¿Será Irak un Estado islámico?
El Gobierno de Irak se encuentra actualmente confrontado con la ofensiva de una guerrilla musulmana sunita que pretende instaurar el “Estado Islámico en Irak y en el Levante (EIIL)” (su nombre) regido básicamente por la sharia o sea “la ley de Dios”.
EIIL está ganando el terreno rápidamente.
Hasta el día domingo 22 de junio los insurgentes consiguieron el control de cuatro ciudades importantes. Después de las primeras derrotas las tropas iraquíes tratan de reorganizarse y de hacer frente a los yihadistas. En las calles de Bagdad, llamados por el poderoso jefe chiita Moqtada Sadr, miles de voluntarios han protagonizado una verdadera demostración de fuerza en contra de la ofensiva de EIIL.
El Estado confesional que podría instaurarse en Irak no es una idea nueva, más bien se dio con bastante frecuencia en la historia de la humanidad.
El Estado confesional se adhiere a una religión específica, llamada religión oficial (iglesia estatal).
Así, en el mundo cristiano esta forma de organización estatal perdura todavía en varios países hasta nuestros días y en particular en Inglaterra con la iglesia anglicana cuya cabeza es la actual reina Isabel. Una situación similar existe en Dinamarca e Islandia con la iglesia evangélica luterana. En Grecia la religión oficial es el cristianismo ortodoxo griego.
En Costa Rica, Liechtenstein, Malta y Mónaco la religión católica apostólica romana es reconocida como la religión oficial del país. Sin embargo, en todos estos países la religión no juega un rol político importante a diferencia de los países musulmanes donde el concepto de la religión aplicado a la praxis política tiene el cariz mucho más militante y totalitario.
En los países musulmanes el término ‘Estado islámico’ se refiere a los países que han adoptado el islam, específicamente la sharia como la fundamentación ideológica para sus instituciones políticas.
Actualmente se definen como países del Estado musulmán Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Somalia, Malasia, Qatar, Emiratos Árabes Unidos mientras Mauritania, Afganistán, Pakistán, Yemen y Omán como Estados islámicos.
Los seguidores de la religión musulmana no son, sin embargo, unidos. Islam, la religión fundada por Mahoma en el siglo VII, tiene dos ramas principales: los sunitas u ortodoxos, seguidores de los primeros califas sucesores de Mahoma, y los chiitas, seguidores del yerno de Mahoma, Alí.
Sus diferencias son doctrinales y políticas. Los sunitas representan el 90 por ciento del mundo musulmán, con 1.200 millones de fieles, mientras los chiitas son sólo unos 100 millones.
Estos últimos, que derivaron en el fundamentalismo, en especial tras la revolución en Irán de Jomeini en 1979, tienen un ayatolá, líder espiritual con poderes ejecutivos en el Estado. Esta figura no existe entre los sunitas, para quienes la religión no ostenta el poder temporal en la sociedad civil.
Así que para entender los conflictos en los países musulmanes hay que referirse primero al conflicto irreconciliable entre sunitas y chiitas, pero también a los intereses económicos.
Irak cuenta con importantes reservas del petróleo cotejados por los países occidentales y es el segundo productor mundial de petróleo de OPEP.
Según el informe Iraq Energy Outlook, publicado el pasado octubre, alrededor de la mitad de las exportaciones iraquíes de crudo van dirigidas a Asia y el restante 50 por ciento se envía a Norteamérica y Europa.
La actual ofensiva de los yihadistas por vez primera amenaza con tomar el control de todo un país. A los occidentales de tradición cristiana, temerosos del fanatismo religioso, asusta la idea de que la guerra santa gane en un país petrolero.
El Presidente norteamericano considera el envió de 300 consejeros americanos a Irak a fin de apoyar el Gobierno actual. El secretario del Estado norteamericano, John Kerry, está visitado actualmente la región.
Mientras tanto en Irak los yihadistas avanzan y la guerra santa continúa con posibilidad de ganar.