El combate de Basher Al Assad contra los grupos yihadistas no es algo nuevo en la historia de Siria puesto que el padre de Basher, Hafez Al Assad, ya tuvo que hacer frente a la amenaza de los Hermanos Musulmanes a finales de los setenta y principios de los ochenta, en un largo y cruento combate que tuvo escenarios tan sanguinarios como Hama en febrero de 1982.
Los Hermanos Musulmanes, una organización fundamentalista suní con presencia en Egipto se opuso frontalmente a la dictadura, iniciando una campaña de violencia que comenzó en 1976 con una serie de atentados en el entorno del presidente.
En la ciudad de Alepo se produjeron distintos choques armados entre el Gobierno y las milicias de los Hermanos Musulmanes, que se atrevieron a atentar contra Assad en junio de 1980, aunque el presidente sobrevivió con heridas leves. Sin embargo, este intento de asesinato desató la venganza del presidente, que dio rienda suelta al ejército y a las milicias paramilitares del partido, que iniciaron una cruel represión contra miembros y simpatizantes de los Hermanos Musulmanes, llegando a ejecutar a miles de prisioneros.
Siria vivió en aquellos años una situación cercana a la guerra civil que tuvo su momento de mayor violencia durante la represión de la ciudad de Hama, en febrero de 1982. La masacre debe atribuirse al hermano menor de Hafez, Rifaat Al Assad, que entró a sangre y fuego en una ciudad que se había convertido en bastión de los insurgentes y que terminó con el asesinato de entre 20.000 y 30.000 Hermanos Musulmanes. El ataque comenzó con un bombardeo sobre la ciudad con aviones de combate, seguido de una entrada en la ciudad con los tanques. La campaña duró 27 días y fue extremadamente sanguinaria. Se dice que todas las familias de Hama, que por entonces contaba con 250.000 habitantes, perdieron algún miembro.
Rifaat Al Assad fue un personaje turbio, intrigante y muy ambicioso, que llegó a orquestar un amago de golpe de estado contra su propio hermano cuando este sufrió un ataque cardíaco en noviembre de 1983. Rifaat sacó los tanques a la calle pero los leales a Hafez le hicieron frente y la rápida recuperación del presidente templó los ánimos. Rifaat aspiraba a suceder a su hermano pero Hafez, aunque le perdonó – al menos aparentemente, puesto que le nombró vicepresidente y responsable de Seguridad en 1984 – por el golpe, se decantó por su hijo Basher, el segundo de sus cuatro varones, estudiante de oftalmología en Londres, y para evitar conspiraciones, ordenó destruir la residencia de su hermano en Latakia, una lujosa mansión que incluía su propio puerto deportivo, en 1999.
Rifaat y Hafez lograron aplacar el islamismo durante su mandato, al igual que Basher durante buena parte del suyo aunque sus raíces, como se ha demostrado, no fueron arrancadas del todo, saliendo a la luz y multiplicándose al inicio de la guerra civil. Grupos afines a los Hermanos Musulmanes integran hoy el Frente Islamista que combate a Assad, al igual que otros grupos fundamentalistas suníes bajo las siglas del Frente Al Nusra y del EIIL, de cuyo poder destructivo y su incansable activismo ya ha tenido el dictador probadas muestras.
Los Hermanos Musulmanes, una organización fundamentalista suní con presencia en Egipto se opuso frontalmente a la dictadura, iniciando una campaña de violencia que comenzó en 1976 con una serie de atentados en el entorno del presidente.
En la ciudad de Alepo se produjeron distintos choques armados entre el Gobierno y las milicias de los Hermanos Musulmanes, que se atrevieron a atentar contra Assad en junio de 1980, aunque el presidente sobrevivió con heridas leves. Sin embargo, este intento de asesinato desató la venganza del presidente, que dio rienda suelta al ejército y a las milicias paramilitares del partido, que iniciaron una cruel represión contra miembros y simpatizantes de los Hermanos Musulmanes, llegando a ejecutar a miles de prisioneros.
Siria vivió en aquellos años una situación cercana a la guerra civil que tuvo su momento de mayor violencia durante la represión de la ciudad de Hama, en febrero de 1982. La masacre debe atribuirse al hermano menor de Hafez, Rifaat Al Assad, que entró a sangre y fuego en una ciudad que se había convertido en bastión de los insurgentes y que terminó con el asesinato de entre 20.000 y 30.000 Hermanos Musulmanes. El ataque comenzó con un bombardeo sobre la ciudad con aviones de combate, seguido de una entrada en la ciudad con los tanques. La campaña duró 27 días y fue extremadamente sanguinaria. Se dice que todas las familias de Hama, que por entonces contaba con 250.000 habitantes, perdieron algún miembro.
Rifaat Al Assad fue un personaje turbio, intrigante y muy ambicioso, que llegó a orquestar un amago de golpe de estado contra su propio hermano cuando este sufrió un ataque cardíaco en noviembre de 1983. Rifaat sacó los tanques a la calle pero los leales a Hafez le hicieron frente y la rápida recuperación del presidente templó los ánimos. Rifaat aspiraba a suceder a su hermano pero Hafez, aunque le perdonó – al menos aparentemente, puesto que le nombró vicepresidente y responsable de Seguridad en 1984 – por el golpe, se decantó por su hijo Basher, el segundo de sus cuatro varones, estudiante de oftalmología en Londres, y para evitar conspiraciones, ordenó destruir la residencia de su hermano en Latakia, una lujosa mansión que incluía su propio puerto deportivo, en 1999.
Rifaat y Hafez lograron aplacar el islamismo durante su mandato, al igual que Basher durante buena parte del suyo aunque sus raíces, como se ha demostrado, no fueron arrancadas del todo, saliendo a la luz y multiplicándose al inicio de la guerra civil. Grupos afines a los Hermanos Musulmanes integran hoy el Frente Islamista que combate a Assad, al igual que otros grupos fundamentalistas suníes bajo las siglas del Frente Al Nusra y del EIIL, de cuyo poder destructivo y su incansable activismo ya ha tenido el dictador probadas muestras.