamos cuáles son los principales elementos temperamentales que podrían favorecer la aparición de la violencia, estos son la dureza emocional, la impulsividad y la ausencia de miedo. La dureza emocional se puede manifestar en indiferencia hacia los demás, insensibilidad o falta de empatía, simple frialdad, o crueldad en casos extremos. “Si no siento, no sufro”, tal es la lógica del niño que adopta la dureza emocional como respuesta a un entorno que le genera malestar, siendo que ese entorno puede pasar desde manifestarse a nivel familiar en algo tan radical como unos padres que golpean, hasta manifestarse en algo aparentemente no tan nocivo como unos padres que no insultan ni golpean pero son fríos, distantes e indiferentes, siendo que, si hay hermanos y estos repiten la conducta o si simplemente no hay hermanos o fuente alguna que contrarreste esa falta de afecto, las consecuencias serán aún peores en el proceso de endurecimiento emocional del niño. Pasando a la impulsividad, de ésta ya se dijo que puede verse empeorada por el maltrato, y potenciada por una inadecuada formación en la que no existan límites y valores. Finalmente, la ausencia de miedo es el más peligroso de los tres componentes, y generalmente es innato cuando se manifiesta con intensidad. Dice sobre esto el psicólogo Andrés Pueyo: “En estos niños, el castigo no sirve de nada. Ni el castigo físico, ni la amenaza, les produce el más mínimo impacto”.
Casos representativos de niños asesinos
Jon Venables y Robert Thompson
El 24 de noviembre de 1993, Jon Venables y Robert Thompson fueron declarados culpables por la muerte del infante James Bulger. En el crimen había tortura y premeditación, por lo que era un insólito acto de sadismo que desconcertaba a la sociedad británica y los colocaba como los asesinos más jóvenes en la historia moderna de Inglaterra. La condena que se les dio fue permanecer en prisión hasta que cumpliesen la mayoría de edad, cosa que pareció demasiado blanda a la indignada sociedad británica.
La historia del caso:
Ambos asesinos nacieron en Liverpool, Inglaterra, en el año 1983. Los dos tenían familias disfuncionales, presentaban bajas calificaciones y conductas problemáticas en la escuela, y su día a día en el hogar estaba marcado por episodios de violencia, alcoholismo y peleas de pareja.
Robert Thompson había sido abandonado por su padre cuando tenía seis años, pero aún después de eso la violencia continuó siendo la nota dominante de su entorno familiar, de modo que, como mecanismo de defensa, se volvió emocionalmente desconectado. La vida de Jon Venables no era muy diferente, y los sufrimientos comunes (acoso en la escuela, aislamiento, violencia doméstica, etc) actuaron como imanes que los volvieron grandes amigos. Sin embargo, a veces los vínculos entre víctimas suelen engendrar victimarios, y este fue uno de esos casos… Así, dentro de ellos ya ardía la violencia para cuando vieron Chuky, el Muñeco Diabólico; película que, según declararían, los inspiró a cometer el crimen.
El fatídico día fue un 12 de febrero de 1993. El asesinato estaba pensado para esa fecha, y por eso faltaron a la escuela y se fueron a dar vueltas en el Centro Comercial New Strand (en Liberpool). Allí, según mostraron las cámaras de seguridad, Robert y Jon miraban niños con disimulo, como buscando una presa propicia. En tales faenas pasaron varias horas, hasta que poco antes de las 15:40 encontraron al niño ideal: era James Bulger, que tan solo tenía dos añitos y había salido a dar un paseo con su madre Denise.
Fue en un breve instante de distracción por parte de Denise dentro de la carnicería (en el New Strand), cuando Robert y Jon se aprovecharon para hablarle a James (que se había quedado en la puerta de entrada a la carnicería) y llevarlo de la mano, de modo que, cuando a eso de las 15:42 Denise miró a ver dónde estaba su hijo, éste no aparecía en ningún lado. Entonces salió a buscarlo, pero Robert y Jon eran tan rápidos que no pudo hallarlo, pues lo habían sacado fuera del centro comercial y recorrerían con él unos cuatro kilómetros hasta llegar al Canal Leeds, donde le causaron heridas faciales al dejarlo caer de cabeza, luego de sujetarlo mientras cruelmente bromeaban sobre si lanzarlo o no al torrente de agua…
Ante su horrible situación, el pequeño James lloraba con un chichón en la frente, y algunas personas observaban la situación, pero nadie hizo nada creyendo que, en el peor de los casos, eran dos hermanos mayores molestando al menor. Solo dos individuos se acercaron: al uno, le dijeron que James era un niño perdido al que llevarían a la comisaría más cercana; al otro, que James era el hermano menor y tenía el chichón por una caída…
Después se lo llevaron a una tienda de mascotas, pero fueron expulsados por portarse mal, y entonces decidieron librarse de él y caminaron hasta una vía de tren cerca de la abandonada estación Walton and Anfield.
Junto a la vía del tren, uno de los chicos lanzó pintura azul (robada previamente) en el ojo izquierdo de James, y después ambos comenzaron a patearlo, a darle puñetes y a tirarle piedras y ladrillos, todo sin darle muerte. Cerca no había nadie que viese tales abusos, y Jon y Robert le introdujeron pilas en la boca y, según se sospecha, también en el recto…
Por último y cuando el pequeño estaba repleto de heridas, uno de los dos sádicos le lanzó una barra metálica de 10 kilos, la cual cayó en la cabeza de James, provocándole varias fracturas que se hubiesen podido ver como la causa de muerte, aunque el patólogo Alan William indicó que las heridas eran tantas que no se podía ver concluyentemente en una sola la causa de muerte, sobre todo porque, al verlo inconsciente, Jon y Robert lo acostaron en la vía del tren, le pusieron escombros (tierra, piedras, etc) en la cabeza (para que todo parezca accidental) y se fueron. Minutos después el tren partió en dos el cuerpecito de James.
No pasaron muchas horas sin que el cadáver fuese encontrado y, pese al terrible estado del cuerpo, nadie habría pensado que era un accidente pues… ¿acaso el niño andaba desnudo de la cintura para abajo cuando jugaba?, ¿qué clase de niño corretea solo con una camiseta en aquel abandonado paraje?… Hasta este momento no se ha mencionado, pero a James le habían quitado los zapatos, las medias, el pantalón y los calzoncillos; e incluso, según el informe del patólogo, el prepucio del niño había sido manipulado…
Tiempo después, gracias a los vídeos de las cámaras de seguridad y a una mujer que identificó a Jon Venables en uno de esos vídeos (que se mostraron en los noticieros), la Policía comenzó indagaciones que, junto a ciertas pruebas de ADN, resultaron concluyentes en la culpabilidad de los dos niños.
Cuando se supo la verdad, la indignación fue tal que la familia de uno de los chicos (las fuentes no aclaran cuál) tuvo que huir de Liverpool. Los dos mini asesinos, en la manera como se dijo arriba, fueron condenados a permanecer tras las rejas. Fuera de la cárcel, solo les aguardaba el odio y el deseo de venganza, principalmente por parte de los padres de la víctima. Dijo así la madre de James Bulger: “Cada minuto que pase, deberán vigilar sus espaldas. Aunque se vayan a vivir en el fin del mundo, nunca podrán estar tranquilos”. Por eso, cuando en el 2001 el gobierno les dio libertad condicional bajo nuevas identidades, entre las condiciones estipuladas, además de no verse entre ellos, estaba la de que jamás podrían volver a poner un pie en Liverpool. Aunque eso no sería una garantía de seguridad, pues, como dijo la madre de James Bulger: “Si alguien los mata, yo estaré a su lado en el tribunal para decir: ‘El responsable es el Gobierno porque sólo apoya a los asesinos’. Un día, una pistola apuntará hacia ellos, aunque no sea yo quien la sostenga”. Y al parecer, Denise (la madre de la víctima) podría tener razón, puesto que, al menos Jon, es tan incorregible que actualmente ha vuelto a las rejas, después de que se hiciera pasar por una madre dispuesta a explotar sexualmente a su hija de ocho años a cambio de imágenes de pornografía infantil que, como es de esperarse, fueron descubiertas en su disco duro.
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