QUE CRISTINA EXPLIQUE LA TONTERÍA DE "VIVIR CON LO NUESTRO"
El PJ dice que defender a Boudou “no garpa” y celebrar el default, tampoco
Varios gobernadores importantes apostaban a financiar su 2do. semestre de 2015 con crédito externo. Pero los berrinches de una Presidenta de la Nación con conocimiento escaso sobre cuestiones acerca de las cuales decide en forma solitaria, han dinamitado las expectativas de los jefes de provincias, y también de la Ciudad de Buenos Aires. Habrá reclamos crecientes al Ejecutivo Nacional por recursos que la Nación sólo obtiene emitiendo y emitiendo... Acerca de esta grave situación próxima editorializó Claudio Chiaruttini en su programa dominical:
29/06/2014|09:12
20/02/2013: El vicepresidente Amado Boudou (centro) junto a los gobernadores (de izq. a der.) de Jujuy, Eduardo Fellner; de Salta, Juan Manuel Urtubey; de Tucumán, José Alperovich; y de Cordoba, Jose Manuel De la Sota, durante los actos del Bicentenario de la Batalla de Salta. (Foto NA: ALEJANDRO PAGNI/Prensa Senado)
por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin saco y sin corbata). El procesamiento de Amado Boudou era esperado por la Casa Rosada, pero no para el viernes 27/06, casi a la medianoche, justo cuando el Gobierno celebraba, con mínimo entusiasmo, haber logrado que el juez Thomas Griesa hiciera verdad el lema que quiere imponer Cristina Fernández para el caso de default: “queremos pagar, pero no nos dejan”.
En la Casa Rosada sabían que el juez federal Ariel Lijo venía preparando el fallo procesando a todos los participantes de la Caso Ciccone, por eso recomendaron a los abogados de los ahora imputados a embarrar la causa lo máximo posible (de allí el pedido de ampliación de indagatoria que presentó Amado Boudou pocas horas antes de ser procesado), pero el magistrado cortó por lo sano: nadie se puede ahorrar ahora la imputación y que otra instancia decida si avanza o no la investigación.
Para la Casa Rosada, el problema mayor es la brecha de tiempo entre el pedido que harán los imputados, con Amado Boudou a la cabeza, para revocar la decisión judicial y el momento que resuelva la Cámara. En ese tramo, se activarán los pedidos de juicio político que descansan en el Congreso, el oficialismo se verá obligado a defender al vicepresidente de la Nación, algo que muchos kirchneristas no quieren hacer, y el escaso prestigio que aún tiene Cristina Fernández entre sus votantes se evaporará, debilitándola aún más, lo que impactará en forma negativa sobre su poder político real.
Si desde hace casi 1 año el tema corrupción se convirtió en central en la opinión pública a la hora de definir al kirchnerismo en el poder, defender a Amado Boudou no hará más que profundizar esa percepción que, en el mediano plazo, destroza las posibilidades electorales. Por eso el kirchnerismo no quiere hundirse con el vicepresidente de la Nación y sólo Luis D´Elia lo apoyó a través de las redes sociales.
Con el estigma a cuestas de Amado Boudou, y la sospecha que detrás del negocio de la compra de la ex Ciccone se podría llegar a encontrar o el ex Presidente o/y la actual Presidenta de la Nación, no queda nada por celebrar de lo ocurrido en la batalla contra los holdouts esta semana.
En la Casa Rosada, ante la imposibilidad de evitar el pago a los holdouts, había decidió construir un relato épico detrás, con el fin de potenciar la imagen de debilidad que tantas veces le rindió fruto político a la Presidente de la Nación y al kirchnerismo. Pero las palabras chocan contra 3 fallos contundentes de la Justicia de los Estados Unidos respecto de un Estado argentino que usa y abusa de la “chicana” argumental.
El relato se construye de palabras porque esas palabras buscan resignificar la realidad dotándo a los hechos de un contenido político conveniente para los intereses, en este caso, de los planes políticos de Cristina Fernández. Por eso se teatraliza y sobreactúa el giro de fondos para el pago de bonos del lunes 30/06, convirtiendo un “depósito” en un “pago”.
Pero en el mundo, depositar es depositar y pagar es pagar. No son sinónimos. Por eso Thomas Griesa abortó la “chicana” argentina, le ordenó al Bank of New York (BONY, agente pagador de los bonos) devolver el dinero, ordenó a la Argentina sentarse a negociar y le concedió el plazo reglamentario de 30 días para llegar a un acuerdo. Así, el plan de una negociación larga y desgastante, como quería Cristina Fernández, se evaporó por efecto de la “avivada” presidencial.
Y así llegamos a esta curiosa situación: el lunes 30/06 se pagarán los bonos en Japón y en Buenos Aires, no en los Estados Unidos; no estamos en “default”, pero nos encontramos en una situación de mora que nos pone a 30 días de caer en default total y definitivo; y la Casa Rosada deberá buscar una negociación ventajosa con un acreedor que ha recibido 3 fallos a favor y la orden de un juez al deudor de que le tienen que pagar sí o sí. Por eso, ya no hay relato por salvar, ni realidad por resignificar.
¿Estamos peor que en 2001?, se preguntan algunos. No hay comparación. La soja está US$400 más cara que entonces, y la Argentina produce 3 veces más soja que en ese fatídico año. Hoy, el dinero sobra en el mundo y las tasas de interés tienen valor casi de mínimos históricos. Por eso, el Ejecutivo Nacional no podrá hacer, aunque lo intente, un paralelo con hace 13 años. Ambas realidades no se parecen en nada.
Queda en manos de Cristina Fernández si se va a negociar o no, si va a pagar o no. Queda en el humor de Cristina Fernández si caemos o no en default. Queda en el ánimo de Cristina Fernández si un año donde el PBI iba a caer 1% termina cayendo 3%, 4% ó 5%. Queda en el antojo de Cristina Fernández si revierte la cantidad incontables de errores cometidos en los últimos dos años en el frente externo o si “salva las papas”.
Hay dudas de que Cristina Fernández comprenda que si bien el daño de pagar a los holdouts es grande, mayor es el perjuicio que puede causar no pagar y entrar en default. Si se cancela con bonos la deuda, como se hizo con Repsol y se negocia con el Club de París, habrá circulando por los mercados más de US$10.000 millones en papeles de deuda de origen argentino. Y la pregunta es: ¿Hay apetito por más?
Cristina Fernández apostó a solucionar los problemas con Repsol y el Club de París para salir a endeudarse y conseguir los dólares que requiere el Banco Central para no quebrar el piso de US$24.000 millones en reservas, que muchos han señalado como claves para sostener la actual política cambiaria y de política de tasas de interés (además de tener controlado la cotización del dólar blue).
Pero si el apetito por el riesgo argentino se satisface dando bonos a todos los acreedores con los que se negocia, no habrá nada que conseguir en el exterior. De allí que muchos amantes de “vivir con lo nuestro” propongan no pagar a los holdouts, declarar el default, estatizar el comercio exterior de granos y quedarse con los dólares de las exportaciones.
Hasta el menor análisis confirma que el plan “vivir con lo nuestro” es suicida, aunque no para un Gobierno que le gusta jugar con la victimización. Pero todo tiene un límite. El accionar de la Casa Rosada con los holdouts cerró el financiamiento externo para las provincias que tenían planes de cubrir sus déficits fiscales con dinero del exterior.
Y entonces el escenario político interno comienza a cambiar. Sin dinero del exterior, el pago de aguinaldo de las provincias más importantes está en peligro. Han pedido asistencia a la Casa Rosada, pero les dan poco y le exigen demasiado. Ya se sabe que si no se abona la masa salarial en tiempo y forma en tiempos de inflación elevada, se abren puertas a demonios considerables, incluyendo el peligro de reelección de varios gobernadores. Conclusión: la alianza con el Gobierno, que en el pasado fue sustento y apoyo clave para ganar o retener el poder, hoy se convierte en una inmensa carga.
Algo que no se soporta en el peronismo son los problemas del liderazgo, en especial, cuando esos problemas afectan a los liderazgos locales. Desde Juan Domingo Perón, los peronistas se cobijan bajo sus líderes porque el abrigo les otorga inmensos beneficios. Pero cuando la ganancia a obtener es mayor fuera del sometimiento, comienza la rebelión. Y, eso, convierte al peronismo en una caldera.
Cristina Fernández debería ver hacia Venezuela, donde el ineficaz Nicolás Maduro logró romper al chavismo y, de inmediato, lanzó una caza de bruja hacia sus ex aliados. En la Argentina están dadas las condiciones para el desmembramiento del kirchnerismo, con un massismo que quiere ser alternativa y un sciolismo que espera quedarse con todo el peronismo.
Hoy, el peronismo no quiere depender más de la caja de Cristina Fernández, que suele cobrar muy caro por el magro dinero que gira, si es que envía el monto prometido, aunque nunca en tiempo y forma; y tampoco quiere salir a defender a Amado Boudou, dado que han quedado fuera de todos los negocios que planteó el kirchnerismo y que consiguieron, en su breve carrera política, los dirigentes de La Cámpora.
Hablando en idioma turfístico, hoy, defender a Amado Boudou “no garpa” y celebrar el default, tampoco. Seguir a Cristina Fernández detrás de estas dos decisiones, tampoco paga. Por eso, los próximos movimientos de la Presidente de la Nación son claves para saber cuánto más durará la alianza política que la mantiene en el Gobierno desde la muerte de Néstor Kirchner.
Por eso, para saber el futuro de la Argentina no hay que mirar a la negociación con los holdouts ni las decisiones del Juez Thomos Griesa. En el frente político del oficialismo está el futuro de Cristina Fernández. ¿Senadores y diputados van a evitar el Juicio Político a Amado Boudou? ¿Vale la pena sostener al vicepresidente de la Nación en su cargo o es mejor que pida licencia y se “pierda” en las etapas finales del Mundial?
Estas son sólo 2 de las decenas de preguntas que cruzan al kirchnerismo militante y en el poder. Pero la respuesta queda en manos de Cristina Fernández, la misma que no pudo evitar saber que Amado Boudou estaba detrás de la ex Ciccone, la misma que ordenó no hacer caso a los fallos del Juez Thomas Griesa, la misma que dejó que Axel Kicillof frenara el necesario ajuste fiscal o le permitió las negociaciones internacionales con Repsol y el Club de París que nos costaron y costarán más de US$15.000 millones.
Las próximas decisiones de Cristina Fernández son claves para su futuro político y el de la Argentina, dado que, en medio de la crisis del kirchnerismo, el resto de las fuerzas política aparecen petrificadas en las encuestas.
El espacio de maniobra de Cristina Fernández se acota día a día. Los costos políticos que se pagan son cada vez mayores. Los riesgos, para la Argentina, también son cada vez más altos. Si el plan de la Presidente de la Nación y Axel Kicillof era comprar tiempo y conseguir dólares, fallaron. Y no hay Plan B, ni Plan C, ni Plan D.
FUENTE:
El PJ dice que defender a Boudou “no garpa” y celebrar el default, tampoco
Varios gobernadores importantes apostaban a financiar su 2do. semestre de 2015 con crédito externo. Pero los berrinches de una Presidenta de la Nación con conocimiento escaso sobre cuestiones acerca de las cuales decide en forma solitaria, han dinamitado las expectativas de los jefes de provincias, y también de la Ciudad de Buenos Aires. Habrá reclamos crecientes al Ejecutivo Nacional por recursos que la Nación sólo obtiene emitiendo y emitiendo... Acerca de esta grave situación próxima editorializó Claudio Chiaruttini en su programa dominical:
29/06/2014|09:12
20/02/2013: El vicepresidente Amado Boudou (centro) junto a los gobernadores (de izq. a der.) de Jujuy, Eduardo Fellner; de Salta, Juan Manuel Urtubey; de Tucumán, José Alperovich; y de Cordoba, Jose Manuel De la Sota, durante los actos del Bicentenario de la Batalla de Salta. (Foto NA: ALEJANDRO PAGNI/Prensa Senado)
por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin saco y sin corbata). El procesamiento de Amado Boudou era esperado por la Casa Rosada, pero no para el viernes 27/06, casi a la medianoche, justo cuando el Gobierno celebraba, con mínimo entusiasmo, haber logrado que el juez Thomas Griesa hiciera verdad el lema que quiere imponer Cristina Fernández para el caso de default: “queremos pagar, pero no nos dejan”.
En la Casa Rosada sabían que el juez federal Ariel Lijo venía preparando el fallo procesando a todos los participantes de la Caso Ciccone, por eso recomendaron a los abogados de los ahora imputados a embarrar la causa lo máximo posible (de allí el pedido de ampliación de indagatoria que presentó Amado Boudou pocas horas antes de ser procesado), pero el magistrado cortó por lo sano: nadie se puede ahorrar ahora la imputación y que otra instancia decida si avanza o no la investigación.
Para la Casa Rosada, el problema mayor es la brecha de tiempo entre el pedido que harán los imputados, con Amado Boudou a la cabeza, para revocar la decisión judicial y el momento que resuelva la Cámara. En ese tramo, se activarán los pedidos de juicio político que descansan en el Congreso, el oficialismo se verá obligado a defender al vicepresidente de la Nación, algo que muchos kirchneristas no quieren hacer, y el escaso prestigio que aún tiene Cristina Fernández entre sus votantes se evaporará, debilitándola aún más, lo que impactará en forma negativa sobre su poder político real.
Si desde hace casi 1 año el tema corrupción se convirtió en central en la opinión pública a la hora de definir al kirchnerismo en el poder, defender a Amado Boudou no hará más que profundizar esa percepción que, en el mediano plazo, destroza las posibilidades electorales. Por eso el kirchnerismo no quiere hundirse con el vicepresidente de la Nación y sólo Luis D´Elia lo apoyó a través de las redes sociales.
Con el estigma a cuestas de Amado Boudou, y la sospecha que detrás del negocio de la compra de la ex Ciccone se podría llegar a encontrar o el ex Presidente o/y la actual Presidenta de la Nación, no queda nada por celebrar de lo ocurrido en la batalla contra los holdouts esta semana.
En la Casa Rosada, ante la imposibilidad de evitar el pago a los holdouts, había decidió construir un relato épico detrás, con el fin de potenciar la imagen de debilidad que tantas veces le rindió fruto político a la Presidente de la Nación y al kirchnerismo. Pero las palabras chocan contra 3 fallos contundentes de la Justicia de los Estados Unidos respecto de un Estado argentino que usa y abusa de la “chicana” argumental.
El relato se construye de palabras porque esas palabras buscan resignificar la realidad dotándo a los hechos de un contenido político conveniente para los intereses, en este caso, de los planes políticos de Cristina Fernández. Por eso se teatraliza y sobreactúa el giro de fondos para el pago de bonos del lunes 30/06, convirtiendo un “depósito” en un “pago”.
Pero en el mundo, depositar es depositar y pagar es pagar. No son sinónimos. Por eso Thomas Griesa abortó la “chicana” argentina, le ordenó al Bank of New York (BONY, agente pagador de los bonos) devolver el dinero, ordenó a la Argentina sentarse a negociar y le concedió el plazo reglamentario de 30 días para llegar a un acuerdo. Así, el plan de una negociación larga y desgastante, como quería Cristina Fernández, se evaporó por efecto de la “avivada” presidencial.
Y así llegamos a esta curiosa situación: el lunes 30/06 se pagarán los bonos en Japón y en Buenos Aires, no en los Estados Unidos; no estamos en “default”, pero nos encontramos en una situación de mora que nos pone a 30 días de caer en default total y definitivo; y la Casa Rosada deberá buscar una negociación ventajosa con un acreedor que ha recibido 3 fallos a favor y la orden de un juez al deudor de que le tienen que pagar sí o sí. Por eso, ya no hay relato por salvar, ni realidad por resignificar.
¿Estamos peor que en 2001?, se preguntan algunos. No hay comparación. La soja está US$400 más cara que entonces, y la Argentina produce 3 veces más soja que en ese fatídico año. Hoy, el dinero sobra en el mundo y las tasas de interés tienen valor casi de mínimos históricos. Por eso, el Ejecutivo Nacional no podrá hacer, aunque lo intente, un paralelo con hace 13 años. Ambas realidades no se parecen en nada.
Queda en manos de Cristina Fernández si se va a negociar o no, si va a pagar o no. Queda en el humor de Cristina Fernández si caemos o no en default. Queda en el ánimo de Cristina Fernández si un año donde el PBI iba a caer 1% termina cayendo 3%, 4% ó 5%. Queda en el antojo de Cristina Fernández si revierte la cantidad incontables de errores cometidos en los últimos dos años en el frente externo o si “salva las papas”.
Hay dudas de que Cristina Fernández comprenda que si bien el daño de pagar a los holdouts es grande, mayor es el perjuicio que puede causar no pagar y entrar en default. Si se cancela con bonos la deuda, como se hizo con Repsol y se negocia con el Club de París, habrá circulando por los mercados más de US$10.000 millones en papeles de deuda de origen argentino. Y la pregunta es: ¿Hay apetito por más?
Cristina Fernández apostó a solucionar los problemas con Repsol y el Club de París para salir a endeudarse y conseguir los dólares que requiere el Banco Central para no quebrar el piso de US$24.000 millones en reservas, que muchos han señalado como claves para sostener la actual política cambiaria y de política de tasas de interés (además de tener controlado la cotización del dólar blue).
Pero si el apetito por el riesgo argentino se satisface dando bonos a todos los acreedores con los que se negocia, no habrá nada que conseguir en el exterior. De allí que muchos amantes de “vivir con lo nuestro” propongan no pagar a los holdouts, declarar el default, estatizar el comercio exterior de granos y quedarse con los dólares de las exportaciones.
Hasta el menor análisis confirma que el plan “vivir con lo nuestro” es suicida, aunque no para un Gobierno que le gusta jugar con la victimización. Pero todo tiene un límite. El accionar de la Casa Rosada con los holdouts cerró el financiamiento externo para las provincias que tenían planes de cubrir sus déficits fiscales con dinero del exterior.
Y entonces el escenario político interno comienza a cambiar. Sin dinero del exterior, el pago de aguinaldo de las provincias más importantes está en peligro. Han pedido asistencia a la Casa Rosada, pero les dan poco y le exigen demasiado. Ya se sabe que si no se abona la masa salarial en tiempo y forma en tiempos de inflación elevada, se abren puertas a demonios considerables, incluyendo el peligro de reelección de varios gobernadores. Conclusión: la alianza con el Gobierno, que en el pasado fue sustento y apoyo clave para ganar o retener el poder, hoy se convierte en una inmensa carga.
Algo que no se soporta en el peronismo son los problemas del liderazgo, en especial, cuando esos problemas afectan a los liderazgos locales. Desde Juan Domingo Perón, los peronistas se cobijan bajo sus líderes porque el abrigo les otorga inmensos beneficios. Pero cuando la ganancia a obtener es mayor fuera del sometimiento, comienza la rebelión. Y, eso, convierte al peronismo en una caldera.
Cristina Fernández debería ver hacia Venezuela, donde el ineficaz Nicolás Maduro logró romper al chavismo y, de inmediato, lanzó una caza de bruja hacia sus ex aliados. En la Argentina están dadas las condiciones para el desmembramiento del kirchnerismo, con un massismo que quiere ser alternativa y un sciolismo que espera quedarse con todo el peronismo.
Hoy, el peronismo no quiere depender más de la caja de Cristina Fernández, que suele cobrar muy caro por el magro dinero que gira, si es que envía el monto prometido, aunque nunca en tiempo y forma; y tampoco quiere salir a defender a Amado Boudou, dado que han quedado fuera de todos los negocios que planteó el kirchnerismo y que consiguieron, en su breve carrera política, los dirigentes de La Cámpora.
Hablando en idioma turfístico, hoy, defender a Amado Boudou “no garpa” y celebrar el default, tampoco. Seguir a Cristina Fernández detrás de estas dos decisiones, tampoco paga. Por eso, los próximos movimientos de la Presidente de la Nación son claves para saber cuánto más durará la alianza política que la mantiene en el Gobierno desde la muerte de Néstor Kirchner.
Por eso, para saber el futuro de la Argentina no hay que mirar a la negociación con los holdouts ni las decisiones del Juez Thomos Griesa. En el frente político del oficialismo está el futuro de Cristina Fernández. ¿Senadores y diputados van a evitar el Juicio Político a Amado Boudou? ¿Vale la pena sostener al vicepresidente de la Nación en su cargo o es mejor que pida licencia y se “pierda” en las etapas finales del Mundial?
Estas son sólo 2 de las decenas de preguntas que cruzan al kirchnerismo militante y en el poder. Pero la respuesta queda en manos de Cristina Fernández, la misma que no pudo evitar saber que Amado Boudou estaba detrás de la ex Ciccone, la misma que ordenó no hacer caso a los fallos del Juez Thomas Griesa, la misma que dejó que Axel Kicillof frenara el necesario ajuste fiscal o le permitió las negociaciones internacionales con Repsol y el Club de París que nos costaron y costarán más de US$15.000 millones.
Las próximas decisiones de Cristina Fernández son claves para su futuro político y el de la Argentina, dado que, en medio de la crisis del kirchnerismo, el resto de las fuerzas política aparecen petrificadas en las encuestas.
El espacio de maniobra de Cristina Fernández se acota día a día. Los costos políticos que se pagan son cada vez mayores. Los riesgos, para la Argentina, también son cada vez más altos. Si el plan de la Presidente de la Nación y Axel Kicillof era comprar tiempo y conseguir dólares, fallaron. Y no hay Plan B, ni Plan C, ni Plan D.
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